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Hechos y Crónicas - julio 2007
Carlos Pulgarin - Hechos y Cronicas
El mensaje no ha cambiado
Por Carlos Pulgarín*
pulgarin@elredentor.com

Hace algún tiempo atrás, cuando todavía corría por mis venas la fiebre por la poesía, intenté escribir algunos versos que titulé: Cosas. Palabras más palabras menos, eran una líneas que reflejaban la fragilidad de la vida, lo incierto del ahora y la solidez de lo eterno. El agua que ayer corrió/ no es la misma que ahora corre/ porque el agua es
reemplazada/ como un eco en una torre/ que se traslada a la nada/ al limbo o tal vez al hombre/ pero el hombre está de paso/ como el agua que allí corre/ hoy llegamos y nos vamos/ sin abrir siquiera un broche/ de esa camisa colgada/ en la punta de aquel poste. Como afirma mi querida madre, doña Carmen, “en este mundo lo único seguro es la muerte”. Por eso la Biblia nos recalca que nuestra ciudadanía está en los cielos. Y Pablo dice: “Porque para mí el vivir es Cristo, y el morir es ganancia” (Fil. 1:21).

Este mensaje no le gusta a la gente de nuestro mundo posmoderno y pluralista, que cree que hay muchas verdades, muchas metas narrativas y muchos caminos hacia Dios. El hombre de la sociedad contemporánea se debate entre creer y no creer. Y en esta disyuntiva muchos terminan alineándose con la idea de que sólo existe el aquí y el ahora. Creen que lo temporal es lo cierto y se juegan lo eterno en una ‘ruleta rusa’ de ideas vagas y abstractas. Terminan comulgando con la teoría de que al morir nuestro cuerpo físico todo termina. Su destino: condenación por siempre sin Cristo.

Imagine esta situación. Pablo y Silas estaban en la cárcel, en el calabozo más oscuro y húmedo, tenían los pies sujetos en el cepo. Allí, en medio de la soledad, el mal olor y el silencio sepulcral, irrumpen con sus cánticos, con sus himnos a Dios. De repente, dice la Biblia, sobrevino un terremoto, de tal manera que los cimientos de la cárcel se sacudían. Todas las puertas se abrieron. Las cadenas de todos se soltaron (Hch. 16:25-26).

Dice la Escritura que cuando el carcelero vio las puertas abiertas, pensando que todos habían huido, sacó la espada y se iba a matar. Mas Pablo clamó a gran voz: “No te hagas ningún mal, pues todos estamos aquí”. Este hombre, rescatado del suicidio y viendo los portentos que Dios había hecho, se postro a los pies de Pablo y Silas. Y la pregunta que cambia todo el panorama surge a continuación: ¡Señores, ¿qué debo hacer para ser salvo?! Y la gloriosa respuesta de Dios: Cree en el Señor Jesucristo, y serás salvo, tú y tu casa. ¿Salvo de qué?, se preguntan los posmodernistas. La Divina providencia responde de nuevo: Salvo de la condenación eterna.

Pablo y Silas no creían en verdades relativas. Para ellos Cristo era su única y suficiente verdad. No hubo calificativas como “tal vez” o “quizás”, o “bueno, esto es lo que pensamos nosotros, pero pueden existir otros caminos hacia Dios”. ¡No! Sólo hay un manera de ser salvo. Jesús dijo: “Yo soy el camino, la verdad, y la vida. Nadie viene al Padre sino a través de mí.” Pedro lo dijo también: “No hay otro nombre, bajo el cielo, dado entre los hombres, en que podamos ser salvos” (Hechos 4:12). La verdad absoluta es que necesitamos ser salvos.

La sabiduría del relativismo vuelve a hacer uso de su necedad y dirá: “Bueno, eso es verdad para ti, pero no lo es para mí”. Eso no cambia en nada la situación, pues sin Cristo el ser humano está bajo el poder de Satanás. Ya sea que se crea o no en la vida eterna o en la realidad del infierno (reservado para el diablo y sus secuaces) el destino del hombre sin Dios es condenación (Ro. 3:23; 5:8).

Hay que observar también que Pablo y Silas dirigieron al carcelero directamente hacia Jesús. No le dijeron: “Bien, tenemos una teología denominacional con la cual tienes que familiarizarte. Tendrás que leer todas las cartas de Pablo, la Confesión de Westminster y también La Institución de la Religión Cristiana escrita por Juan Calvino, antes de poder comprender claramente todo lo necesario”. ¡No! Dijeron: “Cree en el Señor Jesucristo”.

Pero en medio de una sociedad posmoderna es necesario enarbolar la bandera de la unidad, sin las barreras denominacionales. Presentando a Cristo, no a un líder. Presentando a la Biblia como Palabra de Dios inerrante para todos los tiempos, no un discurso confesional adornado con teología sectaria. Francisco Lacueva en su libro ‘Un Dios en tres personas’ hace énfasis en que “toda teología verdaderamente bíblica ha de ser teocéntrica (aunque suene a perogrullada)”. Es necesario conocer al único y verdadero Dios, tener una relación personal con Él.
La sociedad que deambula como ovejas sin pastor, necesita ver a Cristo reflejado en nuestras vidas. Coherencia entre lo que decimos y lo que hacemos. Jesús orando dijo: “Padre, que sean uno”. Ahora esa unidad no puede buscarse en medio del sincretismo que trata de impulsar el ecumenismo. Se trata de un diálogo real identificado bajo el estandarte de Cristo, el autor y consumador de la fe (He. 12:2).

El desafío, sin perder nuestra identidad cristiana, es que podamos dialogar e interactuar con aquellos que en otro tiempo estaban alejados, aislados y menospreciados de nuestras redes de relaciones eclesiásticas, y a quienes veíamos con sospecha y hasta recelo, pero con los que en gran medida hoy podemos unir y coordinar esfuerzos para el avance de la misión de Dios. Es bueno recordar que no se trata de la iglesia del reverendo fulanito de tal, mas bien es la iglesia de Cristo, la cual Él compró con su sangre.

El mensajero y los tiempos pueden ser diferentes, pueden cambiar, pero el mensaje es el mismo. Es ese mismo que Jesucristo, al comenzar su ministerio, anunció: “Arrepentíos, porque el reino de los cielos se ha acercado” (Mt. 4:17). Es necesario, y urgente, cambiar los métodos, las herramientas, las estrategias, pero sin que ello vaya en detrimento del mensaje salvífico.
La posmodernidad nos ha vendido la idea de que iglesia es un concepto obsoleto y pasado de moda. Por esta razón es de vital importancia que la Biblia sea entendida en su contexto, pero también vivida en un entorno particular. Las iglesias evangélicas no pueden seguir pretendiendo “escapar” del mundo, como si esto las hiciera mas “santas”. Todo lo contrario, es en ese contexto en que las iglesias están insertas, en que su vida y misión toma relevancia y pertinencia.

Si bien es cierto que el mundo sigue representando ese lugar de tinieblas, pecado, y rechazo del Dios Verdadero, no puede ser menos real que ese es el campo “fértil” en el que el Señor ha dejado a su iglesia para ser sal y luz. No se puede seguir visualizando al “mundo” como enemigo del cual hay que escapar. Todo lo contrario, hemos de verlo, como ese lugar, que está repleto de hombres y mujeres necesitados urgentemente del amor, la paz, y la justicia de Jesucristo.

En una cultura dominada por el consumismo, hedonismo, lo acelerado, lo instantáneo, se requiere de hombres y mujeres que tengan de Dios la imaginación, sabiduría, y la inteligencia suficiente no sólo para conocer su Biblia y la teología, sino para que de manera creativa traigan al “aquí y al ahora” el mensaje de Dios. El modus operandis de los teólogos no puede seguir igual que en otros tiempos. Significa entonces que las teorías, las ideas, los sueños, han de ser traídos y probados en la realidad en que vivimos. No podemos seguir formando a líderes que como dijera John A. Mackay: “son teólogos del balcón”. Cuando deberíamos bajarnos y ser como el apóstol Pablo, teólogos del camino, de la vida diaria.

La posmodernidad ha llegado para quedarse por mucho tiempo, ignorarla, es el principio de nuestro fin. A la vez, visualizar a la Posmodernidad como “amiga” del cristianismo, no sólo es peligroso, sino es un error que nos puede costar muy caro. Más que nunca, no podemos pasar por alto, el anhelo expresado en la oración de Jesús, cuando dijo al Padre: “No ruego que los quites del mundo, sino que los guardes del mal. Santifícalos en tu verdad, tu Palabra es verdad” (Jn. 17:15,17).

Te invitamos a que nos escribas a pastor@elredentor.com o a pulgarin@elredentor.com o llámanos a nuestras oficinas en Vancouver, BC, Canadá, al teléfono: 604.659.4225. Bendiciones.



*Carlos Pulgarín cursa Estudios Bíblicos y de Teología en Río Grande Bible Institute (Edinburg, Texas). Fue Asistente General del Tabernáculo Bíblico Bautista El Redentor y maestro de Escuela Dominical de la misma iglesia, ex director y cofundador del periódico La Palabra y colaborador de Radio Bautista (Vancouver, BC, Canadá). Es licenciado en Comunicación Social y Periodismo (Colombia), trabajó por más de 10 años en diferentes diarios de Latinoamérica.

 
 
 
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