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Hechos y Crónicas - junio 2006
Iglesia Bautista - Vancouver Canada
“Bendiciones” que no bendicen
Por Carlos Pulgarín*
pulgarin@elredentor.com

Conocí a un joven, hermano de un amigo, que su sueño durante mucho tiempo fue ingresar a la escuela de suboficiales del ejército de su país. Y después de mucho esfuerzo lo logró. Pasado algún tiempo lo vi y le pregunté cómo estaba, su respuesta fue la siguiente: “Carlos, estoy en una base lejos de la civilización, una base apoyada económicamente por una multinacional petrolera, con todas las comodidades, tengo una
cama hermosa, pero no puedo dormir; hay comida variada y deliciosa, pero no tengo apetito y lo poco que como me hace daño, no tengo paz, me siento mal”. En este breve ejemplo se puede notar que no todo lo que aparentemente pinta bien nos hace sentir gozosos. No todas las aparentes “bendiciones” (entre comillas) vienen de Dios. La Biblia dice en Proverbios 10:22, “La bendición de Jehová es la que enriquece, y no añade tristeza con ella”.

Vivimos en un mundo de consumo, un mundo en el que el éxito o el fracaso se miden por lo que usted tiene. Si compró el carro del año y una casa grande, si tiene a sus hijos en los mejores colegios, si usa ropa de marca y tiene mucho dinero en el banco, entonces usted es un hombre de éxito.

Pero si, por el contrario, está sacando a sus hijos adelante con dedicación y empeño, si está tratando de reunir la cuota inicial para su casa, si su carro es el mismo desde hace ocho años, si su trabajo le permite vivir decentemente, pero no tiene 60 mil dólares en el banco, si sus pantalones son de 30 dólares y no de 120 como los de su vecino, entonces usted es una persona del montón, un mediocre y un fracasado. Así nos mide la gente, así nos mide el mundo. Pero yo quiero decirle una palabra fresca de Dios, el Dios Todopoderoso, el Dios dueño del oro y la plata, Jehová de los ejércitos que hizo los cielos y la tierra. La Biblia nos dice que la Bendición de Jehová es la que enriquece, y qué bueno que enriquece, y qué lindo que Dios nos quiere ver prosperados, pero en el afán de la vida no vemos la segunda parte de este versículo: y no añade tristeza con ella.

El mundo puede darle riquezas, el diablo puede hacerlo millonario. Pero prepárese porque juntamente con la riqueza le llegarán las tristezas. El afán y la codicia no lo dejarán en paz ni un solo día de su vida. Ahora, en contraste, la bendición de Dios puede estar disfrazada de calamidad. A José, el hijo de Jacob, lo vendieron, sus hermanos lo humillaron, pero el plan de Dios era que a través de esa aparente tragedia el joven llegara a la casa de Potifar. Que entrara a hacer parte de la esfera del poder. Y la provisión de Dios estaba trazada a través de la mano de José, “el soñador”. ¿Cuándo se iba a mostrar esa bendición? En el tiempo de Dios.
“Amado, yo deseo que tú seas prosperado en todas las cosas, y que tengas salud, así como prospera tu alma” (3 Juan 1:2). Nos dice la Escritura que Dios quiere bendecirnos con toda bendición material, pero lo más importante es que prospere nuestra alma.

Un domingo en la mañana, cuando salía a hacer el programa Radio Bautista, llamaron a mi esposa para que trabajara horas extras en el hospital, eso significaba ganarnos unos 200 dólares adicionales por la jornada laboral de ese día. Pero mi esposa y yo nos miramos a los ojos y supimos al instante que eso no era de Dios. Si una aparente bendición me aleja de la iglesia, entonces no viene de lo alto. Y puedo asegurle una cosa, cuando usted toma la decisión correcta Dios le provee el doble de lo que pudo haber recibido por ese trabajo o por esa oferta, como fue el caso de mi esposa Ana Esther.

Dios bendice a quienes le aman de corazón. Una mirada al Antiguo y Nuevo Testamento nos revelan la provisión de Dios para sus hijos. “Y sembró Isaac en aquella tierra, y cosechó aquel año ciento por uno; y le bendijo Jehová. El varón se enriqueció, y fue prosperado, y se engrandeció hasta hacerse muy poderoso” (Génesis 26:12,13).

Mire lo que pasó con Jacob, “Y se enriqueció el varón muchísimo, y tuvo muchas ovejas, y siervas y siervos, y camellos y asnos” (Génesis 30:43). Y vea lo que aconteció con José, el que humillaron, el que vendieron, el que fue a la cárcel por rehusar acostarse con la mujer de Potifar que lo acosaba: “No necesitaba atender el jefe de la cárcel cosa alguna de las que estaban al cuidado de José, porque Jehová estaba con José, y lo que él hacía, Jehová lo prosperaba” (Génesis 39:23).

Pero hay un aspecto bien importante, la bendición de Dios no es para todo el mundo. Es para los que le obedecen, los que son fieles. Deuteronomio 28:1,2 nos amplia el panorama. “Acontecerá que si oyeres atentamente la voz de Jehová tu Dios, para guardar y poner por obra todos sus mandamientos que yo te prescribo hoy, también Jehová tu Dios te exaltará sobre todas las naciones de la tierra. Y vendrán sobre ti todas estas bendiciones, y te alcanzarán, si oyeres la voz de Jehová tu Dios”.

Queridos lectores y hermanos en la fe, esta es Palabra de Dios, poderosa y fresca para cada uno de ustedes, para cada uno de nosotros, “Solamente esfuérzate y sé muy valiente, para cuidar de hacer conforme a toda la ley que mi siervo Moisés te mandó; no te apartes de ella ni a diestra ni a siniestra, para que seas prosperado en todas las cosas que emprendas. Nunca se apartará de tu boca este libro de la ley, sino que de día y de noche meditarás en él, para que guardes y hagas conforme a todo lo que en él está escrito; porque entonces harás prosperar tu camino, y todo te saldrá bien” (Josué 1:7,8).

Ahora, aclaro algo, los cristianos, los hijos de Dios, no guardamos los mandamientos para poder ser salvos, nosotros queremos cumplir los mandamientos porque ya fuimos salvos al aceptar a Jesucristo como nuestro Señor, lo hacemos en obediencia y gratitud. La salvación es un regalo de Dios, es por gracia. No es por lo que hagamos, es por lo que hizo Jesucristo a favor nuestro.

Dios es el dueño del oro y de la plata, Dios es nuestro proveedor, Dios es nuestro sustentador. Pero ante todo, hermanos y amigos, Dios es nuestro Padre y un padre desea lo mejor para sus hijos. Él sabe en qué momento bendecirnos, cuándo darnos la respuesta a nuestra petición. Repito, la bendición de Jehová es la que enriquece, y no añade tristeza con ella.



*Carlos Pulgarín es Asistente General del Tabernáculo Bíblico Bautista El Redentor y maestro de Escuela Dominical de la misma iglesia (Vancouver, BC, Canadá), licenciado en Comunicación Social y Periodismo, ex director y cofundador del periódico La Palabra y colaborador de Radio Bautista. También ejerció el periodismo por más de 10 años en diferentes diarios de Latinoamérica
 
 
 
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