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Hechos y Crónicas - febrero 2008 |
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¡Auxilio!, ¿qué hago con los niños?
Por Carlos Pulgarín*
pulgarin@elredentor.com
El profesor de escuela dominical estaba muy molesto. Su rostro se tornó rojo como un tomate. Apenas terminó de orar --siempre lo hacía para finalizar la reunión-- se dirigió a uno de los niños y en tono airado le dijo: “¡Pedrito!, no voy a tolerar que te sigas durmiendo en la clase mientras estoy enseñando, es una falta de respeto. Es el tercer domingo
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que sucede lo mismo”. El pequeño, asustado, respondió: “Es que... usted
tiene la culpa, profesor”. Y la verdad es que el pequeño, de escasos
siete años, tenía razón. Los niños permanecían 45 minutos sentados en el
aula mas por temor que por motivación.
Algunas de las frases que escucho en las iglesias a las que he asistido
son: ¿Quién va a cuidar los niños este domingo? ¿Cómo los vamos a
entretener mientras se desarrolla el servicio? Y muchos profesores de
escuela dominical únicamente atinan a gritar desesperados: “!Auxilio!,
¿qué hago con los niños?”. Los infantes, esos pequeños gigantes, se han
convertido para muchos en un problema mas que en una bendición, como
efectivamente debería ser. Jesús dijo: “Dejad a los niños venir a mí, y
no se lo impidáis; porque de los tales es el reino de Dios” (Marcos
10:14).
Hay varias respuestas para el panorama descrito en el párrafo anterior.
La función de la escuela dominical no es solamente el cuidado de niños.
No. La escuela dominical educa a nuestros hijos en la fe. La iglesia
tampoco es un lugar para entretener a niños, de manera que tengan una
jornada divertida. La función de los maestros es desarrollar una
estrategia pedagógica fresca, dinámica y lúdica que entre a reforzar los
valores cristianos.
La expectativa de los niños es que al llegar a la iglesia van a recibir
lo mismo que sus padres: Palabra de Dios, y no solamente diversión
(aunque la educación puede ser entretenida). Y ante el grito desesperado
de los profesores de “!auxilio!, ¿qué hago con los niños?”. La respuesta
es: amarlos, guiarlos, discipularlos para que crezcan en estatura y
sabiduría, todo esto bajo una dinámica armónica que los integre a la
visión de la iglesia.
Quienes piensan que los niños son un estorbo y los encierran para que
vean películas divertidas y juegos sin enseñanza --mientras los adultos
están adorando en el santuario y recibiendo alimento espiritual-- están
condenando a muerte a su iglesia, pues los niños serán quienes ocupen
las bancas del templo, llenen las vacantes en los ministerios, suban al
púlpito y administren la iglesia en el futuro cercano. Muchas iglesias
están llenas de cabezas blancas. En muchas congregaciones en Canadá y
Estados Unidos se observa a una generación de ancianos a punto de
culminar su tarea en este mundo, pero no vemos por ningún lado la sangre
joven que les relevará en el turno. La iglesia es un cuerpo en el que
los miembros se relevan constantemente, generación tras generación, y
los niños son la base, la ‘materia prima’ para ese relevo. ¿Qué está
haciendo tu iglesia con los niños? .
W.A. Criswell, en su libro ‘El pastor y su ministerio’, afirma que los
niños son una herencia del Señor. “Ellos son el único material del que
Dios hace a sus predicadores, misioneros, miembros de la iglesia y
obreros del reino (...) Es un pastor sabio el que toma tiempo para su
cuidado y desarrollo”.
El salmista dijo: “He aquí heredad de Jehová son los hijos; recompensa
en el fruto del vientre. Como flechas en la mano del valiente, así son
los hijos que se tienen en la juventud. Bienaventurado el hombre que
llena de ellos su aljaba. No se avergonzarán aunque hablen con los
enemigos en el tribunal (Salmo 127:3-5). Y el Señor Jesús en una
oportunidad –poniendo un niño en medio—dijo que deberíamos hacernos como
niños si queremos entrar en el reino de los cielos. “Cualquiera que en
mi nombre reciba a un niño como éste, a mí me recibe”. Y remata diciendo
que la voluntad del Padre es que no se pierda ni uno solo de estos
pequeños (Mateo 18:2-6, 10, 14).
El pastor que es sabio aprende a conocer a los niños de su congregación,
en lo posible tratará de dirigirse a ellos por sus nombres y tomará
tiempo para hablar con ellos. Los niños deben sentir afecto, saber que
son importantes y que hacen parte de la congregación. Todo esto llevará
a los pequeños a tomar una decisión por Cristo.
Cuando se logra tener a un niño en la iglesia entonces es probable que
se tenga a toda la familia. Fernando León, un pastor amigo en
Barranquilla, Colombia, trazó un plan para hacer crecer su naciente
iglesia. Oró, pidió dirección a Dios y comenzó a poner en marcha su
estrategia: alcanzar a los niños de todas las familias vecinas al templo
(Iglesia Encuentro con Jesús). Los niños comenzaron a venir, fueron
enseñados en la Palabra de Dios con actividades lúdicas. Cada domingo
querían volver, y con ellos traían a nuevos amiguitos. El día que se
graduaron de su primer ciclo de clases, los padres fueron invitados a la
ceremonia. Ese día muchos adultos aceptaron a Cristo. Varios papás
dieron testimonio de los cambios que sus hijos experimentaron al
comenzar a asistir a la iglesia. Muchas familias fueron alcanzadas. Y
hoy la iglesia que tenía un grupo de apenas una decena de miembros ha
crecido a más de un centenar. Eso es lo que yo llamo una iglesia con
futuro.
En el púlpito siempre es bueno que el pastor use ilustraciones de su
propia infancia. Los jovencitos notan eso inmediatamente y se
identifican con la verdad que el predicador está proclamando. Así mismo,
todos los programas para los niños en la iglesia han de tener interés de
alcance misionero, evangelizador. Cada época del año, ya sea Navidad o
verano, es una oportunidad especial para involucrarlos y comprometerlos.
Los niños son los que permiten la continuidad de los programas y el
desarrollo constante de la visión de la iglesia. Y tú, ¿qué estás
haciendo con los niños?
Te invitamos a que nos escribas a
pastor@elredentor.com o a
pulgarin@elredentor.com o llámanos a nuestras oficinas en
Vancouver, BC, Canadá, al teléfono: 604.659.4225. Bendiciones.
*Carlos Pulgarín cursa Estudios Bíblicos y de Teología en Río Grande
Bible Institute (Edinburg, Texas), es consejero de reclutamiento en esa
misma institución y colaborador de Radio Esperanza. Fue Asistente
General del Tabernáculo Bíblico Bautista El Redentor y maestro de
Escuela Dominical de esa iglesia, ex director y cofundador del periódico
La Palabra y colaborador de Radio Bautista (Vancouver, BC, Canadá). Es
licenciado en Comunicación Social y Periodismo (Colombia), trabajó por
más de 10 años en diferentes diarios de Latinoamérica. |
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