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Hechos y Crónicas - septiembre 2006 |
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¿Y quién hizo esto?
Por Carlos Pulgarín*
pulgarin@elredentor.com
El sol comenzó a ocultarse detrás del océano. Las aguas cambiaron su azul
intenso y se tiñeron de un reflejo amarillo que luego se fue degradando en
diversos tonos. Minutos después, todo ese derroche de belleza se perdió en
la apacible y fría noche de invierno. Este espectáculo de la naturaleza
puede observarse, cuando el clima lo permite, desde un tranquilo café sobre
la avenida Larcomar, distrito de
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Miraflores, en Lima (Perú). Estaba absorto en la majestuosidad de la
creación divina cuando tomé un tercer sorbo de café, al llevar la taza a
mis labios me percaté del hombre de la mesa derecha, lo saludé con un
ademán de mi mano izquierda y él respondió con un leve movimiento del
sombrero. “¿Puede creer que Dios haya hecho todo esto?”, me preguntó.
“No sólo eso, también nos hizo a usted y a mí”, respondí. Dios es dueño
y señor del universo. El nos ama y cuida de nosotros.
La ciencia se ha empeñado en demostrar que Dios no existe, en hacernos
creer que somos producto de la nada, el resultado de una explosión
cósmica, pero entre más se esfuerza en echar por tierra la teoría de la
creación más vigor toma la idea de que detrás del universo existe un
creador. Génesis, el primer libro de la Biblia, en el versículo uno del
capítulo uno afirma: “En el principio creó Dios los cielos y la tierra”.
Y luego dice: dijo Dios hágase y fue hecho, cada cosa en su lugar, de
manera ordenada y perfecta. El poder de la Palabra Divina en acción. El
Salmo 121, en el versículo dos dice: “Mi socorro viene de Jehová, que
hizo los cielos y la tierra”.
Por esta razón, cuando este turista chileno me preguntó que si creía que
Dios hubiera hecho todo eso, refiriéndose a la hermosa puesta de sol en
el Pacífico peruano, no pude más que suspirar y decir: eso, usted, yo,
todo lo que existe fue hecho por Dios. En su pregunta se dejaba entrever
un asomo de duda, de incredulidad respecto a la acción creadora. Él
pensaba que Dios podía ser el artífice de esa obra hermosa, pero creía
que también podría venir de la naturaleza misma, la evolución. En su
mente rondaba la idea, incluso, de que ese paisaje hermoso podría haber
surgido de la nada.
Ese cruce de palabras iniciales se convirtió en una larga y fructífera
conversación en la que Cristo, y solo Cristo, fue exaltado. No hubo
conversión, no se recitó una oración ni se hizo una decisión de fe, pero
de una cosa si estoy seguro, la luz de Jesús empezó a iluminar la mente
y los pensamientos oscuros de este hombre. La semilla fue sembrada. La
ceguera intelectual le impedía ver esa gran verdad espiritual. Las cosas
espirituales han de discernirse espiritualmente, dice la Palabra.
Mucha gente recorre millas, kilómetros, van de un continente a otro,
revisan diferentes filosofías, examinan en una y otra creencia, buscando
una sola cosa: la verdad. La Biblia, la inerrante Palabra de Dios, dice
en el evangelio que conoceremos la verdad y la verdad nos hará libres
(Juan 8:32). ¿Y quién o qué es la verdad? La verdad, la única y
suficiente verdad, es Jesucristo. “Yo soy el camino, y la verdad, y la
vida”, dice Jesús en respuesta a sus discípulos que querían conocer la
vía para ir al Padre (Juan 14:6).
Durante todo el mes de agosto recibí correos electrónicos de diferentes
países del mundo, y la mayoría de ellos tienen un denominador común: la
gente está confundida y quiere saber cuál es la verdad. Muchos están
cansados de ir por caminos oscuros, extraños, están cansados de
deambular por rutas creadas por hombres. Están casados de probar y
errar. Ahora quieren acertar, escoger el verdadero sendero, enrumbar sus
vidas y las de sus familias por una zona segura, que verdaderamente
conduzca a un destino eterno de paz. Ese destino es el cielo, y ese
camino es Cristo.
Me gusta un himno que cantamos en nuestro devocional familiar y en la
casa de oración a la que asistimos los viernes. La letra comienza con
una pregunta: “¿Quieres ser salvo de toda maldad? Y en esa misma estrofa
ofrece la respuesta: Tan solo hay poder en mi Jesús”. Y continúa
mostrando el nombre de Cristo como la respuesta a todos nuestros miedos,
temores e inseguridades. La letra de esta canción también nos da la
receta para vivir centrados en Jesús y obtener libertad. “¿Quieres ser
libre y vivir santidad? Tan solo hay poder en Jesús. Hay poder, hay
poder, sin igual poder, en Jesús quien murió. Hay poder, poder, sin
igual poder, en la sangre que Él vertió”.
En el sacrificio de Cristo está la clave, pues Él nos redimió. Porque
sin derramamiento de sangre no hay remisión de pecados (Hebreos 9:22).
El hombre estaba separado de Dios por culpa del pecado, había que pagar
un precio y Jesús, el hijo de Dios, canceló el acta de los decretos que
nos era contraria, la quitó de en medio y la clavó en la cruz. Él,
siendo Dios, siendo rey se humilló, fue al calvario y a través de su
muerte nos fueron abiertas las puertas del cielo. No es por nuestros
méritos, es por el sacrificio de Jesucristo. ¿Está Jesús muerto? No.
Nuestro Dios venció a la muerte y está sentado a la derecha del Padre, y
desde allí intercede por nosotros, sus hijos.
La única manera de entender la creación, de gozarnos en ella, y ser
verdaderamente libres es aceptando a Cristo como salvador y señor de
nuestras vidas. Hace pocos días unos amigos colombianos me preguntaron
que cuál era la mayor satisfacción en el actual trabajo, en la labor que
hacemos para Cristo desde esta iglesia (TBB El Redentor), y la respuesta
surgió desde lo más profundo de mi corazón, aun pienso en esto y me
emociono, la satisfacción más grande en el servicio a Dios es ver vidas
transformadas por el poder renovador, regenerador, transformador de la
Palabra.
Dios es especialista en enderezar las sendas. El que robaba ya no robe
más, el que mentía ya no mienta más, el que adulteraba ya no adultere
más. El que vivía en oscuridad comience a vivir en la luz admirable de
Cristo. El que servía al mundo y al diablo sirva ahora a Dios.
Matrimonios a punto de naufragar, Dios los ha restaurado. Drogadictos y
alcohólicos son ahora siervos del Dios Altísimo. Porque a lo necio y a
lo menospreciado del mundo escogió Dios para avergonzar a los sabios. De
modo que nadie se jacte en su presencia.
Cuando ya Jesús vive en tu corazón nadie tiene derecho de señalar tu
pasado, nadie puede encasillarte en lo que eras, pues la Biblia dice que
el que está en Cristo nueva criatura es, y recalca que todas las cosas
viejas pasaron. Cristo es el que murió por nuestros pecados, también el
que nos justificó. No éramos nada, pero en Él somos todo. Somos más que
vencedores por medio de aquel que nos amó.
Efectivamente, Dios hizo la hermosa puesta de sol que motivó mi
conversación con el turista chileno, pero Él creó también todas las
cosas, y toda esta obra divina fue realizada con un propósito: adorarle
a Él. Te hago una propuesta: ¿Quieres ser salvo de toda maldad? ¿Quieres
ser libre y vivir santidad? Recibe a Cristo, rinde tu vida a los pies
del Maestro, descansa en su regazo y Él hará. Jesucristo reine ahora y
siempre. Amén.
Si deseas ver tu vida transformada por el poder sanador de Dios te
invitamos a que nos escribas a
pastor@elredentor.com o a
pulgarin@elredentor.com o llámanos a nuestras oficinas en
Vancouver, BC, Canadá, al teléfono: 604.659.4225. Bendiciones.
*Carlos Pulgarín es Asistente General del Tabernáculo Bíblico
Bautista El Redentor y maestro de Escuela Dominical de la misma iglesia
(Vancouver, BC, Canadá), licenciado en Comunicación Social y Periodismo,
ex director y cofundador del periódico La Palabra y colaborador de Radio
Bautista. También ejerció el periodismo por más de 10 años en diferentes
diarios de Latinoamérica
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