Llamado, dirección y obediencia
Octubre 26, 2025 – 2:00PM | Hechos 16:6-10 | Misionero Helios Martinez
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TRANSCRIPCIÓN
El Señor les bendiga a todos. Es una alegría poder estar acá hoy, para mí, es un regalo que Dios me concede. Lo había anhelado mucho, porque esta iglesia ha sido de mucha bendición para nuestras vidas y para nuestro ministerio. Y hoy puedo decírselos personalmente: Gracias, muchas gracias. Yo he visto la seriedad con la que toman la labor misionera, es muy necesaria. Y en nombre de todos los misioneros que a través de la historia han pasado, se lo agradecemos de todo corazón. Ustedes han sido un buen soporte por muchos años. Yo creo que soy de los más antiguos, ¿no, pastor? De todo corazón, muchas gracias, hermanos.
Quiero decir algo antes del mensaje, hermanos. Estar acá hoy, no solamente es un regalo de parte de Dios, sino que también lo veo como una gran responsabilidad. Le tengo mucho respeto estar en este lugar y para mí es algo muy delicado poder estar acá delante de todos ustedes.
El pastor me pidió que compartiera un poco de mi historia, de nuestra experiencia. Por lo tanto, yo no puedo predicar un mensaje habitual, es más testimonio, como un mensaje de reflexión; que espero que sea de edificación para sus vidas.
Quiero decirles hermanos, que van a notar bastante diferencia con lo que habló el pastor Ricardo el domingo pasado; pero como él mismo dijo, en España son varias Españas. Pero lo que sí está claro es, que las tres familias que estamos en España representando al Tabernáculo de El Redentor, tenemos un objetivo en común, y es: ganar almas para el Señor. Ese es el objetivo que tenemos todos.
He titulado a la meditación o al mensaje de esta mañana, de esta tarde: Llamado, dirección y obediencia. Vamos a estudiar dos personajes de la Biblia con los cuales me identifico, y a lo largo de los años he visto cómo Dios ha obrado en lo que hoy hacemos, lo que hoy tenemos allá en España.
Así que les invito a que abran sus Biblias, por favor.
Hechos 16: 6-10 (RV 1960): 6 Y atravesando Frigia y la provincia de Galacia, les fue prohibido por el Espíritu Santo hablar la palabra en Asia; 7 y cuando llegaron a Misia, intentaron ir a Bitinia, pero el Espíritu no se lo permitió. 8 Y pasando junto a Misia, descendieron a Troas. 9 Y se le mostró a Pablo una visión de noche: un varón macedonio estaba en pie, rogándole y diciendo: Pasa a Macedonia y ayúdanos. 10 Cuando vio la visión, en seguida procuramos partir para Macedonia, dando por cierto que Dios nos llamaba para que les anunciásemos el evangelio.
Acompáñame y hacemos una oración: Padre, una vez más te damos gracias por lo bueno que tú eres. Gracias, Señor, por esta iglesia. Gracias por cada miembro que está hoy acá, por cada persona que está escuchando tu mensaje, Señor. Las personas y mis hermanos que están siguiendo esta transmisión en España también te pedimos que sea de edificación para todos. Señor, queremos exaltar tu nombre, y que corazones puedan conocerte como verdadero Rey, dueño y Señor de sus vidas. En el nombre de Jesús, amén y amén.
Quisiera compartir estos principios que son fundamentales para todos aquellos que estamos involucrados en el ministerio. Yo sé que dentro de las iglesias hay personas que ya están involucradas, hay personas que están pensando involucrarse, y otras que Dios va a tocar sus corazones, pero todos estamos llamados a cumplir la misión. Como bien decía el pastor, el Señor dijo que tenemos que ir hasta lo último de la tierra, y esa misión nos implica a todos. Así que todos los que somos llamados a las misiones, a servir al Señor en diferentes áreas, podemos aplicar estos tres principios que he puesto.
Estos tres principios no solo aplican a la vida del ministerio, sino que aplican a toda la vida normal. Y estas cosas que van a escuchar, aunque parece que son dirigidas a estudiantes, a pastores, a misioneros y a gente solo involucrada en la iglesia, es aplicable a todas las áreas de nuestro diario vivir.
- Llamado.
Saulo de Tarso. (Pablo)
Yo creo que la mayoría acá sabe cómo fue la historia de cómo Dios llamó a Saulo. Saulo era una persona que perseguía a los cristianos y el Señor Jesús lo detuvo y le dijo: -Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues? Él tuvo un encuentro con el Señor Jesús. El Señor Jesús lo llama y dice: -Este será instrumento. Instrumento para llevar mi evangelio, para llevar mi palabra, para llevarle a personas, a los gentiles, a reyes, a todo tipo de personas, pero no solamente judíos. Este va a salir y este me va a ser un instrumento útil. Así es como Dios llamó a Saulo y lo convierte en el apóstol Pablo.
Pablo comienza con mucho entusiasmo, con mucho amor, a predicar en todos los lugares. Comienza a salir en sus viajes misioneros. Y este pasaje que acabamos de leer es un pasaje que se desarrolla en el segundo viaje misionero. El apóstol Pablo estaba con el deseo de ir a ciertos lugares. Él se había programado, proyectado y decía: -Vamos a visitar estas ciudades. Pero según el relato de la Biblia, dice que le fue prohibido por el Espíritu Santo hablar la palabra de Dios en Asia. Eso a mí me llamó mucho la atención, porque Saulo había recibido un llamado, que tenía un propósito, un objetivo. No era para que Saulo hiciera lo que él quería, ni fuera a donde él decidía; sino que había sido llamado para cumplir un propósito de Dios, nada más.
Considero que esto es importante recalcarlo y enfatizarlo, porque todas aquellas personas que tenemos el llamado de servir a Dios, no podemos venir y pretender hacerlo como nosotros queremos, pensamos o deseamos.
Saulo tenía la visión muy clara. Saulo quería llevar el mensaje del Señor Jesucristo a todo lugar, pero el Señor tenía un propósito. A este lugar, sí; a este no. Por acá te tienes que ir, por acá no. Y él tenía toda la buena intención de llegar hasta cualquier ciudad, pero Dios se lo estaba impidiendo. Dios a través de su Espíritu Santo le obstaculizaba hacer estas cosas.
2. Dirección.
En primer lugar, yo veo que Pablo recibe un llamado especial. A mí me gusta comprender esto porque cada llamado es personal, ningún llamado se puede comparar al de otra persona. Cuando Saulo recibe su llamado, él se da cuenta que tenía que hacer algo. Él con mucho amor, con mucho entusiasmo, se entrega a las misiones y dice: -Tenemos que salir. Tengo la necesidad. Me tengo que desgastar por esto, tengo que llevar el mensaje porque hay mucha necesidad. Y es bien curioso de que los resultados del gran precio que pagaba Saulo en ese momento eran muy pocos, pero aun así él seguía esforzándose, se dedicaba, se seguía dedicando a esta labor y a él nada lo desanimaba, nada lo detenía. Él, por el contrario, con mucho más entusiasmo y con mucha más fuerza, seguía predicando la palabra de Dios.
Estas son las cosas que nosotros debemos entender, porque a pesar de que sabemos que tenemos un llamado, ese llamado no puede ser a donde nosotros queramos.
Saulo, seguramente hubiese preferido ir a las mejores ciudades, pero él tenía un objetivo claro, ir a donde Dios lo mandaba. No todas las ciudades son para que usted y yo vayamos, a pesar de que a usted le gusten. Hay quien dice: -Es que a mí esa ciudad siempre me ha llamado la atención conocerla. Bueno, pues tome un boleto de avión y vaya a conocerla, pero a eso no le llamemos misiones. Saulo cuando salía a predicar no solamente iba a los lugares que él decidía, que él escogía, sino que específicamente salía a los lugares a donde Dios lo mandaba. Y de eso se trata las misiones.
Hacer misiones es atender al llamado de Dios y estar dispuesto a ir a donde Él quiere enviarte. Usted puede tener todas las mejores intenciones pero si no es la voluntad de Dios, puede ser que Dios se lo impida; o puede ser que se lo permita que vaya a ese lugar, pero no va a cumplir ningún objetivo.
Hay algo que a mí me llama la atención, cuando viajamos a España, nos dimos cuenta de que existían organizaciones de misiones. Yo desconocía de esto, desconocía cómo llegaban los misioneros a los diferentes lugares, pero sí entendía dentro de mí de que teníamos un llamado. Yo lo relacionaba como cuando Dios le dijo a Abraham: Vete de tu tierra y de tu parentela, a una tierra que tú no conoces. Y por haber obedecido a ese llamado, Dios respaldó a Abraham. Digo esto porque hay personas que están esperando tener garantías económicas antes de salir. Cuando la Biblia dice que vendrá sobre nosotros el Espíritu Santo y seremos testigos en Judea, en Samaria y hasta lo último de la tierra, ¿habrá algo ahí que diga y espera recaudar fondos para que te vaya bien? ¿Hay algo ahí que menciona eso? Hoy en día decimos: No, es que es sensato, es sabio. Pero atender el llamado de Dios es dejarlo incluso todo y estar dispuesto a ir a donde Dios nos quiere enviar. Y eso es lo que yo tomaba para mi vida y decía: -A mí nadie me mandó. A mí Dios me llamó.
Y la palabra dice, que después de haber obedecido, Dios va añadiendo todo lo que Él sabe que necesitamos. Y así lo vimos en nuestra vida, después de haber obedecido aparece la iglesia El Redentor y nos comienza a apoyar. Y le doy gracias a Dios por ello.
Una persona me dijo una vez que él iría a abrir una iglesia a la ciudad a donde vivía su tía. Mi tía me está diciendo que vaya a abrir una iglesia, a su casa porque a ella la iglesia le queda muy lejos. Eso se veía muy bonito, pero le dije: ¿Quién te está llamando? ¿Te está llamando Dios o te está llamando tu tía? Porque cuando la tía se canse, cuando la tía vea que el misionero que ha traído no quiere trabajar, cuando la tía vea que la iglesia no tiene ningún beneficio, la tía se va a cansar y va a cerrar la iglesia. ¿Y qué va a suceder en ese momento? ¿Qué pasa con esas personas que son llamadas a través de personas o de circunstancias? No dudo que Dios en muchas ocasiones pueda utilizar esas circunstancias. Yo estoy seguro de que en muchos casos ha utilizado circunstancias como esta, pero me he dado cuenta a través de los años cómo han desfilado muchos buenos candidatos que llegaban con muy buenas intenciones, pero que no habían sido llamados por Dios, sino que por otras circunstancias o por otras personas. Un misionero debe reconocer quién lo llama y quién dirige nuestra labor.
En el relato que hemos leído hoy, dice que Saulo recibió un llamado de parte de Dios y una instrucción muy clara de parte de Dios: A dónde tenía que ir y a dónde no tenía que ir.
3. Obediencia.
Y yo me doy cuenta de que muchas veces queremos hacer lo que nuestro corazón dice, para la obra de Dios. No es lo que su corazón quiera, no es lo que usted sienta, es lo que Dios está buscando que usted haga. Y Dios es tan maravilloso que Él puede hacer cosas tan grandes e importantes con esas personas por las que nadie daba nada por ellas, con las que no tienen recursos, porque es Dios quien está llamando, quien está dando las instrucciones y es la persona quien está obedeciendo esas instrucciones.
La iglesia juega un papel muy importante. La Biblia dice que oremos al Señor de la mies. ¿Para qué, hermanos? Para que envíe obreros, porque muchos son los llamados y pocos son los escogidos. ¿Y por qué menciono todo esto? Porque en el llamamiento, Dios llama a muchos pero no escoge a todos los llamados. ¿A quiénes escoge? ¿A quiénes escoge Dios? Yo me he dado cuenta a través de los años que Dios escoge a los obedientes, a aquellos que no se desenfocan y no ponen su mirada en las cosas pasajeras, sino que ponen su mirada en la meta que es Cristo, es el objetivo y el propósito por el cual Dios les ha escogido para ir a cumplir una misión.
El apóstol Pablo dice que él seguía las instrucciones de Dios.
Hechos 16: 10 (RV 1960): Cuando vio la visión, en seguida procuramos partir para Macedonia, dando por cierto que Dios nos llamaba para que les anunciásemos el evangelio. Me gusta ver como Pablo recibió un llamado, recibió una instrucción y obedeció esa instrucción.
Nosotros los que vivimos haciendo una labor misionera, obedeciendo el llamado de Dios, cuando hacemos nuestra propia voluntad nos va mal. También existen ocasiones en las que nos va mal aun haciendo la voluntad de Dios.
En ocasiones Pablo llegaba a las ciudades y nadie lo estaba esperando, nadie le aplaudía; todo lo contrario, le lanzaban piedras, lo capturaban, lo azotaban. Y uno se pregunta, pero si estoy haciendo la voluntad de Dios, ¿por qué me pasa todo esto? Si estoy obedeciendo a la instrucción de Dios y estoy tratando de ser fiel a Dios, ¿por qué paso necesidades en mi vida? ¿Por qué tengo estos problemas?
Usted solo tiene que saber que a pesar de todas las necesidades y de todas las carencias, seguimos obedeciendo a Dios. Porque no se trata de que te salgan las cosas bien, sino que tenemos que obedecer a Dios como quiera que vayan las cosas.
Dios ahora nos ha mostrado cómo Él te recompensa cuando uno le es fiel. Serle fiel a Dios nos puede dar mucho más de lo que nosotros pedimos, esperamos, queremos, anhelamos. Seguir obedeciendo el caminar, el llamado, seguir amando la visión, obedecer su palabra sí produce resultado, pero no a nuestro tiempo, sino que a su tiempo.
En muchos lugares es muy fácil hacer crecer una iglesia, hacer crecer una obra, en España es muy difícil. Pero es más peligroso si tú llegas sin el llamado o sin el respaldo de Dios. ¿Por qué digo que es muy peligroso? Porque hay gente que con entusiasmo y con el deseo de su corazón cree que va a ayudar a Dios. Nuestras buenas intenciones a Dios muchas veces no le sirven. Yo me he dado cuenta en todos estos años que Dios podría mandar un ejército de ángeles para establecer una gran iglesia; pero por alguna razón Dios hasta este día no lo ha hecho. Nos ha enviado a unos llamados, y de ese montón de llamados a unos pocos escogidos para que cumplamos esa misión.
Lo que yo puedo decir con todo esto es, que eso no se trata de mi familia, se trata de toda la iglesia. Cuando en esta iglesia ponen la bandera de España, ponen el título, hacen el desfile y oran por nosotros, están haciendo la labor misionera. Aunque sean otros los que están haciendo la labor en el campo, todos nosotros estamos implicados en esta labor. Nosotros podemos sentir el respaldo de las oraciones y cómo Dios obra a través de eso.
Hay algo que no he sentido casi nunca, y mi esposa me lo ha preguntado muchas veces y me ha dicho: ¿Por qué no te desanimas? ¿Por qué nunca has querido rendirte o tirar la toalla? Yo nunca he sentido eso, pero reconozco que hay un montón de gente que me sostiene con sus oraciones. Yo no tengo ninguna habilidad, ninguna fuerza, pero sí tengo gratitud y sé reconocer lo que todos ustedes hacen con y por la misión en España.
Yo solamente le quiero decir a todos aquellos que si algún día quieren involucrarse en las misiones, están todos bienvenidos. Pero tengamos claro algo, deben tener un llamado claro, unas instrucciones claras y obedezcamos a Dios con todo el corazón. Démosle un fuerte aplauso a Dios, por favor.
Oremos: Señor, te damos gracias por lo bueno que tú eres. Gracias, Señor, porque hoy podemos exaltarte todos juntos en la iglesia. Estamos viendo lo que tú haces en diferentes partes del mundo, estamos viendo lo que tú haces en España. Hemos visto como esta iglesia está comprometida espiritualmente y económicamente con esta labor. Señor, yo espero que sean muchos los que tú llames de esta iglesia, que tú los envíes, que no importa el precio que tengan que pagar, lo que tengan que pasar, lo que tengan que dejar por seguirte a ti; pero lo importante es que obedezcamos tu llamado.
Si en esta tarde hay alguien que nunca ha entregado su vida a Dios, nunca ha rendido su vida a Cristo, queremos invitarle a que este día pueda rendir su corazón a Él. A ese hombre que lo ha dado todo por usted y por mí, aquel que vino a este mundo, se sacrificó, murió, pero que a los tres días resucitó. Ese es el poder que Él tiene para demostrarnos que solamente Él puede darnos vida eterna. Yo le invito a que pueda repetir esta oración: Señor Jesús, yo te recibo hoy como mi único y suficiente salvador personal. Creo que eres Dios, que moriste en la cruz por mis pecados y que resucitaste al tercer día. Me arrepiento, Señor. Soy pecador. Perdóname, Señor. Gracias doy al Padre por enviar a su Hijo Jesucristo a morir en mi lugar. Gracias Jesús por salvar mi alma el día de hoy para que cuando yo muera pueda estar en tu presencia por siempre en Cristo Jesús, mi Salvador. Señor, muchas gracias por lo bueno que tú eres y muchas gracias por tenernos en este lugar para bendecir y adorar tu santo nombre.
Gracias, Señor, te damos por el momento que nos dejaste compartir aquí con nuestro pastor. Señor, bendice su familia, bendice su ministerio y bendice también el resto del día, Señor, que vamos a glorificarte aquí en tu casa. Gracias te damos por todo el nombre de Jesús. Amén y amén.
Llamado, dirección y obediencia
Octubre 26, 2025 – 2:00PM | Hechos 16:6-10 | Misionero Helios Martinez
Etiquetas: hechos, octubre 2025, Pastor Helios Martinez, transcripcion
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TRANSCRIPCIÓN
El Señor les bendiga a todos. Es una alegría poder estar acá hoy, para mí, es un regalo que Dios me concede. Lo había anhelado mucho, porque esta iglesia ha sido de mucha bendición para nuestras vidas y para nuestro ministerio. Y hoy puedo decírselos personalmente: Gracias, muchas gracias. Yo he visto la seriedad con la que toman la labor misionera, es muy necesaria. Y en nombre de todos los misioneros que a través de la historia han pasado, se lo agradecemos de todo corazón. Ustedes han sido un buen soporte por muchos años. Yo creo que soy de los más antiguos, ¿no, pastor? De todo corazón, muchas gracias, hermanos.
Quiero decir algo antes del mensaje, hermanos. Estar acá hoy, no solamente es un regalo de parte de Dios, sino que también lo veo como una gran responsabilidad. Le tengo mucho respeto estar en este lugar y para mí es algo muy delicado poder estar acá delante de todos ustedes.
El pastor me pidió que compartiera un poco de mi historia, de nuestra experiencia. Por lo tanto, yo no puedo predicar un mensaje habitual, es más testimonio, como un mensaje de reflexión; que espero que sea de edificación para sus vidas.
Quiero decirles hermanos, que van a notar bastante diferencia con lo que habló el pastor Ricardo el domingo pasado; pero como él mismo dijo, en España son varias Españas. Pero lo que sí está claro es, que las tres familias que estamos en España representando al Tabernáculo de El Redentor, tenemos un objetivo en común, y es: ganar almas para el Señor. Ese es el objetivo que tenemos todos.
He titulado a la meditación o al mensaje de esta mañana, de esta tarde: Llamado, dirección y obediencia. Vamos a estudiar dos personajes de la Biblia con los cuales me identifico, y a lo largo de los años he visto cómo Dios ha obrado en lo que hoy hacemos, lo que hoy tenemos allá en España.
Así que les invito a que abran sus Biblias, por favor.
Hechos 16: 6-10 (RV 1960): 6 Y atravesando Frigia y la provincia de Galacia, les fue prohibido por el Espíritu Santo hablar la palabra en Asia; 7 y cuando llegaron a Misia, intentaron ir a Bitinia, pero el Espíritu no se lo permitió. 8 Y pasando junto a Misia, descendieron a Troas. 9 Y se le mostró a Pablo una visión de noche: un varón macedonio estaba en pie, rogándole y diciendo: Pasa a Macedonia y ayúdanos. 10 Cuando vio la visión, en seguida procuramos partir para Macedonia, dando por cierto que Dios nos llamaba para que les anunciásemos el evangelio.
Acompáñame y hacemos una oración: Padre, una vez más te damos gracias por lo bueno que tú eres. Gracias, Señor, por esta iglesia. Gracias por cada miembro que está hoy acá, por cada persona que está escuchando tu mensaje, Señor. Las personas y mis hermanos que están siguiendo esta transmisión en España también te pedimos que sea de edificación para todos. Señor, queremos exaltar tu nombre, y que corazones puedan conocerte como verdadero Rey, dueño y Señor de sus vidas. En el nombre de Jesús, amén y amén.
Quisiera compartir estos principios que son fundamentales para todos aquellos que estamos involucrados en el ministerio. Yo sé que dentro de las iglesias hay personas que ya están involucradas, hay personas que están pensando involucrarse, y otras que Dios va a tocar sus corazones, pero todos estamos llamados a cumplir la misión. Como bien decía el pastor, el Señor dijo que tenemos que ir hasta lo último de la tierra, y esa misión nos implica a todos. Así que todos los que somos llamados a las misiones, a servir al Señor en diferentes áreas, podemos aplicar estos tres principios que he puesto.
Estos tres principios no solo aplican a la vida del ministerio, sino que aplican a toda la vida normal. Y estas cosas que van a escuchar, aunque parece que son dirigidas a estudiantes, a pastores, a misioneros y a gente solo involucrada en la iglesia, es aplicable a todas las áreas de nuestro diario vivir.
- Llamado.
Saulo de Tarso. (Pablo)
Yo creo que la mayoría acá sabe cómo fue la historia de cómo Dios llamó a Saulo. Saulo era una persona que perseguía a los cristianos y el Señor Jesús lo detuvo y le dijo: -Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues? Él tuvo un encuentro con el Señor Jesús. El Señor Jesús lo llama y dice: -Este será instrumento. Instrumento para llevar mi evangelio, para llevar mi palabra, para llevarle a personas, a los gentiles, a reyes, a todo tipo de personas, pero no solamente judíos. Este va a salir y este me va a ser un instrumento útil. Así es como Dios llamó a Saulo y lo convierte en el apóstol Pablo.
Pablo comienza con mucho entusiasmo, con mucho amor, a predicar en todos los lugares. Comienza a salir en sus viajes misioneros. Y este pasaje que acabamos de leer es un pasaje que se desarrolla en el segundo viaje misionero. El apóstol Pablo estaba con el deseo de ir a ciertos lugares. Él se había programado, proyectado y decía: -Vamos a visitar estas ciudades. Pero según el relato de la Biblia, dice que le fue prohibido por el Espíritu Santo hablar la palabra de Dios en Asia. Eso a mí me llamó mucho la atención, porque Saulo había recibido un llamado, que tenía un propósito, un objetivo. No era para que Saulo hiciera lo que él quería, ni fuera a donde él decidía; sino que había sido llamado para cumplir un propósito de Dios, nada más.
Considero que esto es importante recalcarlo y enfatizarlo, porque todas aquellas personas que tenemos el llamado de servir a Dios, no podemos venir y pretender hacerlo como nosotros queremos, pensamos o deseamos.
Saulo tenía la visión muy clara. Saulo quería llevar el mensaje del Señor Jesucristo a todo lugar, pero el Señor tenía un propósito. A este lugar, sí; a este no. Por acá te tienes que ir, por acá no. Y él tenía toda la buena intención de llegar hasta cualquier ciudad, pero Dios se lo estaba impidiendo. Dios a través de su Espíritu Santo le obstaculizaba hacer estas cosas.
2. Dirección.
En primer lugar, yo veo que Pablo recibe un llamado especial. A mí me gusta comprender esto porque cada llamado es personal, ningún llamado se puede comparar al de otra persona. Cuando Saulo recibe su llamado, él se da cuenta que tenía que hacer algo. Él con mucho amor, con mucho entusiasmo, se entrega a las misiones y dice: -Tenemos que salir. Tengo la necesidad. Me tengo que desgastar por esto, tengo que llevar el mensaje porque hay mucha necesidad. Y es bien curioso de que los resultados del gran precio que pagaba Saulo en ese momento eran muy pocos, pero aun así él seguía esforzándose, se dedicaba, se seguía dedicando a esta labor y a él nada lo desanimaba, nada lo detenía. Él, por el contrario, con mucho más entusiasmo y con mucha más fuerza, seguía predicando la palabra de Dios.
Estas son las cosas que nosotros debemos entender, porque a pesar de que sabemos que tenemos un llamado, ese llamado no puede ser a donde nosotros queramos.
Saulo, seguramente hubiese preferido ir a las mejores ciudades, pero él tenía un objetivo claro, ir a donde Dios lo mandaba. No todas las ciudades son para que usted y yo vayamos, a pesar de que a usted le gusten. Hay quien dice: -Es que a mí esa ciudad siempre me ha llamado la atención conocerla. Bueno, pues tome un boleto de avión y vaya a conocerla, pero a eso no le llamemos misiones. Saulo cuando salía a predicar no solamente iba a los lugares que él decidía, que él escogía, sino que específicamente salía a los lugares a donde Dios lo mandaba. Y de eso se trata las misiones.
Hacer misiones es atender al llamado de Dios y estar dispuesto a ir a donde Él quiere enviarte. Usted puede tener todas las mejores intenciones pero si no es la voluntad de Dios, puede ser que Dios se lo impida; o puede ser que se lo permita que vaya a ese lugar, pero no va a cumplir ningún objetivo.
Hay algo que a mí me llama la atención, cuando viajamos a España, nos dimos cuenta de que existían organizaciones de misiones. Yo desconocía de esto, desconocía cómo llegaban los misioneros a los diferentes lugares, pero sí entendía dentro de mí de que teníamos un llamado. Yo lo relacionaba como cuando Dios le dijo a Abraham: Vete de tu tierra y de tu parentela, a una tierra que tú no conoces. Y por haber obedecido a ese llamado, Dios respaldó a Abraham. Digo esto porque hay personas que están esperando tener garantías económicas antes de salir. Cuando la Biblia dice que vendrá sobre nosotros el Espíritu Santo y seremos testigos en Judea, en Samaria y hasta lo último de la tierra, ¿habrá algo ahí que diga y espera recaudar fondos para que te vaya bien? ¿Hay algo ahí que menciona eso? Hoy en día decimos: No, es que es sensato, es sabio. Pero atender el llamado de Dios es dejarlo incluso todo y estar dispuesto a ir a donde Dios nos quiere enviar. Y eso es lo que yo tomaba para mi vida y decía: -A mí nadie me mandó. A mí Dios me llamó.
Y la palabra dice, que después de haber obedecido, Dios va añadiendo todo lo que Él sabe que necesitamos. Y así lo vimos en nuestra vida, después de haber obedecido aparece la iglesia El Redentor y nos comienza a apoyar. Y le doy gracias a Dios por ello.
Una persona me dijo una vez que él iría a abrir una iglesia a la ciudad a donde vivía su tía. Mi tía me está diciendo que vaya a abrir una iglesia, a su casa porque a ella la iglesia le queda muy lejos. Eso se veía muy bonito, pero le dije: ¿Quién te está llamando? ¿Te está llamando Dios o te está llamando tu tía? Porque cuando la tía se canse, cuando la tía vea que el misionero que ha traído no quiere trabajar, cuando la tía vea que la iglesia no tiene ningún beneficio, la tía se va a cansar y va a cerrar la iglesia. ¿Y qué va a suceder en ese momento? ¿Qué pasa con esas personas que son llamadas a través de personas o de circunstancias? No dudo que Dios en muchas ocasiones pueda utilizar esas circunstancias. Yo estoy seguro de que en muchos casos ha utilizado circunstancias como esta, pero me he dado cuenta a través de los años cómo han desfilado muchos buenos candidatos que llegaban con muy buenas intenciones, pero que no habían sido llamados por Dios, sino que por otras circunstancias o por otras personas. Un misionero debe reconocer quién lo llama y quién dirige nuestra labor.
En el relato que hemos leído hoy, dice que Saulo recibió un llamado de parte de Dios y una instrucción muy clara de parte de Dios: A dónde tenía que ir y a dónde no tenía que ir.
3. Obediencia.
Y yo me doy cuenta de que muchas veces queremos hacer lo que nuestro corazón dice, para la obra de Dios. No es lo que su corazón quiera, no es lo que usted sienta, es lo que Dios está buscando que usted haga. Y Dios es tan maravilloso que Él puede hacer cosas tan grandes e importantes con esas personas por las que nadie daba nada por ellas, con las que no tienen recursos, porque es Dios quien está llamando, quien está dando las instrucciones y es la persona quien está obedeciendo esas instrucciones.
La iglesia juega un papel muy importante. La Biblia dice que oremos al Señor de la mies. ¿Para qué, hermanos? Para que envíe obreros, porque muchos son los llamados y pocos son los escogidos. ¿Y por qué menciono todo esto? Porque en el llamamiento, Dios llama a muchos pero no escoge a todos los llamados. ¿A quiénes escoge? ¿A quiénes escoge Dios? Yo me he dado cuenta a través de los años que Dios escoge a los obedientes, a aquellos que no se desenfocan y no ponen su mirada en las cosas pasajeras, sino que ponen su mirada en la meta que es Cristo, es el objetivo y el propósito por el cual Dios les ha escogido para ir a cumplir una misión.
El apóstol Pablo dice que él seguía las instrucciones de Dios.
Hechos 16: 10 (RV 1960): Cuando vio la visión, en seguida procuramos partir para Macedonia, dando por cierto que Dios nos llamaba para que les anunciásemos el evangelio. Me gusta ver como Pablo recibió un llamado, recibió una instrucción y obedeció esa instrucción.
Nosotros los que vivimos haciendo una labor misionera, obedeciendo el llamado de Dios, cuando hacemos nuestra propia voluntad nos va mal. También existen ocasiones en las que nos va mal aun haciendo la voluntad de Dios.
En ocasiones Pablo llegaba a las ciudades y nadie lo estaba esperando, nadie le aplaudía; todo lo contrario, le lanzaban piedras, lo capturaban, lo azotaban. Y uno se pregunta, pero si estoy haciendo la voluntad de Dios, ¿por qué me pasa todo esto? Si estoy obedeciendo a la instrucción de Dios y estoy tratando de ser fiel a Dios, ¿por qué paso necesidades en mi vida? ¿Por qué tengo estos problemas?
Usted solo tiene que saber que a pesar de todas las necesidades y de todas las carencias, seguimos obedeciendo a Dios. Porque no se trata de que te salgan las cosas bien, sino que tenemos que obedecer a Dios como quiera que vayan las cosas.
Dios ahora nos ha mostrado cómo Él te recompensa cuando uno le es fiel. Serle fiel a Dios nos puede dar mucho más de lo que nosotros pedimos, esperamos, queremos, anhelamos. Seguir obedeciendo el caminar, el llamado, seguir amando la visión, obedecer su palabra sí produce resultado, pero no a nuestro tiempo, sino que a su tiempo.
En muchos lugares es muy fácil hacer crecer una iglesia, hacer crecer una obra, en España es muy difícil. Pero es más peligroso si tú llegas sin el llamado o sin el respaldo de Dios. ¿Por qué digo que es muy peligroso? Porque hay gente que con entusiasmo y con el deseo de su corazón cree que va a ayudar a Dios. Nuestras buenas intenciones a Dios muchas veces no le sirven. Yo me he dado cuenta en todos estos años que Dios podría mandar un ejército de ángeles para establecer una gran iglesia; pero por alguna razón Dios hasta este día no lo ha hecho. Nos ha enviado a unos llamados, y de ese montón de llamados a unos pocos escogidos para que cumplamos esa misión.
Lo que yo puedo decir con todo esto es, que eso no se trata de mi familia, se trata de toda la iglesia. Cuando en esta iglesia ponen la bandera de España, ponen el título, hacen el desfile y oran por nosotros, están haciendo la labor misionera. Aunque sean otros los que están haciendo la labor en el campo, todos nosotros estamos implicados en esta labor. Nosotros podemos sentir el respaldo de las oraciones y cómo Dios obra a través de eso.
Hay algo que no he sentido casi nunca, y mi esposa me lo ha preguntado muchas veces y me ha dicho: ¿Por qué no te desanimas? ¿Por qué nunca has querido rendirte o tirar la toalla? Yo nunca he sentido eso, pero reconozco que hay un montón de gente que me sostiene con sus oraciones. Yo no tengo ninguna habilidad, ninguna fuerza, pero sí tengo gratitud y sé reconocer lo que todos ustedes hacen con y por la misión en España.
Yo solamente le quiero decir a todos aquellos que si algún día quieren involucrarse en las misiones, están todos bienvenidos. Pero tengamos claro algo, deben tener un llamado claro, unas instrucciones claras y obedezcamos a Dios con todo el corazón. Démosle un fuerte aplauso a Dios, por favor.
Oremos: Señor, te damos gracias por lo bueno que tú eres. Gracias, Señor, porque hoy podemos exaltarte todos juntos en la iglesia. Estamos viendo lo que tú haces en diferentes partes del mundo, estamos viendo lo que tú haces en España. Hemos visto como esta iglesia está comprometida espiritualmente y económicamente con esta labor. Señor, yo espero que sean muchos los que tú llames de esta iglesia, que tú los envíes, que no importa el precio que tengan que pagar, lo que tengan que pasar, lo que tengan que dejar por seguirte a ti; pero lo importante es que obedezcamos tu llamado.
Si en esta tarde hay alguien que nunca ha entregado su vida a Dios, nunca ha rendido su vida a Cristo, queremos invitarle a que este día pueda rendir su corazón a Él. A ese hombre que lo ha dado todo por usted y por mí, aquel que vino a este mundo, se sacrificó, murió, pero que a los tres días resucitó. Ese es el poder que Él tiene para demostrarnos que solamente Él puede darnos vida eterna. Yo le invito a que pueda repetir esta oración: Señor Jesús, yo te recibo hoy como mi único y suficiente salvador personal. Creo que eres Dios, que moriste en la cruz por mis pecados y que resucitaste al tercer día. Me arrepiento, Señor. Soy pecador. Perdóname, Señor. Gracias doy al Padre por enviar a su Hijo Jesucristo a morir en mi lugar. Gracias Jesús por salvar mi alma el día de hoy para que cuando yo muera pueda estar en tu presencia por siempre en Cristo Jesús, mi Salvador. Señor, muchas gracias por lo bueno que tú eres y muchas gracias por tenernos en este lugar para bendecir y adorar tu santo nombre.
Gracias, Señor, te damos por el momento que nos dejaste compartir aquí con nuestro pastor. Señor, bendice su familia, bendice su ministerio y bendice también el resto del día, Señor, que vamos a glorificarte aquí en tu casa. Gracias te damos por todo el nombre de Jesús. Amén y amén.


