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Hechos y Crónicas - Noviembre 2006 |
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Atrévase a hacer el ridículo
Por Carlos Pulgarín*
pulgarin@elredentor.com
El presentador del programa televisivo, con voz impostada semejante a la de
un animador de circo, gritó: “Y ahora con ustedes nuestro próximo
concursante, Elidio López”. El hombre, con notable timidez, y enceguecido
por las luces del estudio, apareció en el escenario. El anfitrión interrogó
de manera desafiante: “¿Elidio, se atreve o no se
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atreve?”. Acto seguido, y sin esperar la respuesta, una modelo apareció
con un plato lleno de gusanos rosados.
La propuesta era que el hombre comiera ante las cámaras los gusanos para
poder ganar unos cuantos dólares, lo que además le permitiría calificar
como finalista y junto a otros concursantes enfrentarse a pruebas
insólitas, grotescas y degradantes, todo para satisfacer a un público
ávido de morbosidad. Programas como estos han comenzado a ganar
audiencia y a mover grandes cantidades de dinero en el mercado de
concursos en televisión. La gente se atreve a hacer el ridículo por unos
cuantos billetes, las personas se rebajan por ser parte del espectáculo,
por hacerse notar.
En el mundo competitivo de las tendencias y las modas, la regla parece
ser que todo vale. El fin justifica los medios. Nos atrevemos a hacer el
ridículo en la calle, en los estadios de fútbol haciéndole fuerza al
equipo de nuestra predilección. El borracho se atreve a hacer el
ridículo en los desvaríos de su ebriedad. El marido o la mujer celosos
hacen el ridículo motivados por la desconfianza o la inseguridad. Sin
embargo, en la vida cristiana nos cuesta mucho hacer el ridículo por
Cristo, el autor y consumador de nuestra fe.
Hay un pasaje en el Nuevo Testamento (Mateo 17: 24-27) en el que se nos
relata un hecho curioso: al llegar a Capernaum, Pedro es interrogado
sobre si su maestro pagaba o no los dos dracmas correspondientes al
impuesto del templo. El discípulo, impulsivo como en muchas
oportunidades, sin meditar en el asunto, dice que sí. Luego Jesús le
hace caer en la cuenta de que Él está exento de esa obligación, pero
para no ofender a los hombres del templo Jesús le dijo a Pedro que fuera
al mar echara el anzuelo y en el primer pez que sacara iba a encontrar
un estatero con el cual pagaría por los dos.
La historia no tendría nada de raro de no ser porque Pedro antes de
venir a los pies de Jesús había sido un curtido pescador, conocedor como
nadie de estas tareas. Por lo tanto que a Pedro le dijeran que en la
boca de un pez iba a hallar dinero, parecía más una broma pesada que un
acto de la Providencia Divina. Usted, querido lector, se imagina a Pedro
caminando hacia el mar, con el anzuelo en la mano, y pensando en la
estupidez que iba a cometer.
La Biblia no lo dice, pero especulemos un poco sobre el tema e imagine
que Pedro se encuentra en el camino a alguien que lo conoce y le
pregunta:
- ¿A dónde vas, Pedro?
Y Pedro, con el rostro colorado de la vergüenza, responde:
- Voy a tirar el anzuelo en el mar porque en el primer pez que saque voy
a encontrar unas monedas.
¿Qué cree que diría el amigo? Por supuesto que se burlaría de él. Le
diría: Pedro, ¿qué te pasa?, eres un hombre de mar. Eres un pescador
experto y tú sabes que así no son las cosas. Muchas veces la gente dirá
que estás loco, te señalarán y se burlarán de ti. Pero si quieres hacer
las cosas al estilo de Jesús, eso implica que tienes que estar dispuesto
a hacer el ridículo. El evangelio es locura para el que se pierde, pero
es poder de Dios para nosotros, sus hijos.
Hay varios pasajes en la Biblia que muestran situaciones similares, en
el que hombres y mujeres fueron capaces de hacer el ridículo, capaces de
romper con las normas, capaces de resistir las burlas de los amigos y
conocidos, capaces de salirse del molde que impone la sociedad y la
cultura, todo con el firme y genuino propósito de acercarse a Dios, y
sobre todo con la convicción sincera de obedecerle. Ninguno de ellos fue
defraudado, Dios honra a los que le honran.
En el Antiguo Testamento Josué cargó con la responsabilidad de tomar el
puesto del gran Moisés, tarea difícil, estresante y comprometedora. Una
misión estratégica que buscaba nada más y nada menos que introducir al
pueblo de Dios a la tierra prometida. Ahora, se imagina que le dicen que
dé vueltas alrededor de una clínica que practica abortos y que a la
séptima ronda grite con todas sus fuerzas y que el lugar se va a
derrumbar. Usted va a responder: esto no tiene lógica. Eso es
exactamente lo que sucede en la perspectiva de Dios, nosotros en nuestra
mente finita no entendemos las razones poderosas que tiene Dios cuando
nos da una orden. Esto fue lo que pasó con Josué frente a las murallas
de Jericó.
En el capítulo 6 de Josué, se puede leer la historia de los israelitas
tomando la ciudad de Jericó cuando ellos entraron a la tierra prometida,
después de andar deambulando por el desierto durante 40 años. Según
cuenta la Biblia, después de que marcharon alrededor de la ciudad una
vez al día durante seis días, el séptimo día ellos marcharon siete
veces. En la séptima vuelta, los sacerdotes soplaron las trompetas, las
personas gritaron y las paredes se cayeron totalmente. Y pudieron
tomarse la ciudad.
Pero mientras todo esto sucedía qué cree que pensaban los moradores de
Jericó, lo más seguro era que se burlaban y veían al pueblo de Dios como
un montón de locos dando vueltas sin sentido alrededor de las murallas.
Lo cierto es que Dios obra con poder para respaldar a sus hijos. Una
Fuerza Divina fue puesta en marcha. En el Nuevo Testamento nosotros
leemos: “Por la fe cayeron los muros de Jericó después de rodearlos
siete días. Por la fe Rahab la ramera no pereció juntamente con los
desobedientes, habiendo recibido a los espías en paz” (Hebreos
11:30-31).
¿O no cree que salir con su familia un domingo de verano soleado rumbo a
la iglesia, cuando su vecino está escuchando música, tomando cerveza, y
preparando una deliciosa carne en el jardín, no es una locura para el
que no tiene a Cristo en el corazón? ¿Qué dice el vecino? Se burlará, se
reirá y dirá que usted, su esposa y sus hijos están locos. Pero en medio
de sus afanes, el vecino también tendrá que reconocer que en su casa hay
paz, tranquilidad, seguridad y amor, cosa que muy difícilmente se podrá
hallar en la de él.
Mucha de la gente que me conoció trabajando en el periodismo no pueden
creer que ahora le esté sirviendo al Señor de tiempo completo. Algunos
amigos y colegas no entienden cómo pude dejar la posibilidad de seguir
construyendo una brillante carrera en los medios de comunicación para
seguir al Rey de reyes y Señor de señores. Otros me critican y se
burlan, y hay quienes me señalan. Pero en medio de todo siento el gozo y
la paz que Cristo me da. Como dijo el apóstol: “Ya no vivo yo, ahora
vive Cristo en mí”.
No estoy diciéndole que haga cosas extravagantes, que sea excéntrico, o
que tiene que hacer algo raro para agradar a Dios. No, no me
malentienda. Lo que quiero decir es que si apegarse a la Palabra de Dios
y obedecer al Señor implica hacer el ridículo, entonces haga el
ridículo, porque Dios ama más la obediencia que los sacrificios.
Si la gente en el mundo come gusanos y mastica arañas para llamar la
atención y ganar algo de dinero, cuanto más nosotros debemos estar
dispuestos a hacer el ridículo por amor a Dios, quien envió a su Hijo
único a morir en la cruz por nuestros pecados y a través de Él
ofrecernos salvación, vida eterna. Bendiciones.
Si deseas ver
tu vida transformada por el poder sanador de Dios te invitamos a que nos
escribas a ref="mailto:pastor@elredentor.com">
pastor@elredentor.com o a
pulgarin@elredentor.com
o llámanos a nuestras oficinas en Vancouver, BC, Canadá, al teléfono:
(604) 659-4225. Bendiciones.
*Carlos Pulgarín es Asistente General del Tabernáculo Bíblico
Bautista El Redentor y maestro de Escuela Dominical de la misma iglesia
(Vancouver, BC, Canadá), licenciado en Comunicación Social y Periodismo,
ex director y cofundador del periódico La Palabra y colaborador de Radio
Bautista. También ejerció el periodismo por más de 10 años en diferentes
diarios de Latinoamérica
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