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Hechos y Crónicas - semana enero 3 -9, 2006 |
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Brillando como la Luciérnaga
Por Carlos Pulgarín*
pulgarin@elredentor.com
Esta es la historia de una preciosa Luciérnaga. Dicen los que la conocieron
que no había una que brillara con más fulgor resplandeciente que ella. Por
las noches, se le veía pasear dejando rayos de luz por todos lados, sus
destellos iluminaban la oscuridad, y las tinieblas desaparecían por
instantes ante su presencia. |
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Pero una noche, cuenta la historia, la Luciérnaga se levantó muy
temprano, alistó todas sus cosas, y salió a seguir iluminando con su luz
la tenebrosa oscuridad que reinaba afuera. Esa noche brillaba con más
fuerza, y dicen que tarareaba una canción mientras recorría valles y
montañas. Se le veía muy feliz.
De pronto, la Luciérnaga, acostumbrada a andar confiada, sin temor,
sintió unas pisadas fuertes detrás. Al voltear para mirar vio a un gran
León que se lanzaba contra ella para comérsela. La Luciérnaga retomó el
vuelo y voló y voló y voló y voló... brillando por todos lados. Pero el
León seguía detrás, la perseguía con más insistencia. La Luciérnaga
cansada de volar y volar se posó sobre la rama de un arbusto y mirando
fijamente al León que estaba dispuesto a tragársela, dijo:
- Señor León, ¿me permite, como última voluntad, antes de que me coma,
hacerle una pregunta?
- Por su puesto --respondió el León--. Pero diga rápido lo que tenga que
decir porque tengo prisa.
- Señor León --dijo la Luciérnaga-- yo no soy de su cadena alimenticia,
mi diminuto cuerpo no saciaría su hambre. Hay en la selva animales con
muchas más carne, como venados, cebras, cabras, e incluso liebres.
Entonces, mi pregunta es: ¿Por qué quiere comerme?
El León la miró con un brillo maligno en los ojos y respondió:
- “Es que no soporto verte brillar”.
Queridos lectores, queridos hermanos en la fe, en la vida siempre vamos
a encontrarnos con leones que no soportan vernos brillar. Gente
envidiosa, personas soberbias. Vamos a encontrar a hombres y mujeres que
creen que el mundo es de ellos y que los demás vivimos en renta o
alquiler. Máxime cuando nuestras vidas han sido transformadas por Dios y
en ese nuevo nacimiento comenzamos a brillar con la luz de Cristo. No es
extraño, entonces, que nos tiren piedras o que nos ataquen. Todo esto es
una señal inequívoca de que estamos en el lugar correcto.
La Palabra de Dios dice: “Porque tú formaste mis entrañas; Tú me hiciste
en el vientre de mi madre. Te alabaré, porque formidables, maravillosas
son tus obras, estoy maravillado y mi alma lo sabe muy bien. No fue
encubierto de ti mi cuerpo, bien que en oculto fui formado y entretejido
en lo más profundo de la tierra (Salmo 139: 13-16)”.
Yo pude haber sido un gran comerciante, un gran actor de televisión (en
serio, no lo digo por la pinta, lo digo por el talento) o pude culminar
mi carrera como un periodista de éxito. Pero Dios, desde el vientre de
mi madre tenía previsto un plan diferente. Me permitió transitar por
unos caminos y por otros no hasta llevarme al punto que Él quería para
mi vida y la de mi familia. Muchas veces intenté brillar con mi propia
luz pero las baterías se agotaron. Muchas veces navegué por mares
oscuros, pero el faro que es Cristo reorientó mi rumbo.
¿Qué puede suceder cuando decidimos brillar con la Luz de Cristo? Pueden
ocurrir dos cosas: la primera, que la gente nos ame y nos siga; y la
segunda, que las personas nos odien, nos combatan e intenten apagarnos,
eliminarnos.
El apóstol Pablo dice en Galatas 1:15: “Pero cuando agradó a Dios que me
apartó desde el vientre de mi madre, y me llamó por su gracia.” Dios nos
escogió desde el vientre de nuestra madre para que seamos luz en medio
de la oscuridad. Nos escogió para ser un faro que oriente en medio del
mar tormentoso de los afanes de la vida diaria. Él nos escogió para ser
la sal que le dé sabor a la vida. Dios nos ha llamado a impactar al
mundo con la luz de Cristo. Muchos a nuestro alrededor están atrapados
en la oscuridad.
Ahora, existe otra verdad (y esto es para los que ya somos cristianos).
Muchos, después de haber nacido de nuevo, estamos brillamos con una luz
como la de los árboles de Navidad. Es una luz que prende y apaga. Como
dice la canción, a veces sí y a veces no. La Palabra de Dios dice que no
puede haber comunión entre la luz y las tinieblas (2 Corintios 6:14).
Un apagón en una gran metropoli, en una gran ciudad, ilustra la manera
caótica en que se vive cuando reina la oscuridad. Por ejemplo, no hay
semáforos en rojo que nos digan cuando parar cuando surgen las pasiones
egoístas y las emociones negativas. O semáforo en verde que nos indique
cuando avanzar con seguridad en el camino y hacer el trabajo que Cristo
nos encomendó.
Cuando no brillamos con la luz de Cristo se envanece nuestro corazón, y
se apodera de nuestro ser el egoísmo. En la oscuridad, crece el
resentimiento hasta convertirse en una bomba que estalla y envenena
nuestro ser. Pero cuando haces tuya la luz de Cristo, las tinieblas no
pueden prevalecer contra ella. Juan 1. 5 dice: “La luz en las tinieblas
resplandece, y las tinieblas no prevalecieron contra ella”.
¿Qué hace la luz de Cristo en nuestras vidas? ¿A qué vino esa luz? La
respuesta la da el evangelio de Lucas en el capítulo uno y el versículo
79: “Para dar luz a los que habitan en tinieblas y en sombra de muerte;
para encaminar nuestros pies por camino de paz”. No es casualidad que
estés leyendo estás líneas. Tú puedes tener la luz de Cristo, si le
aceptas como tu único y suficiente salvador. Primero reconoces que eres
pecador, luego reconoces que Jesucristo es Dios y que murió por ti en la
cruz, y acto seguido lo invitas a vivir en tu corazón. Es sencillo, y
las recompensas son eternas.
Aunque muchos no soporten ver nuestra luz, el compromiso que tenemos con
Dios es seguir brillando en medio de las tinieblas. Nuestro deber es ser
mensajeros de Cristo en tiempo y fuera de tiempo. Jesús, la luz, vino al
mundo y muchos lo rechazaron y prefirieron la oscuridad porque sus obras
eran malas. El que tenga oídos para oír que oiga.
*Carlos Pulgarín es Asistente General del Tabernáculo Bíblico
Bautista El Redentor y maestro de Escuela Dominical de la misma iglesia
(Vancouver, BC, Canadá), licenciado en Comunicación Social y Periodismo,
ex director y cofundador del periódico La Palabra y colaborador de Radio
Bautista. También ejerció el periodismo por más de 10 años en diferentes
diarios de Latinoamérica |
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