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Salud espiritual 2

Abril 26, 2026 – 2:00PM | 3 Juan 2 | Dr. David Rodríguez

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Etiquetas: 3 juan, abril 2026, pastor david rodriguez, transcripcion

TRANSCRIPCIÓN

Comenzamos la semana pasada el tema de Salud Espiritual, hablamos de la importancia de la salud espiritual. 

3 Juan 1:2 (RVR1960): 2 Amado, yo deseo que tú seas prosperado en todas las cosas, y que tengas salud, así como prospera tu alma. 

Obviamente cuando nos enfermamos es una cosa delicada, y todos cuidamos nuestra salud física, porque nadie quiere estar enfermo. Es bueno cuidar de nuestra salud física, pero la salud espiritual es bien importante; me atrevería a decir que es mucho más importante, porque la salud espiritual trae consecuencias eternas. La física: nos vamos a morir, eso ya lo sabemos, tarde o temprano, unos más tarde que otros, ¿verdad?, pero la salud espiritual, hermanos, eso tiene que ver con la eternidad.

Hay síntomas que nos hacen buscar ayuda: falta de apetito, debilidad, cansancio, confusión, dificultad para respirar, y otro tipo de cosas. Hacemos citas con el médico, ¿verdad? 

La semana pasada comenzamos con una lista de síntomas: hablando de la falta de apetito, dijimos que la palabra de Dios es nuestro alimento. Y si una persona no se alimenta de la palabra de Dios, entonces enferma es cuestión de tiempo. ¿Usted cree que venir a la casa de Dios, y sentarse no tiene importancia? Se equivoca. La comida nos alimenta, la necesitamos. Así mismo sucede con el alimento espiritual. Yo decía: esa es una de las primeras cosas que tenemos que tomar en consideración: la falta de apetito. Jesucristo dijo (Mateo 4:4): No solo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios. Dijimos que si usted no tiene hambre por la palabra, si le da igual comer o no comer, si no la busca, si no siente la necesidad de alimentarse, de ir a la casa del Señor, usted está enfermo y es necesario buscar ayuda.

Luego hablamos de la oración, que es como el oxígeno para nosotros. Cuando alguien dice: -Yo siento que tengo problemas, que no puedo respirar. La falta de oración es una de esas enfermedades espirituales más comunes en el pueblo de Dios. Cuando nos ponemos mundanales, significa que usted no está comiendo ni orando. Cuando nos ponemos así, que por cualquier cosa dejamos de ir a la iglesia, usted no está ni comiendo y usted no está orando. Dijimos que la vida cristiana es una guerra espiritual y la oración es un arma poderosa. 

Mencionamos también que una bomba química no le hace nada al diablo, pero una oración lo pone a temblar. Hablamos de cómo Corrie ten Boom, en su libro Refugio secreto, hizo una pregunta a los creyentes: ¿Es la oración el volante, el timón de su vida, o es la llanta de repuesto?

Hoy quiero hablar de otro síntoma que denota que hay una enfermedad en nuestra vida:

  1. La sed de Dios.

Salmos 42: 1-3 (RVR1960): Como el ciervo brama por las corrientes de las aguas, Así clama por ti, oh Dios, el alma mía. 2 Mi alma tiene sed de Dios, del Dios vivo; ¿Cuándo vendré, y me presentaré delante de Dios? 3 Fueron mis lágrimas mi pan de día y de noche, Mientras me dicen todos los días: ¿Dónde está tu Dios? 

San Agustín de Hipona, un filósofo y teólogo del siglo IV, dijo las siguientes palabras: “La calidad de una persona se mide por la calidad de lo que ama y en lo que se deleita. El corazón es conocido por sus deleites”. Es por eso que San Agustín consideraba que el alma vil se deleita de cosas viles. El alma superficial se deleita de cosas superficiales. El alma noble y excelente se deleita de aquello que es noble, de aquello que es excelente. Por ejemplo, toda persona que no conoce a Dios tiene un vacío en el alma. Toda persona tiene sed de algo, toda persona anhela cosas para poder llenar ese vacío. Es por eso que todo hombre experimenta anhelos, deseos (sean lícitos o no sean lícitos) pero hay anhelos en el corazón, hay deseos en el corazón del ser humano. ¿Por qué? Porque hay un vacío y queremos llenar ese vacío.

Entonces, la pregunta es: ¿de qué cosas estamos sedientos nosotros? Y vale la pena que se haga esa pregunta a usted: ¿de qué está sediento usted? ¿Con qué busca usted la manera de sustituir ese vacío? Porque si usted anda buscando algo es porque usted cree, siente, que no está completo(a). Es por eso que las ciudades siempre están buscando entretenimiento, la gente paga lo que sea por divertirse, por entretenerse, porque hay sed. ¿Cuál es la sed que usted tiene? ¿Qué es lo que usted busca?

Algunos llenan ese vacío con el trabajo y se convierten en workaholics. Y algunas veces, hermano, está bien que usted sea un workaholic. Pero fíjate, yo le digo a un hermano: -Ey, mi brother, hace rato que no lo veo. _Es que he estado trabajando, pastor. Y le digo yo: -O sea, que ese colchón debe estar lleno de billetes. Eso es lo peor, trabajo tanto y no tengo nada. ¿Ya pensó usted en eso? Que usted es un burro, espiritualmente hablando, se pasa la vida trabajando y nunca tiene nada. 

¿Cuál es la sed de su alma? Dinero, sexo, éxito, fama. ¿Cuál es la sed? ¿Qué es lo que le causa satisfacción a su vida? ¿Qué es lo que le da sentido a la existencia, a su existencia en el mundo?

Hay un hombre en la Biblia que buscó satisfacer su alma en todas las cosas, en todos los aspectos. De hecho, se conoce como el hombre más rico que haya existido en el Antiguo Testamento y fue un rey. Su nombre: Salomón. Primero se metió en cuestiones filosóficas: el ser o no ser. Compuso, dice la palabra de Dios, 3,000 Proverbios, es decir, se puso a escribir. Compuso 100 canciones. Dice la Biblia que Salomón disertó sobre los árboles, sobre los animales, sobre las aves, sobre los reptiles y sobre los peces. Imagínese usted. Él quiso saciar esa sed que tenía, esa necesidad de Dios. Y cuando no encontró satisfacción en la filosofía, se puso a diseñar obras monumentales. Construyó el templo, lo que se conoce como el templo de Salomón. Dicen algunos estudiosos que si tuviéramos que evaluar el templo en dinero de nuestros días, andaría costando quizás unos 140 billones de dólares por la hermosura y la cantidad de oro que tenía el templo en aquel entonces. Construyó ciudades fortificadas, levantó muros para proteger la ciudad de Jerusalén. Construyó su propia casa. Imagínate que la construyó en 13 largos años. 

Posesiones. Si usted cree que la felicidad está en las posesiones, pregúntele a Salomón. Pregúntele a Salomón. Hace poco estaba escuchando de un hombre rico, bastante rico, decían: «Este hombre pudiera vivir 700 veces y no gastarse lo que tiene». Piense por un instante cuánto le queda a usted y a ver si se puede gastar lo que cree que tiene. Ja ja.

Los placeres. ¿Sabe qué dijo Salomón acerca de los placeres? En Eclesiastés (2:10): No negué a mis ojos ninguna cosa que desearan, ni aparté mi corazón de placer alguno, porque mi corazón gozó de todo mi trabajo; y esta fue mi parte de toda mi faena. Tengo que confesar que he deseado varias y no he podido porque no me alcanza. Pero si compro esto, no puedo comprar aquello. ¿Y sabe qué terminó diciendo este hombre? (Eclesiastés 12:8): Vanidad de vanidades, dijo el Predicador, todo es vanidad. 

Si usted dice que es cristiano, yo le hago la pregunta: ¿qué anhela su alma? Hay personas que, como dice un amigo mío por ahí, están bien enredados en las patas de los caballos. Y quiero decirle algo, mi hermano, que yo he podido percibir a lo largo de muchos años. Hay personas que tienen de conocer a Dios y el evangelio mucho tiempo, pero lastimosamente quieren vivir en dos mundos y así no se puede.

Vivimos en una ciudad, especialmente con las redes sociales, donde todo se sabe, todo se mira, porque ahora la gente ya no tiene ni siquiera ese pudor. Y déjeme decirle que a cualquier iglesia que usted vaya, a cualquiera, usted va a encontrar a un grupo de personas que, lastimosa y desgraciadamente, tienen sed de mundo. Y cuando llegan a una iglesia, no vienen buscando a Dios.  ¿Sabe qué dice la palabra? Deuteronomio 4:29(RVR1960): Mas si desde allí buscares a Jehová tu Dios, lo hallarás, si lo buscares de todo tu corazón y de toda tu alma. La pregunta que estoy haciendo es: ¿cuánta sed de Dios tiene usted? ¿Cuánta sed de Dios? ¿Qué tanto su alma anhela al Señor? ¿Cómo puede pasar un domingo, dos domingos, tres domingos sin acercarse a la casa de Dios, sin alimentarse de la palabra, sin que su alma le reclame y le diga: -Oye, tengo hambre, tengo sed. Alimenta mi alma, por favor. ¿Cómo es posible? ¿Cómo podemos vivir de esa manera, hermanos? Si Dios es todo para nosotros, ¿qué tanta sed? ¿Qué tanta sed tenemos? ¿Qué necesidad de satisfacer su alma en una discoteca a las 4 de la mañana? Hay personas que no están aquí porque llegaron a las 5 de la mañana hoy. ¿Qué le dice eso? ¿Qué le dice que ya después de un rato usted agarra el micrófono en el lugar donde está y comienza a cantar con el resto de la gente? Es que tengo el corazón desgarrado y los grandes videos ahí, y al siguiente día todo el mundo sabe ya. Y yo veo a esa persona y digo: -Pero si este cuate está casado, ¿qué está haciendo ahí? Por amor de Dios, ¿dónde está la mujer? Esta mujer, ¿qué está haciendo ahí? Tiene su marido. Estoy hablando de la sed de Dios. Por eso comencé preguntando: ¿de qué tiene sed su alma? ¿De qué tiene sed su alma? Jesús le dijo a la mujer samaritana, Juan 4: 13-14 (RVR1960): 13 Respondió Jesús y le dijo: Cualquiera que bebiere de esta agua, volverá a tener sed; 14 mas el que bebiere del agua que yo le daré, no tendrá sed jamás; sino que el agua que yo le daré será en él una fuente de agua que salte para vida eterna. ¿Sabe por qué? Porque Cristo es más que suficiente, Jesús es más que suficiente. El Señor va a saciar tu alma. El Señor va a saciar tu vida. El Señor va a saciar tu corazón. No vas a tener necesidad de esas cosas.

Yo dije que todos tenemos sed. ¿Por qué buscar saciar el alma en el mundo? ¿Está usted sediento de Dios? Y déjame decirte que el mundo lo que hace es que te reseca, te daña el alma. Y por eso es que toda la vida, algunas personas, andan buscando saciar su sed donde el agua no alcanza, Jesucristo es el único que puede saciar nuestra sed, mis amados hermanos. Y Él dice que si lo buscamos de todo corazón lo vamos a encontrar.

Es bien fácil culpar, ¿no? Yo ahí no voy por esto, yo ahí no voy porque no sé qué, yo ahí no voy porque no sé cuánto. No, hermano, no es la iglesia, es usted.Porque Él dice: El que me busca de todo corazón me encuentra.

Quiero que entienda algo muy importante: Jesús no recibe adoración de cualquier persona. ¿Sabe qué dice la palabra? (Juan 4: 23-24): Que Él busca verdaderos adoradores que le adoren en espíritu. Usted está en el lugar correcto, si usted dice: -Pastor, ayer llegué a las 5 de la mañana, pero me vine para mi culto, aquí estoy. Chévere, que bueno. Pero una cosa te quiero decir: no es suficiente para Dios, créame, no es suficiente; porque El busca verdaderos adoradores. Él busca personas que le adoren de todo corazón, y por la manera como usted está viviendo y por las cosas de las que usted disfruta, las cosas de las que usted se sacia, le dice mucho a Dios de cuán importante es el Señor para usted. En Cristo tenemos todo. 

Efesios 1:3 (RVR1960): Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos bendijo con toda bendición espiritual en los lugares celestiales en Cristo. Lo que pasa es que muchas personas no andan buscando eso.

La soledad.

Hay personas que han dicho: -Es que la soledad es perra, pastor. El pastor Junior acaba de predicar un sermón que se llamó: «El demonio de la soledad». Déjeme decirle algo: hay personas que me han dicho: -Yo con mi Señor Jesucristo estoy bien. A mí el Señor llena mi alma, el Señor llena mi corazón. Dios llena lo que yo puedo desear o necesitar. ¿Dime? Y aquellos a los que les ha ido mal en la feria dicen: Volver a casarme? ¡Ni loco! Yo con mi Señor estoy más que suficiente. ¿Te das cuenta? La palabra dice que Dios nos ha bendecido, y no con la mitad de bendiciones espirituales, sino que nos ha bendecido con toda bendición espiritual, es decir, no necesitamos ninguna otra cosa, amados míos. Dios suple esa necesidad que usted pueda tener. Entonces, ¿qué tanta sed de Dios tiene usted?

  1. La debilidad. 

Romanos 14:1 (RVR1960): Recibid al débil en la fe, pero no para contender sobre opiniones. 

La debilidad es una enfermedad también. Usted se siente débil, especialmente usted que toda la vida ha sido fortachón, ¿verdad? ¡Qué gran hombre, grandote, grandes músculos, y ahora resulta que usted se marea con facilidad en el trabajo! O cada vez que ve a la esposa le da mareo de tanto escucharla. Pero bueno, usted podrá decir: Yo me siento mareado, ¿qué me está pasando?. Hay una debilidad espiritual también.

¿Quiénes son los débiles en la fe? La debilidad en la fe tiene que ver con muchas cosas. Entre ellas, tiene que ver con la falta de crecimiento espiritual. ¿Por qué? Porque no existe un plan para crecer. Ya le hablé de leer la palabra. Ya le hablé de la oración. Le acabo de hablar en este momento de la sed. ¿Usted cree que eso es suficiente para crecer? Necesita un plan. Está leyendo el evangelio según San Juan, ya pasó para el libro de los Hechos, ahora está con Romanos. Se compró una Biblia de estudio. ¿Hay un plan para crecer? O es usted el tipo de personas que dice: -Mire pastor, yo trato la manera de que el día miércoles no perderme los estudios porque me ayudan a crecer. Hay un plan para crecer. Pero si no existe un plan para crecer, usted va a vivir eternamente débil en la fe. Y eso lo lleva a otra situación: ignorancia de la Biblia, de las Escrituras.

Había una señora que venía por acá, y cada vez que le preguntamos: Hermana, ¿qué tal? ¿Cómo está? -Bien, bien. ¿Y cómo sigue con tal cosa? Ahí vamos, pastor, primero Dios y la virgen que vamos a salir adelante, pastor. ¡Vaya! Y yo he visto desde aquí, cuando hemos dicho: Vamos a orar, hay personas que se persignan. Está más enredada esa persona porque no sabe ni en qué ha creído siquiera. Pero ¿por qué? Porque no leen. O sea, no hay un plan para crecer espiritualmente.

La debilidad tiene que ver con la falta de crecimiento, con la ignorancia de las Escrituras, tiene que ver con que usted pone —y mire esto, esto es tan importante, a mí me sorprende mucho— que su mirada está puesta en la conducta de la gente en lugar de poner su mirada en Jesucristo. Usted no puede poner su mirada en la conducta, lo que hace uno, lo que hace el otro. «Mira aquel, ¿a dónde fue? Mira dónde estuvo.» Ahí digo que Dios los ayude a tomar las mejores decisiones, pero eso no va a mover mi fe. Usted podrá hacer lo que usted quiera, hermano. Se podrá convertir en lo que usted quiera. Podrá hacer lo que se le ocurra, su santa gana. Eso no va a mover mi fe porque yo sé en quién he creído. Yo sé dónde está mi fe, en quién he puesto mi mirada. Y aunque uno se haga a un lado, el otro se haga a otro lado, vamos a caminar juntos y vamos a buscar la manera de glorificar juntos al Señor. Pero si usted en el camino decide desviarse, lo siento mucho. Yo no me voy a mover. Yo no soy de que «ya que este se metió al barranco, me voy a meter yo también». No sea bobito, hombre. De ninguna manera. Ponga la mirada en Jesús, ya deje sus debilidades.

El débil en la fe le encanta juzgar a la gente. Un día uno me dijo: -Yo me decepciono cuando veo lo que hacen los hermanos. Le dije: Yo también, pero como yo no los miro a ellos sino al Señor, ¿por qué me voy a decepcionar? Usted entiende la naturaleza humana, entiende nuestras luchas, entiende nuestras batallas, pero tampoco vamos a morir así, hermanos. Hay que crecer, hay que crecer en la fe, crecer, espiritualmente hablando. El débil en la fe es carnal, claro que sí. El débil en la fe no solamente es carnal, se junta con carnales. Anda buscando personas que tienen las mismas costumbres que tienen ellos, porque no hay sed de Dios. La sed que ellos tienen es de fregar, de sentarse junto a la mesa, de pegar las grandes comidas, de hacer esto, de hacer lo otro, de «jajaja» y «jejeje», pero está muy lejos de buscar a Dios. El débil: él es el centro de su fe, no Cristo. Esa persona que todavía dice: Yo llegué a la iglesia y no me hablaron. Llegué a la iglesia y no me buscaron. A mí no me llamaron. Estuve en el hospital y nadie me fue a ver». Porque usted cree que es el centro de la fe, cree que todo gira alrededor de usted. Los débiles valoran la iglesia por lo que la iglesia puede hacer por ellos, no por lo que ellos pueden hacer por la iglesia. El débil en la fe depende de otros creyentes. 

Yo he tenido personas a lo largo de mi ministerio que no les puedo explicar las cosas que he pasado. Había un señor que se sentaba aquí adelante, que en todos los cultos habidos y por haber tan pronto decíamos «amén», el hombre estaba aquí. Se quitaba el sombrero y decía: -Ore por mí, pastor. Se imagina eso en cada servicio, tanto que oré por ese viejo que hoy en el mundo anda, tiempo perdido. ¿Por qué? Porque mire, hermano, el mismo Dios que tengo yo lo tiene usted. Y ya le he dicho que no me venga a decir: -Pastor, usted que está cerca de Dios. No, cerca de Dios están los que están muriendo. La distancia la medimos nosotros, Dios no se ha movido de su lugar, está en el mismo lugar. Somos nosotros los que nos alejamos o nos acercamos. Es el mismo Dios, es el mismo Señor. 

A veces se espera mucho del pastor, del terrenal, que tenemos aquí. Hace poco estaba hablando con mi hijo de que los ministerios quieren que yo esté al tanto de lo que está pasando con ellos, me encantaría, pero ya no me dan las energías, lo siento. Ya no tengo los 26 años que tenía cuando vine, hoy parezco un mueble fino, bien acabado. Pero no hemos ignorado la situación; para eso les hemos puesto empleados, hemos buscado personas para que estén cerca de ellos, porque no quiere decir que no nos importe, lo que pasa es que hay ciertas cosas donde ya no es lo mismo, ya no se puede. Yo solo puedo escuchar sus penas, créame, pero el que le va a ayudar con sus penas es Dios. Yo lo puedo ir a visitar al hospital, claro que lo puedo ir a visitar, pero quien lo va a sacar de ahí es Dios, no soy yo. Es Dios, amado, es el Señor, es el Todopoderoso.

El débil en la fe siempre está desanimado. Ya usted no le quiere ni preguntar cómo está, porque ya sabe la respuesta. El débil busca los defectos de la iglesia, el maduro sabe que no hay iglesia perfecta. El cristiano débil es murmurador, es chismoso, se queja de todo. El creyente débil busca una almohada; el maduro busca una cruz. Si usted es de esas personas débiles que toda la vida anda cabizbajo, que toda la vida anda quejándose de una cosa, quejándose de la otra, y es tiempo de crecer.

Efesios 3: 16(RVR960): Para que os dé, conforme a las riquezas de su gloria, el ser fortalecidos con el poder. Pídale fuerzas a Dios, pídale fuerzas al Señor. 

Yo me desanimo por mil cosas también, cuando hay demasiado trabajo, cuando hay demasiada gente con sus situaciones, aún cuando uno puede esperar del mundo la oposición, pero cuando los creyentes mismos se oponen a la obra de Dios, se decepciona uno. Pero a mí la decepción me dura un poquitito, le cuento, poquitito me dura. Al ratito yo estoy que quiero conquistar al mundo. Que haga cada cual lo que quiera, que digan lo que quieran, que hagan lo que se les ocurra, lo que quieran, porque poderoso es Dios, hermano. Poderoso es Dios. Poderoso es el Señor. Una cosa sí le digo: la verdad siempre triunfa sobre la mentira, toda la vida. La verdad siempre triunfa sobre la mentira.

Si usted anda medio chueco en su vida cristiana, medio chueco en su vida espiritual, pídale fortaleza a Dios, hermano. Ahora, si quiere buscar a Dios de todo corazón, pues comience a tomar decisiones que tomaria un cristiano, de alguien que se hartó del mundo y dice: -¿Sabes qué? Yo no quiero seguir así. Yo quiero trabajar para mi Señor. Yo quiero servir a mi Dios. Yo quiero buscar a Dios con el alma. Yo tengo sed de Dios, pastor. Yo tengo sed de mi Señor. Yo tengo hambre de la palabra. Yo no puedo pasar u momento sin estar escuchando la palabra del Señor, lo necesito, lo busco, lo quiero.

Falta de apetito por la palabra, falta de oración, falta de buscar a Dios, falta de sed de Dios y debilidad.

La semana pasada terminé con lo mismo que voy a terminar ahora. 

Hay un peligro, un cristiano enfermo que no toma acción, lo más seguro es que su fe comience a morir. Cuando usted platica con algunos hermanitos y comienza a hacer remembranza, y comienza a peguntar: -Ey, ¿qué pasó con el brother fulano? ¿Y dónde está? No, ya no. Oigame, ¿y qué pasó con aquella pareja, con aquella familia? No, ya no. Te estoy hablando del peligro. Tengo algunos años en el ministerio y hay personas que se fueron a dar la vuelta a la vida, se fueron a dar la vuelta por aquí, a dar la vuelta por allá, regresaron al mismo lugar. ¿Saben qué nos encontraron haciendo? Lo mismo que hace 30 años: predicando el evangelio en medio de los valles y las montañas. En medio de las pruebas y las cosas difíciles, jamás hemos dejado de predicar la palabra en medio de toda situación, en medio del dolor, en medio de la tristeza, en medio de problemas, en medio de cuestiones. Y sí que hemos pasado pruebas! Pero ¿qué es lo que hay que hacer? Hay un momentito que uno, ¿verdad?, agacha la cabeza y se levanta y dice: -Ya pasó el tráiler, ya pasó. Pues sigamos adelante. Pero nunca hemos dejado de hacer lo que estamos haciendo.

Hay un peligro. Hay un peligro. Y hay personas que no se toman en serio estas palabras. Si usted está enfermo, necesita ayuda espiritual. Haga cambios en su vida. Así como le dice el médico: -Haga cambios en su dieta, comience a caminar, coma más saludable, haga esto, haga lo otro, haga aquí, haga allá. En la vida espiritual es igual; o cambia ciertas cosas o su fe se va a terminar muriendo, como sucede con cientos de personas que nosotros hemos conocido en todas estas décadas, de gente que un día demostró ser fiel al Señor y estar al frente de un ministerio, trabajar para el Señor, pero su fe comenzó a decaer, a decaer, a decaer hasta que se acabó esa fe, ahora viven como si nunca hubieran conocido la gracia y la misericordia de Dios. Hay un peligro, mis amados, hay un peligro, tomemos acción y pidamos a Dios que tenga misericordia de nosotros.

Vamos a orar: Padre, al pensar en todas estas cosas, Señor, viene a mi mente aquel pasaje de la escritura (1 Corintios 10:12) que dice: Así que, el que piensa estar firme, mire que no caiga. Y en esta hora pedimos por esa fortaleza que viene del cielo, esa fortaleza que viene de Dios, fortalece nuestro hombre interior, Padre. Danos hambre por tu palabra, danos sed de ti. Que podamos decir como el salmista (Salmos 42): ¿Por qué te abates, oh alma mía, Y te turbas dentro de mí? Que podamos decir: Mi alma tiene sed de Dios, del Dios vivo. Tu palabra dice que el que te busca de corazón te encuentra, Señor. Y en esta hora aquí estamos delante de ti buscándote de todo corazón.

Mientras todos oramos, si usted nunca le ha entregado su vida al Señor Jesucristo y quisiera conocer a Dios de una manera más personal, pues usted puede hacerlo a través de una oración sencilla de fe. Usted puede invitar a Jesucristo a que venga a su vida, a que venga a su corazón. Dígale al Señor de esta manera, en oración, con fe: Señor Jesús, me arrepiento de mis pecados. Te pido perdón por mis ofensas. Te doy gracias por lo que hiciste en la cruz, y en este día te entrego mi corazón, te entrego mi vida. Perdóname, Señor. Gracias por tu preciosa sangre que derramaste en la cruz para el perdón de mis pecados. En este día te recibo como el Señor y Salvador de mi vida. Si usted hizo esta oración, quiero animarle a crecer en el conocimiento de Dios, su Santa y Bendita palabra.

Gracias, Padre, por habernos permitido estar en tu casa, por buscar tu rostro, por buscar tu presencia, por haber puesto el buen deseo en nuestro corazón de venir a la casa de Dios y por haber obedecido a ese deseo. Señor, despídenos con tu paz y tu bendición, en el nombre de Jesús. Amén y amén.

Que la paz de Cristo les acompañe, mis amados. 

Que Dios les bendiga.

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Salud espiritual 2


Abril 26, 2026 – 2:00PM | 3 Juan 2 | Dr. David Rodríguez

Etiquetas: 3 juan, abril 2026, pastor david rodriguez, transcripcion


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TRANSCRIPCIÓN

Comenzamos la semana pasada el tema de Salud Espiritual, hablamos de la importancia de la salud espiritual. 

3 Juan 1:2 (RVR1960): 2 Amado, yo deseo que tú seas prosperado en todas las cosas, y que tengas salud, así como prospera tu alma. 

Obviamente cuando nos enfermamos es una cosa delicada, y todos cuidamos nuestra salud física, porque nadie quiere estar enfermo. Es bueno cuidar de nuestra salud física, pero la salud espiritual es bien importante; me atrevería a decir que es mucho más importante, porque la salud espiritual trae consecuencias eternas. La física: nos vamos a morir, eso ya lo sabemos, tarde o temprano, unos más tarde que otros, ¿verdad?, pero la salud espiritual, hermanos, eso tiene que ver con la eternidad.

Hay síntomas que nos hacen buscar ayuda: falta de apetito, debilidad, cansancio, confusión, dificultad para respirar, y otro tipo de cosas. Hacemos citas con el médico, ¿verdad? 

La semana pasada comenzamos con una lista de síntomas: hablando de la falta de apetito, dijimos que la palabra de Dios es nuestro alimento. Y si una persona no se alimenta de la palabra de Dios, entonces enferma es cuestión de tiempo. ¿Usted cree que venir a la casa de Dios, y sentarse no tiene importancia? Se equivoca. La comida nos alimenta, la necesitamos. Así mismo sucede con el alimento espiritual. Yo decía: esa es una de las primeras cosas que tenemos que tomar en consideración: la falta de apetito. Jesucristo dijo (Mateo 4:4): No solo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios. Dijimos que si usted no tiene hambre por la palabra, si le da igual comer o no comer, si no la busca, si no siente la necesidad de alimentarse, de ir a la casa del Señor, usted está enfermo y es necesario buscar ayuda.

Luego hablamos de la oración, que es como el oxígeno para nosotros. Cuando alguien dice: -Yo siento que tengo problemas, que no puedo respirar. La falta de oración es una de esas enfermedades espirituales más comunes en el pueblo de Dios. Cuando nos ponemos mundanales, significa que usted no está comiendo ni orando. Cuando nos ponemos así, que por cualquier cosa dejamos de ir a la iglesia, usted no está ni comiendo y usted no está orando. Dijimos que la vida cristiana es una guerra espiritual y la oración es un arma poderosa. 

Mencionamos también que una bomba química no le hace nada al diablo, pero una oración lo pone a temblar. Hablamos de cómo Corrie ten Boom, en su libro Refugio secreto, hizo una pregunta a los creyentes: ¿Es la oración el volante, el timón de su vida, o es la llanta de repuesto?

Hoy quiero hablar de otro síntoma que denota que hay una enfermedad en nuestra vida:

  1. La sed de Dios.

Salmos 42: 1-3 (RVR1960): Como el ciervo brama por las corrientes de las aguas, Así clama por ti, oh Dios, el alma mía. 2 Mi alma tiene sed de Dios, del Dios vivo; ¿Cuándo vendré, y me presentaré delante de Dios? 3 Fueron mis lágrimas mi pan de día y de noche, Mientras me dicen todos los días: ¿Dónde está tu Dios? 

San Agustín de Hipona, un filósofo y teólogo del siglo IV, dijo las siguientes palabras: “La calidad de una persona se mide por la calidad de lo que ama y en lo que se deleita. El corazón es conocido por sus deleites”. Es por eso que San Agustín consideraba que el alma vil se deleita de cosas viles. El alma superficial se deleita de cosas superficiales. El alma noble y excelente se deleita de aquello que es noble, de aquello que es excelente. Por ejemplo, toda persona que no conoce a Dios tiene un vacío en el alma. Toda persona tiene sed de algo, toda persona anhela cosas para poder llenar ese vacío. Es por eso que todo hombre experimenta anhelos, deseos (sean lícitos o no sean lícitos) pero hay anhelos en el corazón, hay deseos en el corazón del ser humano. ¿Por qué? Porque hay un vacío y queremos llenar ese vacío.

Entonces, la pregunta es: ¿de qué cosas estamos sedientos nosotros? Y vale la pena que se haga esa pregunta a usted: ¿de qué está sediento usted? ¿Con qué busca usted la manera de sustituir ese vacío? Porque si usted anda buscando algo es porque usted cree, siente, que no está completo(a). Es por eso que las ciudades siempre están buscando entretenimiento, la gente paga lo que sea por divertirse, por entretenerse, porque hay sed. ¿Cuál es la sed que usted tiene? ¿Qué es lo que usted busca?

Algunos llenan ese vacío con el trabajo y se convierten en workaholics. Y algunas veces, hermano, está bien que usted sea un workaholic. Pero fíjate, yo le digo a un hermano: -Ey, mi brother, hace rato que no lo veo. _Es que he estado trabajando, pastor. Y le digo yo: -O sea, que ese colchón debe estar lleno de billetes. Eso es lo peor, trabajo tanto y no tengo nada. ¿Ya pensó usted en eso? Que usted es un burro, espiritualmente hablando, se pasa la vida trabajando y nunca tiene nada. 

¿Cuál es la sed de su alma? Dinero, sexo, éxito, fama. ¿Cuál es la sed? ¿Qué es lo que le causa satisfacción a su vida? ¿Qué es lo que le da sentido a la existencia, a su existencia en el mundo?

Hay un hombre en la Biblia que buscó satisfacer su alma en todas las cosas, en todos los aspectos. De hecho, se conoce como el hombre más rico que haya existido en el Antiguo Testamento y fue un rey. Su nombre: Salomón. Primero se metió en cuestiones filosóficas: el ser o no ser. Compuso, dice la palabra de Dios, 3,000 Proverbios, es decir, se puso a escribir. Compuso 100 canciones. Dice la Biblia que Salomón disertó sobre los árboles, sobre los animales, sobre las aves, sobre los reptiles y sobre los peces. Imagínese usted. Él quiso saciar esa sed que tenía, esa necesidad de Dios. Y cuando no encontró satisfacción en la filosofía, se puso a diseñar obras monumentales. Construyó el templo, lo que se conoce como el templo de Salomón. Dicen algunos estudiosos que si tuviéramos que evaluar el templo en dinero de nuestros días, andaría costando quizás unos 140 billones de dólares por la hermosura y la cantidad de oro que tenía el templo en aquel entonces. Construyó ciudades fortificadas, levantó muros para proteger la ciudad de Jerusalén. Construyó su propia casa. Imagínate que la construyó en 13 largos años. 

Posesiones. Si usted cree que la felicidad está en las posesiones, pregúntele a Salomón. Pregúntele a Salomón. Hace poco estaba escuchando de un hombre rico, bastante rico, decían: «Este hombre pudiera vivir 700 veces y no gastarse lo que tiene». Piense por un instante cuánto le queda a usted y a ver si se puede gastar lo que cree que tiene. Ja ja.

Los placeres. ¿Sabe qué dijo Salomón acerca de los placeres? En Eclesiastés (2:10): No negué a mis ojos ninguna cosa que desearan, ni aparté mi corazón de placer alguno, porque mi corazón gozó de todo mi trabajo; y esta fue mi parte de toda mi faena. Tengo que confesar que he deseado varias y no he podido porque no me alcanza. Pero si compro esto, no puedo comprar aquello. ¿Y sabe qué terminó diciendo este hombre? (Eclesiastés 12:8): Vanidad de vanidades, dijo el Predicador, todo es vanidad. 

Si usted dice que es cristiano, yo le hago la pregunta: ¿qué anhela su alma? Hay personas que, como dice un amigo mío por ahí, están bien enredados en las patas de los caballos. Y quiero decirle algo, mi hermano, que yo he podido percibir a lo largo de muchos años. Hay personas que tienen de conocer a Dios y el evangelio mucho tiempo, pero lastimosamente quieren vivir en dos mundos y así no se puede.

Vivimos en una ciudad, especialmente con las redes sociales, donde todo se sabe, todo se mira, porque ahora la gente ya no tiene ni siquiera ese pudor. Y déjeme decirle que a cualquier iglesia que usted vaya, a cualquiera, usted va a encontrar a un grupo de personas que, lastimosa y desgraciadamente, tienen sed de mundo. Y cuando llegan a una iglesia, no vienen buscando a Dios.  ¿Sabe qué dice la palabra? Deuteronomio 4:29(RVR1960): Mas si desde allí buscares a Jehová tu Dios, lo hallarás, si lo buscares de todo tu corazón y de toda tu alma. La pregunta que estoy haciendo es: ¿cuánta sed de Dios tiene usted? ¿Cuánta sed de Dios? ¿Qué tanto su alma anhela al Señor? ¿Cómo puede pasar un domingo, dos domingos, tres domingos sin acercarse a la casa de Dios, sin alimentarse de la palabra, sin que su alma le reclame y le diga: -Oye, tengo hambre, tengo sed. Alimenta mi alma, por favor. ¿Cómo es posible? ¿Cómo podemos vivir de esa manera, hermanos? Si Dios es todo para nosotros, ¿qué tanta sed? ¿Qué tanta sed tenemos? ¿Qué necesidad de satisfacer su alma en una discoteca a las 4 de la mañana? Hay personas que no están aquí porque llegaron a las 5 de la mañana hoy. ¿Qué le dice eso? ¿Qué le dice que ya después de un rato usted agarra el micrófono en el lugar donde está y comienza a cantar con el resto de la gente? Es que tengo el corazón desgarrado y los grandes videos ahí, y al siguiente día todo el mundo sabe ya. Y yo veo a esa persona y digo: -Pero si este cuate está casado, ¿qué está haciendo ahí? Por amor de Dios, ¿dónde está la mujer? Esta mujer, ¿qué está haciendo ahí? Tiene su marido. Estoy hablando de la sed de Dios. Por eso comencé preguntando: ¿de qué tiene sed su alma? ¿De qué tiene sed su alma? Jesús le dijo a la mujer samaritana, Juan 4: 13-14 (RVR1960): 13 Respondió Jesús y le dijo: Cualquiera que bebiere de esta agua, volverá a tener sed; 14 mas el que bebiere del agua que yo le daré, no tendrá sed jamás; sino que el agua que yo le daré será en él una fuente de agua que salte para vida eterna. ¿Sabe por qué? Porque Cristo es más que suficiente, Jesús es más que suficiente. El Señor va a saciar tu alma. El Señor va a saciar tu vida. El Señor va a saciar tu corazón. No vas a tener necesidad de esas cosas.

Yo dije que todos tenemos sed. ¿Por qué buscar saciar el alma en el mundo? ¿Está usted sediento de Dios? Y déjame decirte que el mundo lo que hace es que te reseca, te daña el alma. Y por eso es que toda la vida, algunas personas, andan buscando saciar su sed donde el agua no alcanza, Jesucristo es el único que puede saciar nuestra sed, mis amados hermanos. Y Él dice que si lo buscamos de todo corazón lo vamos a encontrar.

Es bien fácil culpar, ¿no? Yo ahí no voy por esto, yo ahí no voy porque no sé qué, yo ahí no voy porque no sé cuánto. No, hermano, no es la iglesia, es usted.Porque Él dice: El que me busca de todo corazón me encuentra.

Quiero que entienda algo muy importante: Jesús no recibe adoración de cualquier persona. ¿Sabe qué dice la palabra? (Juan 4: 23-24): Que Él busca verdaderos adoradores que le adoren en espíritu. Usted está en el lugar correcto, si usted dice: -Pastor, ayer llegué a las 5 de la mañana, pero me vine para mi culto, aquí estoy. Chévere, que bueno. Pero una cosa te quiero decir: no es suficiente para Dios, créame, no es suficiente; porque El busca verdaderos adoradores. Él busca personas que le adoren de todo corazón, y por la manera como usted está viviendo y por las cosas de las que usted disfruta, las cosas de las que usted se sacia, le dice mucho a Dios de cuán importante es el Señor para usted. En Cristo tenemos todo. 

Efesios 1:3 (RVR1960): Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos bendijo con toda bendición espiritual en los lugares celestiales en Cristo. Lo que pasa es que muchas personas no andan buscando eso.

La soledad.

Hay personas que han dicho: -Es que la soledad es perra, pastor. El pastor Junior acaba de predicar un sermón que se llamó: «El demonio de la soledad». Déjeme decirle algo: hay personas que me han dicho: -Yo con mi Señor Jesucristo estoy bien. A mí el Señor llena mi alma, el Señor llena mi corazón. Dios llena lo que yo puedo desear o necesitar. ¿Dime? Y aquellos a los que les ha ido mal en la feria dicen: Volver a casarme? ¡Ni loco! Yo con mi Señor estoy más que suficiente. ¿Te das cuenta? La palabra dice que Dios nos ha bendecido, y no con la mitad de bendiciones espirituales, sino que nos ha bendecido con toda bendición espiritual, es decir, no necesitamos ninguna otra cosa, amados míos. Dios suple esa necesidad que usted pueda tener. Entonces, ¿qué tanta sed de Dios tiene usted?

  1. La debilidad. 

Romanos 14:1 (RVR1960): Recibid al débil en la fe, pero no para contender sobre opiniones. 

La debilidad es una enfermedad también. Usted se siente débil, especialmente usted que toda la vida ha sido fortachón, ¿verdad? ¡Qué gran hombre, grandote, grandes músculos, y ahora resulta que usted se marea con facilidad en el trabajo! O cada vez que ve a la esposa le da mareo de tanto escucharla. Pero bueno, usted podrá decir: Yo me siento mareado, ¿qué me está pasando?. Hay una debilidad espiritual también.

¿Quiénes son los débiles en la fe? La debilidad en la fe tiene que ver con muchas cosas. Entre ellas, tiene que ver con la falta de crecimiento espiritual. ¿Por qué? Porque no existe un plan para crecer. Ya le hablé de leer la palabra. Ya le hablé de la oración. Le acabo de hablar en este momento de la sed. ¿Usted cree que eso es suficiente para crecer? Necesita un plan. Está leyendo el evangelio según San Juan, ya pasó para el libro de los Hechos, ahora está con Romanos. Se compró una Biblia de estudio. ¿Hay un plan para crecer? O es usted el tipo de personas que dice: -Mire pastor, yo trato la manera de que el día miércoles no perderme los estudios porque me ayudan a crecer. Hay un plan para crecer. Pero si no existe un plan para crecer, usted va a vivir eternamente débil en la fe. Y eso lo lleva a otra situación: ignorancia de la Biblia, de las Escrituras.

Había una señora que venía por acá, y cada vez que le preguntamos: Hermana, ¿qué tal? ¿Cómo está? -Bien, bien. ¿Y cómo sigue con tal cosa? Ahí vamos, pastor, primero Dios y la virgen que vamos a salir adelante, pastor. ¡Vaya! Y yo he visto desde aquí, cuando hemos dicho: Vamos a orar, hay personas que se persignan. Está más enredada esa persona porque no sabe ni en qué ha creído siquiera. Pero ¿por qué? Porque no leen. O sea, no hay un plan para crecer espiritualmente.

La debilidad tiene que ver con la falta de crecimiento, con la ignorancia de las Escrituras, tiene que ver con que usted pone —y mire esto, esto es tan importante, a mí me sorprende mucho— que su mirada está puesta en la conducta de la gente en lugar de poner su mirada en Jesucristo. Usted no puede poner su mirada en la conducta, lo que hace uno, lo que hace el otro. «Mira aquel, ¿a dónde fue? Mira dónde estuvo.» Ahí digo que Dios los ayude a tomar las mejores decisiones, pero eso no va a mover mi fe. Usted podrá hacer lo que usted quiera, hermano. Se podrá convertir en lo que usted quiera. Podrá hacer lo que se le ocurra, su santa gana. Eso no va a mover mi fe porque yo sé en quién he creído. Yo sé dónde está mi fe, en quién he puesto mi mirada. Y aunque uno se haga a un lado, el otro se haga a otro lado, vamos a caminar juntos y vamos a buscar la manera de glorificar juntos al Señor. Pero si usted en el camino decide desviarse, lo siento mucho. Yo no me voy a mover. Yo no soy de que «ya que este se metió al barranco, me voy a meter yo también». No sea bobito, hombre. De ninguna manera. Ponga la mirada en Jesús, ya deje sus debilidades.

El débil en la fe le encanta juzgar a la gente. Un día uno me dijo: -Yo me decepciono cuando veo lo que hacen los hermanos. Le dije: Yo también, pero como yo no los miro a ellos sino al Señor, ¿por qué me voy a decepcionar? Usted entiende la naturaleza humana, entiende nuestras luchas, entiende nuestras batallas, pero tampoco vamos a morir así, hermanos. Hay que crecer, hay que crecer en la fe, crecer, espiritualmente hablando. El débil en la fe es carnal, claro que sí. El débil en la fe no solamente es carnal, se junta con carnales. Anda buscando personas que tienen las mismas costumbres que tienen ellos, porque no hay sed de Dios. La sed que ellos tienen es de fregar, de sentarse junto a la mesa, de pegar las grandes comidas, de hacer esto, de hacer lo otro, de «jajaja» y «jejeje», pero está muy lejos de buscar a Dios. El débil: él es el centro de su fe, no Cristo. Esa persona que todavía dice: Yo llegué a la iglesia y no me hablaron. Llegué a la iglesia y no me buscaron. A mí no me llamaron. Estuve en el hospital y nadie me fue a ver». Porque usted cree que es el centro de la fe, cree que todo gira alrededor de usted. Los débiles valoran la iglesia por lo que la iglesia puede hacer por ellos, no por lo que ellos pueden hacer por la iglesia. El débil en la fe depende de otros creyentes. 

Yo he tenido personas a lo largo de mi ministerio que no les puedo explicar las cosas que he pasado. Había un señor que se sentaba aquí adelante, que en todos los cultos habidos y por haber tan pronto decíamos «amén», el hombre estaba aquí. Se quitaba el sombrero y decía: -Ore por mí, pastor. Se imagina eso en cada servicio, tanto que oré por ese viejo que hoy en el mundo anda, tiempo perdido. ¿Por qué? Porque mire, hermano, el mismo Dios que tengo yo lo tiene usted. Y ya le he dicho que no me venga a decir: -Pastor, usted que está cerca de Dios. No, cerca de Dios están los que están muriendo. La distancia la medimos nosotros, Dios no se ha movido de su lugar, está en el mismo lugar. Somos nosotros los que nos alejamos o nos acercamos. Es el mismo Dios, es el mismo Señor. 

A veces se espera mucho del pastor, del terrenal, que tenemos aquí. Hace poco estaba hablando con mi hijo de que los ministerios quieren que yo esté al tanto de lo que está pasando con ellos, me encantaría, pero ya no me dan las energías, lo siento. Ya no tengo los 26 años que tenía cuando vine, hoy parezco un mueble fino, bien acabado. Pero no hemos ignorado la situación; para eso les hemos puesto empleados, hemos buscado personas para que estén cerca de ellos, porque no quiere decir que no nos importe, lo que pasa es que hay ciertas cosas donde ya no es lo mismo, ya no se puede. Yo solo puedo escuchar sus penas, créame, pero el que le va a ayudar con sus penas es Dios. Yo lo puedo ir a visitar al hospital, claro que lo puedo ir a visitar, pero quien lo va a sacar de ahí es Dios, no soy yo. Es Dios, amado, es el Señor, es el Todopoderoso.

El débil en la fe siempre está desanimado. Ya usted no le quiere ni preguntar cómo está, porque ya sabe la respuesta. El débil busca los defectos de la iglesia, el maduro sabe que no hay iglesia perfecta. El cristiano débil es murmurador, es chismoso, se queja de todo. El creyente débil busca una almohada; el maduro busca una cruz. Si usted es de esas personas débiles que toda la vida anda cabizbajo, que toda la vida anda quejándose de una cosa, quejándose de la otra, y es tiempo de crecer.

Efesios 3: 16(RVR960): Para que os dé, conforme a las riquezas de su gloria, el ser fortalecidos con el poder. Pídale fuerzas a Dios, pídale fuerzas al Señor. 

Yo me desanimo por mil cosas también, cuando hay demasiado trabajo, cuando hay demasiada gente con sus situaciones, aún cuando uno puede esperar del mundo la oposición, pero cuando los creyentes mismos se oponen a la obra de Dios, se decepciona uno. Pero a mí la decepción me dura un poquitito, le cuento, poquitito me dura. Al ratito yo estoy que quiero conquistar al mundo. Que haga cada cual lo que quiera, que digan lo que quieran, que hagan lo que se les ocurra, lo que quieran, porque poderoso es Dios, hermano. Poderoso es Dios. Poderoso es el Señor. Una cosa sí le digo: la verdad siempre triunfa sobre la mentira, toda la vida. La verdad siempre triunfa sobre la mentira.

Si usted anda medio chueco en su vida cristiana, medio chueco en su vida espiritual, pídale fortaleza a Dios, hermano. Ahora, si quiere buscar a Dios de todo corazón, pues comience a tomar decisiones que tomaria un cristiano, de alguien que se hartó del mundo y dice: -¿Sabes qué? Yo no quiero seguir así. Yo quiero trabajar para mi Señor. Yo quiero servir a mi Dios. Yo quiero buscar a Dios con el alma. Yo tengo sed de Dios, pastor. Yo tengo sed de mi Señor. Yo tengo hambre de la palabra. Yo no puedo pasar u momento sin estar escuchando la palabra del Señor, lo necesito, lo busco, lo quiero.

Falta de apetito por la palabra, falta de oración, falta de buscar a Dios, falta de sed de Dios y debilidad.

La semana pasada terminé con lo mismo que voy a terminar ahora. 

Hay un peligro, un cristiano enfermo que no toma acción, lo más seguro es que su fe comience a morir. Cuando usted platica con algunos hermanitos y comienza a hacer remembranza, y comienza a peguntar: -Ey, ¿qué pasó con el brother fulano? ¿Y dónde está? No, ya no. Oigame, ¿y qué pasó con aquella pareja, con aquella familia? No, ya no. Te estoy hablando del peligro. Tengo algunos años en el ministerio y hay personas que se fueron a dar la vuelta a la vida, se fueron a dar la vuelta por aquí, a dar la vuelta por allá, regresaron al mismo lugar. ¿Saben qué nos encontraron haciendo? Lo mismo que hace 30 años: predicando el evangelio en medio de los valles y las montañas. En medio de las pruebas y las cosas difíciles, jamás hemos dejado de predicar la palabra en medio de toda situación, en medio del dolor, en medio de la tristeza, en medio de problemas, en medio de cuestiones. Y sí que hemos pasado pruebas! Pero ¿qué es lo que hay que hacer? Hay un momentito que uno, ¿verdad?, agacha la cabeza y se levanta y dice: -Ya pasó el tráiler, ya pasó. Pues sigamos adelante. Pero nunca hemos dejado de hacer lo que estamos haciendo.

Hay un peligro. Hay un peligro. Y hay personas que no se toman en serio estas palabras. Si usted está enfermo, necesita ayuda espiritual. Haga cambios en su vida. Así como le dice el médico: -Haga cambios en su dieta, comience a caminar, coma más saludable, haga esto, haga lo otro, haga aquí, haga allá. En la vida espiritual es igual; o cambia ciertas cosas o su fe se va a terminar muriendo, como sucede con cientos de personas que nosotros hemos conocido en todas estas décadas, de gente que un día demostró ser fiel al Señor y estar al frente de un ministerio, trabajar para el Señor, pero su fe comenzó a decaer, a decaer, a decaer hasta que se acabó esa fe, ahora viven como si nunca hubieran conocido la gracia y la misericordia de Dios. Hay un peligro, mis amados, hay un peligro, tomemos acción y pidamos a Dios que tenga misericordia de nosotros.

Vamos a orar: Padre, al pensar en todas estas cosas, Señor, viene a mi mente aquel pasaje de la escritura (1 Corintios 10:12) que dice: Así que, el que piensa estar firme, mire que no caiga. Y en esta hora pedimos por esa fortaleza que viene del cielo, esa fortaleza que viene de Dios, fortalece nuestro hombre interior, Padre. Danos hambre por tu palabra, danos sed de ti. Que podamos decir como el salmista (Salmos 42): ¿Por qué te abates, oh alma mía, Y te turbas dentro de mí? Que podamos decir: Mi alma tiene sed de Dios, del Dios vivo. Tu palabra dice que el que te busca de corazón te encuentra, Señor. Y en esta hora aquí estamos delante de ti buscándote de todo corazón.

Mientras todos oramos, si usted nunca le ha entregado su vida al Señor Jesucristo y quisiera conocer a Dios de una manera más personal, pues usted puede hacerlo a través de una oración sencilla de fe. Usted puede invitar a Jesucristo a que venga a su vida, a que venga a su corazón. Dígale al Señor de esta manera, en oración, con fe: Señor Jesús, me arrepiento de mis pecados. Te pido perdón por mis ofensas. Te doy gracias por lo que hiciste en la cruz, y en este día te entrego mi corazón, te entrego mi vida. Perdóname, Señor. Gracias por tu preciosa sangre que derramaste en la cruz para el perdón de mis pecados. En este día te recibo como el Señor y Salvador de mi vida. Si usted hizo esta oración, quiero animarle a crecer en el conocimiento de Dios, su Santa y Bendita palabra.

Gracias, Padre, por habernos permitido estar en tu casa, por buscar tu rostro, por buscar tu presencia, por haber puesto el buen deseo en nuestro corazón de venir a la casa de Dios y por haber obedecido a ese deseo. Señor, despídenos con tu paz y tu bendición, en el nombre de Jesús. Amén y amén.

Que la paz de Cristo les acompañe, mis amados. 

Que Dios les bendiga.

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