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Hechos y Crónicas - enero 2007 |
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Más que ganadores
Por Carlos Pulgarín*
pulgarin@elredentor.com
Si tu vida en el 2006 fue de derrota, desánimos y miedos, este año que
comienza es la oportunidad para dejar que Jesús tome el control. En Cristo,
como dice la Biblia, somos más que vencedores. Dios peleará nuestras
batallas. Tal vez has estado viviendo en Egipto, pero ahora es tiempo de
cruzar el Jordán y comenzar a disfrutar de las bendiciones
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que te ofrece la tierra prometida. La respuesta –y muchos lo saben, sólo
que no la ponen en práctica—es Jehová de los ejércitos, voltea tu mirada
a la cruz, reedifica tus murallas, fortalece tu fe, espera en Dios y Él
hará.
Hace unos días, después de un lindo servicio de adoración, se acercó un
joven y me dijo: “Hermano, quiero hablar con usted”. Le di un apretón de
manos y me dispuse a escucharlo. Pero él, visiblemente alterado y con
lágrimas en los ojos, me dijo: “Es delicado lo que tengo que decirle y
me gustaría que fuera en privado”. Fuimos a una de las oficinas de la
iglesia, y una vez cerramos la puerta esto fue lo que me contó.
“Carlos, hace más de dos semanas que no puedo dormir. Apenas cierro lo
ojos tengo unas pesadillas horribles. Se me aparece un amigo mío que
está muerto (este amigo se suicidó colgándose de una soga en la
habitación de su casa), me guía hacia un lugar y cuando reacciono me
encuentro en el infierno. Yo grito y lloro desesperadamente, y cuando
estoy a punto de perder la esperanza de regresar un niño me da la mano y
me saca de ese lugar de tormento”.
El relato se interrumpe por las lágrimas. Este joven, de escasos 20
años, tiembla mientras recuerda cada detalle de esta pesadilla. Me dice
que en las mañanas la pasa bien con los amigos del trabajo, pero al caer
la noche el miedo regresa y el temor lo hace pasar en vela, pues sabe
que si cierra los ojos la historia se repetirá. Al final de su relato me
pregunta: ¿Qué hago?
Recuerdo cuando este muchacho llegó a Canadá. Un día lo encontré por
esas “casualidades” santas. Iba en busca de una familia de inmigrantes
procedente de Colombia y al tocar la puerta del apartamento, por una de
esas “equivocaciones” planeadas por Dios lo hallé a él. Me contó su
vida, la soledad en la que vivía, sus desventuras. Y también me contó
que una vez, ante la insistencia de su abuelita, había aceptado a
Jesucristo como su Señor y su Salvador. “Luego me fui por el mundo y
olvidé a Dios”, agregó en esa oportunidad.
Esa misma semana que lo conocí en Vancouver se reconcilió con Jesús. Dos
semanas después se alejó de la iglesia y el tormento comenzó de nuevo.
Por esta razón cuando vino a la iglesia para hablarme de sus pesadillas,
puedo decir que ya lo estaba esperando, unos días antes el Espíritu
Santo me había animado a orar por él.
Al retomar el relato me dijo que económicamente le estaba yendo bien,
pero que espiritualmente se sentía vacío. “Me siento mal con muchas de
las cosas que he hecho”, señaló. Le recordé que el apóstol Pablo, aún
estando en comunión con Dios, dijo: “Lo que no quiero hacer, eso hago”.
Le expliqué que los deseos de la carne son amistad contra los del
espíritu, le mostré la Biblia y lo que dice acerca de ese mismo tema: el
espíritu a la verdad está dispuesto, pero la carne es débil. Hablé con
él acerca de las dos naturalezas que poseemos y cómo al nacer en Cristo
somos sellados con el Espíritu Santo de la promesa, somos nuevas
criaturas, no de simiente corruptible, según Adán, sino de la simiente
gloriosa, según Cristo.
El licor, las mujeres, las drogas alucinógenas, el afán por el dinero,
la falta de tiempo para Dios, los ídolos que vende el mercado de
consumo, y todas esas cosas que el mundo ofrece hacen que tu vida, al
igual que la de este joven, discurra en el Egipto espiritual. Preso de
tus propias pasiones, subyugado a los antojos de Satanás, esclavo del
pecado. El modelo que la sociedad muestra a través de los medios masivos
de comunicación es un modelo de éxito con una pirámide invertida de
valores en la que Dios está en la última escala y el dinero ocupa la
cúspide. Por eso dinero es sinónimo de poder y poder es sinónimo de
éxito.
Este modelo erróneo de éxito está acabando con la vida de cientos de
miles de personas. Las familias se destruyen, los hijos, producto de los
divorcios, vagan como ovejas sin pastor, el concepto de matrimonio se ha
deformado, los valores cada vez son más escasos, y los modelos de las
familias de antaño son una especie en vía de extinción. En medio de todo
este caos, la respuesta es la misma: Cristo gobernando sobre el trono de
tu vida. El crecimiento de Cristo en nuestras vidas es inversamente
proporcional al decrecimiento de nuestras ambiciones personales. Porque
el final de todo este discurso es que Jesucristo es el Señor.
El año que empieza puede ser igual o peor que el 2006, pero tú tienes en
tus manos la decisión de vivir una vida de victoria, o seguir siendo
prisionero del dios de este mundo: Satanás, él es el acusador, él es
padre de mentira. Él, como dice el Evangelio:“Vino para hurtar, matar y
destruir” (Juan 10:10). Mas Cristo, dice el mismo versículo, vino para
darnos vida y vida en abundancia.
Al terminar la reunión con este joven y explicarle lo que hace el diablo
en las vida de aquellos a quienes tiene esclavizados, al mostrarle las
consecuencias de la desobediencia a Dios, al recordarle que solo
Jesucristo ofrece esa paz que sobrepasa todo entendimiento, y al
narrarle algunos ejemplos de lo que sucedió en mi propia vida, oramos
juntos, pedimos perdón por las ofensas hechas al Señor, y cuando él
partió de la iglesia pude ver su sonrisa, percibí como recobró la
confianza. Y estoy seguro que Dios que ha comenzado la obra, la
terminará.
Si estás pasando por una situación similar, recuerda: no se ha dormido
el que guarda a Israel. Tu socorro viene de Jehová de los ejércitos. Él
es tu sanador, El es tu estandarte, Él es tu proveedor, Él es tu paz. En
este año 2007, si depositas tu confianza en Dios, Él peleará por ti la
batalla. No es con espada, ni es con ejército, es con su Santo Espíritu.
Al comenzar año, encomienda tus caminos al Señor de la vida. Me gusta un
pasaje del libro de 2 Crónicas, está en el capítulo 32, y nos cuenta que
después de haber hecho lo bueno delante de Jehová, el rey Ezequías vio
una gran amenaza sobre su reino. Senaquerib, rey de de los asirios,
invadió Judá y amenazaba con conquistar las ciudades fortificadas. Y
este invasor no sólo amenazaba, sino que también alardeaba de su poder,
confundía con su lenguaje y blasfemaba contra Dios. Pero en todo
Ezequías estuvo callado, reunió a su pueblo, y consultó a Jehová. Y no
solo lo consultó, también esperó en Él.
Cuenta la historia que el rey Ezequías habló al corazón de su pueblo con
estas poderosas palabras: “Esforzaos y animaos; no temáis, ni tengáis
miedo del rey de Asiria, ni de toda la multitud que con él viene; porque
más hay con nosotros que con él. Con él está el brazo de carne, mas con
nosotros está el brazo de Jehová nuestro Dios para ayudarnos y pelear
nuestras batallas” (2 Crónicas 32:7-8).
En este año nuevo es hora de levantar las murallas, de conquistar la
tierra prometida, de recuperar el terreno perdido, de fortalecer la
confianza y honrar en todo a nuestro Dios. El brazo de Jehová está con
nosotros para pelear nuestras batallas. Dios te dice: No temas, Yo Soy.
¡Feliz año nuevo en Cristo!
Si deseas ver tu vida transformada por el poder sanador de Dios te
invitamos a que nos escribas a
pastor@elredentor.com o a
pulgarin@elredentor.com o llámanos a nuestras oficinas en
Vancouver, BC, Canadá, al teléfono: 604.659.4225. Bendiciones.
*Carlos Pulgarín es Asistente General del Tabernáculo Bíblico
Bautista El Redentor y maestro de Escuela Dominical de la misma iglesia
(Vancouver, BC, Canadá), licenciado en Comunicación Social y Periodismo,
ex director y cofundador del periódico La Palabra y colaborador de Radio
Bautista. También ejerció el periodismo por más de 10 años en diferentes
diarios de Latinoamérica
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