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Hechos y Crónicas - enero 2008 |
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De la muerte nadie se escapa
Por Carlos Pulgarín*
pulgarin@elredentor.com
Primero se oyó un ruido suave. Luego escuché un grito desgarrador. Por
último, un golpe seco contra el pavimento. Corrí hacia la terraza y abajo,
en el piso, yacía el cuerpo inerte y salpicado de sangre de Damián. Cinco
minutos antes había estado hablando conmigo al calor de un café en el quinto
piso de un apartamento a medio construir, ahora estaba
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muerto. Desde muy niño le escuché decir a mi madre que lo único seguro
en esta vida es la muerte y aunque parezca tétrica y nada halagadora, la
sentencia es cierta: de la muerte nadie se escapa.
¿Estás preparado o preparada para morir? Damián no lo estaba, de hecho
la mayoría de las personas no lo están. Esa mañana nublada cuando bebía
un café con Damián, hombre dedicado al negocio de la construcción, lo
pude notar. A sus 40 años, él tenía muchos planes, muchas ideas por
materializar, un sinnúmero de proyectos de vivienda por hacer. Su mirada
estaba fija en las posesiones materiales, en acumular riqueza, la idea
de la muerte era muy lejana. A pesar de que por esos días apenas tenía
18 años (como pasa el tiempo, ya tengo 37), lo escuchaba muy
atentamente, pues me gustaba compartir con gente mayor como él.
Regresaba de vacaciones al pueblo y disfrutaba las conversaciones con
este señor. Muchas veces añoré tener su posición económica.
Pero esa mañana, mientras miraba atónito el cuerpo ensangrentado tirado
en el pavimento, y a pesar de que en esa época todavía no era cristiano,
pasaron por mi mente varias preguntas: ¿Quién terminará de construir
este edificio? ¿De quién será el dinero que don Damián tiene en el
banco? ¿Podrán sus hijos administrar sabiamente lo que él dejó? Y la más
aterradora de todas: ¿dónde estará Damián en estos momentos?
Por esos días acostumbraba a tomar café en la casa de una viejecita
rezandera. Y ella con una seguridad abrumadora me dijo: “Mijito, el alma
de don Damián está dando vueltas por todos lados, es un alma en pena,
ayúdeme a rezar por él”. Recuerdo que durante varios días acompañaba a
la ancianita a repetir, rosario en mano, largas letanías. ¡Qué
equivocados estábamos!
¿Qué dice la Biblia acerca de la muerte? Las Escrituras nos dicen
primero que nada que Dios es el dueño de la vida. Luego, si partimos de
esta premisa, nos hallamos frente a una realidad más transparente que el
agua: nuestro Dios es el único que decide hasta cuándo hemos de estar en
esta tierra. Ahora, hay otra realidad más cruda aún: el sitio en el que
pasemos la eternidad depende directamente de nuestra decisión en vida,
si hemos aceptado a Cristo como nuestro salvador y fuimos lavados con su
sangre nuestro destino final (sin escalas, pues no existe el purgatorio)
es el cielo. Y si morimos sin Cristo nos espera la condenación eterna,
el infierno, preparado desde antes para diablo y sus secuaces.
Mi mejor amigo en la época de la universidad fue un joven luchador, con
deseos de salir adelante, de alcanzar metas. Muchas veces le escuché
decir: “Carlitos, quiero tener resuelta mi situación económica ahora que
estoy joven, no quiero llegar a viejo sin un centavo en el bolsillo como
mis padres”. Y este amigo pasó por toda las pruebas y las dificultades
que la vida le pudo haber deparado, pero un día viajó a la capital
colombiana y después de sufrir hambre y frío, alcanzó lo que quería: un
buen trabajo y una buena posición económica. Un mes de diciembre,
viajando a pasar las festividades de fin de año con sus padres, mientras
conducía su vehículo campero perdió el control y se estrelló. De todos
los pasajeros sólo él murió. Cuando había conseguido lo que quería
murió. Y lo más triste, se fue a la eternidad sin haber aceptado el don
preciado de la salvación que sólo Jesucristo nos da (Efesios 2:8-9).
“La vida es injusta”, me dijo un hermano de mi amigo. Y hoy,
reflexionando sobre esto, me doy cuenta de que en realidad la vida en el
mundo es injusta. Pero Dios nos ofrece justicia, amor, paz, un mundo
donde la muerte ya no tiene poder sobre nosotros, un lugar donde las
riquezas no se corroen y donde nadie puede robarlas. Ese lugar se llama
cielo. La Biblia dice que Jesucristo es el único camino al cielo, el
camino al Padre. Él es el camino, y la verdad y la vida (Juan 14:6).
“No se turbe vuestro corazón; creéis en Dios, creed también en mí. En la
casa de mi Padre muchas moradas hay; si así no fuera, yo os lo hubiera
dicho; voy, pues, a preparar lugar para vosotros. Y si me fuere y os
preparare lugar, vendré otra vez, y os tomaré a mí mismo, para que donde
yo estoy, vosotros también estéis” (Juan 14:1-3).
Tal vez usted tenga amigos y familiares que partieron de este mundo sin
haber tomado en cuenta a Jesús, el dueño de la vida eterna. Tal vez
usted mismo aún no ha hecho una decisión por Cristo. Sin aceptar a
Jesucristo el ser humano está condenado a la muerte eterna. Muchos
piensan que la existencia termina cuando muere el cuerpo físico, pero se
les olvida que tenemos espíritu, esa parte inmaterial hecha a la imagen
de Dios. Sabiendo esto, entonces, conocemos que el ser humano es eterno,
existe más allá de la materia. Al morir, los hijos de Dios, los que han
sido lavados con la sangre de Cristo, sellados con el Espíritu Santo,
van al encuentro con Jesucristo. Pero los que han rechazado al Cordero
de Dios vivirán en condenación eterna. Como cristianos debemos sentir
carga por las almas perdidas, carga por compartir las buenas nuevas de
salvación.
Había pensado, como otros años, en este mes de enero escribir un
artículo sobre mayordomía, sobre la buena administración de lo que Dios
nos ha dado, y acerca de las resoluciones para el año que comienza. Pero
me doy cuenta que la decisión más importante, en el 2008, para muchos de
los que leen Hechos y Crónicas es abrirle su corazón a Jesucristo, dejar
de batallar con esas luchas internas y entregarle su vida a Él. “Venid a
mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar”
(Mateo 11:28), dice Jesús. Este llamado es para usted. Y una vez haya
confiado en Jesús como su salvador, podrá apropiarse de las palabras del
apóstol Pablo: “Para mí el vivir es Cristo, y el morir es ganancia”
(Filipenses 1:21). ¿Dónde quieres pasar la eternidad? ¿Estás preparado o
preparada para morir? Asegúrate de que el 2008 sea el año de tu
salvación. Bendiciones.
Te invitamos a que nos escribas a
pastor@elredentor.com o a
pulgarin@elredentor.com o llámanos a nuestras oficinas en
Vancouver, BC, Canadá, al teléfono: 604.659.4225. Bendiciones.
*Carlos Pulgarín cursa Estudios Bíblicos y de Teología en Río Grande
Bible Institute (Edinburg, Texas), es consejero de reclutamiento en esa
misma institución y colaborador de Radio Esperanza. Fue Asistente
General del Tabernáculo Bíblico Bautista El Redentor y maestro de
Escuela Dominical de esa iglesia, ex director y cofundador del periódico
La Palabra y colaborador de Radio Bautista (Vancouver, BC, Canadá). Es
licenciado en Comunicación Social y Periodismo (Colombia), trabajó por
más de 10 años en diferentes diarios de Latinoamérica. |
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