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Con la ayuda de Dios todo es posible

Diciembre 7, 2025 – 2:00PM | Deuteronomio 7:17-19 | Dr. David Rodríguez

Descargar Texto: Sermón en PDF

Etiquetas: deuteronomio, diciembre 2025, pastor david rodriguez, transcripcion

TRANSCRIPCIÓN

Quiero que repita conmigo esta frase, que es el título del mensaje de esta tarde: Con la ayuda de Dios todo es posible.

Padre, al comenzar este sermón, pedimos al Espíritu de Dios que nos hable al corazón, que nos ministre. Queremos pensar en aquella escena, Señor, cuando nos sentamos a escuchar al maestro con atención, con interés, con expectativa. Mueve nuestras voluntades, Señor, danos esperanza con aquellas situaciones que están fuera de nuestro alcance. Yo no conozco la necesidad de cada uno en particular, pero tú sí, tú conoces cada corazón, cada oración, cada ruego, cada lágrima; y te pedimos mi Señor en esta hora que nos bendigas con tu palabra, en el nombre de Jesús. Amén.

Busquemos en nuestras Biblias Deuteronomio, capítulo 7. 

Deuteronomio 7:17-19 (RVR1960): 17 Si dijeres en tu corazón: Estas naciones son mucho más numerosas que yo; ¿cómo las podré exterminar? 18 no tengas temor de ellas; acuérdate bien de lo que hizo Jehová tu Dios con Faraón y con todo Egipto; 19 de las grandes pruebas que vieron tus ojos, y de las señales y milagros, y de la mano poderosa y el brazo extendido con que Jehová tu Dios te sacó; así hará Jehová tu Dios con todos los pueblos de cuya presencia tú temieres. 

Amados míos, está claro que se presentan problemas gigantes, y no hay cosa que nos saque más de nuestra zona de confort que aquellas situaciones que están fuera de nuestro alcance para resolver. Si se trata de buscar un trabajo, pues usted se levanta temprano, va y lo busca, por lo menos intentó un día, otro día, otro día y otro día. Pero cuando usted tiene enfrente suyo algo que está fuera de su alcance, es complicado. Algunos le llaman desgracias, otros desastres, otros adversidades y algunas de ellas son monumentales de lo grande que son, o catástrofes, si usted quiere, donde nos sentimos impotentes. No hay nada que nosotros podamos hacer para cambiar las cosas. Alguno de nosotros debe estar viviendo alguna situación, alguna circunstancia de esta naturaleza, algo que está fuera de nosotros. ¿Qué podemos hacer cuando todos nos dicen que esperemos y lo menos que tenemos es paciencia? 

Este tipo de problemas en algunos genera ansiedad, afecta nuestra salud mental, nuestra salud física; pero hay situaciones extremas cuando no hay nada que podamos hacer y Dios se te aparece y te dice: Yo te ayudo. En la Biblia hay promesas maravillosas sobre esto.

Isaías 41:13 (RVR1960): 13 Porque yo Jehová soy tu Dios, quien te sostiene de tu mano derecha, y te dice: No temas, yo te ayudo.

Quiero que estudiemos algunos puntos, en esta tarde, de situaciones adversas por las que atravesó el pueblo de Israel, donde ellos pensaron que incluso perderían la vida y Dios se apareció y Dios los ayudó. Y yo quiero que entendamos que de la misma manera como Dios ayudó al pueblo de Israel, de esa misma manera, Dios promete ayudarnos también a nosotros.

La esclavitud.

Éxodo 1: 13-14 (RVR1960): 13 Y los egipcios hicieron servir a los hijos de Israel con dureza, 14 y amargaron su vida con dura servidumbre, en hacer barro y ladrillo, y en toda labor del campo y en todo su servicio, al cual los obligaban con rigor. 

A Israel los forzaban a hacer mezcla, a fabricar ladrillos, hacer todo el trabajo del campo. Los egipcios eran crueles en todas sus exigencias. Israel era esclavo, los trataban como animales de carga. Yo me imagino al pueblo de Egipto, tratando con crueldad y tratando como animales al pueblo de Israel; y los hijos de los israelitas creciendo en un ambiente de resentimiento al ver a su padre impotente, al ver a la familia impotente. ¿Te puedes imaginar esta escena en realidad? Y la pregunta para el pueblo de Israel: ¿cómo hacemos para salir de aquí? Lo único que nos puede sacar de aquí es un milagro. Y en ese momento aparece Dios y le dijo al pueblo: Yo te ayudo.

Yo no sé qué es lo que lo martiriza a usted en este día. Es probable que usted sea esclavo de un vicio, de una adicción, de una relación prohibida, se encuentra en una situación de la que no puede salir, situación de maltrato, no sé qué será: esos vicios escondidos, esas situaciones que avergüenzan. No sé, pero una cosa sí le sabré decir; así como Dios sacó a Israel de la esclavitud, Dios lo puede sacar también a usted. Porque con la ayuda de Dios todo es posible. Cualquier situación que le esté amargando la vida, cualquier situación que le esté trayendo tristeza, que lo esté agotando mentalmente, físicamente, emocionalmente, déjeme decirte que con la ayuda de Dios todo es posible.

Y muchas veces, amados míos, las salidas no van a ser como nosotros quisiéramos que sean. Pero si Dios está en control, créame que usted va a estar bien. Te parece que la tormenta te va a caer encima, que te va a caer encima la situación, pero aunque salgas golpeado, o salgas deprimido, llegarás al otro lado. A lo mejor vas a decir: Pero es que esta no era la manera como yo quería. Y Dios te dice: No te preocupes, mis planes son mejores que los tuyos, vas a estar bien. Vas a atravesar la prueba, pero no la vas a atravesar solo, yo voy a estar contigo. Habrá momentos en los que vas a sentir que estás solo, que Dios no te contesta, que Dios se ha desaparecido de tu vida; pero no es cierto. ¿Por qué? Porque lo que Dios promete lo cumple. Y Él ha dicho: Yo estoy contigo, yo te ayudo. 

Cualquiera que sea la esclavitud, cualquiera que sea lo que te mantiene atado, eso que te destroza, si Dios te dice: -Yo te ayudo, créalo. Porque así como ayudó al pueblo, que lo sacó de la esclavitud, te va a ayudar a ti. 

Pero resulta que, cuando saca a Israel de la esclavitud, comienzan a caminar hacia la tierra prometida. Y cuando pensaron ellos que ya eran libres, se encuentran frente al mar y detrás tenían a Egipto persiguiéndolos, llegó el momento donde el pueblo de Israel se encontraba entre el mar y el ejército. El primer pensamiento del pueblo seguramente fue: O nos matan los egipcios, o nos ahogamos; y fue ahí donde Dios hizo un milagro. Es posible que usted en esta tarde esté atrapado y no sabe qué hacer. Las dos opciones son fatales, una no es mejor que la otra; y es ahí donde tu esposa te vuelve a ver, tus hijos te vuelven a ver y te dicen: Papá, ¿qué vamos a hacer? Cuando usted no sabe qué hacer, cuando usted no sabe qué es mejor, cuando usted está entre la espada y la pared, en ese momento se te aparece Dios y te dice: -Yo te ayudo. Yo te ayudo con mi mano fuerte y poderosa. Ahora, aquí viene la situación. Si tiene el mar al frente y al ejército detrás, lo único que a usted se le ocurre que Dios puede hacer es destruir al ejército, ¿no es cierto? Es la lógica, pero Dios te dice: -No te preocupes, que cuando no hay caminos, yo abro caminos. Hermano, bendito sea el nombre de Dios, que en circunstancias donde no sabemos para dónde agarrar, el Señor se te aparece y te abre camino seco en medio del mar. ¿Cuántos alaban a Dios, hermano, por esto? ¡Bendito sea el Señor! Dios no necesita caminos porque Él abre caminos y dice: ¿Tú piensas que yo voy a destruir el ejército? Es cierto, lo voy a destruir, pero también te voy a abrir un camino para que pases. 

Tu mar rojo puede ser una deuda, una crisis familiar, una enfermedad, un pecado que te encadena. Mis queridos y amados hermanos, déjenme decirles que con la ayuda de Dios todas las cosas son posibles.

Veamos lo que ha sucedido con el pueblo de Israel, Dios lo saca de la esclavitud, se enfrentan al mar, atraviesan en seco el mar y entran al desierto; pero el pueblo tuvo hambre. Es decir, vendrán momentos en la vida donde te amenaza el desierto, te amenaza el hambre. En el desierto no hay comida, en el desierto no hay nada para beber, no hay protección, no hay dirección; dicen los expertos que hay momentos en el desierto en el que tú no sabes dónde estás ni qué dirección tomar. Y en ese momento, cuando no sabes cómo hacer, se te aparece Dios y te dice: Yo te ayudo. Y Dios se manifiesta, y pone personas a tu alrededor de bendición.

Una vez platicaba yo con un amigo, que su familia tiene mucho dinero, y él me dijo: Pastor, usted dijo una vez que hay una materia que todos atravesamos en la vida cristiana y es: la dependencia de Dios. Hay momentos de necesidad financiera donde no tienes ni siquiera para la renta, tus hijos piden cosas pero tú no tienes para darles. Y en ese momento se te aparece Dios y te dice: Yo te ayudo. Dios puede usar hasta gente inconversa para bendecirte, pero fue que Dios lo puso ahí. Porque con la ayuda de Dios todas las cosas son posibles.

Ya Dios había sacado al pueblo de la esclavitud, lo puso frente al mar, abrió el mar, lo llevó al desierto, y el pueblo siente hambre; ahora necesitan de provisión. Pero todas estas cosas, quiérase o no, te van desgastando en el camino. Hay momentos donde sentimos debilidad espiritual, esa impotencia nos pone en una posición vulnerable, y cuando estamos vulnerables vienen ataques de otras situaciones en nuestra vida. Pero es importante que recordemos que Dios sabe todas las cosas, y es necesario que dejemos que Dios haga las cosas a su manera, no a la nuestra. 

Deuteronomio 25: 17-18 (RVR1960): 17 Acuérdate de lo que hizo Amalec contigo en el camino, cuando salías de Egipto; 18 de cómo te salió al encuentro en el camino, y te desbarató la retaguardia de todos los débiles que iban detrás de ti, cuando tú estabas cansado y trabajado; y no tuvo ningún temor de Dios. Me encanta esto porque es una de las maneras de Dios de decir, acuérdate de lo que te hizo “fulano”, yo quiero que te acuerdes tú porque yo sí me acuerdo, dice Dios. 

¿Te das cuenta de que cuando estamos cansados es cuando los enemigos vienen? Van a aparecer enemigos en nuestro camino, en tu casa, en el trabajo. Muchas veces tu mujer, en lugar de ser tu mujer es tu enemiga. En el trabajo aparece ese compañero que te está haciendo la vida cuadritos, ese jefe que piensa que porque es latino eres material de segunda. Y usted dice: A esta(e) ya no la(o) aguanto. Ese es Amalec que se apareció. Pero en ese momento, iglesia, aparece Dios y te dice: -Yo te ayudo. Recuerde que Dios pelea por nosotros cuando ya no podemos pelear. Dios pelea por ti cuando ya no tienes fuerzas para pelear. No es sencillo salir de la esclavitud, no es sencillo enfrentarte a un mar, no es sencillo tener hambre en el camino, no es sencillo. Y ahora te aparecen enemigos en el momento menos pensado, pero Dios te dice: Yo te ayudo. Recuerde que con la ayuda de Dios todas las cosas son posibles.

Y Dios sigue guiando al pueblo, y le dice: – ¿Sabes qué? Te voy a llevar a una tierra prometida, pero vamos a encontrar durante el camino algunos pueblos, pero los vas a conquistar porque yo voy a estar contigo. Y el pueblo de Israel sigue caminando, pero al llegar al primer lugar se dan cuenta que se han enfrentado a unas murallas que no alcanzan ni siquiera a ver hasta dónde llegan. ¿A dónde habían llegado? A Jericó. Murallas difíciles de derribar. 

Los muros altos son como Goliat. Son problemas gigantes, son esas cosas que parecen imposibles, difíciles de lograr. La misma gente te dice: Eso no se puede. Esa muralla puede ser un matrimonio que ya no da más, es un vicio en casa difícil de controlar, son deudas difíciles de pagar, es una enfermedad incurable (suya o de un ser querido) y no sabes qué hacer, pueden ser puertas que no se abren; pero en ese momento, en el instante de mayor desesperación se aparece Dios y te dice: -Yo te ayudo. No hay ningún muro que sea más alto que Dios, iglesia. La muralla parecía indestructible, pero Dios puede derribar todas las murallas.

Hay situaciones en la vida donde nosotros queremos que las cosas se resuelvan a nuestra manera. Usted quiere reestablecer una relación, usted quiere que le devuelvan su posición en el trabajo, usted quiere resolver las cosas a su manera; pero hay situaciones donde Dios lo que quiere es cerrar un círculo. Cuando estamos en medio de una situación, estamos obsesionados con cosas, obsesionados con situaciones, con circunstancias que queremos que Dios la resuelva de la manera que nosotros pensamos. Y Dios te dice: -Es que tú estás viendo el presente, pero yo estoy viendo el futuro. Cuando tú insistes en seguir llorando, en seguir soportando esa relación tóxica, yo te he querido liberar. Hermanos, si Dios se aparece a tu vida y te dice: -Yo te ayudo, déjese ayudar por amor de Dios. No le dé la espalda al Señor.

Yo me imagino que al pueblo nunca se le ocurrió la forma como Dios había preparado destruir esas murallas. Y lo hicieron en adoración. ¡Imagínate! Yo les pregunto iglesia: ¿qué estamos haciendo nosotros aquí en este día? Venir a adorar a Dios. Nos movemos en un mundo espiritual, hermano. No se trata de ir a ver quién consigue las mejores herramientas para derribar el muro, se trata de adorar a Dios, de servir, de amar y trabajar para Dios; y Él se encargará de quitar esos gigantes que nos estorban. Haga lo que Dios le manda a hacer y Dios va a poner las cosas en su lugar. Dios te dice en ese momento: Y te ayudo.

Quiero terminar diciendo dos cosas que son muy importantes. 

Testifique a la gente que Dios le ayudó. 

Éxodo 13: 14-16 (RVR1960): 14 Y cuando mañana te pregunte tu hijo, diciendo: ¿Qué es esto?, le dirás: Jehová nos sacó con mano fuerte de Egipto, de casa de servidumbre; 15 y endureciéndose Faraón para no dejarnos ir, Jehová hizo morir en la tierra de Egipto a todo primogénito, desde el primogénito humano hasta el primogénito de la bestia; y por esta causa yo sacrifico para Jehová todo primogénito macho, y redimo al primogénito de mis hijos. 16 Te será, pues, como una señal sobre tu mano, y por un memorial delante de tus ojos, por cuanto Jehová nos sacó de Egipto con mano fuerte. Dios le dice al pueblo: A partir de ahora yo quiero que ustedes ofrezcan sus hijos a Jehová. Ofrézcanlos al Señor, dedíquenlos para Dios, enséñenles a amar a Dios, a servir a Dios, a adorar a Dios. ¿Sabe por qué? Porque Jehová nos sacó con mano fuerte de Egipto, de casa de servidumbre.

Hermano, cuando Dios lo ayude, testifíquele al mundo lo que Dios ha hecho con usted. En su trabajo, cuéntele a su amigo: Mira, tú no sabes de dónde me sacó Dios, cómo Dios me ayudó en esta situación. Yo estaba viviendo lo que tú estás viviendo y el Señor con su mano poderosa, con su brazo extendido, con su brazo fuerte, con su gran poder me sacó de ahí; porque Dios es el mismo ayer, ahora y por siempre. Testifique del gran poder de Dios. 

Mis amados, cuando tu hijo te pregunte, cuando tu amigo te pregunte ¿cómo fue? Que podamos decirles como dice la palabra de Dios. Salmos 18:6 (RVR1960):  6 En mi angustia invoqué a Jehová, Y clamé a mi Dios. Él oyó mi voz desde su templo, Y mi clamor llegó delante de él, a sus oídos. El Dios de la gloria, descendió y te dijo: -Yo te ayudo. Mis queridos y amados hermanos, con la ayuda de Dios todo es posible. 

Muestre gratitud por lo que Dios ha hecho por usted. 

La mejor manera de agradecer al Señor es: adorar y servir a Dios con todo su corazón. Si Dios lo ha librado de tantas cosas, de tantas situaciones, si Dios ha estado ahí con usted en los momentos más duros de su vida, los más complicados, los más difíciles, Dios se hizo presente en ese lugar en medio de sus lágrimas, en medio de su llanto, en medio de su dolor, tenga gratitud amado mío. No se olvide de lo que Dios ha hecho.

Cuando la Biblia habla de mano poderosa y brazo extendido eso no es una metáfora, eso no es una poesía, es una realidad. Es la mano que levantó a un pueblo que estaba esclavizado, es la mano que abrió el mar, que derribó muros, que derrotó gigantes, que multiplicó la provisión, que preservó vidas, aún en los peores momentos. El Dios que ayudó a Israel también nos dice a cada uno de nosotros en esta tarde: -Yo te ayudo. Recuerde que: Con la ayuda de Dios todas las cosas son posibles.

Oremos. Padre, te damos gracias por tu palabra. Sabemos, Señor, que no importa qué tan grandes sean nuestras batallas, qué tan oscuro sea nuestro valle, qué tan imposible parezca nuestra situación; si Dios lo hizo antes, lo puede hacer ahora otra vez. Venimos a ti Señor, no porque estemos fuertes, sino porque necesitamos de tu mano poderosa. Venimos a ti Señor, no porque tenemos respuestas sino porque necesitamos tu dirección. Venimos a ti Señor, no porque seamos perfectos, sino porque tenemos el corazón quebrantado, lleno de imperfecciones. Al echar un vistazo a nuestra vida Padre, podemos ver cada instante, cada momento donde tu mano poderosa y tu brazo extendido se han manifestado. Hemos vivido en carne propia, hemos experimentado esta realidad; que con la ayuda de Dios todo es posible. Siempre a tu manera Señor, porque tus pensamientos no son nuestros pensamientos, tus caminos no son nuestros caminos. La manera como tú obraste, la manera como tú hiciste, las cosas que haces para liberar, para bendecir, para sacar, para ayudar, no es nuestra manera. Permítenos que podamos dejar que nos tomes de la mano y nos guíes en este camino. Ese camino que nosotros no podemos ver, pero que tú que eres experto en abrir y guiar Señor. 

Mientras todos oramos en esta tarde, si usted nunca ha recibido a Cristo en su corazón y quiere hacerlo hoy porque necesita a Dios en su vida, entréguele su vida a Jesucristo en este momento. Con su rostro inclinado, diga esta oración delante del Señor, de la siguiente manera: Señor Jesús, en este día te pido perdón por mis pecados, me arrepiento, reconozco que tú eres Dios, que moriste en la cruz por mis faltas. Te doy gracias, Señor, porque pusiste tu cuerpo y derramaste tu sangre para el perdón de mis pecados. En este día te recibo como el Señor y Salvador de mi alma. Si usted hizo esta oración, yo quiero animarle a crecer en el conocimiento de Dios y su bendita palabra. Señor, si hay personas que han tomado decisiones en esta tarde, te damos gracias por sus vidas y pedimos que puedan seguir creciendo en el conocimiento tuyo. 

Al volver a casa, Padre, permite que este mensaje pueda quedarse grabado en nuestro corazón, que tú desde la gloria desciendes y nos digas: -Yo te ayudo. No estás solo. Yo te acompaño en tu desierto. Te acompaño en tus lágrimas, en tu dolor. Aquí estoy al lado tuyo. Gracias, Padre. Con la ayuda de Dios, todas las cosas son posibles en el nombre de Jesús, Amén y amén. 

Iglesia, que Dios me los bendiga a todos. 

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Con la ayuda de Dios todo es posible


Diciembre 7, 2025 – 2:00PM | Deuteronomio 7:17-19 | Dr. David Rodríguez

Etiquetas: deuteronomio, diciembre 2025, pastor david rodriguez, transcripcion


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TRANSCRIPCIÓN

Quiero que repita conmigo esta frase, que es el título del mensaje de esta tarde: Con la ayuda de Dios todo es posible.

Padre, al comenzar este sermón, pedimos al Espíritu de Dios que nos hable al corazón, que nos ministre. Queremos pensar en aquella escena, Señor, cuando nos sentamos a escuchar al maestro con atención, con interés, con expectativa. Mueve nuestras voluntades, Señor, danos esperanza con aquellas situaciones que están fuera de nuestro alcance. Yo no conozco la necesidad de cada uno en particular, pero tú sí, tú conoces cada corazón, cada oración, cada ruego, cada lágrima; y te pedimos mi Señor en esta hora que nos bendigas con tu palabra, en el nombre de Jesús. Amén.

Busquemos en nuestras Biblias Deuteronomio, capítulo 7. 

Deuteronomio 7:17-19 (RVR1960): 17 Si dijeres en tu corazón: Estas naciones son mucho más numerosas que yo; ¿cómo las podré exterminar? 18 no tengas temor de ellas; acuérdate bien de lo que hizo Jehová tu Dios con Faraón y con todo Egipto; 19 de las grandes pruebas que vieron tus ojos, y de las señales y milagros, y de la mano poderosa y el brazo extendido con que Jehová tu Dios te sacó; así hará Jehová tu Dios con todos los pueblos de cuya presencia tú temieres. 

Amados míos, está claro que se presentan problemas gigantes, y no hay cosa que nos saque más de nuestra zona de confort que aquellas situaciones que están fuera de nuestro alcance para resolver. Si se trata de buscar un trabajo, pues usted se levanta temprano, va y lo busca, por lo menos intentó un día, otro día, otro día y otro día. Pero cuando usted tiene enfrente suyo algo que está fuera de su alcance, es complicado. Algunos le llaman desgracias, otros desastres, otros adversidades y algunas de ellas son monumentales de lo grande que son, o catástrofes, si usted quiere, donde nos sentimos impotentes. No hay nada que nosotros podamos hacer para cambiar las cosas. Alguno de nosotros debe estar viviendo alguna situación, alguna circunstancia de esta naturaleza, algo que está fuera de nosotros. ¿Qué podemos hacer cuando todos nos dicen que esperemos y lo menos que tenemos es paciencia? 

Este tipo de problemas en algunos genera ansiedad, afecta nuestra salud mental, nuestra salud física; pero hay situaciones extremas cuando no hay nada que podamos hacer y Dios se te aparece y te dice: Yo te ayudo. En la Biblia hay promesas maravillosas sobre esto.

Isaías 41:13 (RVR1960): 13 Porque yo Jehová soy tu Dios, quien te sostiene de tu mano derecha, y te dice: No temas, yo te ayudo.

Quiero que estudiemos algunos puntos, en esta tarde, de situaciones adversas por las que atravesó el pueblo de Israel, donde ellos pensaron que incluso perderían la vida y Dios se apareció y Dios los ayudó. Y yo quiero que entendamos que de la misma manera como Dios ayudó al pueblo de Israel, de esa misma manera, Dios promete ayudarnos también a nosotros.

La esclavitud.

Éxodo 1: 13-14 (RVR1960): 13 Y los egipcios hicieron servir a los hijos de Israel con dureza, 14 y amargaron su vida con dura servidumbre, en hacer barro y ladrillo, y en toda labor del campo y en todo su servicio, al cual los obligaban con rigor. 

A Israel los forzaban a hacer mezcla, a fabricar ladrillos, hacer todo el trabajo del campo. Los egipcios eran crueles en todas sus exigencias. Israel era esclavo, los trataban como animales de carga. Yo me imagino al pueblo de Egipto, tratando con crueldad y tratando como animales al pueblo de Israel; y los hijos de los israelitas creciendo en un ambiente de resentimiento al ver a su padre impotente, al ver a la familia impotente. ¿Te puedes imaginar esta escena en realidad? Y la pregunta para el pueblo de Israel: ¿cómo hacemos para salir de aquí? Lo único que nos puede sacar de aquí es un milagro. Y en ese momento aparece Dios y le dijo al pueblo: Yo te ayudo.

Yo no sé qué es lo que lo martiriza a usted en este día. Es probable que usted sea esclavo de un vicio, de una adicción, de una relación prohibida, se encuentra en una situación de la que no puede salir, situación de maltrato, no sé qué será: esos vicios escondidos, esas situaciones que avergüenzan. No sé, pero una cosa sí le sabré decir; así como Dios sacó a Israel de la esclavitud, Dios lo puede sacar también a usted. Porque con la ayuda de Dios todo es posible. Cualquier situación que le esté amargando la vida, cualquier situación que le esté trayendo tristeza, que lo esté agotando mentalmente, físicamente, emocionalmente, déjeme decirte que con la ayuda de Dios todo es posible.

Y muchas veces, amados míos, las salidas no van a ser como nosotros quisiéramos que sean. Pero si Dios está en control, créame que usted va a estar bien. Te parece que la tormenta te va a caer encima, que te va a caer encima la situación, pero aunque salgas golpeado, o salgas deprimido, llegarás al otro lado. A lo mejor vas a decir: Pero es que esta no era la manera como yo quería. Y Dios te dice: No te preocupes, mis planes son mejores que los tuyos, vas a estar bien. Vas a atravesar la prueba, pero no la vas a atravesar solo, yo voy a estar contigo. Habrá momentos en los que vas a sentir que estás solo, que Dios no te contesta, que Dios se ha desaparecido de tu vida; pero no es cierto. ¿Por qué? Porque lo que Dios promete lo cumple. Y Él ha dicho: Yo estoy contigo, yo te ayudo. 

Cualquiera que sea la esclavitud, cualquiera que sea lo que te mantiene atado, eso que te destroza, si Dios te dice: -Yo te ayudo, créalo. Porque así como ayudó al pueblo, que lo sacó de la esclavitud, te va a ayudar a ti. 

Pero resulta que, cuando saca a Israel de la esclavitud, comienzan a caminar hacia la tierra prometida. Y cuando pensaron ellos que ya eran libres, se encuentran frente al mar y detrás tenían a Egipto persiguiéndolos, llegó el momento donde el pueblo de Israel se encontraba entre el mar y el ejército. El primer pensamiento del pueblo seguramente fue: O nos matan los egipcios, o nos ahogamos; y fue ahí donde Dios hizo un milagro. Es posible que usted en esta tarde esté atrapado y no sabe qué hacer. Las dos opciones son fatales, una no es mejor que la otra; y es ahí donde tu esposa te vuelve a ver, tus hijos te vuelven a ver y te dicen: Papá, ¿qué vamos a hacer? Cuando usted no sabe qué hacer, cuando usted no sabe qué es mejor, cuando usted está entre la espada y la pared, en ese momento se te aparece Dios y te dice: -Yo te ayudo. Yo te ayudo con mi mano fuerte y poderosa. Ahora, aquí viene la situación. Si tiene el mar al frente y al ejército detrás, lo único que a usted se le ocurre que Dios puede hacer es destruir al ejército, ¿no es cierto? Es la lógica, pero Dios te dice: -No te preocupes, que cuando no hay caminos, yo abro caminos. Hermano, bendito sea el nombre de Dios, que en circunstancias donde no sabemos para dónde agarrar, el Señor se te aparece y te abre camino seco en medio del mar. ¿Cuántos alaban a Dios, hermano, por esto? ¡Bendito sea el Señor! Dios no necesita caminos porque Él abre caminos y dice: ¿Tú piensas que yo voy a destruir el ejército? Es cierto, lo voy a destruir, pero también te voy a abrir un camino para que pases. 

Tu mar rojo puede ser una deuda, una crisis familiar, una enfermedad, un pecado que te encadena. Mis queridos y amados hermanos, déjenme decirles que con la ayuda de Dios todas las cosas son posibles.

Veamos lo que ha sucedido con el pueblo de Israel, Dios lo saca de la esclavitud, se enfrentan al mar, atraviesan en seco el mar y entran al desierto; pero el pueblo tuvo hambre. Es decir, vendrán momentos en la vida donde te amenaza el desierto, te amenaza el hambre. En el desierto no hay comida, en el desierto no hay nada para beber, no hay protección, no hay dirección; dicen los expertos que hay momentos en el desierto en el que tú no sabes dónde estás ni qué dirección tomar. Y en ese momento, cuando no sabes cómo hacer, se te aparece Dios y te dice: Yo te ayudo. Y Dios se manifiesta, y pone personas a tu alrededor de bendición.

Una vez platicaba yo con un amigo, que su familia tiene mucho dinero, y él me dijo: Pastor, usted dijo una vez que hay una materia que todos atravesamos en la vida cristiana y es: la dependencia de Dios. Hay momentos de necesidad financiera donde no tienes ni siquiera para la renta, tus hijos piden cosas pero tú no tienes para darles. Y en ese momento se te aparece Dios y te dice: Yo te ayudo. Dios puede usar hasta gente inconversa para bendecirte, pero fue que Dios lo puso ahí. Porque con la ayuda de Dios todas las cosas son posibles.

Ya Dios había sacado al pueblo de la esclavitud, lo puso frente al mar, abrió el mar, lo llevó al desierto, y el pueblo siente hambre; ahora necesitan de provisión. Pero todas estas cosas, quiérase o no, te van desgastando en el camino. Hay momentos donde sentimos debilidad espiritual, esa impotencia nos pone en una posición vulnerable, y cuando estamos vulnerables vienen ataques de otras situaciones en nuestra vida. Pero es importante que recordemos que Dios sabe todas las cosas, y es necesario que dejemos que Dios haga las cosas a su manera, no a la nuestra. 

Deuteronomio 25: 17-18 (RVR1960): 17 Acuérdate de lo que hizo Amalec contigo en el camino, cuando salías de Egipto; 18 de cómo te salió al encuentro en el camino, y te desbarató la retaguardia de todos los débiles que iban detrás de ti, cuando tú estabas cansado y trabajado; y no tuvo ningún temor de Dios. Me encanta esto porque es una de las maneras de Dios de decir, acuérdate de lo que te hizo “fulano”, yo quiero que te acuerdes tú porque yo sí me acuerdo, dice Dios. 

¿Te das cuenta de que cuando estamos cansados es cuando los enemigos vienen? Van a aparecer enemigos en nuestro camino, en tu casa, en el trabajo. Muchas veces tu mujer, en lugar de ser tu mujer es tu enemiga. En el trabajo aparece ese compañero que te está haciendo la vida cuadritos, ese jefe que piensa que porque es latino eres material de segunda. Y usted dice: A esta(e) ya no la(o) aguanto. Ese es Amalec que se apareció. Pero en ese momento, iglesia, aparece Dios y te dice: -Yo te ayudo. Recuerde que Dios pelea por nosotros cuando ya no podemos pelear. Dios pelea por ti cuando ya no tienes fuerzas para pelear. No es sencillo salir de la esclavitud, no es sencillo enfrentarte a un mar, no es sencillo tener hambre en el camino, no es sencillo. Y ahora te aparecen enemigos en el momento menos pensado, pero Dios te dice: Yo te ayudo. Recuerde que con la ayuda de Dios todas las cosas son posibles.

Y Dios sigue guiando al pueblo, y le dice: – ¿Sabes qué? Te voy a llevar a una tierra prometida, pero vamos a encontrar durante el camino algunos pueblos, pero los vas a conquistar porque yo voy a estar contigo. Y el pueblo de Israel sigue caminando, pero al llegar al primer lugar se dan cuenta que se han enfrentado a unas murallas que no alcanzan ni siquiera a ver hasta dónde llegan. ¿A dónde habían llegado? A Jericó. Murallas difíciles de derribar. 

Los muros altos son como Goliat. Son problemas gigantes, son esas cosas que parecen imposibles, difíciles de lograr. La misma gente te dice: Eso no se puede. Esa muralla puede ser un matrimonio que ya no da más, es un vicio en casa difícil de controlar, son deudas difíciles de pagar, es una enfermedad incurable (suya o de un ser querido) y no sabes qué hacer, pueden ser puertas que no se abren; pero en ese momento, en el instante de mayor desesperación se aparece Dios y te dice: -Yo te ayudo. No hay ningún muro que sea más alto que Dios, iglesia. La muralla parecía indestructible, pero Dios puede derribar todas las murallas.

Hay situaciones en la vida donde nosotros queremos que las cosas se resuelvan a nuestra manera. Usted quiere reestablecer una relación, usted quiere que le devuelvan su posición en el trabajo, usted quiere resolver las cosas a su manera; pero hay situaciones donde Dios lo que quiere es cerrar un círculo. Cuando estamos en medio de una situación, estamos obsesionados con cosas, obsesionados con situaciones, con circunstancias que queremos que Dios la resuelva de la manera que nosotros pensamos. Y Dios te dice: -Es que tú estás viendo el presente, pero yo estoy viendo el futuro. Cuando tú insistes en seguir llorando, en seguir soportando esa relación tóxica, yo te he querido liberar. Hermanos, si Dios se aparece a tu vida y te dice: -Yo te ayudo, déjese ayudar por amor de Dios. No le dé la espalda al Señor.

Yo me imagino que al pueblo nunca se le ocurrió la forma como Dios había preparado destruir esas murallas. Y lo hicieron en adoración. ¡Imagínate! Yo les pregunto iglesia: ¿qué estamos haciendo nosotros aquí en este día? Venir a adorar a Dios. Nos movemos en un mundo espiritual, hermano. No se trata de ir a ver quién consigue las mejores herramientas para derribar el muro, se trata de adorar a Dios, de servir, de amar y trabajar para Dios; y Él se encargará de quitar esos gigantes que nos estorban. Haga lo que Dios le manda a hacer y Dios va a poner las cosas en su lugar. Dios te dice en ese momento: Y te ayudo.

Quiero terminar diciendo dos cosas que son muy importantes. 

Testifique a la gente que Dios le ayudó. 

Éxodo 13: 14-16 (RVR1960): 14 Y cuando mañana te pregunte tu hijo, diciendo: ¿Qué es esto?, le dirás: Jehová nos sacó con mano fuerte de Egipto, de casa de servidumbre; 15 y endureciéndose Faraón para no dejarnos ir, Jehová hizo morir en la tierra de Egipto a todo primogénito, desde el primogénito humano hasta el primogénito de la bestia; y por esta causa yo sacrifico para Jehová todo primogénito macho, y redimo al primogénito de mis hijos. 16 Te será, pues, como una señal sobre tu mano, y por un memorial delante de tus ojos, por cuanto Jehová nos sacó de Egipto con mano fuerte. Dios le dice al pueblo: A partir de ahora yo quiero que ustedes ofrezcan sus hijos a Jehová. Ofrézcanlos al Señor, dedíquenlos para Dios, enséñenles a amar a Dios, a servir a Dios, a adorar a Dios. ¿Sabe por qué? Porque Jehová nos sacó con mano fuerte de Egipto, de casa de servidumbre.

Hermano, cuando Dios lo ayude, testifíquele al mundo lo que Dios ha hecho con usted. En su trabajo, cuéntele a su amigo: Mira, tú no sabes de dónde me sacó Dios, cómo Dios me ayudó en esta situación. Yo estaba viviendo lo que tú estás viviendo y el Señor con su mano poderosa, con su brazo extendido, con su brazo fuerte, con su gran poder me sacó de ahí; porque Dios es el mismo ayer, ahora y por siempre. Testifique del gran poder de Dios. 

Mis amados, cuando tu hijo te pregunte, cuando tu amigo te pregunte ¿cómo fue? Que podamos decirles como dice la palabra de Dios. Salmos 18:6 (RVR1960):  6 En mi angustia invoqué a Jehová, Y clamé a mi Dios. Él oyó mi voz desde su templo, Y mi clamor llegó delante de él, a sus oídos. El Dios de la gloria, descendió y te dijo: -Yo te ayudo. Mis queridos y amados hermanos, con la ayuda de Dios todo es posible. 

Muestre gratitud por lo que Dios ha hecho por usted. 

La mejor manera de agradecer al Señor es: adorar y servir a Dios con todo su corazón. Si Dios lo ha librado de tantas cosas, de tantas situaciones, si Dios ha estado ahí con usted en los momentos más duros de su vida, los más complicados, los más difíciles, Dios se hizo presente en ese lugar en medio de sus lágrimas, en medio de su llanto, en medio de su dolor, tenga gratitud amado mío. No se olvide de lo que Dios ha hecho.

Cuando la Biblia habla de mano poderosa y brazo extendido eso no es una metáfora, eso no es una poesía, es una realidad. Es la mano que levantó a un pueblo que estaba esclavizado, es la mano que abrió el mar, que derribó muros, que derrotó gigantes, que multiplicó la provisión, que preservó vidas, aún en los peores momentos. El Dios que ayudó a Israel también nos dice a cada uno de nosotros en esta tarde: -Yo te ayudo. Recuerde que: Con la ayuda de Dios todas las cosas son posibles.

Oremos. Padre, te damos gracias por tu palabra. Sabemos, Señor, que no importa qué tan grandes sean nuestras batallas, qué tan oscuro sea nuestro valle, qué tan imposible parezca nuestra situación; si Dios lo hizo antes, lo puede hacer ahora otra vez. Venimos a ti Señor, no porque estemos fuertes, sino porque necesitamos de tu mano poderosa. Venimos a ti Señor, no porque tenemos respuestas sino porque necesitamos tu dirección. Venimos a ti Señor, no porque seamos perfectos, sino porque tenemos el corazón quebrantado, lleno de imperfecciones. Al echar un vistazo a nuestra vida Padre, podemos ver cada instante, cada momento donde tu mano poderosa y tu brazo extendido se han manifestado. Hemos vivido en carne propia, hemos experimentado esta realidad; que con la ayuda de Dios todo es posible. Siempre a tu manera Señor, porque tus pensamientos no son nuestros pensamientos, tus caminos no son nuestros caminos. La manera como tú obraste, la manera como tú hiciste, las cosas que haces para liberar, para bendecir, para sacar, para ayudar, no es nuestra manera. Permítenos que podamos dejar que nos tomes de la mano y nos guíes en este camino. Ese camino que nosotros no podemos ver, pero que tú que eres experto en abrir y guiar Señor. 

Mientras todos oramos en esta tarde, si usted nunca ha recibido a Cristo en su corazón y quiere hacerlo hoy porque necesita a Dios en su vida, entréguele su vida a Jesucristo en este momento. Con su rostro inclinado, diga esta oración delante del Señor, de la siguiente manera: Señor Jesús, en este día te pido perdón por mis pecados, me arrepiento, reconozco que tú eres Dios, que moriste en la cruz por mis faltas. Te doy gracias, Señor, porque pusiste tu cuerpo y derramaste tu sangre para el perdón de mis pecados. En este día te recibo como el Señor y Salvador de mi alma. Si usted hizo esta oración, yo quiero animarle a crecer en el conocimiento de Dios y su bendita palabra. Señor, si hay personas que han tomado decisiones en esta tarde, te damos gracias por sus vidas y pedimos que puedan seguir creciendo en el conocimiento tuyo. 

Al volver a casa, Padre, permite que este mensaje pueda quedarse grabado en nuestro corazón, que tú desde la gloria desciendes y nos digas: -Yo te ayudo. No estás solo. Yo te acompaño en tu desierto. Te acompaño en tus lágrimas, en tu dolor. Aquí estoy al lado tuyo. Gracias, Padre. Con la ayuda de Dios, todas las cosas son posibles en el nombre de Jesús, Amén y amén. 

Iglesia, que Dios me los bendiga a todos. 

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