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Hechos y Crónicas - semana febrero 22-28, 2006 |
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Nuestro ‘complejo de
langosta’
Por Carlos Pulgarín*
pulgarin@elredentor.com
La última vez que le vi el rostro estaba en Santa Cruz de la Sierra
(Bolivia). Recuerdo que dejando a un lado los buenos modales en la mesa,
hablaba con la boca llena mientras devoraba un suculento churrasco. Comía
como si fuera el último plato de su existencia. Como todas las veces que lo
veía no contaba sino tristezas. Para él, para su nublada existencia, el
futuro siempre era oscuro y la vida carecía de |
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sentido real. Eran las 10 de la noche cuando partió rumbo al hotel en el
que estaba alojado. Ocho días después supe que lo habían asesinado en
México. Nació pesimista y murió derrotado.
Su nombre era Roberto, pero siempre quiso que lo llamaran Beto. Fue un
trotamundos incansable, ninguna frontera física lo detuvo. Las únicas
barreras infranqueables estaban en su mente. Era aparentemente
inteligente. Lucía joven, a pesar de sus 43 años. Pero siempre cargó con
un problema superior a sus fuerzas y a su voluntad, lo agobiaba el
‘complejo de langosta’. Se sentía inferior, incapaz y no terminaba nada
de lo que empezaba. Y así murió, derrotado sin haber dado la batalla.
Muchos inmigrantes sufren el mismo mal de Roberto. Llegan a Canadá (o a
cualquier país) con la mente predispuesta de que son inferiores,
cargando con complejos y cargas del pasado. Como diría un amigo pastor:
“No se cansan de gritar a los cuatro vientos: ‘pobrecito yo, a mí nadie
me quiere’”. Y llegan a causar tanta lástima y transmiten tanto
pesimismo, que todo ser viviente huye de su presencia. Porque el
pesimismo y la derrota son contagiosos.
Cuenta el relato bíblico que Moisés envió a los doce espías a
inspeccionar la tierra que Dios les había prometido. Cuando regresaron
dijeron que el lugar era muy bueno, en esa tierra fluía, efectivamente,
leche y miel, el suelo producía frutos muy grandes, pero había un
pequeño detalle, allí vivían gigantes, hijos de Anac. Era tal el pánico
que sintieron que que la mayoría de los espías se consideraron langostas
delante de ellos, sólo Josué y Caleb sabían que a pesar de los
inconvenientes y las luchas que vendrían, obtendrían la victoria. Dios
estaba con ellos, y eso era más que suficiente.
¡Cuántos Josué y cuántos Caleb hacen falta hoy en día! Personas con las
que se pueda contar para poder sacar adelante proyectos y consolidar el
progreso de la comunidad hispana en Canadá, o en cualquier país del
mundo donde seamos inmigrantes. Hombres y mujeres de visión, que no se
‘arruguen’ ante las circunstancias, que sean capaces de llevar bien en
alto el estandarte de Cristo, que entiendan que el servicio a Dios no es
circunstancial.
Porque según la Biblia, en el libro de Números, en el capítulo 13 y el
versículo 33, los espías enviados por Moisés no eran langostas, en el
sentido figurado de su estatura. La cita bíblica dice: “ (...) y éramos
nosotros, a nuestro parecer, como langostas”. Note que he
subrayado la expresión a nuestro parecer, porque eso es lo que sucede,
las barreras las creamos, la mayoría de las veces, nosotros mismos. Su
mentalidad estrecha y su complejo de inferioridad les hacia sentirse
bajos de estatura ante el pueblo que debían conquistar para poseer la
tierra prometida.
Muchos llegamos a Canadá con aspiraciones, con deseos de encontrar paz y
construir nuestros sueños. Pero ante el primer obstáculo comenzamos a
ver gigantes. Empezamos a sentirnos como pequeñas langostas. “Mire,
usted, es que aquí uno no la hace”, le escuché decir a un amigo
salvadoreño que lleva 10 años en este país del norte. Usted tal vez se
ha encontrado con más de uno de estos personajes. Son seres sin norte
definido, se dirigen a donde los lleve el viento.
Llegó la hora de hacer un alto en el camino. Las limitaciones más
grandes están en su mente. La planificación, el estudio y el trabajo
arduo hacen posible el cumplimiento de las metas trazadas. Canadá, a
diferencia de otros países como España, es una tierra tolerante y
acogedora, es terreno fértil para desarrollar el potencial humano de
gentes con ambiciones y sueños. No importa que no tenga los ojos azules
o que sea chaparro de estatura, en este país –si se lo propone—usted
tiene una cita con el éxito. Nunca es tarde para comenzar. La estatura
de langosta sólo existe en la mente. El mundo es de valientes. “Si dios
Dios es por nosotros, ¿quién contra nosotros?” (Romanos 8:31).
*Carlos Pulgarín es Asistente General del Tabernáculo Bíblico
Bautista El Redentor y maestro de Escuela Dominical de la misma iglesia
(Vancouver, BC, Canadá), licenciado en Comunicación Social y Periodismo,
ex director y cofundador del periódico La Palabra y colaborador de Radio
Bautista. También ejerció el periodismo por más de 10 años en diferentes
diarios de Latinoamérica
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