Entendiendo el sufrimiento
Junio 14, 2026 – 2:00PM | Génesis 37:29-35 | Dr. David Rodriguez
Descargar Texto: Sermón en PDF
TRANSCRIPCIÓN
La mayoría de nosotros estamos familiarizados con la historia de José, el hijo de Jacob, que fue vendido (por sus hermanos) como un esclavo a unos mercaderes, a unos ismaelitas. Luego regresaron los hermanos con su padre, y lo engañaron, le mintieron. El padre había hecho una túnica de colores para José, y los hermanos llenaron de sangre esta ropa, se la trajeron a Jacob y le dijeron: -Alguna mala bestia ha de haber matado a José. Los hermanos de José tenían envidia de él, por algunas razones. En primer lugar, porque José era el favorito de Jacob. Lo amaba más que al resto de los hijos. Jacob tuvo 12 hijos con cuatro mujeres, ¿se acuerda usted? Con Lea, Raquel y con las siervas de ellas. Pero el amor de su vida fue Raquel. La amó con todo el corazón. Raquel no podía tener hijos, y luego cuando tuvo su primogénito fue José, pues eso hizo que Jacob tuviera un amor especial por José. Los hermanos le tenían envidia porque era el favorito. Tenían envidia porque José iba y le contaba al papá todas las cosas malas que hacían ellos. Además de eso tenía unos sueños un poquito raros que le contaba a su padre y sus hermanos. Vamos a irnos a Génesis, capítulo 37.
Genesis 37: 29-36 (RVR1960): 29 Después Rubén volvió a la cisterna, y no halló a José adentro, y se rasgó los vestidos. 30 Y volvió a sus hermanos, y dijo: El joven no aparece; y yo, ¿a dónde iré? 31 Entonces tomaron ellos la túnica de José, y degollaron un cabrito de las cabras, y tiñeron la túnica con la sangre; 32 y enviaron la túnica de colores y la trajeron a su padre, y dijeron: Esto hemos hallado; reconoce ahora si es la túnica de tu hijo, o no. 33 Y él la reconoció, y dijo: La túnica de mi hijo es; alguna mala bestia lo devoró; José ha sido despedazado. 34 Entonces Jacob rasgó sus vestidos, y puso cilicio sobre sus lomos, y guardó luto por su hijo muchos días. 35 Y se levantaron todos sus hijos y todas sus hijas para consolarlo; mas él no quiso recibir consuelo, y dijo: Descenderé enlutado a mi hijo hasta el Seol.[a] Y lo lloró su padre. 36 Y los madianitas lo vendieron en Egipto a Potifar, oficial de Faraón, capitán de la guardia.
Génesis 37: 34-35 (TLA): 34 Allí mismo Jacob rompió su ropa en señal de tristeza, se vistió de luto, y durante mucho tiempo lloró por la muerte de su hijo. 35 Todos sus hijos llegaron para consolarlo, pero él no quería que lo consolaran. Más bien, lloraba y decía que quería morirse para estar con José.
He titulado al mensaje de esta hora Entendiendo el Sufrimiento. Hay muchas preguntas en la Biblia, pero quisiera tratar de contestar una pregunta: ¿Por qué Dios permitió que Jacob sufriera tanto con la muerte de José, si Dios sabía que José no había muerto? ¿Por qué Dios permitió eso?
Cuando el Antiguo Testamento nos habla de revelaciones, significa que Dios hablaba. Es más, Jacob había tenido dos encuentros muy serios, muy personales con Dios. En Betel (Génesis 28) ¿Se acuerda cuando vio esa escalera de ángeles que subían y bajaban? Tuvo otro encuentro en Peniel (Genesis 32), eh, cuando dijo: Vi a Dios cara a cara (versículo 30), porque peleó con un ángel. Pero ahora, ¿qué pasó?
José fue vendido a los 17 años de edad. Cuando interpretó el sueño a Faraón, José tenía 30. Estuvo 13 años en la cárcel viviendo como esclavo. José tenía casi 40 años cuando se volvió a reencontrar con su padre Jacob. Quiere decir que Jacob lloró, lamentó y clamó la muerte de su hijo. En primer lugar por gusto, porque su hijo no se había muerto, pero le dolió, sufrió, atravesó ese tiempo difícil de dolor, de pena, de clamor.
Entonces, me surge la inquietud de decir: ¿Por qué? ¿Usted cree que no había manera que Dios pudiera haberle dicho a Jacob: -Ey, Jacob, tu hijo no se ha muerto. Esos malandrines de tus hijos lo vendieron? Un sueño, una revelación, alguna cosa. ¿Por qué? Dice Génesis 37:34 (TLA): Allí mismo, Jacob rompió su ropa en señal de tristeza. Se vistió de luto y durante mucho tiempo lloró por la muerte de su hijo. Todos sus hijos llegaron para consolarlo, pero él no quería que lo consolaran. Más bien lloraba y decía: ¿Saben qué? Me quiero morir para estar con José. El sufrimiento de Jacob duró aproximadamente 20 años, y los hermanos de José ocultaron y sufrieron esa maldad por todo ese tiempo.
Surgen una gran cantidad de preguntas: ¿Cómo es posible mentir a un padre anciano? ¿Cómo le explicas a tu padre que vendiste a tu hermano? Que lo vendiste por celos o por envidia. ¡Veinte años de sufrimiento!
Nadie quiere sufrir. Si yo digo: -levanten la mano los que quieren más dinero, es muy probable que se levanten todas. Pero si yo digo: -A ver, levante la mano el que quiera sufrir.
Nosotros no firmamos, cuando venimos al evangelio, ningún contrato que dice: -Venga al evangelio y todos sus problemas se van a terminar. Eso no es cierto. El Señor Jesucristo dijo (Juan 16:33): En el mundo tendréis aflicción; pero confiad, yo he vencido al mundo.
En más de alguna oportunidad nos puede pasar por la mente decir: -Mire, está bien que la gente mala sufra porque es mala, y dice la Biblia que la paga del pecado es muerte, pero un creyente, una persona que quiere vivir de una manera justa, una persona que quiere hacer la voluntad del Señor, una persona que sirve a Dios de corazón, ¿por qué pasar por tragedias, por dolor, por pérdidas irreparables? No es fácil de entender esto y mucho menos explicarlo, pero la pregunta sigue ahí. ¿Por qué Dios permitió que Jacob sufriera tanto con la muerte de su hijo, si Dios sabía que no había muerto? Entendiendo el sufrimiento.
Dios no es indiferente al dolor.
Dios usa el dolor para un propósito superior que a veces,casi nunca, lo entendemos. Y entonces, como hijos de Dios qué somos, yo tengo que entender una cosa: Tengo que entender que no todas las cosas en la vida las voy a entender. Solamente debo asegurarme de una cosa: Estar en la voluntad de Dios.
Yo no puedo explicar un montón de situaciones, yo no puedo explicar el dolor que tienen algunas personas, pero lo que sí yo le pudiera decir es esto: que si a usted la vida le sonríe en este momento, si la está pasando bien debe estar preparado para el sufrimiento, porque de que llega, llega. Nadie le pide al Señor que le envíe un sufrimiento, nadie pide eso. Pero hay un propósito superior, aunque usted no lo entienda. Porque no hemos sido llamados a entender todas las cosas, sino a obedecer y confiar que estoy en las manos de Dios. Si está atravesando por el valle de sombra de muerte, si está atravesando por esa situación complicada, esa situación de dolor (en el caso de Jacob duró 20 años); no sabemos cuánto tiempo durará, pero lo que sí sabemos es que estamos llamados a obedecer, no a entender. Si usted está en la casa del Señor, está en el mejor lugar que puede estar. Si usted lee la Biblia, es lo mejor que puede hacer. Si usted asiste a una casa de oración, es lo mejor que puede hacer. Aún en medio del dolor, aún en medio del sufrimiento, aún en medio de la tristeza, aunque no entendamos lo que está sucediendo, haga lo que Dios le manda hacer.
Si usted es el tipo de persona que dice: -Mire, yo ya no quiero ir a la iglesia porque la verdad, es que solo cosas malas me pasan, usted no ha entendido el evangelio todavía. Usted no conoce a Dios de una manera personal. Hay que aprender a confiar en los propósitos divinos, aunque no entendamos lo que Dios está haciendo. Jacob lloró durante muchos días y se rehusó a recibir consuelo; sin embargo, esa experiencia lo llevó a depender más de Dios que de sus propias fuerzas.
Quiero mencionar algo que me parece interesante en medio de todo esto. Usted me ha escuchado en varias oportunidades hablar acerca de lo que yo llamo la teología del desapego. Jacob dijo: -Yo mejor me quiero morir para estar con mi hijo. Eso me dice muchas cosas, porque a Dios hay que amarlo por encima de todas las cosas, por encima de su esposa, por encima de sus hijos, por encima de sus nietos. A Dios hay que amarlo por encima de todas las cosas.
Una de las cosas más patéticas en realidad que yo he visto en la vida es cuando una pareja se está divorciando y uno de los dos dice: -Si tú me dejas, me muero. Perdóneme, estoy hablando desde mi punto de vista. Mi fe tiene que estar por encima de todas esas cosas. Y ¿si Dios tiene un propósito conmigo, y el propósito está a la vuelta de 10 años? Si usted dice: prefiero morirme para estar con mi hijo. Pero Dios quiere que usted levante el templo, y usted quiere morirse. ¿Qué dice Dios? Y ¿el templo que vamos a levantar? ¿Quién lo hará? Busquen a otro que lo haga, por favor, pero yo me quiero morir. Y la verdad es que el sufrimiento te lleva, te empuja, a depender única y exclusivamente del Señor, de ninguna otra cosa. Hay cosas que Jacob no entendía en ese momento determinado, había un plan en medio de todo esto.
Nosotros hoy vemos el plan de Dios (para José y su familia) a nivel completo, pero Jacob no lo podía ver en ese momento. Yo le hago una pregunta a usted ahora que ya conoce la escritura y que leyó el pasaje: ¿Era plan de Dios que José estuviera en Egipto? Sí, pero Jacob no lo veía de esa manera.
Volvemos a la pregunta: ¿Por qué Dios permitió que Jacob sufriera tanto con la muerte de José, si Dios sabía que José no había muerto? La respuesta es bien simple: Si Jacob supiera que su hijo estaba vivo en Egipto, ¿usted cree que se hubiera quedado tranquilo? ¿Qué cree que hubiera hecho? Ir a buscarlo. Jacob era capaz de buscar un ejército, para traer a su niño de regreso a casa. Dios te dice en medio del sufrimiento: Tranquilo que yo estoy contigo. Yo sé que te duele, te podría doler más, pero yo estoy contigo, no estás solo. Estás en las mejores manos que son las manos de Dios. Nosotros no vemos todo el plan de Dios. Entonces, ¿qué es lo que debemos hacer, hermano? En medio del sufrimiento, confíe que está en las mejores manos. Confíe, simple y sencillamente estamos en las manos de Dios,
Usted podría hacer esta oración: Señor, yo no sé qué es lo que estás haciendo en mi vida. Lo único que sé es que duele; pero mientras esté en tus manos, que el resto que sea tu voluntad.
Usted preocúpese porque en medio del dolor y del sufrimiento, cada vez que se levante, Dios encuentra una palabra de alabanza en su boca. Aunque duela. Acuérdese lo que siempre hemos dicho: el sufrimiento revela quién verdaderamente somos. Job sufrió y dijo (Job 1:21): Jehová dio, y Jehová quitó; sea el nombre de Jehová bendito. En medio de la tristeza, en medio de situaciones que no entendemos (si te quitaron el trabajo, si te están molestando porque debes dinero, si tenés un problema legal, si no te llega la respuesta que estás esperando, si un hijo se ha metido en problemas, cualquiera que sea la situación, si es una enfermedad de esas de largo plazo, lo que sea; usted simplemente preocúpese cada día que amanece por decir: -Señor, yo no entiendo. Yo no se que va a pasar mañana, yo no veo que va a pasar el otro mes, yo no veo que va a pasar el otro año; pero lo que sí se, es que tu nombre es bendito eternamente y para siempre, Señor. Y en lo que tú estás haciendo, yo estoy confiado.
No me venga usted con: -Yo ya no sé ni qué creer. Esas personas que se expresan así, lo que pienso es, que han estado sentados tantos años en la iglesia por gusto. Cuando la gente está desanimada, el desánimo no le quita el hambre porque se ven bien llenitos; sino que todo el mundo quiere culpar a Dios.
Hermano, yo no sé por qué situación estará pasando usted, y es muy probable que usted no la entienda. (Nos pasa a nosotros como familia en casa. Mi esposa lleva 26 años en silla de ruedas y no sabemos el motivo). Lo que quiero que usted entienda es que hay cantidad de cosas por las que vamos a atravesar en nuestro diario caminar en el evangelio, que no las vamos a entender, y que Dios tampoco me está obligando a entenderla. Dios me está obligando a permanecer firme y fiel en la fe. A Dios no le interesa que cuando usted se levante desanimado, comience a pedir cuentas a Dios por lo que está pasando. Dios quiere que aun cuando estemos desanimados digamos: -Tenemos vida. Alabado sea tu nombre, Señor. Santo, Santo, Santo sea tu nombre. Bendito seas. Aunque le duelan todos los huesos, levántese. Dele a Dios siempre alabanza, aun en medio del sufrimiento.
Tenga cuidado con lo que escucha, porque el diablo y la carne se vuelven grandes consejeros cuando estamos atravesando un tiempo de sufrimiento. Pero la palabra es muy clara (Hebreos 10:25): No dejando de congregarnos, como algunos tienen por costumbre. Vaya a la casa del Señor, ore, lea la palabra, no importa su situación, no importa lo que esté pasando, Dios está trabajando en su vida.
El apego no era solamente de Jacob con José, sino también del hijo con el padre. Obviamente José se había acostumbrado a su papá, a su casa, a sus privilegios. Y ahora a los 17 años lo arrancan de su papá y lo llevan con gente que no conoce, con un idioma que tiene que aprender, para hacer cosas de esclavo que nunca antes había hecho. Habían sirvientes en la casa del papá y ahora te llevan a un lugar donde no conoces a nadie. Déjeme decirle, para mí este, es uno de los pasajes más emocionales que existen en el Antiguo Testamento. Este pasaje me toca el corazón, me toca el alma en realidad. Y ¿sabe por qué? Porque yo pienso en José, un chamaquito de 17 años metido en un calabozo pensando: ¿Por qué hicieron esto, mis hermanos? Yo me imagino a José todos los días pensando que su papá lo va a ir a buscar, que cuando él falte, su papá no se va a quedar tranquilo. Pero pasaron 20 años, hermano.
Yo tengo 100 dudas que he tratado la manera de encontrarlas con relación a este pasaje. Por ejemplo, una de ellas: ¿se dio cuenta Jacob alguna vez lo que sus hijos hicieron? ¿Cuántas veces lloró este muchacho solo?
Pero entonces llegas a un momento donde tu fe no puede depender de nadie más. Ya no estás en tu casa, donde tu papá te defendía, ya no estás en tu casa donde le podías pedir a tu papá que te ayudara. Ahora tenías que volver los ojos al cielo y reconocer que el único que te ayuda está en la gloria. Y Dios trabajó en la vida de Jacob, pero créeme, también trabajó en la vida de José. A partir de ahora vas a tener que aprender a depender de mí, le dijo Dios a José. Y aprendió el muchacho, a pesar de estar en un país que no era el de él, con un idioma que no era el de él, con costumbres, con culturas que no eran las de él, y supo mantener su fe en todo momento. Dios estaba trabajando en la vida de Jacob, en la vida de José, y yo creo que también en la vida de sus hermanos. Porque haber hecho semejante daño cuando ellos estaban llamados a proteger a su hermanito, y lo terminaron vendiendo, eso es terrible. Jacob no conocía la historia, pero Dios sí la conocía. Y el final es un final glorioso. Imagínate el momento cuando llegan a Jacob los hijos y le dicen: -Papá, ¿a que no sabes a quién nos encontramos en Egipto? José está vivo. Y vemos a Jacob regocijarse 20 años más tarde. El sufrimiento con el correr del tiempo te desgasta, pero Dios sigue en su trono. Él sigue en su trono.
Recuerda esto: no hemos sido llamados a entender las circunstancias por las cuales estamos pasando, hemos sido llamados para darle gracias a Dios. Porque Él sigue en el trono. Este mundo se puede caer mañana. El estrecho de Ormuz lo pueden cerrar y volver a abrir, y Dios sigue sentado en su trono. Él sigue siendo Dios. Los reyes de la tierra se mueren, Él sigue vivo eternamente y para siempre. Él es Dios, y nuestra vida está en las manos del Señor. Y mientras estemos en las manos de Dios, pase lo que pase, venga lo que venga, aprendamos a decir: -Él es mi fortaleza, él es mi refugio, él es mi escudo, él es mi roca fuerte y en él está puesta mi fe.
Mis queridos y amados hermanos, cuando sienta usted que ya desfallece, cuando sienta usted que las fuerzas no le dan más, yo siempre le he dicho: no le pida a Dios que le quite las cargas, porque Dios tiene una manera bien especial de trabajar. Cada vez que yo le he dicho al Señor: -Señor, quítame las cargas, ¿sabe qué hermano? Me pone más. Entonces yo aprendí a decirle: -Ponme todas las cargas que tú quieras, pero dame la fuerza para llevarlas. Pídale fuerzas a Dios, y Dios le va a dar las fuerzas del búfalo. Mi hermano, confiemos en Dios.
Yo quiero animarle en este día, no importa qué situación esté pasando, usted va a salir adelante. ¿Sabe por qué? Porque: Muchas son las aflicciones del justo, pero de todas ellas le librará Jehová (Salmos 34:19). Es cuestión de tiempo y que podamos atravesar esta situación y poder decir allá al final, cuando ya veamos la luz y decir: -Mire, en medio de todo este sufrimiento, yo siempre le di la honra y la gloria a nuestro bendito Señor y Salvador. Así es que acomódese y vea la mano de Dios trabajando en su vida.
Oremos: Padre, quiero poner en tus manos preciosas en esta hora a todas aquellas personas que de una u otra forma están atravesando por algún dolor que les ha partido el alma, les ha partido el corazón; una pérdida, una crisis, una emergencia, una enfermedad, una situación legal, migratoria, financiera. Padre, solo tú sabes, sólo tú conoces, aquellas personas que están atravesando por cosas complicadas y difíciles, Señor. Ya sean desbalances químicos en la cabeza, depresión profunda, confusión, decisiones en la vida que no están seguros qué hacer. Estamos en tus manos preciosas. Ayúdanos a esperar en ti. Tu palabra nos dice (Salmos 91) El que habita bajo el abrigo del Altísimo morará bajo la sombra del Omnipotente. Y ahí estamos nosotros cobijados, esperando Señor, recibir respuesta de ti. Permite que siempre que vuelvas tus ojos hacia nosotros, encuentres una palabra de adoración en nuestras vidas, de exaltación, que podamos ser constantes en servirte, y adorarte, en buscar tu casa. Padre Santo, pongo a cada persona, los que estamos acá, como aquellos que nos están viendo por las redes sociales, esas personas que han derramado lágrimas, Señor, por noches enteras de sufrimiento y dolor. Tú no eres indiferente a nuestro sufrimiento, Señor, pero sabemos que las cosas que no entendemos ahora las vamos a entender más adelante.
Mientras todos oramos, si usted nunca ha recibido a Cristo en su corazón y usted me dice: Pastor, quiero entregar mi vida a Jesús, que sea el Señor y Salvador de mi alma. Haga conmigo esta oración, ahí donde está: Señor Jesús, te pido perdón por mis pecados. Me arrepiento de mis malas acciones, me arrepiento de mis ofensas. En este día, Señor, te doy gracias por lo que hiciste en la cruz, al poner tu cuerpo y derramar tu sangre para el perdón de mis pecados. En este día te recibo como mi Señor y mi Salvador. Si usted hizo esta oración conmigo, quiero animarle a crecer en el conocimiento de Dios y su bendita Palabra.
Señor, despídenos con tu paz y con tu bendición. Ayúdanos a mantenernos en oración los unos por los otros, y a darnos ánimo los unos a los otros para seguir caminando en el camino de la fe. Bendice tu pueblo en el nombre de Jesús. Amén y amén.
Que la paz de Cristo le acompañe, mi hermano. Bendiciones para ustedes.
Entendiendo el sufrimiento
Junio 14, 2026 – 2:00PM | Génesis 37:29-35 | Dr. David Rodriguez
Etiquetas: genesis, junio 2026, pastor david rodriguez, transcripcion
Descargar Texto: Sermón en PDF
TRANSCRIPCIÓN
La mayoría de nosotros estamos familiarizados con la historia de José, el hijo de Jacob, que fue vendido (por sus hermanos) como un esclavo a unos mercaderes, a unos ismaelitas. Luego regresaron los hermanos con su padre, y lo engañaron, le mintieron. El padre había hecho una túnica de colores para José, y los hermanos llenaron de sangre esta ropa, se la trajeron a Jacob y le dijeron: -Alguna mala bestia ha de haber matado a José. Los hermanos de José tenían envidia de él, por algunas razones. En primer lugar, porque José era el favorito de Jacob. Lo amaba más que al resto de los hijos. Jacob tuvo 12 hijos con cuatro mujeres, ¿se acuerda usted? Con Lea, Raquel y con las siervas de ellas. Pero el amor de su vida fue Raquel. La amó con todo el corazón. Raquel no podía tener hijos, y luego cuando tuvo su primogénito fue José, pues eso hizo que Jacob tuviera un amor especial por José. Los hermanos le tenían envidia porque era el favorito. Tenían envidia porque José iba y le contaba al papá todas las cosas malas que hacían ellos. Además de eso tenía unos sueños un poquito raros que le contaba a su padre y sus hermanos. Vamos a irnos a Génesis, capítulo 37.
Genesis 37: 29-36 (RVR1960): 29 Después Rubén volvió a la cisterna, y no halló a José adentro, y se rasgó los vestidos. 30 Y volvió a sus hermanos, y dijo: El joven no aparece; y yo, ¿a dónde iré? 31 Entonces tomaron ellos la túnica de José, y degollaron un cabrito de las cabras, y tiñeron la túnica con la sangre; 32 y enviaron la túnica de colores y la trajeron a su padre, y dijeron: Esto hemos hallado; reconoce ahora si es la túnica de tu hijo, o no. 33 Y él la reconoció, y dijo: La túnica de mi hijo es; alguna mala bestia lo devoró; José ha sido despedazado. 34 Entonces Jacob rasgó sus vestidos, y puso cilicio sobre sus lomos, y guardó luto por su hijo muchos días. 35 Y se levantaron todos sus hijos y todas sus hijas para consolarlo; mas él no quiso recibir consuelo, y dijo: Descenderé enlutado a mi hijo hasta el Seol.[a] Y lo lloró su padre. 36 Y los madianitas lo vendieron en Egipto a Potifar, oficial de Faraón, capitán de la guardia.
Génesis 37: 34-35 (TLA): 34 Allí mismo Jacob rompió su ropa en señal de tristeza, se vistió de luto, y durante mucho tiempo lloró por la muerte de su hijo. 35 Todos sus hijos llegaron para consolarlo, pero él no quería que lo consolaran. Más bien, lloraba y decía que quería morirse para estar con José.
He titulado al mensaje de esta hora Entendiendo el Sufrimiento. Hay muchas preguntas en la Biblia, pero quisiera tratar de contestar una pregunta: ¿Por qué Dios permitió que Jacob sufriera tanto con la muerte de José, si Dios sabía que José no había muerto? ¿Por qué Dios permitió eso?
Cuando el Antiguo Testamento nos habla de revelaciones, significa que Dios hablaba. Es más, Jacob había tenido dos encuentros muy serios, muy personales con Dios. En Betel (Génesis 28) ¿Se acuerda cuando vio esa escalera de ángeles que subían y bajaban? Tuvo otro encuentro en Peniel (Genesis 32), eh, cuando dijo: Vi a Dios cara a cara (versículo 30), porque peleó con un ángel. Pero ahora, ¿qué pasó?
José fue vendido a los 17 años de edad. Cuando interpretó el sueño a Faraón, José tenía 30. Estuvo 13 años en la cárcel viviendo como esclavo. José tenía casi 40 años cuando se volvió a reencontrar con su padre Jacob. Quiere decir que Jacob lloró, lamentó y clamó la muerte de su hijo. En primer lugar por gusto, porque su hijo no se había muerto, pero le dolió, sufrió, atravesó ese tiempo difícil de dolor, de pena, de clamor.
Entonces, me surge la inquietud de decir: ¿Por qué? ¿Usted cree que no había manera que Dios pudiera haberle dicho a Jacob: -Ey, Jacob, tu hijo no se ha muerto. Esos malandrines de tus hijos lo vendieron? Un sueño, una revelación, alguna cosa. ¿Por qué? Dice Génesis 37:34 (TLA): Allí mismo, Jacob rompió su ropa en señal de tristeza. Se vistió de luto y durante mucho tiempo lloró por la muerte de su hijo. Todos sus hijos llegaron para consolarlo, pero él no quería que lo consolaran. Más bien lloraba y decía: ¿Saben qué? Me quiero morir para estar con José. El sufrimiento de Jacob duró aproximadamente 20 años, y los hermanos de José ocultaron y sufrieron esa maldad por todo ese tiempo.
Surgen una gran cantidad de preguntas: ¿Cómo es posible mentir a un padre anciano? ¿Cómo le explicas a tu padre que vendiste a tu hermano? Que lo vendiste por celos o por envidia. ¡Veinte años de sufrimiento!
Nadie quiere sufrir. Si yo digo: -levanten la mano los que quieren más dinero, es muy probable que se levanten todas. Pero si yo digo: -A ver, levante la mano el que quiera sufrir.
Nosotros no firmamos, cuando venimos al evangelio, ningún contrato que dice: -Venga al evangelio y todos sus problemas se van a terminar. Eso no es cierto. El Señor Jesucristo dijo (Juan 16:33): En el mundo tendréis aflicción; pero confiad, yo he vencido al mundo.
En más de alguna oportunidad nos puede pasar por la mente decir: -Mire, está bien que la gente mala sufra porque es mala, y dice la Biblia que la paga del pecado es muerte, pero un creyente, una persona que quiere vivir de una manera justa, una persona que quiere hacer la voluntad del Señor, una persona que sirve a Dios de corazón, ¿por qué pasar por tragedias, por dolor, por pérdidas irreparables? No es fácil de entender esto y mucho menos explicarlo, pero la pregunta sigue ahí. ¿Por qué Dios permitió que Jacob sufriera tanto con la muerte de su hijo, si Dios sabía que no había muerto? Entendiendo el sufrimiento.
Dios no es indiferente al dolor.
Dios usa el dolor para un propósito superior que a veces,casi nunca, lo entendemos. Y entonces, como hijos de Dios qué somos, yo tengo que entender una cosa: Tengo que entender que no todas las cosas en la vida las voy a entender. Solamente debo asegurarme de una cosa: Estar en la voluntad de Dios.
Yo no puedo explicar un montón de situaciones, yo no puedo explicar el dolor que tienen algunas personas, pero lo que sí yo le pudiera decir es esto: que si a usted la vida le sonríe en este momento, si la está pasando bien debe estar preparado para el sufrimiento, porque de que llega, llega. Nadie le pide al Señor que le envíe un sufrimiento, nadie pide eso. Pero hay un propósito superior, aunque usted no lo entienda. Porque no hemos sido llamados a entender todas las cosas, sino a obedecer y confiar que estoy en las manos de Dios. Si está atravesando por el valle de sombra de muerte, si está atravesando por esa situación complicada, esa situación de dolor (en el caso de Jacob duró 20 años); no sabemos cuánto tiempo durará, pero lo que sí sabemos es que estamos llamados a obedecer, no a entender. Si usted está en la casa del Señor, está en el mejor lugar que puede estar. Si usted lee la Biblia, es lo mejor que puede hacer. Si usted asiste a una casa de oración, es lo mejor que puede hacer. Aún en medio del dolor, aún en medio del sufrimiento, aún en medio de la tristeza, aunque no entendamos lo que está sucediendo, haga lo que Dios le manda hacer.
Si usted es el tipo de persona que dice: -Mire, yo ya no quiero ir a la iglesia porque la verdad, es que solo cosas malas me pasan, usted no ha entendido el evangelio todavía. Usted no conoce a Dios de una manera personal. Hay que aprender a confiar en los propósitos divinos, aunque no entendamos lo que Dios está haciendo. Jacob lloró durante muchos días y se rehusó a recibir consuelo; sin embargo, esa experiencia lo llevó a depender más de Dios que de sus propias fuerzas.
Quiero mencionar algo que me parece interesante en medio de todo esto. Usted me ha escuchado en varias oportunidades hablar acerca de lo que yo llamo la teología del desapego. Jacob dijo: -Yo mejor me quiero morir para estar con mi hijo. Eso me dice muchas cosas, porque a Dios hay que amarlo por encima de todas las cosas, por encima de su esposa, por encima de sus hijos, por encima de sus nietos. A Dios hay que amarlo por encima de todas las cosas.
Una de las cosas más patéticas en realidad que yo he visto en la vida es cuando una pareja se está divorciando y uno de los dos dice: -Si tú me dejas, me muero. Perdóneme, estoy hablando desde mi punto de vista. Mi fe tiene que estar por encima de todas esas cosas. Y ¿si Dios tiene un propósito conmigo, y el propósito está a la vuelta de 10 años? Si usted dice: prefiero morirme para estar con mi hijo. Pero Dios quiere que usted levante el templo, y usted quiere morirse. ¿Qué dice Dios? Y ¿el templo que vamos a levantar? ¿Quién lo hará? Busquen a otro que lo haga, por favor, pero yo me quiero morir. Y la verdad es que el sufrimiento te lleva, te empuja, a depender única y exclusivamente del Señor, de ninguna otra cosa. Hay cosas que Jacob no entendía en ese momento determinado, había un plan en medio de todo esto.
Nosotros hoy vemos el plan de Dios (para José y su familia) a nivel completo, pero Jacob no lo podía ver en ese momento. Yo le hago una pregunta a usted ahora que ya conoce la escritura y que leyó el pasaje: ¿Era plan de Dios que José estuviera en Egipto? Sí, pero Jacob no lo veía de esa manera.
Volvemos a la pregunta: ¿Por qué Dios permitió que Jacob sufriera tanto con la muerte de José, si Dios sabía que José no había muerto? La respuesta es bien simple: Si Jacob supiera que su hijo estaba vivo en Egipto, ¿usted cree que se hubiera quedado tranquilo? ¿Qué cree que hubiera hecho? Ir a buscarlo. Jacob era capaz de buscar un ejército, para traer a su niño de regreso a casa. Dios te dice en medio del sufrimiento: Tranquilo que yo estoy contigo. Yo sé que te duele, te podría doler más, pero yo estoy contigo, no estás solo. Estás en las mejores manos que son las manos de Dios. Nosotros no vemos todo el plan de Dios. Entonces, ¿qué es lo que debemos hacer, hermano? En medio del sufrimiento, confíe que está en las mejores manos. Confíe, simple y sencillamente estamos en las manos de Dios,
Usted podría hacer esta oración: Señor, yo no sé qué es lo que estás haciendo en mi vida. Lo único que sé es que duele; pero mientras esté en tus manos, que el resto que sea tu voluntad.
Usted preocúpese porque en medio del dolor y del sufrimiento, cada vez que se levante, Dios encuentra una palabra de alabanza en su boca. Aunque duela. Acuérdese lo que siempre hemos dicho: el sufrimiento revela quién verdaderamente somos. Job sufrió y dijo (Job 1:21): Jehová dio, y Jehová quitó; sea el nombre de Jehová bendito. En medio de la tristeza, en medio de situaciones que no entendemos (si te quitaron el trabajo, si te están molestando porque debes dinero, si tenés un problema legal, si no te llega la respuesta que estás esperando, si un hijo se ha metido en problemas, cualquiera que sea la situación, si es una enfermedad de esas de largo plazo, lo que sea; usted simplemente preocúpese cada día que amanece por decir: -Señor, yo no entiendo. Yo no se que va a pasar mañana, yo no veo que va a pasar el otro mes, yo no veo que va a pasar el otro año; pero lo que sí se, es que tu nombre es bendito eternamente y para siempre, Señor. Y en lo que tú estás haciendo, yo estoy confiado.
No me venga usted con: -Yo ya no sé ni qué creer. Esas personas que se expresan así, lo que pienso es, que han estado sentados tantos años en la iglesia por gusto. Cuando la gente está desanimada, el desánimo no le quita el hambre porque se ven bien llenitos; sino que todo el mundo quiere culpar a Dios.
Hermano, yo no sé por qué situación estará pasando usted, y es muy probable que usted no la entienda. (Nos pasa a nosotros como familia en casa. Mi esposa lleva 26 años en silla de ruedas y no sabemos el motivo). Lo que quiero que usted entienda es que hay cantidad de cosas por las que vamos a atravesar en nuestro diario caminar en el evangelio, que no las vamos a entender, y que Dios tampoco me está obligando a entenderla. Dios me está obligando a permanecer firme y fiel en la fe. A Dios no le interesa que cuando usted se levante desanimado, comience a pedir cuentas a Dios por lo que está pasando. Dios quiere que aun cuando estemos desanimados digamos: -Tenemos vida. Alabado sea tu nombre, Señor. Santo, Santo, Santo sea tu nombre. Bendito seas. Aunque le duelan todos los huesos, levántese. Dele a Dios siempre alabanza, aun en medio del sufrimiento.
Tenga cuidado con lo que escucha, porque el diablo y la carne se vuelven grandes consejeros cuando estamos atravesando un tiempo de sufrimiento. Pero la palabra es muy clara (Hebreos 10:25): No dejando de congregarnos, como algunos tienen por costumbre. Vaya a la casa del Señor, ore, lea la palabra, no importa su situación, no importa lo que esté pasando, Dios está trabajando en su vida.
El apego no era solamente de Jacob con José, sino también del hijo con el padre. Obviamente José se había acostumbrado a su papá, a su casa, a sus privilegios. Y ahora a los 17 años lo arrancan de su papá y lo llevan con gente que no conoce, con un idioma que tiene que aprender, para hacer cosas de esclavo que nunca antes había hecho. Habían sirvientes en la casa del papá y ahora te llevan a un lugar donde no conoces a nadie. Déjeme decirle, para mí este, es uno de los pasajes más emocionales que existen en el Antiguo Testamento. Este pasaje me toca el corazón, me toca el alma en realidad. Y ¿sabe por qué? Porque yo pienso en José, un chamaquito de 17 años metido en un calabozo pensando: ¿Por qué hicieron esto, mis hermanos? Yo me imagino a José todos los días pensando que su papá lo va a ir a buscar, que cuando él falte, su papá no se va a quedar tranquilo. Pero pasaron 20 años, hermano.
Yo tengo 100 dudas que he tratado la manera de encontrarlas con relación a este pasaje. Por ejemplo, una de ellas: ¿se dio cuenta Jacob alguna vez lo que sus hijos hicieron? ¿Cuántas veces lloró este muchacho solo?
Pero entonces llegas a un momento donde tu fe no puede depender de nadie más. Ya no estás en tu casa, donde tu papá te defendía, ya no estás en tu casa donde le podías pedir a tu papá que te ayudara. Ahora tenías que volver los ojos al cielo y reconocer que el único que te ayuda está en la gloria. Y Dios trabajó en la vida de Jacob, pero créeme, también trabajó en la vida de José. A partir de ahora vas a tener que aprender a depender de mí, le dijo Dios a José. Y aprendió el muchacho, a pesar de estar en un país que no era el de él, con un idioma que no era el de él, con costumbres, con culturas que no eran las de él, y supo mantener su fe en todo momento. Dios estaba trabajando en la vida de Jacob, en la vida de José, y yo creo que también en la vida de sus hermanos. Porque haber hecho semejante daño cuando ellos estaban llamados a proteger a su hermanito, y lo terminaron vendiendo, eso es terrible. Jacob no conocía la historia, pero Dios sí la conocía. Y el final es un final glorioso. Imagínate el momento cuando llegan a Jacob los hijos y le dicen: -Papá, ¿a que no sabes a quién nos encontramos en Egipto? José está vivo. Y vemos a Jacob regocijarse 20 años más tarde. El sufrimiento con el correr del tiempo te desgasta, pero Dios sigue en su trono. Él sigue en su trono.
Recuerda esto: no hemos sido llamados a entender las circunstancias por las cuales estamos pasando, hemos sido llamados para darle gracias a Dios. Porque Él sigue en el trono. Este mundo se puede caer mañana. El estrecho de Ormuz lo pueden cerrar y volver a abrir, y Dios sigue sentado en su trono. Él sigue siendo Dios. Los reyes de la tierra se mueren, Él sigue vivo eternamente y para siempre. Él es Dios, y nuestra vida está en las manos del Señor. Y mientras estemos en las manos de Dios, pase lo que pase, venga lo que venga, aprendamos a decir: -Él es mi fortaleza, él es mi refugio, él es mi escudo, él es mi roca fuerte y en él está puesta mi fe.
Mis queridos y amados hermanos, cuando sienta usted que ya desfallece, cuando sienta usted que las fuerzas no le dan más, yo siempre le he dicho: no le pida a Dios que le quite las cargas, porque Dios tiene una manera bien especial de trabajar. Cada vez que yo le he dicho al Señor: -Señor, quítame las cargas, ¿sabe qué hermano? Me pone más. Entonces yo aprendí a decirle: -Ponme todas las cargas que tú quieras, pero dame la fuerza para llevarlas. Pídale fuerzas a Dios, y Dios le va a dar las fuerzas del búfalo. Mi hermano, confiemos en Dios.
Yo quiero animarle en este día, no importa qué situación esté pasando, usted va a salir adelante. ¿Sabe por qué? Porque: Muchas son las aflicciones del justo, pero de todas ellas le librará Jehová (Salmos 34:19). Es cuestión de tiempo y que podamos atravesar esta situación y poder decir allá al final, cuando ya veamos la luz y decir: -Mire, en medio de todo este sufrimiento, yo siempre le di la honra y la gloria a nuestro bendito Señor y Salvador. Así es que acomódese y vea la mano de Dios trabajando en su vida.
Oremos: Padre, quiero poner en tus manos preciosas en esta hora a todas aquellas personas que de una u otra forma están atravesando por algún dolor que les ha partido el alma, les ha partido el corazón; una pérdida, una crisis, una emergencia, una enfermedad, una situación legal, migratoria, financiera. Padre, solo tú sabes, sólo tú conoces, aquellas personas que están atravesando por cosas complicadas y difíciles, Señor. Ya sean desbalances químicos en la cabeza, depresión profunda, confusión, decisiones en la vida que no están seguros qué hacer. Estamos en tus manos preciosas. Ayúdanos a esperar en ti. Tu palabra nos dice (Salmos 91) El que habita bajo el abrigo del Altísimo morará bajo la sombra del Omnipotente. Y ahí estamos nosotros cobijados, esperando Señor, recibir respuesta de ti. Permite que siempre que vuelvas tus ojos hacia nosotros, encuentres una palabra de adoración en nuestras vidas, de exaltación, que podamos ser constantes en servirte, y adorarte, en buscar tu casa. Padre Santo, pongo a cada persona, los que estamos acá, como aquellos que nos están viendo por las redes sociales, esas personas que han derramado lágrimas, Señor, por noches enteras de sufrimiento y dolor. Tú no eres indiferente a nuestro sufrimiento, Señor, pero sabemos que las cosas que no entendemos ahora las vamos a entender más adelante.
Mientras todos oramos, si usted nunca ha recibido a Cristo en su corazón y usted me dice: Pastor, quiero entregar mi vida a Jesús, que sea el Señor y Salvador de mi alma. Haga conmigo esta oración, ahí donde está: Señor Jesús, te pido perdón por mis pecados. Me arrepiento de mis malas acciones, me arrepiento de mis ofensas. En este día, Señor, te doy gracias por lo que hiciste en la cruz, al poner tu cuerpo y derramar tu sangre para el perdón de mis pecados. En este día te recibo como mi Señor y mi Salvador. Si usted hizo esta oración conmigo, quiero animarle a crecer en el conocimiento de Dios y su bendita Palabra.
Señor, despídenos con tu paz y con tu bendición. Ayúdanos a mantenernos en oración los unos por los otros, y a darnos ánimo los unos a los otros para seguir caminando en el camino de la fe. Bendice tu pueblo en el nombre de Jesús. Amén y amén.
Que la paz de Cristo le acompañe, mi hermano. Bendiciones para ustedes.


