“Eres un cerdo egoísta”

Julio 1, 2009 by admin  
Filed under Lecturas y Artículos

Hechos y CronicasPor Carlos Pulgarín*
pulgarin@elredentor.com

La mujer apretó la mandíbula hasta que sus dientes crujieron, como si fueran a partirse. Lanzó una mirada de fuego y descargó toda su ira diciéndole: “Eres un cerdo egoísta”. Él quedó paralizado por la reacción de su esposa. Unos segundos después reaccionó. “Repite nuevamente, ¿qué me has dicho?”, preguntó. “Que no te importa tu familia, tu esposa, tus hijos, sólo piensas en ti”, respondió ella al tiempo que estallaba en llanto.

Cuando Luisa y Alberto llegaron a la oficina del pastor para decirle que estaban tomando la decisión de divorciarse, cada uno de ellos pensaba que el culpable era el otro. “Si él no me tratara así, el matrimonio hubiera funcionado”, argumentó ella. Y él por su parte dijo: “Si tú me hubieras escuchado un poco más, supieras cuáles son mis necesidades”. Ambos tenían razón.

La razón de Luis para acudir al divorcio como una solución era que su mujer le había faltado el respeto. “Pastor, me dijo que soy un cerdo egoísta”, expresó indignado. Lo cierto es que el incidente de una noche no fue en realidad la causa del problema, mas bien fue el resultado de muchos pequeños problemas. Llegadas tarde a casa, mentiras, falta de cariño, muchas noches sin intimidad y cero diálogo, fueron rebozando la copa.

Luisa dijo: “El amor es sufrido, pero no tanto” (1 Corintios 13:4). Ella estaba resentida de recibir tanta indiferencia de su esposo. Él, por su parte,  quería a la mujer que conoció cuando eran novios, a la amante con la que compartió durante la luna de miel. Nuevamente ambos tenían razón.

El apóstol Pablo escribiendo a la iglesia de Corinto les dice: “El amor no hace nada indebido, no busca lo suyo, no se irrita, no guarda rencor”. El amor no es un sentimiento manipulado por las hormonas o los sentimientos. El amor es una decisión. La clave es no señalar al otro,  sino más bien  expresar cómo me siento yo.  Esto lleva a una comunicación más fluida y sin prevenciones.

Pero para que todo esto funcione la pareja debe invitar a Jesucristo al matrimonio. El Señor debe ser el centro de esa unión. Si Dios está en el medio, Él toma a cada por la mano. Y aunque uno de los dos trate de romper el pacto matrimonial no va a poder porque están unidos a través de Cristo. Recuerde, lo que Él unió no lo puede separar el hombre (Mateo 19:6).

Uno de los detonantes que hizo que al matrimonio de Luisa y Alberto explotará fue la falta de respeto. Sin darse cuenta le fueron subiendo el tono de las palabras. Ella pasó de decirle eres un mentiroso, a la frase que tocó los cimientos del corazón de él: “Eres un cerdo egoísta”. Cuando la relación llega a este punto, el objetivo básico en la confrontación es herir. La idea es que el que más lastime es el triunfador. Pero la realidad es que ambos pierden.

La comunicación es crucial en la formación de un matrimonio sólido. Es sobre la base del diálogo que se expresa el amor y se construyen otros elementos vitales en la relación como la intimidad de pareja, que no es meramente actividad sexual, sino comunicación del cuerpo y del alma. Ya no son dos, ahora son uno. El matrimonio debe ser un equipo que trabaje para conseguir los mismos objetivos. Las divergencias no son tan importantes (y nutren la relación), pero como los puntos en común le dan vida y proyección.

Cuando el pastor escuchó a Alberto y Luisa exponer sus argumentos para acudir al divorcio, se dio cuenta de inmediato que este matrimonio no se iba a acabar, antes por el contrario, si se dejaban guiar por Dios iban a salir fortalecidos de este conato de incendio. Me gusta la frase de los bomberos en la película ‘Fireproof’ (A prueba de fuego): “Nunca abandones a tu pareja en medio de un fuego”.

Casados pero felices es una buena expresión para ilustrar el matrimonio. La relación se fortalece en medio de los “peros”. A muchos les gustaría decir: “Estamos casados y felices”. Sin embargo la conjunción y no es mas que una utopía, porque el matrimonio en la vida real se enfrenta a problemas, a dificultades, a incendios. Y es en medio de esos “peros” que se fortalece, que se conocen, que crece la relación. Recuerde lo que ya dijimos: Ya no son dos, ahora son uno.

La mujer debe someterse a su esposo (no significa ser esclava), es decir, reconocer su liderazgo, apoyarle y acompañarle como su ayuda idónea. No la que está detrás de él, sino la que va a su lado. Y el hombre debe amarla como Cristo amó a la iglesia, hasta el sacrificio, caminando la milla extra (Efesios 5:21-33). El amor es el vínculo perfecto. El amor cubre multitud de pecados. El amor nunca deja de ser.

Es importante que como hombres aprendamos que, por diseño de Dios, la mujer es diferente: diferentes genéticamente, hormonalmente, físicamente, sicológica y neurológicamente. La esposa puede recordar como estabas vestido el día que se conocieron. El hombre, muchas veces, no recuerda ni siquiera la fecha o las circunstancias en que tuvieron su primer encuentro. Estas diferencias conllevan a ejercer papeles que son complementarios en el matrimonio.

Para poder tomar la decisión de amar, debes reconocer que Dios te amó primero (1 Juan 4:19). A veces no podemos amar por completo porque no podemos dar de lo que no tenemos. Experimentar la misericordia de Dios es reflejar ese amor el uno al otro.

Antes de intentar llevar la relación al divorcio, la pareja debe desarrollar una plena compresión de que el matrimonio es para toda la vida. Una relación que es para siempre no se puede romper, pues de hacerlo cada uno quedará con fragmentos del otro, de los cuales nunca se podrá desprender.

Si hay zorras pequeñas que están destruyendo tu viña, debes identificarlas para liberarte de ellas. Confrontar y considerar cualquier pecado o tentación que pudiera estar amenazando el matrimonio. Jesucristo nos dice: “No os ha sobrevenido ninguna tentación que no sea humana, pero fiel es Dios, que no os dejará ser tentados más de lo que podéis resistir, sino que dará también juntamente con la tentación la salida, para que podáis soportar” (1 Corintios 10:13).

Para fortalecer la relación, es necesario pedir perdón y comenzar de nuevo en el nombre de Cristo Jesús. Y el perdón, al igual que el amor, es una decisión. El perdón es una respuesta sobrenatural porque viene del Espíritu que mora en nosotros. La carne te invita a lanzar frases incendiarias, a destruir… pero el amor de Dios en nuestros corazones lleva a pasar por alto el agravio. El perdón sana al ofendido y al ofensor.

Luisa y Alberto continuaron adelante como un equipo. El incendió que amenazó su matrimonio no lo destruyó, mas bien los fortaleció. Son líderes en su iglesia local. Están viendo crecer a sus hijos en amor. Son un equipo y Jesucristo es el capitán.

Para contactar al autor escriba a pulgarincarlos@yahoo.com. O llámenos a la Primera Iglesia Bautista de McAllen, TX, USA, teléfono: (956) 686-5917

*Carlos Pulgarín es pastor de la Primera Iglesia Bautista de McAllen, Texas. Cursó Estudios Bíblicos y de Teología en Río Grande Bible Institute (Edinburg, Texas), fue consejero de reclutamiento en esa misma institución. Es colaborador de Radio Esperanza. Fue Pastor Asistente del Tabernáculo Bíblico Bautista El Redentor y maestro de Escuela Dominical de esa iglesia, ex director y cofundador del periódico La Palabra y colaborador de Radio Bautista (Vancouver, BC, Canadá). Es licenciado en Comunicación Social y Periodismo (Colombia) y trabajó por más de 10 años en diferentes diarios de Latinoamérica.

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