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Hechos y Crónicas - junio 2007 |
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La teología del yo
Por Carlos Pulgarín*
pulgarin@elredentor.com
Muchos están tratando de “ayudarle” a
Dios, darle “una manito” al Omnipotente. Dios no existe porque nosotros
creamos que existe, Él existe porque es Dios. Y es que dos cosas --entre
muchas otras-- pueden llevar al ser humano a desarrollar su propia teología,
una tiene que ver con el afán de crear un dios a su medida, que supla sus
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egoístas, que encuadre dentro de su
visión local o universal del mundo, un dios que crea lo mismo que él o
ella cree; el segundo involucra a aquellos que conciben a un Dios como
fuente de todo lo creado, pero no comparten sus métodos, desautorizan su
soberanía, y en ese afán por encuadrar al Todopoderoso en un modelo
espacio-temporal acomodan su propio camino de salvación. Esta es la
teología del yo creo, a mí me parece…
En días pasados, leyendo un reportaje realizado por la revista mexicana
Proceso al filósofo y escritor Fernando Savater, reflexionaba con
tristeza acerca de la fragilidad del hombre y su limitación para
entender la mente de Dios. Savater es el típico ejemplo del hombre sin
Dios, pero que en su teología particular cree tener uno con “d”
minúscula.
Luego de una aparente brillante abstracción, su conclusión pareciera
ser: “creo que no creo”. Su visión se limita a esgrimir argumentos que
desligan al ser humano del Dios creador, proveedor y sustentador. Nos
habla del “hombre omnipotente”.
Es difícil desarrollar en pocas palabras cada una de las características
de su “teología”, pero haciendo un intento sería bueno tomar, a manera
de ejemplo, dos aspectos señalados en el reportaje publicado por
Proceso. En el primero, refiriéndose a los cristianos, el escritor y
filósofo dice que los creyentes son los más incrédulos. Palabras más
palabras menos, afirma: “Dicen creer, pero no creen en la muerte”. Y en
el segundo punto hace una distinción entre pecado y delito, para lo cual
utiliza como ilustración el aborto, recientemente legalizado en México.
“Creer en la inmortalidad del alma, en la vida eterna, se explica porque
en el fondo el creyente descree de la creencia más obvia de todas, que
es la muerte”, afirma el filósofo, y agrega que “la muerte es un
lenguaje simbólico y la inmortalidad, la vida eterna, caben dentro del
mundo virtual, pero no cuando se habla de un mundo biológico”.
Aquí vale la pena definir dos términos. ¿Qué significa para Savater la
muerte? ¿Cuál es la definición que él tiene de pecado? El filósofo cree
que la muerte es el final de todo, no existe más nada después de cruzar
ese umbral. Y al referirse a pecado, tomando como ejemplo el aborto,
dice que éste puede llegar a ser un delito si las legislaciones o los
gobiernos humanos así lo consideran, pero nunca puede llegar a ser
calificado como un pecado, pues sería una intromisión de la religión en
el terreno de lo que le compete al Estado. Savater desconoce que Dios es
el dueño de la vida, y que el aborto es un asesinato.
Durante toda su vida Savater --que repito sólo es un ejemplo de todos
aquellos que quieren teorizar acerca de Dios sin primero haberlo
conocido-- ha querido, por todos los medios, afianzar una teología en la
que el protagonista es el hombre, y no Dios. Su último libro, “La vida
eterna”, lo dedica a la crítica de las creencias religiosas desde un
punto de vista político y antropológico. Contra la fe dogmática propone
una “incredulidad ilustrada”, capaz, sin embargo, de aproximarse a lo
sagrado (pero “un sagrado material, no sobrenatural, no divino”).
Savater es un ateo haciendo teología.
¿Qué es la muerte? La Biblia dice que es la separación del cuerpo y del
espíritu, lo material va a la tierra y lo inmaterial regresa a Dios
(para el caso del creyente) o va a un lugar de tormento (lugar destinado
para el que ha rechazado a Cristo). La muerte no es el final, es más
bien el comienzo de vida eterna en el gozo de nuestro Señor, o
condenación eterna apartados de Dios. Hay dos estados eternos para el
hombre después de la muerte física, y cada quien debe escoger en vida en
cuál de ellos quiere permanecer.
Eclesiastés 12:7 dice: “Y el polvo vuelva a la tierra, como era, y el
espíritu vuelva a Dios que lo dio”. Y en Mateo 22:31 Jesús, frente a los
saduceos, que no creían en la resurrección, les dijo: “Pero respecto a
la resurrección de los muertos, ¿no habéis leído lo que fue dicho por
Dios, cuando dijo: Yo soy el Dios de Abraham, el Dios de Isaac y el Dios
de Jacob? Dios no es Dios de muertos, sino de vivos”.
La misma respuesta de Jesús a los saduceos es aplicable en nuestro
tiempo. El maestro les reprendió cuando afirmó categóricamente: “Erráis,
ignorando las Escrituras y el poder de Dios” (v. 29). Savater y todo su
séquito de ateos, al igual que los agnósticos y los gnósticos, y todos
aquellos que han puesto su confianza en la religión o en algo o alguien
diferente a Dios están errando por ignorancia, y su destino es
condenación eterna.
La palabra de Dios dice que “por cuanto todos pecaron, y están
destituidos de la gloria de Dios” (Ro. 3:23), la rebelión y el errar en
el blanco es, por tanto, un mal universal. Con Adán todos morimos, pero
con Jesús, en su nombre, rindiendo nuestras vidas a Él, todos
resucitamos. Cristo fue el único que murió por nuestros pecados (Ro.
5:8; Jn. 3:16). El hombre perdido sólo puede transitar hacia la vida
eterna a través de Jesucristo, el Hijo de Dios (1 Jn. 5:11-13).
Vale la pena preguntarse, entonces, ¿qué es la teología? Y una respuesta
aflora de inmediato, dentro de las muchas variaciones que existen: es la
ciencia de Dios, y decimos de Dios porque procede de Él, y sin su
iniciativa de darse a conocer no podría haber teología en el sentido
estricto del vocablo. En otras palabras, existe teología porque tenemos
una revelación previa de parte de Dios (Grau, 1993, p. 25).
Savater, tomando prestada una frase de Gonzalo Suárez refleja su error y
su incoherencia teológica: “Dios no existe, pero nos sueña. El Diablo
tampoco existe, pero lo soñamos nosotros". Desde el huerto del Edén
hasta nuestros días esta ha sido la estrategia más usada por Satanás.
Este es el problema más acuciante de nuestra época. Muchos han rechazado
a su Creador y a su Redentor. El único remedio es el que el apóstol
Pablo proclama: el Evangelio es “poder de Dios para salvación a todo
aquel que cree” (Ro. 1:16). En resumen, Dios es quien dice ser (Yo Soy)
y nosotros sólo tenemos vida en su Hijo Jesucristo (el Verbo), no
viviendo bajo nuestros antojos, sino con el poder del Espíritu Santo.
Amén.
Te invitamos a que nos escribas a
pastor@elredentor.com o a
pulgarin@elredentor.com o llámanos a nuestras oficinas en
Vancouver, BC, Canadá, al teléfono: 604.659.4225. Bendiciones.
*Carlos Pulgarín cursa Estudios Bíblicos y de Teología en Río Grande
Bible Institute (Edinburg, Texas). Fue Asistente General del Tabernáculo
Bíblico Bautista El Redentor y maestro de Escuela Dominical de la misma
iglesia, ex director y cofundador del periódico La Palabra y colaborador
de Radio Bautista (Vancouver, BC, Canadá). Es licenciado en Comunicación
Social y Periodismo (Colombia), trabajó por más de 10 años en diferentes
diarios de Latinoamérica. |
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