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Hechos y Crónicas - semana de diciembre 6-12, 2005 |
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Del “limbo” a la verdad
Por Carlos Pulgarín*
pulgarin@elredentor.com
Dice la sabiduría popular que no existe camino, que se hace camino al andar
(“Caminante no hay camino, se hace camino al andar”). Y en muchos aspectos
de la vida esto es cierto, se refiere al hecho de ser emprendedores, al
hecho de tener iniciativa, de dejar a un lado el “complejo de langosta” que
nos hace sentir inferiores, tiene que ver la |
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expresión con la idea de sacar adelante los proyectos de vida - toda vez
que estos estén en la perfecta voluntad de Dios - y, en últimas, ser
gigantes en la fe.
Pero, por otro lado, cuando hablamos de caminos, sabemos que existen
muchos y todos llevan a algún sitio. Usted, en el peregrinar de la vida,
puede está transitando por alguno de ellos y tal vez, sin saberlo,
camina rumbo a la destrucción. Entonces surge la pregunta: ¿Y cuál es el
camino que lleva al cielo? La respuesta es: Jesucristo. Él dijo “Yo soy
el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí (Jn.
14:6)”. ¿Y cuál es el camino que lleva al infierno? Pues el otro. En la
vida eterna solo existen dos caminos: uno que lleva al cielo y otro que
conduce al infierno.
Ahora, ya habíamos dicho que todo camino nos lleva a algún lugar, a un
sitio. Lo único que no tiene sentido y que carece de toda lógica es que
estemos andando en dirección a un lugar que no existe. Que estemos
caminando rumbo a la nada, transitando hacia un universo abstracto,
gaseoso, etéreo... gris. Parece perogrullada, parece expresión
redundante. Durante años la Iglesia Católica vendió la idea del “limbo”,
un lugar al que van los ñiños que mueren sin el bautismo. El limbo: un
lugar que no existe y un camino que se pierde en lo incierto. Por años
muchos padres creyeron que sus hijos muertos estaban en el limbo, cuando
la realidad bíblica nos dice que están en el cielo.
Parece ser, sin embargo, que la iglesia tradicional abrió los ojos, por
lo menos frente a este tema controversial del limbo. Pronto se publicará
un documento de la Iglesia Católica sobre los niños que han fallecido
sin ser bautizados, ha anunciado el prefecto de la Congregación para la
Doctrina de la Fe, el arzobispo William Levada. La cuestión del “Limbo”
ha sido uno de los argumentos que ha afrontado la sesión plenaria anual
de la Comisión Teológica Internacional, reunida en el Vaticano
recientemente.
Hablando del limbo, el secretario general de la Comisión Teológica
Internacional, el padre Luis Ladaria, dijo: “Sabemos que durante muchos
siglos se pensaba que estos niños iban al limbo, donde gozaban de una
felicidad natural, pero no tenían la visión de Dios. A causa de los
recientes desarrollos no sólo teológicos, sino también del Magisterio,
esta creencia hoy está en crisis”.
Para entender la cuestión hay tres claves fundamentales que el padre
Ladaria expresa así: “Tenemos que comenzar por el hecho de que Dios
quiere la salvación de todos y que no quiere excluir a nadie; tenemos
que fundamentarnos en el hecho de que Cristo ha muerto por todos los
hombres y de que la Iglesia es un sacramento universal de salvación,
como enseña el Concilio Vaticano II”.
La Comisión Teológica Internacional busca darle una explicación
teológica que ponga punto final a una visión limitada del limbo como un
sitio abstracto, separado, donde se cree que, además de los niños que
mueren sin bautismo, terminaron también los patriarcas y profetas de
Israel que vivieron antes de Cristo.
Si bien el actual Catequismo de la Iglesia Católica dice que el destino
de los niños que mueren antes de ser bautizados no puede ser otro que
"la misericordia de Dios", aún no existe una explicación adecuada. Y la
suerte que les toca a esas almas sigue siendo considerada por la
religión una zona gris, que dura por la eternidad, en la cual no hay
castigo, pero tampoco la alegría plena de la presencia de Dios.
El limbo, una palabra que, por cierto, no existe en la Biblia, es un
concepto que ha ido evolucionando de una posición más rígida -si no hay
bautismo, no hay paraíso- a una más flexible. ¿Vientos de cambio en la
Iglesia Católica? No lo sabemos, el tiempo lo dirá.
Los cristianos sabemos que los niños que mueren sin el bautismo van al
al cielo. Además, la Biblia –que es la Palabra infalible de Dios—nos
dice que solo existe cielo e infierno, no hay lugares o sitio
intermedios como el “limbo” o el “purgatorio” a los que se refiere la
Iglesia Católica. El evangelio de Marcos dice en el capítulo 10,
versículo 14, “(...) dejad a los niños venir a mí y no se lo impidaís;
porque de los tales es el reino de Dios”.
El bautismo en infantes no se práctica en la Iglesia Cristiana
sencillamente porque no es bíblico. En la Biblia no existe un solo caso
en el que bautizaran niños. Lo que hacemos los cristianos es
presentarlos en el templo, tal y como se hizo con Jesús. El bautismo, en
cambio, es un mandamiento de obediencia al que se acude con conocimiento
de causa, cuando la persona ya puede discernir y tomar la decisión por
iniciativa propia.
*Carlos Pulgarín es maestro de Escuela Dominical del Tabernáculo
Bíblico Bautista El Redentor (Vancouver, BC, Canadá), licenciado en
Comunicación Social y Periodismo, ex director y cofundador del periódico
La Palabra y colaborador de Radio Bautista. También ejerció el
periodismo por más de 10 años en diferentes diarios de Latinoamérica. |
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