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Hechos y Crónicas - octubre 2007
Carlos Pulgarin - Hechos y Cronicas
¿Cuál Jesús… el hijo del carpintero?
Por Carlos Pulgarín*
pulgarin@elredentor.com

Hace un par de años atrás, viviendo en Canadá, le pregunté a alguien, ¿sabes tú quién es Jesús? Esta persona me respondió: “Claro que sí, es el señor de la esquina, el dueño de la panadería”.Y estaba en lo cierto, para él Jesús no era más que eso, un nombre que identificaba a un hombre común y corriente. Hace más de dos mil años sucedió igual, el
Hijo de Dios se hizo carne y habitó entre nosotros, pero muchos ciegos espirituales sólo veían al hijo de María, al hijo del carpintero.

Dice la Biblia que luego de que Jesús le hablara en parábolas a la multitud, muchos de ellos creyeron, pero luego al regresar a su tierra y mientras les enseñaba en la sinagoga, la ceguera espiritual se hizo patente: “¿De dónde tiene éste esta sabiduría y estos milagros? ¿No es éste el hijo del carpintero? ¿No se llama su madre María y sus hermanos, Jacobo, José, Simón y Judas?” (Mateo. 13:54-55).

Tantos años han transcurrido desde entonces y pareciera que la historia se repite, Jesús sigue buscando a los perdidos, Él sigue llamando a pecadores al arrepentimiento, anda tras aquellos que viven en oscuridad, insiste en hablarles a todos los que se sumergen en la mentira, busca a los que han tomado la ruta equivocada. Y al igual que en ese entonces, muchos se niegan a reconocer que Él es el camino, la luz, la verdad, Él es la vida. Siguen retumbando en nuestros oídos aquellas palabra: “Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque esté muerto, vivirá. Y todo aquel que vive y cree en mí, no morirá eternamente” (Juan.11:25-26).

Luego de haber hecho esta afirmación contundente ante Marta, la hermana de Lázaro, el que había muerto, Jesús no sólo estaba reafirmando lo que ya había dicho desde el comienzo de su ministerio, y lo que los profetas en el Antiguo Testamento habían anunciado, sino que como un reto para todos los tiempos, para todos nosotros, lanzó una pregunta: ¿Crees esto? Esto equivale a decir: ¿Crees que Jesús es el Hijo de Dios? ¿Crees que únicamente en Él hay salvación y vida eterna? ¿Crees que es Dios y que también es Hombre?

El gran dilema para muchos, a través de la historia, ha sido aceptar las dos naturalezas de Jesús, aceptar que Él es Dios pero que, no obstante, también es hombre. La Biblia dice que se humilló a lo sumo, el Dios omnipotente se hizo hombre y nació de una mujer, por el poder del Espíritu Santo, y habitó entre nosotros (Juan.1:14).

Por eso, ahora, cuando Jesucristo está sentado a la derecha del Padre como nuestro abogado, nuestro sumo sacerdote, nuestro intercesor, el libro de Hebreos dice: “Porque no tenemos un sumo sacerdote que no pueda compadecerse de nuestras debilidades, sino uno que fue tentado en todo según nuestra semejanza, pero sin pecado. Acerquémonos, pues, confiadamente al trono de la gracia, para alcanzar misericordia y hallar gracia para el oportuno socorro” (Hebreos 4:15-16).

Un momento, ¿cómo es esto de que Jesucristo es Dios y es hombre? La Palabra de Dios dice en Efesios 2:8 que por gracia somos salvos por medio de la fe; y esto no es de nosotros, antes por el contrario es don de Dios. La salvación es un regalo de Dios para los que creen y aceptan a su Hijo, dejando que Él reine en sus corazones. Esto lo aceptamos por medio de la fe. De igual manera a través de la fe aceptamos que Dios amó tanto al mundo que ha dado a su Hijo único, para que todo aquel que en Él cree no se pierda, sino que tenga vida eterna (Juan 3:16). Los verbos claves son amar y dar. Como producto del amor de Dios nos entrega a su hijo, nos da a la segunda persona de la trinidad, el verbo enviado se hace carne.

Un cuadro completo de esto nos lo ofrece Filipenses (2:5-11) cuando nos dice que Cristo Jesús no se aferró al hecho de ser Dios, sino que se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo, y estando en la condición de hombre, se humilló haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz.

Pero, ¡oh maravillosa verdad! Esa misma porción bíblica nos dice, también, que todo no terminó en la cruz. Tres días después de haber dicho “consumado es”, Él resucitó, la tumba no pudo retenerlo, triunfó sobre la muerte y vive por los siglos. “Por lo cual Dios también le exaltó hasta lo sumo, y le dio un nombre que es sobre todo nombre, para que en el nombre de Jesús se doble toda rodilla de los que están en los cielos, y en la tierra, y debajo de la tierra; y toda lengua confiese que Jesucristo es el Señor, para gloria de Dios padre” (2:9-11).

En el primer hombre creado, y por su desobediencia, todos morimos (Romanos 5:12). Pero en Jesús, el Hijo de Dios hecho hombre, en su obra consumada en la cruz del calvario, nos ofrece vida. El postrer Adán (esto es Jesús) nos reconcilia con el Padre a través de su sacrificio expiatorio. Con su sangre nos ha redimido para Dios. Jesucristo, nuestra pascua, ya murió. El justo murió por los injustos. Aunque no conoció pecado, Dios lo hizo pecado por nosotros, para cumplir con la sentencia que dice: “El alma que pecare, esa morirá” (Ezequiel 18:19).

El libro de Hebreos dice: “Así que, por cuanto los hijos participaron de carne y sangre, Él también participó de lo mismo, para destruir por medio de la muerte al que tenía el imperio de la muerte, esto es, al diablo” (2:14). Cualquier esfuerzo nuestro por alcanzar salvación hubiera sido estéril. Nuestras buenas obras, nuestras acciones son infructuosas. Pero la iniciativa de Dios tendió el puente para allanar ese abismo que separaba al hombre pecador y al Dios tres veces santo. El profeta Isaías dice “He aquí que no se ha acortado la mano de Jehová para salvar” (59:1).

Por lo tanto, no podemos entender a Jesucristo Hombre, si primero no entendemos el plan redentor de Dios para la humanidad. Jesús es ciento por ciento hombre y ciento por ciento Dios. Hombre para morir por nuestros pecados y Dios para poder salvarnos. Juan el bautista lo dijo cuando lo vio: “He aquí el cordero de Dios, que quita el pecado del mundo” (Juan 1:29).

Este artículo es apenas una gota de agua en un mar de conocimiento sobre el tema que responde a la pregunta: ¿Por qué Dios se hizo hombre?, pero espero que esta introducción lo anime a acercarse a las Escrituras, la Biblia, la Palabra de Dios inerrante para todo los tiempos. Es mi oración, que el lector se acerque a la verdad (Juan 17:17) y que destile de esa única y suficiente fuente, las eternas palabras de salvación que Dios tiene para usted. Hoy es día de salvación y Jesucristo, hombre y Dios, es el camino.

Te invitamos a que nos escribas a pastor@elredentor.com o a pulgarin@elredentor.com o llámanos a nuestras oficinas en Vancouver, BC, Canadá, al teléfono: 604.659.4225. Bendiciones.


*Carlos Pulgarín cursa Estudios Bíblicos y de Teología en Río Grande Bible Institute (Edinburg, Texas), es consejero de reclutamiento en esa misma institución y colaborador de Radio Esperanza. Fue Asistente General del Tabernáculo Bíblico Bautista El Redentor y maestro de Escuela Dominical de esa iglesia, ex director y cofundador del periódico La Palabra y colaborador de Radio Bautista (Vancouver, BC, Canadá). Es licenciado en Comunicación Social y Periodismo (Colombia), trabajó por más de 10 años en diferentes diarios de Latinoamérica.
 
 
 
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