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Hechos y Crónicas - semana marzo 1-7, 2006 |
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El que juega con fuego se
quema
Por Carlos Pulgarín*
pulgarin@elredentor.com
Existen algunas situaciones que parecen inofensivas. Cosas que a simple
vista no le hacen daño a nadie. Y poco a poco, sin darse cuenta, el ser
humano va caminando sobre el filo de una navaja hasta caer en el abismo,
sumergiéndose en un laberinto sin regreso. Pecado tras pecado, la vida puede
llegar ser un infierno. Y los hijos de Dios, los cristianos, los nacidos de
nuevo, podemos ir perdiendo la comunión. Es |
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adentrarse en un terreno desértico, inhóspito y peligroso, en el que el
Agua de Vida escasea y la Luz es reemplazada por las tinieblas.
La historia de Raúl es una de esas que escuchamos a diario en la
televisión, en la radio o la prensa escrita. En una inofensiva reunión
de amigos cedió a la tentación de probar un poco de un polvo blanco que
los demás chicos y chicas compartían en una esquina del salón de baile.
Tres años más tarde, su vida era un desastre. En un atraco armado a una
tienda, buscando dinero para comprar drogas, dos de sus compañeros
murieron en el cruce de disparos con la policía, y Raúl fue a parar la
cárcel por diez largos años.
Pero la palabra de Dios es muy sabia cuando dice en Proverbios capítulo
6, versículos 27 y 28: “¿Tomará el hombre fuego en su seno sin que sus
vestidos ardan? ¿Andará el hombre sobre brasas sin que sus pies se
quemen?”.
Marina, una joven suramericana que llegó a vivir a Miami, pensó que una
‘ayudita’ extra para ganarse unos cuantos dólares no le haría mal a
nadie, pero ese día cuando intentó vender unas cuantos gramos de
cocaína, en un exclusivo sector de la ciudad, fue capturada en un
operativo de la policía.
Producto de la guerra en algunos países de Latinoamérica muchas personas
salen a buscar mejores oportunidades en otros lugares. Este es el caso
de Germán, quien una mañana de octubre salió de Colombia rumbo a Canadá.
Llegó a este país del norte y de inmediato se concentró en conseguir dos
trabajos y hacer dinero para enviar a su joven esposa y su pequeño hijo.
Y en un tiempo no lejano poder reunificar a la familia, traerlos y
organizar su nueva vida en el país que siempre soñó.
Los planes de Germán no salieron como él había pensado y soñado. Tres
años después de estar viviendo en Canadá obtuvo su residencia y decidió
hacer una visita sorpresa a su país, pero la sorpresa se la llevó él. En
el apartamento que había comprado con el esfuerzo de muchos años halló a
un joven de escasos 19 años conviviendo con su esposa. En un arrebato de
celos, los mató y luego se lanzó por la ventana desde un octavo piso.
Los tres murieron y el niño quedó huérfano.
Las historias podrían continuar. La jovencita que se prostituyó pensando
que sólo sería por un fin de semana y ya mas nunca salió de ese negocio
tenebroso que es la trata de blancas. O el chico que llegó a Europa a
vivir la vida de desorden y libertinaje que él quería y terminó
contagiado de Sida. Pero la verdad es una: las consecuencias de los
actos se pagan tarde o temprano, y el precio, en la mayoría de los
casos, es muy alto.
Galatas 6:7 dice que “Dios no puede ser burlado”, y también afirma que
“todo lo que el hombre sembrare, eso también segará”. Las consecuencias
siempre se pagan. Nos podemos esconder de las personas, de las
autoridades y o de los amigos, mas de Dios, de su omnipresencia y
omnisciencia, no nos podemos esconder.
Pero en contraste, el temer a Dios y obedecerle traen bendición y
completa satisfacción. Cuando se hace referencia al hombre y a la mujer
que temen a Dios, la Palabra dice que son aquellos que han decidido
servirle en obediencia a su Palabra. Nadie que tema a su Señor querrá
desobedecerle, sino que su deseo es obedecerle, haciendo así su
voluntad. Por eso el que teme a Dios “en sus mandamientos se deleita en
gran manera”.
Los mandamientos de Dios (su palabra) producen alegría, delicia y placer
a todos aquellos que desean vivir por ellos. En el capítulo uno del
libro de Salmos se habla del varón justo “que en la ley de Jehová está
su delicia,,Y en su ley se deleita de día y de noche” (Salmo 1:1 ).
Dicho de otra manera, es un deleite continuo.
Jehová es un Dios de amor. Que nos ama tanto que ofreció a su hijo único
(Jesucristo) como pago por nuestros pecados, y con su muerte en la cruz
nos regaló --a todos aquellos que le aceptamos como nuestro Señor—perdón
de pecados, salvación y vida eterna. Pero Dios al hacernos sus hijos, en
su amor de padre nos disciplina, nos corrige con amor. Él sabe qué es lo
mejor para nosotros. En medio de tempestades y miedos, Jesucristo es el
camino, la verdad y la vida. Y nadie puede ir al padre sino es a través
de Él.
Hoy es tiempo de reflexión, tiempo de cambio, tiempo de vida, tiempo de
salvación. Hoy, querido hermano o hermana y amigos, es tiempo de
enderezar el camino, porque el que juega con fuego se quema. Déjele el
control de su vida a Dios.
*Carlos Pulgarín es Asistente General del Tabernáculo Bíblico
Bautista El Redentor y maestro de Escuela Dominical de la misma iglesia
(Vancouver, BC, Canadá), licenciado en Comunicación Social y Periodismo,
ex director y cofundador del periódico La Palabra y colaborador de Radio
Bautista. También ejerció el periodismo por más de 10 años en diferentes
diarios de Latinoamérica
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