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Hechos y Crónicas - semana marzo 22-28, 2006 |
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¿Está preocupado?
Por Carlos Pulgarín*
pulgarin@elredentor.com
¿Le cuesta conciliar el sueño? ¿Lo ha enfermado la preocupación? ¿Le
gustaría ganar la guerra contra las tormentas de la vida? Le tengo buenas
noticias, Dios no nos hizo y nos dejó luego como un barco a la deriva de los
vientos, la Bilbia, la palabra revelada de Dios para todos los tiempos, dice
que Él es nuestro sustentador. De manera que podemos decir confiadamente
como el salmista: “mi socorro viene de |
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Jehová que hizo los cielos y la tierra”.
Las preocupaciones no son algo nuevo, siempre han existido. El ignorante
se preocupa porque no sabe nada. El sabio se preocupa porque sabe mucho.
El rico se preocupa porque tiene miedo de perder lo que tiene. El pobre
se preocupa porque no tiene nada. El viejo se preocupa porque se
enfrenta a la muerte. Y el joven se preocupa porque vislumbra un futuro
incierto.
¿Sabe usted cuál es el mandamiento que más quebrantamos y que lo hacemos
muy a menudo? Este: No os afanéis. De manera que el preocuparse no sólo
es una debilidad, sino que también es un pecado.Si usted mira su Biblia
en el evangelio de Mateo, en el capítulo 6 y los versículos del 25 al 34
se puede dar cuenta que la palabra afanéis puede leerse como
preocuparse.
Me contaba un amigo que en una ciudad el alcalde quiso hacerle la vida
más placentera a los pacientes que vivían en un sanatorio mental. Y
entonces les mandó a construir una piscina, con un trampolín. Y un día
el alcalde fue al sanatorio y ver cómo iba todo. Se entrevistó con
varias de las personas que utilizaban la piscina y los encontró todo
maltratados, heridos, algunos graves y hospitalizados y otros habían
muerto. El alcalde preguntó: ¿Bueno, y cómo les ha parecido la piscina?
Y un loquito tomando la vocería dijo: “Muy buena señor alcalde,
excelente, pero quería hacerle una recomendación: ‘creo que sería mejor,
si la llenaran de agua’”.
Los pobres loquitos se habían estado lanzando a la piscina sin agua.
Esto nos pasa a muchos de nosotros en la vida diaria. Nos lanzamos a una
piscina vacía. Nos golpeamos una y otra vez. Nos preocupamos toda una
vida. Cuando en realidad podemos sumergirnos en un río de agua viva de
donde podríamos sacar grandes verdades espirituales y apropiarnos de
ellas.
Ahora, es necesario aclarar que cuando Dios dice que no nos afanemos,
que no nos preocupemos, no nos está diciendo que no debemos planear para
el mañana. No nos está diciendo que debemos tener una actitud
despreocupada e irresponsable. No quiere decir que no proveamos para el
futuro. De hecho la Biblia toma como ejemplo a la hormiga que recoge su
comida en el verano para tener alimento durante el invierno. La Biblia
nos habla de la ley de la siembra y la cosecha.
Preocuparse es dañino, le roba las fuerzas del mañana. Cada día tiene o
trae su propio afán. El mañana no ha llegado aun, de manera que
planifiquemos el futuro, pero vivamos el presente. Vamos a mirar tres
pasos para vencer la preocupación.
1. Debo reconocer la causa de mi preocupación. Una de las cosas
por las que nos preocupamos más, especialmente los padres, (también los
que no tienen hijos) es por la comida. Cómo vamos a hacer para conseguir
los alimentos. Quizá este no sea su caso, pero para mucha gente esta es
una gran preocupación. Lo invito a que lea los versículos 25 y 26 del
texto del capítulo 6 del evangelio de Mateo. ¿No valéis vosotros mucho
más que ellas (las aves)?
Ahora algunos se preocupan por la manera de vestir, por la moda, por su
apariencia física en el trabajo o en la calle. Qué dice el versículo 28.
¿Y por el vestido por qué os afanáis? ¿No valéis vosotros mucho más que
los lirios del campo? Puede ser que su preocupación en Canadá, en
Vancouver, o en el país en el que nos lee a través de la Internet no sea
ni la comida ni el vestido. De repente su preocupación gira en torno a
otros asuntos. Está preocupado por su salud, por el deterioro de su
relación matrimonial, por la falta de dinero, por las deudas, por su
situación migratoria que no ha sido definida, por la inseguridad del
país en el que vive, por el futuro de sus hijos.
2. ¿Cuál es el costo de la preocupación? Quiero que sepa una
cosa, el preocuparse no alargará su vida. Antes por el contrario,
deteriorá su salud, acortará su vida en la tierra. Muchas enfermedades
son el producto de la preocupación. ¿Quién podrá añadir un codo a su
estatura? (Versículo 27). Preocuparse, afanarse por el día de mañana, no
le permitirá disfrutar el presente, afanarse por el día de mañana no le
permitirá vivir el presente. Hay que prevenir, pero no predecir porque
el futuro está en las manos de Dios, nuestro Padre.
No tiene sentido preocuparse, por dos razones sencillas: Primero, no
debemos preocuparnos por las cosas que tienen solución, porque de hecho
tienen solución y entonces para qué precuparnos, mejor trabajemos en la
solución y pidamos la protección y sabudiría de Dios. Segundo, no
debemos preocuparnos por las cosas que no tienen solución, porque si no
tienen solución no hay sentido en seguirse preocupando.
3. Reconocer la cura contra la preocupación. En este punto vale
la pena mirar mirar tres factores.
Factor padre (confíe en el Señor). Usted no tiene ninguna
necesidad en su vida que Dios no conozca. Dios conoce hasta dónde
podemos aguantar, de manera jocosa podríamos afirmar que Dios conoce
nuestro chacís, a un camión con capacidad para tres toneladas no se le
ponen cinco, pues se arruina.
Factor enfoque (primero lo primero). Busque a Dios y todas las
demás cosas serán añadidas.
Factor futuro. No pida prestados problemas. La preocupación son
los intereses que pagamos sobre lo problemas acumulados. Arrastrar el
futuro al día de hoy acarrea tres cosas: bloquea sus bendiciones, le
quita el gozo del día de hoy, y elimina sus energías para el mañana.
Amigo y amiga, Dios le ama y tiene un plan maravilloso para su vida.
Jesucristo, el hijo de Dios es el mismo ayer, hoy y siempre. Dios es
nuestro sutentador, nuestro sanador, pero sobre todo Él es nuestro
padre. Si no conoces a Jesucristo, recíbelo hoy en tu corazón.
*Carlos Pulgarín es Asistente General del Tabernáculo Bíblico
Bautista El Redentor y maestro de Escuela Dominical de la misma iglesia
(Vancouver, BC, Canadá), licenciado en Comunicación Social y Periodismo,
ex director y cofundador del periódico La Palabra y colaborador de Radio
Bautista. También ejerció el periodismo por más de 10 años en diferentes
diarios de Latinoamérica
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