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No daré a Dios nada que no me cueste nada

Marzo 22, 2026 – 2:00PM | Juan 12:1‑8 | Dr. David Rodríguez

Descargar Texto: Sermón en PDF

Etiquetas: juan, marzo 2026, pastor david rodriguez, transcripcion

TRANSCRIPCIÓN

Nos acercamos a un momento muy especial: la Pascua. Voy a invitarles a abrir sus Biblias en el Evangelio según San Juan, capítulo 12, por favor.

Bueno, el mensaje de esta tarde lo he titulado: No daré a Dios nada que no me cueste nada. 

Juan 12: 1-8 (RVR1960): 1 Seis días antes de la pascua, vino Jesús a Betania, donde estaba Lázaro, el que había estado muerto, y a quien había resucitado de los muertos. 2 Y le hicieron allí una cena; Marta servía, y Lázaro era uno de los que estaban sentados a la mesa con él. 3 Entonces María tomó una libra de perfume de nardo puro, de mucho precio, y ungió los pies de Jesús, y los enjugó con sus cabellos; y la casa se llenó del olor del perfume. 4 Y dijo uno de sus discípulos, Judas Iscariote hijo de Simón, el que le había de entregar: 5 ¿Por qué no fue este perfume vendido por trescientos denarios, y dado a los pobres? 6 Pero dijo esto, no porque se cuidara de los pobres, sino porque era ladrón, y teniendo la bolsa, sustraía de lo que se echaba en ella. 7 Entonces Jesús dijo: Déjala; para el día de mi sepultura ha guardado esto. 8 Porque a los pobres siempre los tendréis con vosotros, mas a mí no siempre me tendréis.

Mire usted lo que pasó: había una comidita, había una cena, el Señor asistía a éstas actividades. No es la primera vez que la Biblia nos habla de una celebración, ¿verdad? ¡Imagínate tener al Señor de invitado en una cena! También el pasaje nos aclara que Lázaro, es el mismo que había estado muerto y que Jesús había resucitado. Nos dice que María ungió los pies de Jesús, los enjugó con sus cabellos. Pero me encanta que Juan quisiera aclarar la situación del comentario que hizo Judas Iscariote, que no le importaban los pobres en verdad, sino que era ladrón. 

Yo quiero pedirles un favor, quisiera que pongan sus armas de defensa espiritual en el piso por un instante, y permitamos que Dios nos hable al corazón. ¿Me explico? Dígale a Dios: Señor, háblame al corazón. Yo quiero estar bien con Dios, para eso he venido a la iglesia. Hablar con una persona necia no trae ningún beneficio, porque hay personas que ya se encerraron en una opinión y nadie los va a sacar de ahí. Aunque venga el Espíritu Santo no los va a sacar de ahí porque ellos se han encerrado en su posición. Quiero pedirles que en esta oportunidad pidamos a Dios que nos hable a nuestra vida, que nos permita entender estas verdades que yo le voy a mostrar en los próximos minutos.

Oremos: Padre, venimos a tu presencia en esta hora suplicando al Espíritu Santo de Dios, que mora en nuestros corazones, que nos ministre. Señor, enséñanos esta palabra que vamos a escuchar, que podamos prestar atención. Bendícenos. Te lo pido en el nombre de Jesús. Amén.

Este evento se realizó en la casa de Lázaro, el que había estado muerto en Betania, muy cerca de Jerusalén.
Se estaba celebrando una cena, que sucedió seis días antes de la Pascua. Y en medio de esta cena, María, la hermana de Lázaro y de Marta, tomó una libra de perfume de nardo puro, ungió los pies de Jesús y los enjugó con sus cabellos. La Biblia se preocupa en hacernos saber que no era algo barato, que era algo de mucho precio. 

El valor de las personas y las cosas.

La gente tiene valor, hay valores distintos para diferentes personas. 

Yo era un jovencito, cuando se puso muy de moda el pantalón jeans con una jacket jeans, todo con la misma tela. Mis tíos le fueron a comprar a mis primos la jacket y el pantalón, pero para mi no había. Esto habla del valor que la gente tiene para otras personas. Entonces mi prima Elsy, que ya está con el Señor, me dijo: -¿Sabes qué, David? Yo voy a comprar la tela y te lo voy a hacer. Tan linda mi prima. Ella nunca había hecho eso, le quedó una manga más larga que la otra, el zíper no cerraba y para colmo el color no era el mismo, pero ella tenía esa buena voluntad de querer hacerlo. 

Mi abuela (me pidió disculpas) a las 4 de la tarde pasaba una señora vendiendo pan con un gran canasto y a mis primos les decía: -Escojan, y un chamaquito escoge las cosas que tienen colores. A mí nunca me dejó escoger, ella agarraba el pan y me decía: -Esto es para ti. Y entonces desde muy temprana edad, yo aprendí eso. Yo vi este tipo de situaciones, y entendí que la gente tiene valor.
Obviamente nadie trata a sus hijos de la misma manera como trata a los hijos de otra persona. Si usted le tiene que comprar unos tenis a su hijo, lo más seguro es que usted le compre los tenis que su niño le pide, sin importar cuánto cueste. Yo le aseguro que si aparece un niñito que usted conoce y le pide que le compre zapatos, no le va a comprar los que le compraría a su hijo, no va a gastar lo mismo. La vida funciona de esa manera, la vida funciona así.

¿Cuánto valor tiene Dios para usted? Para los discípulos, Jesús no tenía mucho valor. 

Mateo 26: 8 (RVR1960): Al ver esto, los discípulos se enojaron, diciendo: ¿Para qué este desperdicio? Hipócrita, porque esa no era la verdad. Él no estaba a favor de los pobres, no estaba queriendo beneficiar a las personas menos pudientes. No, él era ladrón, lo que él quería era que entrara dinero en las arcas y entonces yo poder robar.

María pensaba que a Jesús había que darle lo mejor y ofreció un regalo de mucho precio. Lo hizo en señal de adoración, es decir, lo estaba reconociendo como Dios. Porque cuando adoramos estamos reflejando lo que hay en nuestro corazón, el valor que Dios tiene para nosotros. Yo pienso que esto hace la diferencia entre la fe y una religión. 

Hay una cosa que hay que entender. ¿Usted cree que Dios necesita nuestro dinero? No, hombre; pero se complace cuando nosotros lo adoramos con esa acción, porque Dios no está viendo la cantidad de monedas que están en la mano, sino el corazón que está dando esas monedas. Nosotros como padres somos así. Nos sentimos halagados cuando nuestros hijos comparten las cosas de ellos con nosotros. 

Es como aquella ilustración tan vieja de un papá que se lleva al niño al McDonald’s, le compra papitas y le dice el papá al niño: -Regálame una papita. – No, son mías, -dice el niño-, si tú quieres papas, cómprate las tuyas. Y el papá dice: -Hijo, yo me puedo comprar 100 bolsas de papitas si quiero, pero es que ese no es el punto, el punto es que mi hijo comparta conmigo. Hay una satisfacción en medio de todo eso. ¿Por qué? Porque representa el valor que tienen las cosas. 

Ayer en la mañana yo le comento a uno de mis hijos: -Ay, cómo quisiera yo un cafecito de Tim Hortons ahorita. Y mi hijo lo fue a traer. Cuando yo bajé, él tenía la comida servida, él iba a comer, pero dejó la comida para ir a comprar el café. 

Entonces, yo quiero que entendamos este punto, yo quiero que usted conozca a Dios. No vaya a ser que se quede afuera de la fiesta creyendo que lo conoce. Esto es una actitud de adoración, ¡por amor de Dios hermanos míos!  María lo hizo en señal de adoración, lo hizo en señal de gratitud. La Biblia dice (Mateo 6: 21): Donde esté tu tesoro, ahí estará también tu corazón. María había entendido lo que días más tarde iba a pasar.

No daré a Dios nada que no me cueste nada.

En el segundo libro de Samuel, capítulo 24, David había pecado. David había hecho un censo porque quería saber con cuántos soldados contaba para ir a la guerra. Dios se molesta porque ya le había dicho a David: -Yo soy más que suficiente. No necesitas saber cuántos soldados hay, porque para eso estoy yo. Quien te defiende soy yo, no son los soldados que tú tienes. Sin embargo, David lo hizo y pecó. Vino una gran mortandad en medio del pueblo. Entonces aparece el profeta y le dice: -Mira, ¿sabes qué? Cómprame un pedazo de tierra y levanta un altar a Jehová. Y David va donde Arauna y dice: -Mira, este lugarcito me gusta. ¿Me lo puedes vender? (Y, ¿sabe qué lugarcito era? Precisamente lo que es la explanada hoy en día, donde se encuentra el templo de Jerusalén). Es que necesito hacer un sacrificio a mi Dios. Ha habido una gran mortandad y tengo que hacer un sacrificio. Tengo que ofrecer un altar, por favor. Y viene Arauna y dice: -No hay ningún problema mi rey, usted escoja el lugarcito y me dice cuántos bueyes necesita, que yo se los regalo para el sacrificio; le voy a dar todo lo que necesite.  Y David le dijo: -No, señor.
2 Samuel 24: 23-25 (RVR1960): 23 Todo esto, oh rey, Arauna lo da al rey. Luego dijo Arauna al rey: Jehová tu Dios te sea propicio. 24 Y el rey dijo a Arauna: No, sino por precio te lo compraré; porque no ofreceré a Jehová mi Dios holocaustos que no me cuesten nada. Entonces David compró la era y los bueyes por cincuenta siclos de plata. 25 Y edificó allí David un altar a Jehová, y sacrificó holocaustos y ofrendas de paz; y Jehová oyó las súplicas de la tierra, y cesó la plaga en Israel. De aquí el título del mensaje de hoy.

Todos sabemos lo que cuesta ganar el dinero. Lo sabemos. Y a la hora que tomamos nuestro sobrecito, llenamos el sobrecito y ponemos nuestra platita, sabemos que no le estamos dando a Dios lo que nos sobra, le estamos dando a Dios el fruto de nuestro trabajo. Ese es el valor que Dios tiene para mí. Ese es el valor que Dios debe tener para usted, porque a través de eso es una expresión del corazón. Si usted no tiene esa expresión de su corazón, hermano, usted lo que tiene es una religión nada más. Simple y sencillamente. Por eso digo: ¡Cuidado! Se puede quedar fuera de la fiesta, porque yo no puedo decirle a Dios: -Señor, yo te alabo. Señor, yo te honro. Si usted no lo demuestra de otra manera.

La adoración que cuesta revela qué valor tiene Dios para nosotros. David entendía que el sacrificio a Dios debe expresar un valor real. Y como dije hace un instante, Dios no necesita el sacrificio, pero sí el corazón que se encuentra detrás de ese sacrificio. Dios no depende de lo que nosotros le demos, pero el acto de que me cueste expone algo interno. En la vida está lo barato (lo que no nos cuesta) y lo que cuesta. ¿Qué le estamos ofreciendo a Dios?
David dijo: -Yo no le voy a ofrecer a Dios un sacrificio que a mí no me cueste nada. Es por eso que cuando usted dice: -Ay, pastor, si yo me saco la lotería, yo le voy a dar. ¿Sabe qué le dice Dios? -Y ¿por qué no me das lo que tenés en la bolsa ahorita mejor? ¿Me explico? Ahí está Dios detrás, vamos a ver si es cierto que me amas. Vamos a ver si es cierto que crees que existo. Porque esto es honra, amados míos; esto es cuestión de honra. Cuando hablo del valor es cuestión de honra.
Hace unos años estábamos recogiendo cosas para el Yard Sale y llegamos a un punto nosotros (la iglesia) tuvimos que decir: -Por favor, hermano, no regale cosas que no sirven. Es vergonzoso tener que decirle al pueblo eso. No le traigas eso al Señor, no seas farsante por amor de Dios. No ofenda a Dios dándole a Dios algo que no le cuesta nada a usted, por amor de Dios. Lo que usted le ofrece a Dios es una manifestación de su entrega.

Quiero que veamos las matemáticas de Dios. 

Lucas 21: 1 (RVR1960): Levantando los ojos, vio a los ricos que echaban sus ofrendas en el arca de las ofrendas. 2 Vio también a una viuda muy pobre, que echaba allí dos blancas. 3 Y dijo: En verdad os digo, que esta viuda pobre echó más que todos. 4 Porque todos aquellos echaron para las ofrendas de Dios de lo que les sobra; mas esta, de su pobreza echó todo el sustento que tenía. 

Es decir, sacar un billete de 100 o sacar uno de 200 y ponerlo en la ofrenda un rico, no está haciendo nada, si eso no lo va a necesitar. Lo que tiene en el banco le produce 500 veces más, 1000 veces más, 10,000 veces más lo que está entregando. Y ¿qué fue lo que vio Dios? ¿Vio los billetes? No hermano, ¿sabe qué vio Dios? El corazón, Dios vio el corazón. Por eso David dijo: –No, yo no le voy a ofrecer a Dios holocaustos que no me cuesten nada. Si yo le ofrezco a Dios los bueyes que tú me estás regalando, ¿de qué sirve? Eso no es mío, no es mi sacrificio. ¿Y sabe qué perdemos nosotros, hermano? Perdemos la oportunidad inmensa, la oportunidad maravillosa de saber que si estamos haciendo las cosas correctas delante de Dios, Dios honra a los que le honran. Que no te quepa la menor duda. Mire, ahí se construyó el templo en Jerusalén. Eso que David dijo: -No, Señor, yo le voy a dar a Dios algo que me cueste, algo que cuando yo me meto la mano a la bolsa me duele, pero es de mi Señor, pero es de mi Dios, es de Él. Y lo que es de Dios no se toca.

Jesús dijo que los ricos dieron lo que le sobraba, la viuda dio lo que la sostenía.
La pregunta es, si la viuda dio todo lo que tenía,  ¿qué va a comer esta mujer? ¿Usted sabe qué es lo único que le queda a una persona como ella? Decir: -El Señor me sostiene.

El viernes pasado estuvo una hermana acá en Vancouver con su esposo, y en la casa de oración ellos mencionaron algunas cosas bien interesantes, una de ellas fue: Miren, yo solo les puedo recomendar que aunque no tengan que comer, honren a Dios. Hermanos, eso es fe. ¿Hay que hacer eso? Si, hay que hacerlo, simple y sencillamente y esperar confiadamente por el Señor.

No todos los tiempos son buenos porque Dios trabaja por etapas. Pero yo le puedo garantizar varias cosas. Hay personas que jamás pasan de la primera etapa porque no toman en cuenta a Dios. no significa que Dios no tiene ningún valor para usted, sino que no es prioridad. 

En las matemáticas de Dios, dos monedas pesan más que las bolsas llenas mis queridos y amados hermanos, porque Dios ve el corazón. 

Ofreciéndole a Dios lo que no sirve.

Malaquías 1: 6-9 (RVR1960): 6 El hijo honra al padre, y el siervo a su señor. Si, pues, soy yo padre, ¿dónde está mi honra? Y si soy señor, ¿dónde está mi temor? dice Jehová de los ejércitos a vosotros, oh sacerdotes, que menospreciáis mi nombre. Y decís: ¿En qué hemos menospreciado tu nombre? 7 En que ofrecéis sobre mi altar pan inmundo. Y dijisteis: ¿En qué te hemos deshonrado? En que pensáis que la mesa de Jehová es despreciable. 8 Y cuando ofrecéis el animal ciego para el sacrificio, ¿no es malo? Asimismo cuando ofrecéis el cojo o el enfermo, ¿no es malo? Preséntalo, pues, a tu príncipe; ¿acaso se agradará de ti, o le serás acepto? dice Jehová de los ejércitos. 9 Ahora, pues, orad por el favor de Dios, para que tenga piedad de nosotros. Pero ¿cómo podéis agradarle, si hacéis estas cosas? dice Jehová de los ejércitos. 

Hermano, si le vas a ofrecer a Jehová el pan, es el mejor pan; usted piensa que Dios es ciego. Si Dios lo puso en su palabra, quiere decir que Él vio aquel que no le trajo lo mejor. Te estoy hablando de ofrecer lo que no sirve, ofrecer lo que te sobra. Entonces, ¿dónde está Dios? Si verdaderamente creemos en Él, ¿dónde está Dios si lo amamos? ¿Cuál es el valor que tiene él para mi vida?

Yo no estoy en contra de que amemos a los hijos y que le demos a los hijos lo que ellos quieren. Pero mi pregunta es: ¿quién tiene más valor para usted, Dios o sus hijos? A ver, piense en eso.

Mis hijos pueden comprar lo que ellos quieran, porque es cuestión de ellos; pero cuando ellos estaban creciendo. ¿Usted piensa que yo iba a gastar en mis hijos más de lo que puedo bendecir el reino del Señor? No señor, de ninguna manera.

Dice Dios en Malaquías 1: 8(RVR1960): 8 Y cuando ofrecéis el animal ciego para el sacrificio, ¿no es malo? Asimismo cuando ofrecéis el cojo o el enfermo, ¿no es malo? Preséntalo, pues, a tu príncipe; ¿acaso se agradará de ti, o le serás acepto? ¿Sabe qué está diciendo eso? Vaya usted a visitar al primer ministro de Canadá, llévele algo que no sirve a ver qué dice. Vamos a ver qué opinión tiene este señor cuando usted vea eso, ¿acaso se agradará de ti o le serás acepto? 

Malaquías 1: 13-14 (RVR1960): 13 Habéis además dicho: ¡Oh, qué fastidio es esto! y me despreciáis, dice Jehová de los ejércitos; y trajisteis lo hurtado, o cojo, o enfermo, y presentasteis ofrenda. ¿Aceptaré yo eso de vuestra mano? dice Jehová. 14 Maldito el que engaña, el que teniendo machos en su rebaño, promete, y sacrifica a Jehová lo dañado. Porque yo soy Gran Rey, dice Jehová de los ejércitos, y mi nombre es temible entre las naciones. 

O sea, usted tiene cómo bendecir, pero Dios no es prioridad ni tiene el valor que debería tener en su vida. Jehová es nuestro Dios. Él es digno. Todo lo que yo tengo y lo que soy, se lo debo a Él. Una cosa más, si esta noche a usted le toca partir, todo lo que tiene, ¿a quién le va a quedar? Aquí se queda. ¿Ya sabe usted para quién está guardando? Hay personas que usted les puede poner todo el dinero del mundo en las manos, y se les va a ir super fácil. Asegúrese de poder levantar los ojos al cielo y decir: -Señor, tú sabes que yo te he honrado y lo he hecho de la mejor manera. Y que Dios no le diga: -Mentiras, me trajiste los animales enfermos, lo que no te costó nada. Eso fue lo que me sacrificaste.

Alguien dijo: Si lo que vas a dar no te cuesta nada, probablemente tampoco vale nada. Y es una de las maneras, hermanos, es una de las maneras como nosotros podemos verdaderamente honrar a nuestro Dios. Muchos desean las bendiciones de Dios y todos sus beneficios, pero pocos son los que están dispuestos a pagar el precio. Lo que tengo es de Él, Él me lo dio, mis hijos no tienen derecho sobre lo que Dios me ha dado. Yo les voy a dejar, el día que Dios me llame, lo que les corresponda. 

¿Y cómo se ganó Dios ese derecho? Simple y sencillamente.

Romanos 8: 32(RVR1960): 32 El que no escatimó ni a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros, ¿cómo no nos dará también con él todas las cosas?  

¡Dios mío bendito! Iglesia, ¿cómo le voy a dar a Dios, cómo voy a ofrendar lo que no sirve, lo que no me cuesta nada? Hay familiares que le dicen a uno: No seas tonto, no des tanto si tu no sabes que hacen con eso, queno se que, que no se cuanto. Usted se lo entrega a Dios hermanos. Mis familiares no tienen ni nada que ver en mi negocio con mi Señor, ahí no se meta.

Gracias a Dios en mi casa mi esposa siempre ha sido a beneficio del reino, a favor del reino. Jamás ella me ha dicho: -No, no demos esto, no hagamos aquí.

Y el trabajo que yo tengo, es de pedir y pedir y pedir. Y ustedes saben que para la iglesia yo no tengo pena, para la iglesia yo no tengo vergüenza.

Por la gracia de Dios tenemos personas en esta iglesia bien generosas, hermanos, bien generosas. Cuando se trata de darle a Dios, mis queridos y amados hermanos, para Dios debe ser lo mejor. Amén.

Oremos: Padre, te damos gracias en esta hora por tu palabra. Señor, yo te pido que tu Espíritu Santo nos hable al corazón. Yo sé Señor, que cuando se tocan temas como estos, hay cantidad de opiniones al respecto. Hay personas que se incomodan porque hay gente que no le gusta que se toque el tema precisamente porque les cuesta mucho, les cuesta mucho honrarte en esta área de sus vidas. Yo entiendo que hay personas también que creen que su tiempo en la iglesia es su ofrenda, tú palabra dice otra cosa. Señor por favor, haznos entender, para gloria de tu nombre, porque de algo estamos seguros y es que esta iglesia tú la sostienes, Padre Santo. Tú utilizas la generosidad de tantas y tantas personas para gloria de tu nombre. Señor, al examinar los pasajes que hemos estudiado en esta tarde, ayúdanos a entender, a reconocer que para Dios debe ser siempre lo mejor, porque tú nos diste lo mejor, nos diste a tu Hijo, nuestro bendito Señor, nuestro Redentor, nuestro Rey de reyes y Señor de señores, Jesucristo.

Mientras todos oramos, si usted nunca ha recibido a Cristo en el corazón y usted me dice: -Pastor, yo necesito a Dios en mi vida. ¿Cómo puedo hacer para entregarle mi corazón a Dios? Yo le invito a que haga conmigo esta oración: Señor Jesús, en este día me arrepiento de mis pecados. Te pido perdón. Señor abro mi corazón. Te recibo como el Señor, como el Salvador de mi alma y te doy gracias porque como dice tu palabra, no escatimaste a tu Hijo, nos entregaste a Jesús para que nos salvara. En este día te recibo como el Señor y Salvador de mi alma. Si usted hizo esta oración yo quiero animarle a crecer en el conocimiento de Dios y su palabra.

Señor, gracias por la bendición de tu presencia con nosotros. Despídenos con tu paz en el nombre de Jesús. Amén y amén.

¡Que la paz de Cristo les acompañe, mis amados hermanos! 

Bendiciones.

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No daré a Dios nada que no me cueste nada


Marzo 22, 2026 – 2:00PM | Juan 12:1‑8 | Dr. David Rodríguez

Etiquetas: juan, marzo 2026, pastor david rodriguez, transcripcion


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TRANSCRIPCIÓN

Nos acercamos a un momento muy especial: la Pascua. Voy a invitarles a abrir sus Biblias en el Evangelio según San Juan, capítulo 12, por favor.

Bueno, el mensaje de esta tarde lo he titulado: No daré a Dios nada que no me cueste nada. 

Juan 12: 1-8 (RVR1960): 1 Seis días antes de la pascua, vino Jesús a Betania, donde estaba Lázaro, el que había estado muerto, y a quien había resucitado de los muertos. 2 Y le hicieron allí una cena; Marta servía, y Lázaro era uno de los que estaban sentados a la mesa con él. 3 Entonces María tomó una libra de perfume de nardo puro, de mucho precio, y ungió los pies de Jesús, y los enjugó con sus cabellos; y la casa se llenó del olor del perfume. 4 Y dijo uno de sus discípulos, Judas Iscariote hijo de Simón, el que le había de entregar: 5 ¿Por qué no fue este perfume vendido por trescientos denarios, y dado a los pobres? 6 Pero dijo esto, no porque se cuidara de los pobres, sino porque era ladrón, y teniendo la bolsa, sustraía de lo que se echaba en ella. 7 Entonces Jesús dijo: Déjala; para el día de mi sepultura ha guardado esto. 8 Porque a los pobres siempre los tendréis con vosotros, mas a mí no siempre me tendréis.

Mire usted lo que pasó: había una comidita, había una cena, el Señor asistía a éstas actividades. No es la primera vez que la Biblia nos habla de una celebración, ¿verdad? ¡Imagínate tener al Señor de invitado en una cena! También el pasaje nos aclara que Lázaro, es el mismo que había estado muerto y que Jesús había resucitado. Nos dice que María ungió los pies de Jesús, los enjugó con sus cabellos. Pero me encanta que Juan quisiera aclarar la situación del comentario que hizo Judas Iscariote, que no le importaban los pobres en verdad, sino que era ladrón. 

Yo quiero pedirles un favor, quisiera que pongan sus armas de defensa espiritual en el piso por un instante, y permitamos que Dios nos hable al corazón. ¿Me explico? Dígale a Dios: Señor, háblame al corazón. Yo quiero estar bien con Dios, para eso he venido a la iglesia. Hablar con una persona necia no trae ningún beneficio, porque hay personas que ya se encerraron en una opinión y nadie los va a sacar de ahí. Aunque venga el Espíritu Santo no los va a sacar de ahí porque ellos se han encerrado en su posición. Quiero pedirles que en esta oportunidad pidamos a Dios que nos hable a nuestra vida, que nos permita entender estas verdades que yo le voy a mostrar en los próximos minutos.

Oremos: Padre, venimos a tu presencia en esta hora suplicando al Espíritu Santo de Dios, que mora en nuestros corazones, que nos ministre. Señor, enséñanos esta palabra que vamos a escuchar, que podamos prestar atención. Bendícenos. Te lo pido en el nombre de Jesús. Amén.

Este evento se realizó en la casa de Lázaro, el que había estado muerto en Betania, muy cerca de Jerusalén.
Se estaba celebrando una cena, que sucedió seis días antes de la Pascua. Y en medio de esta cena, María, la hermana de Lázaro y de Marta, tomó una libra de perfume de nardo puro, ungió los pies de Jesús y los enjugó con sus cabellos. La Biblia se preocupa en hacernos saber que no era algo barato, que era algo de mucho precio. 

El valor de las personas y las cosas.

La gente tiene valor, hay valores distintos para diferentes personas. 

Yo era un jovencito, cuando se puso muy de moda el pantalón jeans con una jacket jeans, todo con la misma tela. Mis tíos le fueron a comprar a mis primos la jacket y el pantalón, pero para mi no había. Esto habla del valor que la gente tiene para otras personas. Entonces mi prima Elsy, que ya está con el Señor, me dijo: -¿Sabes qué, David? Yo voy a comprar la tela y te lo voy a hacer. Tan linda mi prima. Ella nunca había hecho eso, le quedó una manga más larga que la otra, el zíper no cerraba y para colmo el color no era el mismo, pero ella tenía esa buena voluntad de querer hacerlo. 

Mi abuela (me pidió disculpas) a las 4 de la tarde pasaba una señora vendiendo pan con un gran canasto y a mis primos les decía: -Escojan, y un chamaquito escoge las cosas que tienen colores. A mí nunca me dejó escoger, ella agarraba el pan y me decía: -Esto es para ti. Y entonces desde muy temprana edad, yo aprendí eso. Yo vi este tipo de situaciones, y entendí que la gente tiene valor.
Obviamente nadie trata a sus hijos de la misma manera como trata a los hijos de otra persona. Si usted le tiene que comprar unos tenis a su hijo, lo más seguro es que usted le compre los tenis que su niño le pide, sin importar cuánto cueste. Yo le aseguro que si aparece un niñito que usted conoce y le pide que le compre zapatos, no le va a comprar los que le compraría a su hijo, no va a gastar lo mismo. La vida funciona de esa manera, la vida funciona así.

¿Cuánto valor tiene Dios para usted? Para los discípulos, Jesús no tenía mucho valor. 

Mateo 26: 8 (RVR1960): Al ver esto, los discípulos se enojaron, diciendo: ¿Para qué este desperdicio? Hipócrita, porque esa no era la verdad. Él no estaba a favor de los pobres, no estaba queriendo beneficiar a las personas menos pudientes. No, él era ladrón, lo que él quería era que entrara dinero en las arcas y entonces yo poder robar.

María pensaba que a Jesús había que darle lo mejor y ofreció un regalo de mucho precio. Lo hizo en señal de adoración, es decir, lo estaba reconociendo como Dios. Porque cuando adoramos estamos reflejando lo que hay en nuestro corazón, el valor que Dios tiene para nosotros. Yo pienso que esto hace la diferencia entre la fe y una religión. 

Hay una cosa que hay que entender. ¿Usted cree que Dios necesita nuestro dinero? No, hombre; pero se complace cuando nosotros lo adoramos con esa acción, porque Dios no está viendo la cantidad de monedas que están en la mano, sino el corazón que está dando esas monedas. Nosotros como padres somos así. Nos sentimos halagados cuando nuestros hijos comparten las cosas de ellos con nosotros. 

Es como aquella ilustración tan vieja de un papá que se lleva al niño al McDonald’s, le compra papitas y le dice el papá al niño: -Regálame una papita. – No, son mías, -dice el niño-, si tú quieres papas, cómprate las tuyas. Y el papá dice: -Hijo, yo me puedo comprar 100 bolsas de papitas si quiero, pero es que ese no es el punto, el punto es que mi hijo comparta conmigo. Hay una satisfacción en medio de todo eso. ¿Por qué? Porque representa el valor que tienen las cosas. 

Ayer en la mañana yo le comento a uno de mis hijos: -Ay, cómo quisiera yo un cafecito de Tim Hortons ahorita. Y mi hijo lo fue a traer. Cuando yo bajé, él tenía la comida servida, él iba a comer, pero dejó la comida para ir a comprar el café. 

Entonces, yo quiero que entendamos este punto, yo quiero que usted conozca a Dios. No vaya a ser que se quede afuera de la fiesta creyendo que lo conoce. Esto es una actitud de adoración, ¡por amor de Dios hermanos míos!  María lo hizo en señal de adoración, lo hizo en señal de gratitud. La Biblia dice (Mateo 6: 21): Donde esté tu tesoro, ahí estará también tu corazón. María había entendido lo que días más tarde iba a pasar.

No daré a Dios nada que no me cueste nada.

En el segundo libro de Samuel, capítulo 24, David había pecado. David había hecho un censo porque quería saber con cuántos soldados contaba para ir a la guerra. Dios se molesta porque ya le había dicho a David: -Yo soy más que suficiente. No necesitas saber cuántos soldados hay, porque para eso estoy yo. Quien te defiende soy yo, no son los soldados que tú tienes. Sin embargo, David lo hizo y pecó. Vino una gran mortandad en medio del pueblo. Entonces aparece el profeta y le dice: -Mira, ¿sabes qué? Cómprame un pedazo de tierra y levanta un altar a Jehová. Y David va donde Arauna y dice: -Mira, este lugarcito me gusta. ¿Me lo puedes vender? (Y, ¿sabe qué lugarcito era? Precisamente lo que es la explanada hoy en día, donde se encuentra el templo de Jerusalén). Es que necesito hacer un sacrificio a mi Dios. Ha habido una gran mortandad y tengo que hacer un sacrificio. Tengo que ofrecer un altar, por favor. Y viene Arauna y dice: -No hay ningún problema mi rey, usted escoja el lugarcito y me dice cuántos bueyes necesita, que yo se los regalo para el sacrificio; le voy a dar todo lo que necesite.  Y David le dijo: -No, señor.
2 Samuel 24: 23-25 (RVR1960): 23 Todo esto, oh rey, Arauna lo da al rey. Luego dijo Arauna al rey: Jehová tu Dios te sea propicio. 24 Y el rey dijo a Arauna: No, sino por precio te lo compraré; porque no ofreceré a Jehová mi Dios holocaustos que no me cuesten nada. Entonces David compró la era y los bueyes por cincuenta siclos de plata. 25 Y edificó allí David un altar a Jehová, y sacrificó holocaustos y ofrendas de paz; y Jehová oyó las súplicas de la tierra, y cesó la plaga en Israel. De aquí el título del mensaje de hoy.

Todos sabemos lo que cuesta ganar el dinero. Lo sabemos. Y a la hora que tomamos nuestro sobrecito, llenamos el sobrecito y ponemos nuestra platita, sabemos que no le estamos dando a Dios lo que nos sobra, le estamos dando a Dios el fruto de nuestro trabajo. Ese es el valor que Dios tiene para mí. Ese es el valor que Dios debe tener para usted, porque a través de eso es una expresión del corazón. Si usted no tiene esa expresión de su corazón, hermano, usted lo que tiene es una religión nada más. Simple y sencillamente. Por eso digo: ¡Cuidado! Se puede quedar fuera de la fiesta, porque yo no puedo decirle a Dios: -Señor, yo te alabo. Señor, yo te honro. Si usted no lo demuestra de otra manera.

La adoración que cuesta revela qué valor tiene Dios para nosotros. David entendía que el sacrificio a Dios debe expresar un valor real. Y como dije hace un instante, Dios no necesita el sacrificio, pero sí el corazón que se encuentra detrás de ese sacrificio. Dios no depende de lo que nosotros le demos, pero el acto de que me cueste expone algo interno. En la vida está lo barato (lo que no nos cuesta) y lo que cuesta. ¿Qué le estamos ofreciendo a Dios?
David dijo: -Yo no le voy a ofrecer a Dios un sacrificio que a mí no me cueste nada. Es por eso que cuando usted dice: -Ay, pastor, si yo me saco la lotería, yo le voy a dar. ¿Sabe qué le dice Dios? -Y ¿por qué no me das lo que tenés en la bolsa ahorita mejor? ¿Me explico? Ahí está Dios detrás, vamos a ver si es cierto que me amas. Vamos a ver si es cierto que crees que existo. Porque esto es honra, amados míos; esto es cuestión de honra. Cuando hablo del valor es cuestión de honra.
Hace unos años estábamos recogiendo cosas para el Yard Sale y llegamos a un punto nosotros (la iglesia) tuvimos que decir: -Por favor, hermano, no regale cosas que no sirven. Es vergonzoso tener que decirle al pueblo eso. No le traigas eso al Señor, no seas farsante por amor de Dios. No ofenda a Dios dándole a Dios algo que no le cuesta nada a usted, por amor de Dios. Lo que usted le ofrece a Dios es una manifestación de su entrega.

Quiero que veamos las matemáticas de Dios. 

Lucas 21: 1 (RVR1960): Levantando los ojos, vio a los ricos que echaban sus ofrendas en el arca de las ofrendas. 2 Vio también a una viuda muy pobre, que echaba allí dos blancas. 3 Y dijo: En verdad os digo, que esta viuda pobre echó más que todos. 4 Porque todos aquellos echaron para las ofrendas de Dios de lo que les sobra; mas esta, de su pobreza echó todo el sustento que tenía. 

Es decir, sacar un billete de 100 o sacar uno de 200 y ponerlo en la ofrenda un rico, no está haciendo nada, si eso no lo va a necesitar. Lo que tiene en el banco le produce 500 veces más, 1000 veces más, 10,000 veces más lo que está entregando. Y ¿qué fue lo que vio Dios? ¿Vio los billetes? No hermano, ¿sabe qué vio Dios? El corazón, Dios vio el corazón. Por eso David dijo: –No, yo no le voy a ofrecer a Dios holocaustos que no me cuesten nada. Si yo le ofrezco a Dios los bueyes que tú me estás regalando, ¿de qué sirve? Eso no es mío, no es mi sacrificio. ¿Y sabe qué perdemos nosotros, hermano? Perdemos la oportunidad inmensa, la oportunidad maravillosa de saber que si estamos haciendo las cosas correctas delante de Dios, Dios honra a los que le honran. Que no te quepa la menor duda. Mire, ahí se construyó el templo en Jerusalén. Eso que David dijo: -No, Señor, yo le voy a dar a Dios algo que me cueste, algo que cuando yo me meto la mano a la bolsa me duele, pero es de mi Señor, pero es de mi Dios, es de Él. Y lo que es de Dios no se toca.

Jesús dijo que los ricos dieron lo que le sobraba, la viuda dio lo que la sostenía.
La pregunta es, si la viuda dio todo lo que tenía,  ¿qué va a comer esta mujer? ¿Usted sabe qué es lo único que le queda a una persona como ella? Decir: -El Señor me sostiene.

El viernes pasado estuvo una hermana acá en Vancouver con su esposo, y en la casa de oración ellos mencionaron algunas cosas bien interesantes, una de ellas fue: Miren, yo solo les puedo recomendar que aunque no tengan que comer, honren a Dios. Hermanos, eso es fe. ¿Hay que hacer eso? Si, hay que hacerlo, simple y sencillamente y esperar confiadamente por el Señor.

No todos los tiempos son buenos porque Dios trabaja por etapas. Pero yo le puedo garantizar varias cosas. Hay personas que jamás pasan de la primera etapa porque no toman en cuenta a Dios. no significa que Dios no tiene ningún valor para usted, sino que no es prioridad. 

En las matemáticas de Dios, dos monedas pesan más que las bolsas llenas mis queridos y amados hermanos, porque Dios ve el corazón. 

Ofreciéndole a Dios lo que no sirve.

Malaquías 1: 6-9 (RVR1960): 6 El hijo honra al padre, y el siervo a su señor. Si, pues, soy yo padre, ¿dónde está mi honra? Y si soy señor, ¿dónde está mi temor? dice Jehová de los ejércitos a vosotros, oh sacerdotes, que menospreciáis mi nombre. Y decís: ¿En qué hemos menospreciado tu nombre? 7 En que ofrecéis sobre mi altar pan inmundo. Y dijisteis: ¿En qué te hemos deshonrado? En que pensáis que la mesa de Jehová es despreciable. 8 Y cuando ofrecéis el animal ciego para el sacrificio, ¿no es malo? Asimismo cuando ofrecéis el cojo o el enfermo, ¿no es malo? Preséntalo, pues, a tu príncipe; ¿acaso se agradará de ti, o le serás acepto? dice Jehová de los ejércitos. 9 Ahora, pues, orad por el favor de Dios, para que tenga piedad de nosotros. Pero ¿cómo podéis agradarle, si hacéis estas cosas? dice Jehová de los ejércitos. 

Hermano, si le vas a ofrecer a Jehová el pan, es el mejor pan; usted piensa que Dios es ciego. Si Dios lo puso en su palabra, quiere decir que Él vio aquel que no le trajo lo mejor. Te estoy hablando de ofrecer lo que no sirve, ofrecer lo que te sobra. Entonces, ¿dónde está Dios? Si verdaderamente creemos en Él, ¿dónde está Dios si lo amamos? ¿Cuál es el valor que tiene él para mi vida?

Yo no estoy en contra de que amemos a los hijos y que le demos a los hijos lo que ellos quieren. Pero mi pregunta es: ¿quién tiene más valor para usted, Dios o sus hijos? A ver, piense en eso.

Mis hijos pueden comprar lo que ellos quieran, porque es cuestión de ellos; pero cuando ellos estaban creciendo. ¿Usted piensa que yo iba a gastar en mis hijos más de lo que puedo bendecir el reino del Señor? No señor, de ninguna manera.

Dice Dios en Malaquías 1: 8(RVR1960): 8 Y cuando ofrecéis el animal ciego para el sacrificio, ¿no es malo? Asimismo cuando ofrecéis el cojo o el enfermo, ¿no es malo? Preséntalo, pues, a tu príncipe; ¿acaso se agradará de ti, o le serás acepto? ¿Sabe qué está diciendo eso? Vaya usted a visitar al primer ministro de Canadá, llévele algo que no sirve a ver qué dice. Vamos a ver qué opinión tiene este señor cuando usted vea eso, ¿acaso se agradará de ti o le serás acepto? 

Malaquías 1: 13-14 (RVR1960): 13 Habéis además dicho: ¡Oh, qué fastidio es esto! y me despreciáis, dice Jehová de los ejércitos; y trajisteis lo hurtado, o cojo, o enfermo, y presentasteis ofrenda. ¿Aceptaré yo eso de vuestra mano? dice Jehová. 14 Maldito el que engaña, el que teniendo machos en su rebaño, promete, y sacrifica a Jehová lo dañado. Porque yo soy Gran Rey, dice Jehová de los ejércitos, y mi nombre es temible entre las naciones. 

O sea, usted tiene cómo bendecir, pero Dios no es prioridad ni tiene el valor que debería tener en su vida. Jehová es nuestro Dios. Él es digno. Todo lo que yo tengo y lo que soy, se lo debo a Él. Una cosa más, si esta noche a usted le toca partir, todo lo que tiene, ¿a quién le va a quedar? Aquí se queda. ¿Ya sabe usted para quién está guardando? Hay personas que usted les puede poner todo el dinero del mundo en las manos, y se les va a ir super fácil. Asegúrese de poder levantar los ojos al cielo y decir: -Señor, tú sabes que yo te he honrado y lo he hecho de la mejor manera. Y que Dios no le diga: -Mentiras, me trajiste los animales enfermos, lo que no te costó nada. Eso fue lo que me sacrificaste.

Alguien dijo: Si lo que vas a dar no te cuesta nada, probablemente tampoco vale nada. Y es una de las maneras, hermanos, es una de las maneras como nosotros podemos verdaderamente honrar a nuestro Dios. Muchos desean las bendiciones de Dios y todos sus beneficios, pero pocos son los que están dispuestos a pagar el precio. Lo que tengo es de Él, Él me lo dio, mis hijos no tienen derecho sobre lo que Dios me ha dado. Yo les voy a dejar, el día que Dios me llame, lo que les corresponda. 

¿Y cómo se ganó Dios ese derecho? Simple y sencillamente.

Romanos 8: 32(RVR1960): 32 El que no escatimó ni a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros, ¿cómo no nos dará también con él todas las cosas?  

¡Dios mío bendito! Iglesia, ¿cómo le voy a dar a Dios, cómo voy a ofrendar lo que no sirve, lo que no me cuesta nada? Hay familiares que le dicen a uno: No seas tonto, no des tanto si tu no sabes que hacen con eso, queno se que, que no se cuanto. Usted se lo entrega a Dios hermanos. Mis familiares no tienen ni nada que ver en mi negocio con mi Señor, ahí no se meta.

Gracias a Dios en mi casa mi esposa siempre ha sido a beneficio del reino, a favor del reino. Jamás ella me ha dicho: -No, no demos esto, no hagamos aquí.

Y el trabajo que yo tengo, es de pedir y pedir y pedir. Y ustedes saben que para la iglesia yo no tengo pena, para la iglesia yo no tengo vergüenza.

Por la gracia de Dios tenemos personas en esta iglesia bien generosas, hermanos, bien generosas. Cuando se trata de darle a Dios, mis queridos y amados hermanos, para Dios debe ser lo mejor. Amén.

Oremos: Padre, te damos gracias en esta hora por tu palabra. Señor, yo te pido que tu Espíritu Santo nos hable al corazón. Yo sé Señor, que cuando se tocan temas como estos, hay cantidad de opiniones al respecto. Hay personas que se incomodan porque hay gente que no le gusta que se toque el tema precisamente porque les cuesta mucho, les cuesta mucho honrarte en esta área de sus vidas. Yo entiendo que hay personas también que creen que su tiempo en la iglesia es su ofrenda, tú palabra dice otra cosa. Señor por favor, haznos entender, para gloria de tu nombre, porque de algo estamos seguros y es que esta iglesia tú la sostienes, Padre Santo. Tú utilizas la generosidad de tantas y tantas personas para gloria de tu nombre. Señor, al examinar los pasajes que hemos estudiado en esta tarde, ayúdanos a entender, a reconocer que para Dios debe ser siempre lo mejor, porque tú nos diste lo mejor, nos diste a tu Hijo, nuestro bendito Señor, nuestro Redentor, nuestro Rey de reyes y Señor de señores, Jesucristo.

Mientras todos oramos, si usted nunca ha recibido a Cristo en el corazón y usted me dice: -Pastor, yo necesito a Dios en mi vida. ¿Cómo puedo hacer para entregarle mi corazón a Dios? Yo le invito a que haga conmigo esta oración: Señor Jesús, en este día me arrepiento de mis pecados. Te pido perdón. Señor abro mi corazón. Te recibo como el Señor, como el Salvador de mi alma y te doy gracias porque como dice tu palabra, no escatimaste a tu Hijo, nos entregaste a Jesús para que nos salvara. En este día te recibo como el Señor y Salvador de mi alma. Si usted hizo esta oración yo quiero animarle a crecer en el conocimiento de Dios y su palabra.

Señor, gracias por la bendición de tu presencia con nosotros. Despídenos con tu paz en el nombre de Jesús. Amén y amén.

¡Que la paz de Cristo les acompañe, mis amados hermanos! 

Bendiciones.

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