|
Hechos y Crónicas - semana enero 10 -17, 2006 |
 |
La soberbia carcome la mente
y envenena el corazón
Por Carlos Pulgarín*
pulgarin@elredentor.com
Hace un par de semanas atrás el periodista y escritor colombiano,
Daniel Samper, residente en Madrid (por cierto hombre nada creyente),
destacó en una de sus columnas que la soberbia había sido el personaje del
año 2005. El autor esgrimió toda una serie de argumentos para montar en el
trono a este gusanillo endiablado que
carcome la mente y envenena el corazón.
|
|
Y no le falta razón al columnista en mención para afirmar tal cosa, pues
basta con mirar alrededor: en la política, en la farándula, en los
deportes, en las pasarelas de la moda, y aún en los shows en televisión
dirigidos por personajes que se autodenominan iluminados. En todos estos
ambientes o escenarios la soberbia es el sello de distinción. La altivez
y la arrogancia lanzan destellos de sombra. La soberbia es un bicho raro
que se anida en el corazón, infla el ego, dispara la vanidad y explota
en envidia y ambición. La soberbia mata.
Cuenta la historia que una vez había un querubín hermoso, era tal su
apariencia y su belleza que los demás seres angelicales comenzaron a
llamarlo “Lucero de la mañana”. Brillaba con tal resplandor y servía a
los pies del trono del Altísimo. Era imposible que pasara desapercibido.
Mostraba como nadie su destreza en la alabanza, era líder natural,
miraba y cautivaba. Cuando hablaba, sus argumentos convencían.
Pero un día su corazón fue invadido por la soberbia, y sus ojos cegados
por la ambición. Pues a pesar de que él era el ser más elevado de toda
la creación (Ezequiel 28:13, 15), un ser celestial que reflejaba de la
manera más perfecta el esplendor de su creador, su final no fue el
mejor: lanzado del monte de Dios se convirtió, entonces, en padre de
mentira, sembrador de destrucción.
Y es que cuando pretendemos poner nuestros altares personales, nuestras
ambiciones por encima de Dios nos hacemos enemigos de la luz, y es bien
sabido que no puede existir ninguna comunión entre la luz y las
tinieblas. Este querubín, al ser arrojado del cielo, pasó a convertirse
en el enemigo número uno de Dios y de sus hijos, los que hemos nacido de
nuevo. Él es el ladrón por excelencia, el homicida por vocación y su
visión es construir un imperio del mal.
Dice el diccionario que soberbio es sinónimo de prepotente, arrogante,
altanero, presumido, vanidoso, presuntuoso, engreído. La Real Academia
Española define la soberbia como altivez y apetito desordenado de ser
preferido a otros. Nos dice también que es satisfacción y envanecimiento
por la contemplación de las propias prendas con menosprecio de los
demás. Y también afirma que es colera e ira expresadas con acciones
descompuestas o palabras altivas e injuriosas.
Ahora, teniendo en cuenta estas definiciones, yo quiero que le eche una
mirada a lo que dice la Biblia en Isaías en el capítulo 14 y los
versículos del 12 al 14. “¡Cómo caíste del cielo, oh lucero, hijo de la
mañana! Cortado fuiste por tierra, tú que debilitabas a las naciones. Tú
que decías en tu corazón: subiré al cielo, en lo alto, junto a las
estrellas de Dios, levantaré mi trono, y en el monte del testimonio me
sentaré, a los lados del norte; sobre las alturas de las nubes subiré, y
seré semejante al altísimo”.
A Satanás lo definen como “un querubín de alas extendidas, un
protector”. Los querubines están en la posición mas alta en la jerarquía
angélica y su asignación es simbólicamente guardar el trono de Dios
(como se puede observar a los querubines construidos sobre el arca del
Pacto -el trono del Rey Jehová- en el tabernáculo o Templo, Éxodo
25:18-22; Hebreos 9:5; Génesis 3:24; Ezequiel 10:1-22.)
Lucifer fue establecido (consagrado) por decreto deliberado de Dios
(Ezequiel 28:14, "yo te he establecido") para desarrollar el santo cargo
de guardar el trono del Creador. se describe cómo un ser dotado de
insuperable belleza, vestido de una luz radiante, con una sabiduría sin
límites, más allá de haber sido creado con el poder para tomar
decisiones realmente morales. Entonces, la obligación moral fundamental
confiada a Satanás era ser fiel a Dios, siempre recordar que aunque se
encontrara en una condición elevada, él seguía siendo una criatura.
Pero la soberbia comenzó a susurrarle al oído a este querubín que él
podía ser igual o superior a Dios. La soberbia lo empujó a querer
construir su trono por encima del de Jehová. La soberbia le insinuó que
podía ser semejante al Altísimo. ¿Cuántas veces la soberbia lleva a
muchos a pensar de igual forma?
Creer que el dinero, el trabajo o la posición social son más importantes
que Dios y que cortan de raíz la dependencia que tenemos de nuestro
creador, puede traer la ruina a la vida del creyente. Y puede destruir
también, cada vez más, a muchos que aún no han visto la luz de Cristo.
Porque no olvidemos que no todos somos hijos de Dios, la Biblia dice que
únicamente a los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les
dio la potestad de ser hechos hijos de Dios (Juan 1:12).
Pero todo no termina allí, la soberbia les costó el Paraíso Terrenal a
Adán y Eva por pretender igualarse a Dios. Lo cual quiere decir que la
soberbia no solamente nos hace enemigos de Dios sino que también nos
separa de Él. Dice la Palabra de Dios en Génesis 2:16–17 que “Y mandó
Jehová Dios al hombre, diciendo: de todo árbol del huerto podrás comer;
más del árbol de la ciencia del bien y del mal no comerás; porque el día
que de él comieres, ciertamente morirás”.
Eva prefirió escuchar la voz de Satanás y Adán tomó igual decisión.
Ellos querían ser como Dios. Y al desobedecer a la voz de Dios las
consecuencias casi siempre son funestas. “Y entonces la serpiente dijo a
la mujer: no moriréis; sino que sabe Dios que el día que comáis de él,
serán abiertos vuestros ojos, y seréis como Dios, sabiendo el bien y el
mal (Génesis 3:4-5)”. El diablo es mentiroso y no es bueno escucharlo.
Tal vez uno de los puntos que más le gustó a Eva fue: “seréis como
Dios”. Mucha gente camina por ahí queriendo ser como Dios: promoviendo
leyes por el derecho a morir “dignamente”, adelantando campañas para que
se legalice el aborto, científicos que juegan a manipular los génes, y
locos que quieren poner su trono junto al del Altísimo. Sin embargo, la
Palabra de Dios dice: “Oye, Israel: Jehová nuestro Dios, Jehová uno es
(Deuteronomio 6:4)”.
*Carlos Pulgarín es Asistente General del Tabernáculo Bíblico
Bautista El Redentor y maestro de Escuela Dominical de la misma iglesia
(Vancouver, BC, Canadá), licenciado en Comunicación Social y Periodismo,
ex director y cofundador del periódico La Palabra y colaborador de Radio
Bautista. También ejerció el periodismo por más de 10 años en diferentes
diarios de Latinoamérica |
| |
| |
| |
|
|