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Hechos y Crónicas - semana febrero 8-14, 2006
Iglesia Bautista - Vancouver Canada
Si del cielo te caen limones aprende a hacer limonada
Por Carlos Pulgarín*
pulgarin@elredentor.com

Desde muy pequeño siempre escuché un viejo refrán que dice: “Si del cielo te caen limones aprende a hacer limonada”. Que no es lo mismo que decir: “El que nace para tamal del cielo le caen las hojas”. Ya le voy a explicar por qué no es lo mismo. Las circunstancias de la vida se pueden aprovechar si le buscamos el lado bueno a las cosas. Y no quiero decir con esto que seamos conformistas y que vivamos
dejándonos llevar por la corriente de las circunstancias. No. Le recomiendo que antes de leer este artículo lea en la Biblia el Salmo 23 y Proverbios 14:12.

Hay personas que dicen: “es que yo soy así , yo así nací”, esa persona es la que aplica la filosofía de que el que nace para tamal del cielo le caen las hojas. Son personas conformistas, sin aspiraciones, sin deseos de progresar. No tienen norte definido y nunca llegan a ninguna parte. A lo que yo me refiero en esta reflexión es a que en medio de las cosas que nos sucedan miremos cuál puede ser el mensaje para nuestra vida. El propósito que Dios tiene en medio de esa dificultad o de esa prueba. Entonces aquí si cabe el refrán que dice “si del cielo te caen limones aprende a hacer limonada”.

Hace apenas muy poco tiempo comencé a mirar las cosas de esta manera, y puedo asegurarle que desde entonces he asimilado mejor la voluntad de Dios para mi vida. Usted puede empezar a preguntarse, por ejmplo, por qué está en Canadá. Y las respuestas pueden ser muchas y muy variadas para cada uno.

Usted dirá: “bueno yo estoy aquí porque en mi país no hay empleo”. Otro podría decir “yo llegué a Vancouver porque en mi país intentaron matarme”. “Yo vine a estudiar”, dirán alguien más. Otra persona está acá porque se vino siguiéndole los pasos a la mujer que amaba. Otro se vino a buscar fortuna o vino huyendo de la guerra. Puede probar muchas respuestas, y tal vez todas son válidas para cada uno. Pero ha probado usted a responderse: “Yo estoy aquí porque esta es la voluntad de Dios”. O el que ha intentado quedarse clamando refugio, y después de tres o cuatro largos años le dicen que debe regresar a su país, ha probado a responderse: “La voluntad de Dios es que yo regrese a mi país, Señor, y en tu nombre voy a regresar con la frente en alto”.

La Palabra de Dios nos dice que la voluntad de Dios es agradable y perfecta. Ahora, si la voluntad de Dios es agradable y es perfecta, no cree usted que vale la pena acogerse a ella. Dios es nuestro padre y cuida de nosotros, y quiere lo mejor. Porque ¿qué Padre si su hijo le pidiera pan le dará un escorpión?

A veces lo que nosotros ansiamos, lo que anhelamos, lo que queremos con mucho deseo, no es lo que más conviene para nuestras vidas. Qué difícil es entender esta verdad. Y cuando lo que queremos no coincide con los planes de Dios para nuestras vidas entonces empezamos a ver la situación, la prueba o la dificultad como algo negativo... Pero cuántas veces al final, después de sufrir mucho, entedemos que eso por lo que pasamos, esa experiencia, era para nuestro bien. Y entonces, y solo entonces, decimos “gracias Dios mío porque sabes que es lo que más conviene para mi vida”.

Una adolescente puede estar locamente enamorada a su corta edad y dispuesta a casarse con el joven que conoció, los dos inexpertos, los dos sin madurez, sin trabajo, sin una profesión definida. Y los padres de ambos se acercan y les dicen es mejor que esperen unos años más antes de tomar la decisión. Vayan primero a la universidad. Y qué dirán los jóvenes enamorados: “Nos vamos a casar por encima de quien sea, nos amamos y punto”. Y no sólo eso, sino que mirarán con malos ojos la actitud de sus padres. Pero los padres al querer impedir la boda únicamente están buscando el bienestar de los hijos, aunque ellos en el momento no lo entiendan.

Muchas veces, con nosotros sucede igual Dios insiste en buscar lo mejor, lo que más nos conviene, pero nosotros queremos tomar nuestra propias decisiones, sin importar las consecuencias. Y cuando empezamos a pagar el precio de las malas decisiones entonces buscamos culpables, cuando en realidad los culpables somos nosotros mismos.

Pero hay algo mucho más importante en medio de toda esta reflexión: cuando ya hemos fallado, cuando nos hemos apartado de la voluntad de Dios, cuando hemos tomado nuestro propio camino, y cuando las cosas no han salido bien y estamos pagando el precio de nuestras tercas decisiones, nos queda aún un camino: reconocer nuestro error, reconocer nuestro pecado y pedir perdón. En este momento podemos, entonces, aprender de nuestro error, y nuestro padre misericordioso, amoroso y justo no rechaza un corazón arrepentido. Si confesamos nuestros pecados Él es fiel y justo para perdonarnos y la sangre de Cristo nos limpia de toda maldad (1 Juan 1:9).

Además, si vemos la voluntad de Dios y reconocemos su mano poderosa en todas las circunstancias de la vida, podremos disfrutar los episodios de nuestro caminar por este mundo, aun de los que no son de nuestro agrado. Y esto es bien importante, disfrutar aun lo que no es de nuestro agrado. Podremos sacar provecho de todo lo que suceda, sabiendo que Dios está con nosotros. Porque a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien (Romanos 8:28).

Moisés vivía en la casa del Faraón, con todos las comodidades y los derechos de un principe. ¿Qué lo llevó a esa condición de privilegio? La mano de Dios. Usted recuerda la historia, la hija de Faraón lo rescató de las aguas cuando era un bebé y lo llevó al palacio y lo crió allí. Pero las mismas circunastancias, la mano de Dios, después de ver el maltrato que sufría su gente, su pueblo, y luego de golpear y matar a un hombre lo llevaron a huir al desierto. Y Moisés pasó de vestir ropajes reales a vivir estrictamente con lo necesario en la austeridad del desierto. Pasó de ser principe, en la casa de Faráon, a ser un simple pastor, cuidando las ovejas en la casa de Jetro. Moisés pudo haberse quejado, pudo haber visto solo eso: las ovejas, el calor, la falta de alimento, la arena y sus tormentas, el cansancio agotador de las faenas. Pero no, él vio lo que Dios le ayudó a ver, vio a Dios obrando en medio de toda esa dificultad. Dios lo estaba preparando para que guiara a su pueblo por el desierto, camino a la tierra prometida. El plan de Dios en la vida de Moisés esra un plan grande y maravilloso. Y hoy el plan de Dios es maravilloso para usted también.

No importa si antes usted no lo ha entendido, si ha venido caminando en rebeldía, si ha buscado su propio camino, desechando la voluntad de Dios. No importa si usted no entiende por qué está atravesando por este desierto, por este problema. Si usted se arrepiente de corazón, hoy puede comenzar a obrar Dios con poder en su vida. Dios puede retomar el control de su barca, si usted se lo permite.

El Rey David era un hombre conforme al corazón de Dios. Pero un día vino una gran tragedia sobre su vida, una tragedia que comenzó con un pecado pequeño: la flojera, la holgazanería, el ocio, la pérdida del tiempo. La Biblia dice que en el tiempo cuando los reyes iban a la guerra David estaba paseándose en la terraza del palacio, en vez de estar al frente de sus hombres en el combate, él estaba perdiendo el tiempo en la terraza, y desde allí vio a Betsabé, la vio bonita, y la deseó en su corazón. Y sabe por qué... porque la pérdida del tiempo, el ocio, es el taller de satanás. Cuando usted está sin hacer nada vuelan las ideas en su cabeza. Y ese pensamiento que concibió David, lo materializó, poseyó a Betsabé, cuando hubo un bebé de por medio, un embarazo no planeado, entonces buscó la manera de hacer creer a Urías, esposo de Betsabé, que el hijo que esperaba era de él,de Urías. Cuando esta estrategia no funcionó, entonces, planeó la muerte de Urías para quedarse con su mujer. Note la secuencia, un pecado aparentemente sencillo (la flojera, la pérdida de tiempo) lo llevó a cometer otros pecados: mentira, adulterio, asesinato. Y cuando nació el hijo de David y Betsabé, el niño enfermó, y David hizo de todo para que el niño no muriera, pero el niño murió.

En este paso de la historia sucedió algo maravilloso, que nos muestra el amor de Dios y el beneficio del arrepentimiento. David en vez de enojarse contra Dios y buscar responsabeles, dice la Biblia que se arrepintió, y cuando se arrepintió Dios les dio a él y a Betsabé otro hijo. Y la bendición no fue solamente el haberles dado otro hijo, no. Dios les dio un hijo especial: este niño se llamó Salomón, y dice la Palabra que no hubo hombre más sabio que Salomón sobre la tierra.

Puede que sus pecados no sean ni la mitad del tamaño de los pecados de rey David, pero aun así siguen siendo pecados y estorban en su comunión con Dios si usted es cristiano, o lo separan de Dios si usted aun no ha aceptado a Jesucristo como su salvador. Usted decide si arrepentirse y ser parte del grupo de los bendecidos. Usted decide si mirar en medio de las circunstancias y las pruebas para sacar lo que Dios quiere enseñarle. Recuerde: los que aman a Dios todas las cosas les ayudan a bien. Hoy es día de salvación, hoy es día de arrepentimiento.


*Carlos Pulgarín es Asistente General del Tabernáculo Bíblico Bautista El Redentor y maestro de Escuela Dominical de la misma iglesia (Vancouver, BC, Canadá), licenciado en Comunicación Social y Periodismo, ex director y cofundador del periódico La Palabra y colaborador de Radio Bautista. También ejerció el periodismo por más de 10 años en diferentes diarios de Latinoamérica
 
 
 
 
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