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Hechos y Crónicas - Mayo 2006 |
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Cinco maneras efectivas para
hundir un barco
Por Carlos Pulgarín*
pulgarin@elredentor.com
El nobel de literatura colombiano Gabriel García Márquez, el mismo que
escribió “100 años de Soledad”, pronunció un discurso el 6 de agosto de
1986, en el aniversario 41 de la bomba de Iroshima. El campanazo de alerta
lo lanzó el escritor en Ixtapa, México, bajo el título “El cataclismo de
Damocles”. El mensaje se resume en lo siguiente: La carrera armamentista va
en sentido contrario a la inteligencia. O lo que es igual, |
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los caminos del hombre van en sentido opuesto a la sabiduría de Dios.
Hay dos cosas que pueden producir más muertes en el mundo que cualquier
enfermedad letal, esas dos cosas son la envidia y la indiferencia.
Podemos ver las noticias en la radio, la televisión, los periódicos, las
revistas y la internet, y nos daremos cuenta que todo ese panorama
noticioso viene a confirmar lo que ya no es era familiar o conocido a
través de las Escrituras.
Si usted lee detenidamente el evangelio de Mateo 22:36-40 se puede dar
cuenta del mandato de Jesús. Pero el ser humano es egoísta por
naturaleza, la sociedad de consumo nos empuja a conseguir lo que sea,
sin importar el precio. Parece aplicarse la máxima de que el fin
justifica los medios. Sin embargo, cuando a Jesús le preguntaron cuál
era el principal mandamiento, Él dijo: amarás al Señor tu Dios con todo
tu corazón, con toda tu alma y con toda tu mente... y nos dijo que el
segundo mandamiento es semejante al primero: amarás a tu prójimo como a
ti mismo (ese prójimo es amarás a tu enemigo como a ti mismo, a tu
vecino como a ti mismo, a tu esposa como a ti mismo, a tu suegra como a
ti mismo). Y para darle un toque final al pasaje Jesús remata diciendo:
En esto se resumen la ley y los profetas.
El amor a Dios, que se refleja en el amor a los demás, nos da la
sabiduría y la fortaleza necesaria para enfrentar la vida y sus
contrastes. Cuando leemos el capítulo 27 del libro de Hechos, nos
encontramos con una narración magistral del naufragio en el que se vio
envuelto el apóstol Pablo cuando era conducido prisionero y escoltado
por un centurión para ser llevado a Roma. Pablo estaba preso por
predicar el evangelio de Cristo.
Hechos es una narración de la manera como la Iglesia primitiva comenzó
expandirse y describe con lujo de detalles los viajes misioneros del
apóstol Pablo. Y el capítulo 27 narra la historia de Pablo a bordo de un
barco que navega directamente a las fauces de una tormenta.
El libro de Hechos relata cómo Pablo pasó a través de esa tempestad, nos
cuenta la manera cómo enfrentó la tormenta. En estos momentos, usted
puede estar enfilando su vida hacia el centro de un mar embravecido.
Surge una pregunta en medio de todo este relato: ¿Por qué Dios utiliza
casi todo un capítulo para hablarnos acerca de una tormenta?
La respuesta es sencilla, el Espíritu Santo ha tomado esta historia y la
ha convertido en una increíble ilustración con una gran aplicación
espiritual para todos nosotros. La vida es como un viaje en el mar.
Algunas veces el mar está en calma, el viento sopla con un sonido
arrullador y el sol brilla cálidamente. Tal vez así es su vida actual,
pues disfrútela ya que es un regalo de Dios. Pero muchas veces el suave
viento se convierte en huracán y el cielo espléndido y azul se cubre de
nubarrones negros y sin darnos cuenta, o a veces haciendo caso omiso a
ello, nos encontramos envueltos en una horrible tormenta.
Pablo es un prisionero que es conducido a Roma para ser juzgado y en
medio de las pruebas y las dificultades él ve oportunidades. Y nosotros
muchas veces hacemos lo contrario, vemos dificultades en medio de las
oportunidades (la dificultad del idioma, del inglés, para los que
vivimos en el Norte de América, debemos capitalizarla como una
oportunidad de aprender una nueva lengua y triunfar en la vida).
Este mensaje nos debe llevar a analizar las tormentas que llegan a
nuestra vida desde tres ángulos: la razón de las tormentas, la reacción
de la gente, y los resultados de estas tormentas. Porque hay cinco
maneras efectivas de hacer hundir un barco. Vamos a hablar en lenguaje
figurado, el barco es usted.
1. DECISIONES APRESURADAS (Hechos 27:9). El afán nos impulsa a hacer
algo aunque sea errado, aunque después lloremos amargamente las
consecuencias. Es necesario esperar en el Señor. El Espíritu Santo no
empuja, todo lo contrario nos lidera, nos da convicción y nos guía.
2. SI SE DEPENDE DE LA SABIDURÍA HUMANA. Dependiendo de la sabiduría
humana se cometen errores, pero la sabiduría de Dios nos garantiza la
llegada a puerto seguro, aun en medio de la tormenta. Hay caminos que al
hombre parecen derechos, pero su fin es camino de muerte, dice la
Biblia.
3. BUSCANDO UNA SALIDA FÁCIL. El puerto era incomodo para invernar dice
el pasaje de Hechos 27:12, entonces para evitar la incomodidad del
puerto se lanzaron a la mar y se hallaron frente a frente con la
tormenta. A veces guiados por el facilismo y por la carne buscamos fugas
geográficas. Una persona puede acabar con su propia vida para huirle a
los problemas o puede pensar en el divorcio como una solución a sus
dificultades matrimoniales.
4. HACIENDO LO QUE LOS DEMÁS HACEN (Hechos 27:11). No siempre la mayoría
tiene la razón. Todos querían partir, menos Pablo, y Pablo, que era
minoría, tenía la razón. En Tiempos de Josué mandaron a 12 espías a
reconocer la tierra prometida. Al regreso, diez dijeron que no era
posible entrar, y dos dijeron que sí. Los dos que dijeron que sí eran la
minoría, y tenían la razón. En el caso del juicio a Jesús, la mayoría se
equivocó. Pilato le preguntó a la multitud: ¿a quién quieren que libere,
a Jesús o a Barrabás? Y la gente gritó: a Barrabás. ¿Y qué haré con
Jesús? Crucifícale, respondió la multitud. Nuevamente la mayoría se
equivocó. La mayoría muchas veces no tiene la razón.
5. DEPENDIENDO DE LAS CIRCUNSTANCIAS (Hechos 27:13-25). El versículo 13
dice que la brisa del sur les hizo creer que todo iría bien. El servicio
a Dios y la toma de decisiones sabias no deben ser circunstanciales. No
deben depender del clima, de nuestro estado de ánimo o de lo que el país
o la sociedad nos presenta.
¿Quiere hundir su barco, hundir su vida?, tome decisiones apresuradas.
¿Quiere dejarse arrastrar por el viento?, dependa de la sabiduría
humana. ¿Quiere sucumbir ante el viento recio de las pruebas?, busque
una salida fácil. ¿Quiere dejarse llevar por el huracán de la vida?,
haga lo que los demás hacen. ¿Quiere perder las bendiciones de Dios para
su vida?, ceda ante las circunstancias.
Ahora, si por el contrario quiere triunfar y llevar sus proyectos a
puerto seguro, entonces someta su vida a Cristo y déjese llevar por el
Maestro, hágalo el capitán de su embarcación.
*Carlos Pulgarín es Asistente General del Tabernáculo Bíblico
Bautista El Redentor y maestro de Escuela Dominical de la misma iglesia
(Vancouver, BC, Canadá), licenciado en Comunicación Social y Periodismo,
ex director y cofundador del periódico La Palabra y colaborador de Radio
Bautista. También ejerció el periodismo por más de 10 años en diferentes
diarios de Latinoamérica
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