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Hechos y Crónicas - semana febrero 1-7, 2006
Iglesia Bautista - Vancouver Canada
No todos los caminos conducen a Dios
Por Carlos Pulgarín*
pulgarin@elredentor.com

Uno de los errores más comunes en la filosofía diaria es creer que todos los caminos conducen a Dios. Quiero decirle algo, puede que todos los caminos conduzcan a Roma, como dice un conocido y viejo refrán, pero no todos los caminos nos llevan a Dios. Sólo hay un camino: Jesucristo. El primer punto que veremos en Hechos y Crónicas de esta semana es que Dios nos ama y tiene un plan maravilloso para nuestras vidas.
No importa qué diga la gente, qué digan las circunstancias, o qué diga el ‘bombardeo’ diario de los medios de comunicación y la sociedad de consumo en la que vivimos, el amor de Dios es inalterable.

Su vida puede cambiar de una manera radical, pero es usted quien toma la decisión. Los testimonios de vidas transformadas por el poder de Jesucristo se pueden contar por cientos de miles alrededor del mundo. La Biblia, la Palabra revelada de Dios, dice que el pueblo perece por falta de conocimiento (Oseas 4:6). Muchos han decidido caminar en la oscuridad, aun sabiendo que existe la luz.

Uno de los versículos más conocidos de la Biblia habla precisamente del amor de nuestro Padre celestial. Todos nos pueden fallar, pero Jesucristo es amigo fiel, amigo que nunca falla. El evangelio de Juan en el capítulo 3 y el versículo 16 nos dice: “Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en El cree, no se pierda, mas tenga vida eterna". Hay tres palabras que me gustaría resaltar en esta porción de las Escrituras: amó, todo y tenga. Dios nos ama con un amor único que sobrepasa todo entendimiento. Todos tenemos la opción de aceptarle o rechazarle. Y el que en Jesús cree, aunque esté muerto (espiritualmente) vivirá; en otras palabras, tendrá vida eterna y no vendrá a condenación.

¿Cuál es el plan de Dios entonces? Cristo afirma: "Yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia” (Juan 10:10). Nos habla de una vida completa y con propósito. La consecuente pregunta es ¿por qué muchas personas no están experimentando esta "vida en abundancia"? La respuesta retumba en nuestros oídos: el hombre --y cuando hablo de hombre me refiero en término genérico a la humanidad-- no puede tener vida en abundancia porque está separado de Dios, y este es el segundo punto que quiero tratar.

Antes de conocer a Dios somos pecadores y estamos separados de Él, por lo tanto no podemos experimentar el amor y el plan de nuestro creador. ¿Qué dice la escritura al respecto? "Por cuanto todos pecaron, y están destituídos de la gloria de Dios (Romanos 3:23)”. El hombre fue creado para tener comunión con Dios, pero debido a su terca voluntad egoista, escogió su propio camino y su relación con Dios se interrumpió. Esta voluntad egoista, caracterizada por una actitud de rebelión activa ó indiferencia pasiva, es evidenciada en lo que la Biblia llama pecado. Desde entonces, se abrió un abismo entre nuestro Padre y nosotros. Pecar es errar en el blanco y Dios nos llama a redireccionar nuestro camino, nuestro punto objetivo. Nos llama a reconocer esta condición y a arrepentirnos. "Porque la paga del pecado es muerte (...) Léase la palabra muerte como separación espiritual de Dios (Romanos 6:23).

Ahora aquí, en el tercer punto, quiero retomar las palabras de lo que muchos predicadores cristianos han denominado el “evangelio según San Yo”: No es cierto que todos los caminos conducen a Dios, como nos quiere hacer creer el secularismo, la Biblia dice que Jesucristo es el único camino para llegar al Padre. Jesucristo es la única provision de Dios para el pecador. Solo en Él puede usted conocer y experimentar el amor y el plan de Dios para su vida. "Jesús le dijo: Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por Mí (Juan 14:6)”.

El murió por nuestras rebeliones, por nuestros pecados. "Mas Dios muestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros (Romanos 5:8)”. Pero todo no terminó en esta muerte expiatoria. Una vez que Cristo murió nosotros, una vez que fue sepultado, la Palabra de Dios nos dice que “resucitó al tercer día, nos relata que se le apareció a Cefas, luego a los apóstoles, y por último, para que no quedara duda sobre su triunfo sobre la muerte, se le apareció a más de quinientas personas (1 Corintios 15:3-16).

El fin de todo discurso es este: la salvación no es colectiva, debemos individualmente recibir a Jesucristo como Señor y Salvador para poder conocer y experimentar el amor y el plan de Dios para nuestras vidas. Tampoco es cierto que todos somos hijos de Dios. La Biblia dice: "Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dió potestad de ser hechos hijos de Dios (Juan 1:12)”. Es un título, somos hechos hijos de Dios y coherederos con Cristo.

Queridos lectores, las obras son buenas pero le tengo malas noticias, las obras no salvan. Usted puede haber sido una persona muy buena durante toda su vida, con un corazón generoso, pero si no reconoce su condición de pecador, si no reconoce el sacrificio de Jesús en la cruz, si no reconoce que Jesucristo es Dios, que sólo en Él hay salvación y vida eterna, usted podría pasar la eternidad en otro lugar, y le puedo asegurar que no será en el cielo. "Porque por gracia sois salvos por medio de la fé; y esto no de vosotros, pues es don de Dios; no por obras, para que nadie se gloríe (Efesios 2:8-9)”.

Recibimos a Cristo a través de una invitación personal. Cristo dice: "He aquí, yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré a él " (Apocalipsis 3:20). El recibir a Jesús comprende un cambio de actitud hacia Dios, confiar en Cristo para que Él entre a nuestras vidas y perdone nuestros pecados.

Leía en un folleto (tratado) estas palabras que quiero transcribir textualmente: “Dios conoce su corazón y no tiene tanto interés en sus palabras, sino más bien en la actitud de su corazón”. Orar es hablar con Dios con sus propias palabras, no usando vanas repeticiones. Pero si usted quiere tomar una decisión por Cristo, quiere aceptar el plan de Dios para su vida, ser una persona nueva y no sabe cómo hacerlo le sugerimos que haga uso de este modelo.

Señor Jesucristo: Gracias porque me amas y entiendo que te necesito. Te abro la puerta de mi vida y te recibo como mi Señor y Salvador. Quiero rendirme a tus pies. Hazme la persona que tu quieres que sea. Gracias por perdonar mis pecados. Gracias por haber entrado en mi vida y por escuchar mi oración según tu promesa. Amén.


*Carlos Pulgarín es Asistente General del Tabernáculo Bíblico Bautista El Redentor y maestro de Escuela Dominical de la misma iglesia (Vancouver, BC, Canadá), licenciado en Comunicación Social y Periodismo, ex director y cofundador del periódico La Palabra y colaborador de Radio Bautista. También ejerció el periodismo por más de 10 años en diferentes diarios de Latinoamérica
 
 
 
 
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