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Salud espiritual 1

Abril 19, 2026 – 2:00PM | 3 Juan 2 | Dr. David Rodríguez

Descargar Texto: Sermón en PDF

Etiquetas: 3 juan, abril 2026, pastor david rodriguez, transcripcion

TRANSCRIPCIÓN

Bueno, el tema de hoy nos va a tomar algunas semanas. No quiero decir que vamos a estar aquí tres semanas a partir de ahora, ¿cierto? Pero no quisiera apresurarme con el tema de hoy porque pienso que es necesario.

Vamos a irnos a 3 de Juan, eso está un poquitito antes de Apocalipsis. Quiero hablar acerca de Salud Espiritual. Quiero hablar de la importancia de este tema en nuestro diario caminar con el Señor.

Recuerde que Juan, el amado, escribió el evangelio según San Juan, escribió 1, 2 y 3 de Juan, y además de eso escribió Apocalipsis, ¿verdad? Yo quiero que estas tres semanas se imagine que está viendo al doctor y que el doctor le va a hacer exámenes, ¿de acuerdo?

3 Juan 2(RVR1960): 2 Amado, yo deseo que tú seas prosperado en todas las cosas, y que tengas salud, así como prospera tu alma. 

Vamos a pedir a Dios que nos bendiga. Padre querido, quiero pedirte, Señor, que nos hables al corazón. Estamos confiados en tu palabra. Nos sometemos a la autoridad de las Sagradas Escrituras, a tu autoridad, y pedimos que bendigas nuestro corazón. Ayúdanos, Padre, te lo pedimos en el nombre de Jesús. Amén.

La importancia de la salud. 

Si quisiéramos hablar de la salud, aquí en Canadá hay mucho que decir. Dicen las estadísticas que en Canadá hay un doctor de familia por cada 840 personas; y de acuerdo con información reciente, 6 millones de adultos canadienses no tienen un doctor de familia. ¿Se puede imaginar? Países como Bélgica tienen una cantidad de médicos por cada 10,000 habitantes. Y bueno, a pesar de que este país, Canadá, gastó billones en programas de salud, solamente el año pasado casi 400 billones, mucha gente batallamos con enfermedades y, por supuesto, unas más complicadas que otras. 

Las recomendaciones más comunes para una vida saludable, usted sabe: una dieta balanceada, haz ejercicio, duerma bien, manténgase hidratado, evite el estrés. 

Hay síntomas de una enfermedad, y lastimosamente algunas personas atacan más los síntomas que la raíz del problema; y eso sucede a todos los niveles. Aquellas personas que vienen conmigo a consejería saben que yo los dejo hablar y yo les escucho, y escucho, y escucho, y cuando las personas me hablan de sus síntomas, les digo: -Hoy vamos a ver de dónde viene este problema, qué es lo que está ocasionando esta situación. Hay síntomas que manifiestan que algo anda mal: falta de apetito, debilidad, cansancio, confusión, mareos, cambios de personalidad, entre otros. Vamos a usar un tema que tiene que ver con desajustes mentales. Hoy quiero hablar acerca de salud espiritual. 

Las iglesias evangélicas pueden caer en la obsesión del crecimiento numérico y podemos descuidar la salud espiritual, esto es algo que me ha preocupado a mí toda la vida. Un balance fundamental en la iglesia de hoy en día es precisamente las dos cosas: cómo nosotros podemos crecer numéricamente, pero al mismo tiempo saludablemente.

Esta iglesia tiene una cantidad de programas que sirven para el crecimiento espiritual del pueblo. Tratamos, hasta donde sea posible, de poder alimentarlos con la bendita palabra del Señor; sin embargo, hay cristianos que invierten bastante tiempo para mantenerse saludables físicamente. Yo no estoy en contra de eso, pero conozco personas que van al gimnasio todos los días, porque me lo han dicho, pero yo no digo que deje de ir al gimnasio, estoy hablando de un balance. ¿Cuánto tiempo invertimos en salud espiritual? ¿Qué tanto valoramos nuestra salud espiritual? Quiero mencionar también la responsabilidad que tiene la iglesia y la responsabilidad que tiene el paciente. Porque usted va al médico y el médico le da indicaciones, pero el médico no va a ir a vivir a su casa para asegurarse que usted se va a tomar las pastillas. El médico no se va a ir a vivir a su casa para asegurarse que usted va a hacer las cosas que se le han pedido que hagan. La marca de una iglesia verdadera no es ni el tamaño ni la belleza de los edificios. ¿De qué nos serviría si estamos enfermos?

Quiero que veamos una lista de síntomas que manifiestan que estamos enfermos espiritualmente hablando. Hoy veremos únicamente dos cosas porque quiero ir despacio, quiero ir tranquilamente y quiero que comprendamos la importancia de esta situación. Estar enfermo no es ninguna cosa sencilla, ¿okay? Las enfermedades hay que tratarlas. Yo sé que muchos de nosotros vamos al médico cantidad de veces y, es por eso que no podemos descuidar la salud espiritual. No se puede, hermanos. Nos vamos a morir, hermanos, eso está claro. Pero si se muere la fe, ahí estamos fregados.

Enfermedades espirituales: 

  1. Falta de apetito por la Palabra.

Mateo 4:4(RVR1960): Él respondió y dijo: Escrito está: No solo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios. Hermano, si usted no tiene hambre por la palabra, si a usted le da igual comer o no comer, si no la busca, si no tiene la necesidad de alimentarse, usted está enfermo. 

Mire, me imagino que este dicho es de toda América Latina: Enfermo que come no se muere. Cuando una persona está débil, cuando una persona no quiere comer, el que está cuidando al enfermo se preocupa; le hacen sopitas, le hacen cositas, ¿verdad? La Biblia nos enseña que la palabra de Dios es nuestro alimento, es lo que me alimenta. 

Hay una ilustración de un hijo que le dijo a su papá: -Papá, ya no quiero ir más a la iglesia; porque la verdad, es que ni me acuerdo del último sermón que el pastor predicó. Y el papá le dice: -Mira, hijo, quiero decirte algo. Yo tengo 30 años casado con tu mamá, y no me acuerdo qué fue lo que ella me hizo de comida la semana pasada; pero una cosa sí sé: que ella me ha alimentado por 30 años. Y esa es la palabra, nos hemos alimentado por todo este tiempo-. No podemos dejar de alimentarnos porque nos vamos a morir, iglesia. ¡Por amor de Dios!

Esa falta de interés por el evangelio, esa negligencia, esa falta de apetito, hermano, por la palabra del Señor, de que nos da igual venir como no venir, nos da igual escuchar como no escuchar. Déjeme decirle: si usted no le hace falta escuchar la palabra de Dios, se lo estoy diciendo en este instante, usted está enfermo. Usted se puede ir a ver a un espejo y decir: ¡Mire qué bonito! ¡Mira qué bonita que estoy! Sí, pero ese cuerpo se lo van a terminar comiendo los gusanos “mijita”. Te estoy hablando del alma, te estoy hablando de tu espíritu, de eso te estoy hablando. Si usted no tiene hambre por la palabra del Señor, usted está enfermo(a), porque la palabra es mi alimento. La palabra de Dios es nuestro alimento por excelencia. 

Hebreos 4:12 (RVR1960): Porque la palabra de Dios es viva y eficaz, y más cortante que toda espada de dos filos; y penetra hasta partir el alma y el espíritu, las coyunturas y los tuétanos, y discierne los pensamientos y las intenciones del corazón. Esa es la palabra, la palabra viva.

El pastor Junior mencionaba hoy en su predicación de una persona que estaba en la cárcel, que nunca había agarrado una Biblia y en la cárcel le pusieron Biblia, él agarró la Biblia simplemente por agarrarla y la comenzó a leer. La persona hoy está fuera de la cárcel, y cuando él da testimonio, dice: -Ese libro tiene vida. ¿Te puedes imaginar? Esa es la palabra, es el alimento. 

La palabra de Dios tiene un poder transformador.

Josué 1:8 (RVR1960): Nunca se apartará de tu boca este libro de la ley, sino que de día y de noche meditarás en él, para que guardes y hagas conforme a todo lo que en él está escrito; porque entonces harás prosperar tu camino, y todo te saldrá bien. Día y noche la palabra, hambre por la palabra, necesidad de la palabra, necesidad de escuchar.

El jueves pasado fuimos a la boda de Jasmine, y cuando eché un vistazo: era una hora de ida y otra de regreso; y me encanta cuando hago esos viajes. ¿Sabe por qué? Porque puedo escuchar la Palabra de Dios. Yo soy el tipo de persona que si escucho un sermón, especialmente en inglés, quiero entenderlo. Y si el predicador dijo algo que yo no entendí, yo lo regreso, yo quiero entender qué es lo que está diciendo. Yo quiero absorber qué es lo que está diciendo el predicador. Y cuando dice algo que va conmigo, que me pega al corazón, que me encanta, que me gusta, voy y lo escribo. Eso es hambre mis hermanos. Hay algunas personas que cuando tienen hambre se ponen un poquito molestos, se ponen irritados, ¿no es cierto? Hay gente que comienza a temblar, yo no sé qué es lo que le agarra a usted; pero cuando se trata del hambre de la palabra del Señor, hermanos, ¿a quién no le gusta la palabra de Dios? 

Salmos 119:103 (RVR1960): ¡Cuán dulces son a mi paladar tus palabras! Más que la miel a mi boca. Esa es la palabra de Dios. Es dulce al paladar, es rica.

La palabra produce fe. 

Romanos 10:17(RVR1960): Así que la fe es por el oír, y el oír, por la palabra de Dios. El creyente saludable es diligente, es constante en asistir a escuchar la enseñanza de la palabra de Dios.

Déjenme contarles algo: -yo soy el pastor de esta iglesia y cuando otros pastores vienen y se paran aquí a predicar, yo soy bendecido con esa palabra, hermanos. ¿Sabe por qué? Porque yo vengo con una actitud de aprender, no vengo con la actitud de “yo lo sé todo, soy doctor en teología, ¿qué me van a enseñar a mí?” No, de ninguna manera, yo vengo con el deseo de aprender y sé que son hermanitos que se preparan bien para venir a predicar detrás de este púlpito, y a mí me bendicen. El creyente saludable es diligente, es constante en asistir, escuchar la enseñanza de la palabra del Señor. La palabra de Dios es la que nos alimenta, la que nos fortalece.

Los cristianos saludables tienen hambre de enseñanzas inspiradas por el Espíritu Santo y hacen tiempo para exponerse a esa palabra. Todos nos esforzamos y preparamos para venir a la casa del Señor a alimentarnos, hay que ser diligentes, esforzados, lleva sacrificio escuchar la palabra, para alimentarnos.

El cristiano saludable entra a la casa del Señor con anticipación, con expectativa de que Dios le va a hablar a su vida. Con esa expectativa: -¿Qué vas a hablar conmigo, Señor? ¿Qué me vas a decir este día? ¿Tengo hambre verdaderamente por la palabra o usted no tiene apetito por la palabra? ¿Le da igual? 

Fíjese en algo, nosotros comemos dos o tres veces al día, y algunos más; pero si hablamos de salud espiritual, hay personas que escuchan el culto del domingo a las 2 de la tarde, y no tocan la Biblia para más nada hasta el próximo domingo. Trate de comer nada más una vez a la semana a ver cómo le va. De eso estoy hablando, eso es salud espiritual. El cristiano saludable asiste a la casa del Señor, a los estudios bíblicos. 

Alguien decía: -Si usted quiere saber qué tan popular es la iglesia, venga al culto del domingo en la mañana. Usted quiere saber qué tan popular es el pastor, venga al culto del domingo en la noche. Usted quiere saber qué tan popular es Jesucristo, venga al servicio de media semana-. ¿Usted piensa que al venir a la iglesia le hace un favor a Dios? Es alimento espiritual, iglesia. El cristiano saludable no solamente asiste a la casa de Dios, también asiste a los estudios, lee su Biblia, tiene tiempo de oración, escucha programas cristianos, escucha música cristiana, llena su mente, llena su corazón con las cosas del Señor, es un balance. 

Mi familia sabe que yo amanezco el domingo con música cristiana, durante la semana igual, pero cuando ya escuché dos o tres alabanzas, ya el estómago espiritual me pide Palabra. Ya me voy a mis predicadores favoritos y pongo a escuchar la palabra del Señor, y me llena el alma, me llena el corazón. Cristianos enfermos salen de la iglesia sin ser movidos, salen así como mismo entraron. 

Los cristianos sanos son como los cristianos de Berea. 

Hechos 17:11 (RVR1960): Y estos eran más nobles que los que estaban en Tesalónica, pues recibieron la palabra con toda solicitud, escudriñando cada día las Escrituras para ver si estas cosas eran así. Los creyentes de Berea escuchaban la palabra atentamente y con respeto. Tenían corazones hambrientos por conocer la voluntad de Dios para sus vidas.

Tenemos un mar, un océano, de predicadores en las redes sociales y hay que tener cuidado, hay que saber qué es lo que uno consume; porque la chatarra no nutre, te engorda nada más. Y hay todo tipo de predicadores hoy en día. 

Si usted no tiene hambre por la palabra, está enfermo, y debe hacer algo al respecto. 

        2. Falta de oración.

Se dice que la oración es el oxígeno del cristiano, y la falta de oración es una de las enfermedades espirituales más comunes en la iglesia. Es de esas cosas, hermano, que a uno le cuesta entender.

Fíjate que nosotros crecimos, allá en mi país, con los viernes de milagros. Era viernes de oración, pero se le cambió de viernes de oración a viernes de milagros para los tiempos del pastor general. Había cantidad de milagros, hermanos. La gente no cabía. Había testimonios, y testimonios de cosas increíbles que solo Dios puede hacer. Pero cuando se cambió la modalidad, que ya no es el viernes de milagros sino viernes de oración, la asistencia bajó a la mitad. Entonces, yo le hago una pregunta: ¿qué andaba buscando la gente? ¿Al que hace los milagros o al milagro? Ese es el problema de nosotros. 

A muchas personas el orar les da sueño, otros después de 2 minutos ya no saben qué decir. Dios conoce nuestras necesidades aún antes de que se las pidamos. Y usted dirá: -Bueno, entonces, ¿por qué Dios pide que oremos? Para tener comunión con nosotros. Las relaciones personales crecen cuando compartimos tiempo juntos. Y esa es la oración. Yo comparto tiempo con mi Señor, mi relación con mi Señor crece. Y mira, cuando hablo de compartir tiempo con el Señor, me refiero a tener ese lugarcito para estar a solas con el Señor. 

Recuerdo cuando vivíamos en Surrey que el cuarto de David Junior, la ventana era una cosa maravillosa. Había árboles en la parte de atrás, y para mi, ir a sentarme a ese lugar con la palabra abierta, era un tiempo muy especial. Pero a medida que va pasando el tiempo, usted crea una relación con Dios, usted habla con Dios de todo, de todo. Cualquiera que lo escuchara pensaría que está loco, ¿verdad? Pero así crece la relación a través de la comunión. Oración, oración, oración.

Por medio de la oración vamos a conocer más a Dios. A través de la oración expresamos a Dios nuestro amor, nuestra gratitud, nuestra alabanza. Qué lindo eso. Yo no canto nada bien, hermano. Yo hago llorar a los ángeles cuando canto, pero yo le canto al Señor. Yo pongo alabanza y le canto a Dios. ¿Me entiende? Y yo siento que Dios acepta mi alabanza, porque Él no anda buscando tener una linda voz como las personas que pasan aquí al frente; antes de ver la voz, Dios te mira el corazón.

Es a través de la oración que yo expreso gratitud. Es a través de la oración que yo alabo a mi Señor. Es a través de la oración que yo muestro mi amor por Él. A través de la oración también intercedemos por hermanos que están pasando pruebas. Usted está hablando con Dios y de repente se acuerda de un hermano, de una hermana y usted dice: -Señor, ten misericordia de este hermano, ayúdale con esta situación. Padre, no te pido nada por mí en esta oportunidad, pero te ruego por él, por ella. Es la intercesión. Por medio de la oración pedimos fuerzas también a Dios. Si tenemos atracción por el mundo, aquellas cosas que nos cuesta dejar, aquellas cosas que nos mantienen cautivos, lo que sea. No hay una adicción que usted no pueda dejar con la ayuda de Dios. No existe. Sea lo que sea y de lo que se trate, no existe nada, porque todo lo podemos en Cristo que nos da la fuerza. Todo lo podemos en Cristo que nos fortalece. Eso dice la palabra. Y cuando usted se aferra al Señor y usted dice: Señor, yo de que salgo, salgo. Yo de que termino, termino. Yo de que lo voy a lograr en el nombre tuyo, lo voy a lograr. Sea lo que sea, en el nombre del Señor todo es posible, pero tiene que aferrarse a esta situación.

Y si usted no ora, si usted no hace tiempo para orar –antes de comenzar el servicio tuvimos una larga conversación con la hermana Daisy allá afuera y le digo: -Hermana Daisy, me molesta el hecho de que las casas de oración hayan bajado tanto la asistencia. ¿Qué pasa entonces? ¿Será que cuando andábamos a pata, andábamos caminando, entonces sí podíamos asistir a una casa de oración para que Dios nos diera un carro? Pero ahora que ya tenemos el carro, ¿no es necesario orar? ¿Será que antes cuando vivíamos del cheque, del welfare, asistíamos a la casa de oración para que Dios nos concediera un trabajo, y ahora que tenemos un buen trabajo ya no es necesario ir a orar? ¿Por qué voy a ver la oración de lejos? ¿Por qué voy a minimizar la oración?

Y quiero decirle algo. Si su vida se ha desgraciado por la razón que sea, (si usted ya perdió su matrimonio, si usted ha perdido el trabajo, sus finanzas se encuentran por el piso) yo le puedo casi garantizar que en el nombre del Señor a la vuelta de unos meses usted tiene la victoria si usted busca del Señor, se pone a cuentas con Dios, se lo garantizo, hermano. ¿Sabe por qué? Porque Dios honra a los que le honran. Dios honra a los que le honran, y se va a dar cuenta que la razón por la que usted llegó ahí es porque descuidó precisamente las cosas que le estoy diciendo. 

Usted está enfermo, tal vez no tiene apetito, o no puede respirar; es que la oración es ese oxígeno que nos ayuda. Dedique tiempo para orar, hágalo usted solo, hágalo en comunidad, hágalo con los hermanos en Cristo, busque la casa de oración, amado mío. Cualquier situación que tengamos, vamos a la casa de oración, pero no la busque solamente cuando tiene un problema serio. ¿Sabe por qué? Porque la vida cristiana es una guerra espiritual y la oración es un arma poderosa. ¿Cuántos están de acuerdo con eso? Amén. 

2 Corintios 10:4(RVR1960): Porque las armas de nuestra milicia no son carnales, sino poderosas en Dios para la destrucción de fortalezas. La oración es una de las armas más potentes que el cristiano tiene a su disposición. Por eso debemos orar. Una bomba química no le hace nada al diablo, hermanos, pero una oración lo pone a temblar. Yo he visto cantidad de cosas que Dios ha hecho a través de la oración. 

La vida de oración enseña muchas cosas que usted a lo mejor las habrá escuchado a lo largo de todo este tiempo. Yo les he dicho: No ore para que la vida sea más fácil, ore para que usted sea más fuerte. No le pida a Dios menos problemas, pídale más carácter para enfrentarlos. La oración no siempre cambia las circunstancias, pero siempre cambia al que ora. 

No oremos solo para que Dios nos escuche; oremos para aprender a escucharlo. A veces Dios calma la tormenta; otras veces nos calma a nosotros en medio de la tormenta. No medimos la eficacia de la oración por respuestas rápidas, sino por corazones transformados. Esto usted lo ha escuchado mil veces: no le diga a Dios cuán grande es su problema, dígale a su problema cuán grande es su Dios. No le pida a Dios que le quite las cargas, pídale que le dé más fuerzas. El silencio de Dios en la oración no es ausencia, es un proceso.

Corrie ten Boom, esta mujer de los Países Bajos que ayudó a casi 80,000 judíos econdiendolos en su casa, ella escribió un libro llamado: El Refugio Secreto. Y hablando de la oración, esta mujer hizo en ese libro una pregunta que a mí me quedó grabado: En tu vida, ¿la oración es el volante o es la llanta de repuesto? Se me hace profundo. En tu vida de oración, la oración es el volante o es la llanta de repuesto. No me diga usted que tiene una relación con Dios si solamente lo busca cuando tiene problemas. Hermano, no me diga que tiene un gran deseo de servir a Dios cuando anda buscando una respuesta de parte de Dios, y cuando recibe la respuesta, su actitud cambia para con el Señor. 

Un cristiano enfermo que no toma acción, lo más seguro es que su fe se muera. Hermano, es como cuando usted llega a ver a una persona enferma, bien enferma, entra al hospital y usted lo mira y dice: ¡Ay, ay, ay, este brother no va a durar mucho! En la vida espiritual es igual. Es por eso que conocemos a tantos y tantos cristianos que están enfermos, que cualquier cosita los mueve. Cuando una persona está enferma, una gripe te llega y te tira a la cama. Y si una pequeña cosa te afecta tanto, es que estás enfermo. Ese es el peligro. Si no hacemos nada, nos vamos a morir.

Yo conozco personas de primera mano que no tienen hambre, no quieren comer. Usted le dice: Vamos a la iglesia. Y te responden: Un día de estos, ahí te aviso. Perdieron el hambre, problema en sus pulmones, no pueden respirar, les falta oxígeno. No hay oración. Es a través de la oración que conocemos al Padre, que conocemos a Dios, que tenemos vida espiritual. 

Juan 15: 5 (RVR1960): Yo soy la vid, vosotros los pámpanos; el que permanece en mí, y yo en él, este lleva mucho fruto; porque separados de mí nada podéis hacer. Si usted ha perdido el apetito por la palabra, si usted ha perdido el oxígeno que es la oración, mucho cuidado. Usted está en peligro y es necesario tomar acción.

Vamos a orar. Padre querido, pensamos en nosotros mismos. Muchas personas, Señor, no lucen enfermas por fuera, pero esa enfermedad está en el alma, está en el corazón. Y poco a poco comienza el desánimo, poco a poco comienza la desidia, poco a poco comienza la negligencia, y faltamos un domingo y luego faltamos dos, y dejamos el ministerio, y ya no queremos seguir sirviendo, y perdemos el apetito por tu palabra. Lo que antes disfrutábamos porque era miel a nuestro paladar, ahora lo criticamos. Ahora no hace nada en nuestras vidas porque estamos enfermos, no hemos dedicado tiempo para estar a solas contigo. ¿Cómo te vamos a decir cuánto te amamos? ¿Cómo confesamos nuestros pecados delante de ti? ¿Cómo vamos a demostrar nuestra gratitud por tanta bondad si no es a través de la oración? ¿Cómo poner nuestras vidas rendidas a tus pies si no es a través de la oración? Señor, hay mucha gente que está en peligro de que esa fe muera. Yo te pido en el nombre de Jesús, nuestro Señor, que podamos reaccionar y podamos volver a nuestro primer amor.

Mientras todos oramos, si usted nunca ha recibido a Cristo en su corazón y usted me dice: Pastor, me gustaría entregar mi vida a Dios en esta tarde. ¿Cómo puedo tener la fe que tienen ustedes? ¿Cómo puedo tener esa fe en Dios? Ahí donde está, yo le invito para que haga esta oración conmigo: Señor Jesús, te pido perdón por mis pecados. Te doy gracias por lo que hiciste en la cruz, porque pusiste tu cuerpo en ese madero cuando era yo el que debería estar ahí. Porque derramaste tu sangre preciosa para el perdón de mis faltas, de mis pecados. En este día, Señor, te entrego mi corazón, te entrego mi vida, te entrego mi alma. Si usted hizo esta oración, yo quiero animarle a crecer en el conocimiento de nuestro bendito Señor Jesucristo.

Padre, permite que podamos reflexionar acerca de estas verdades que hemos escuchado. Te lo pedimos en el nombre de Jesús. Amén. Y amén.

Bendiciones para todos.

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Salud espiritual 1


Abril 19, 2026 – 2:00PM | 3 Juan 2 | Dr. David Rodríguez

Etiquetas: 3 juan, abril 2026, pastor david rodriguez, transcripcion


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TRANSCRIPCIÓN

Bueno, el tema de hoy nos va a tomar algunas semanas. No quiero decir que vamos a estar aquí tres semanas a partir de ahora, ¿cierto? Pero no quisiera apresurarme con el tema de hoy porque pienso que es necesario.

Vamos a irnos a 3 de Juan, eso está un poquitito antes de Apocalipsis. Quiero hablar acerca de Salud Espiritual. Quiero hablar de la importancia de este tema en nuestro diario caminar con el Señor.

Recuerde que Juan, el amado, escribió el evangelio según San Juan, escribió 1, 2 y 3 de Juan, y además de eso escribió Apocalipsis, ¿verdad? Yo quiero que estas tres semanas se imagine que está viendo al doctor y que el doctor le va a hacer exámenes, ¿de acuerdo?

3 Juan 2(RVR1960): 2 Amado, yo deseo que tú seas prosperado en todas las cosas, y que tengas salud, así como prospera tu alma. 

Vamos a pedir a Dios que nos bendiga. Padre querido, quiero pedirte, Señor, que nos hables al corazón. Estamos confiados en tu palabra. Nos sometemos a la autoridad de las Sagradas Escrituras, a tu autoridad, y pedimos que bendigas nuestro corazón. Ayúdanos, Padre, te lo pedimos en el nombre de Jesús. Amén.

La importancia de la salud. 

Si quisiéramos hablar de la salud, aquí en Canadá hay mucho que decir. Dicen las estadísticas que en Canadá hay un doctor de familia por cada 840 personas; y de acuerdo con información reciente, 6 millones de adultos canadienses no tienen un doctor de familia. ¿Se puede imaginar? Países como Bélgica tienen una cantidad de médicos por cada 10,000 habitantes. Y bueno, a pesar de que este país, Canadá, gastó billones en programas de salud, solamente el año pasado casi 400 billones, mucha gente batallamos con enfermedades y, por supuesto, unas más complicadas que otras. 

Las recomendaciones más comunes para una vida saludable, usted sabe: una dieta balanceada, haz ejercicio, duerma bien, manténgase hidratado, evite el estrés. 

Hay síntomas de una enfermedad, y lastimosamente algunas personas atacan más los síntomas que la raíz del problema; y eso sucede a todos los niveles. Aquellas personas que vienen conmigo a consejería saben que yo los dejo hablar y yo les escucho, y escucho, y escucho, y cuando las personas me hablan de sus síntomas, les digo: -Hoy vamos a ver de dónde viene este problema, qué es lo que está ocasionando esta situación. Hay síntomas que manifiestan que algo anda mal: falta de apetito, debilidad, cansancio, confusión, mareos, cambios de personalidad, entre otros. Vamos a usar un tema que tiene que ver con desajustes mentales. Hoy quiero hablar acerca de salud espiritual. 

Las iglesias evangélicas pueden caer en la obsesión del crecimiento numérico y podemos descuidar la salud espiritual, esto es algo que me ha preocupado a mí toda la vida. Un balance fundamental en la iglesia de hoy en día es precisamente las dos cosas: cómo nosotros podemos crecer numéricamente, pero al mismo tiempo saludablemente.

Esta iglesia tiene una cantidad de programas que sirven para el crecimiento espiritual del pueblo. Tratamos, hasta donde sea posible, de poder alimentarlos con la bendita palabra del Señor; sin embargo, hay cristianos que invierten bastante tiempo para mantenerse saludables físicamente. Yo no estoy en contra de eso, pero conozco personas que van al gimnasio todos los días, porque me lo han dicho, pero yo no digo que deje de ir al gimnasio, estoy hablando de un balance. ¿Cuánto tiempo invertimos en salud espiritual? ¿Qué tanto valoramos nuestra salud espiritual? Quiero mencionar también la responsabilidad que tiene la iglesia y la responsabilidad que tiene el paciente. Porque usted va al médico y el médico le da indicaciones, pero el médico no va a ir a vivir a su casa para asegurarse que usted se va a tomar las pastillas. El médico no se va a ir a vivir a su casa para asegurarse que usted va a hacer las cosas que se le han pedido que hagan. La marca de una iglesia verdadera no es ni el tamaño ni la belleza de los edificios. ¿De qué nos serviría si estamos enfermos?

Quiero que veamos una lista de síntomas que manifiestan que estamos enfermos espiritualmente hablando. Hoy veremos únicamente dos cosas porque quiero ir despacio, quiero ir tranquilamente y quiero que comprendamos la importancia de esta situación. Estar enfermo no es ninguna cosa sencilla, ¿okay? Las enfermedades hay que tratarlas. Yo sé que muchos de nosotros vamos al médico cantidad de veces y, es por eso que no podemos descuidar la salud espiritual. No se puede, hermanos. Nos vamos a morir, hermanos, eso está claro. Pero si se muere la fe, ahí estamos fregados.

Enfermedades espirituales: 

  1. Falta de apetito por la Palabra.

Mateo 4:4(RVR1960): Él respondió y dijo: Escrito está: No solo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios. Hermano, si usted no tiene hambre por la palabra, si a usted le da igual comer o no comer, si no la busca, si no tiene la necesidad de alimentarse, usted está enfermo. 

Mire, me imagino que este dicho es de toda América Latina: Enfermo que come no se muere. Cuando una persona está débil, cuando una persona no quiere comer, el que está cuidando al enfermo se preocupa; le hacen sopitas, le hacen cositas, ¿verdad? La Biblia nos enseña que la palabra de Dios es nuestro alimento, es lo que me alimenta. 

Hay una ilustración de un hijo que le dijo a su papá: -Papá, ya no quiero ir más a la iglesia; porque la verdad, es que ni me acuerdo del último sermón que el pastor predicó. Y el papá le dice: -Mira, hijo, quiero decirte algo. Yo tengo 30 años casado con tu mamá, y no me acuerdo qué fue lo que ella me hizo de comida la semana pasada; pero una cosa sí sé: que ella me ha alimentado por 30 años. Y esa es la palabra, nos hemos alimentado por todo este tiempo-. No podemos dejar de alimentarnos porque nos vamos a morir, iglesia. ¡Por amor de Dios!

Esa falta de interés por el evangelio, esa negligencia, esa falta de apetito, hermano, por la palabra del Señor, de que nos da igual venir como no venir, nos da igual escuchar como no escuchar. Déjeme decirle: si usted no le hace falta escuchar la palabra de Dios, se lo estoy diciendo en este instante, usted está enfermo. Usted se puede ir a ver a un espejo y decir: ¡Mire qué bonito! ¡Mira qué bonita que estoy! Sí, pero ese cuerpo se lo van a terminar comiendo los gusanos “mijita”. Te estoy hablando del alma, te estoy hablando de tu espíritu, de eso te estoy hablando. Si usted no tiene hambre por la palabra del Señor, usted está enfermo(a), porque la palabra es mi alimento. La palabra de Dios es nuestro alimento por excelencia. 

Hebreos 4:12 (RVR1960): Porque la palabra de Dios es viva y eficaz, y más cortante que toda espada de dos filos; y penetra hasta partir el alma y el espíritu, las coyunturas y los tuétanos, y discierne los pensamientos y las intenciones del corazón. Esa es la palabra, la palabra viva.

El pastor Junior mencionaba hoy en su predicación de una persona que estaba en la cárcel, que nunca había agarrado una Biblia y en la cárcel le pusieron Biblia, él agarró la Biblia simplemente por agarrarla y la comenzó a leer. La persona hoy está fuera de la cárcel, y cuando él da testimonio, dice: -Ese libro tiene vida. ¿Te puedes imaginar? Esa es la palabra, es el alimento. 

La palabra de Dios tiene un poder transformador.

Josué 1:8 (RVR1960): Nunca se apartará de tu boca este libro de la ley, sino que de día y de noche meditarás en él, para que guardes y hagas conforme a todo lo que en él está escrito; porque entonces harás prosperar tu camino, y todo te saldrá bien. Día y noche la palabra, hambre por la palabra, necesidad de la palabra, necesidad de escuchar.

El jueves pasado fuimos a la boda de Jasmine, y cuando eché un vistazo: era una hora de ida y otra de regreso; y me encanta cuando hago esos viajes. ¿Sabe por qué? Porque puedo escuchar la Palabra de Dios. Yo soy el tipo de persona que si escucho un sermón, especialmente en inglés, quiero entenderlo. Y si el predicador dijo algo que yo no entendí, yo lo regreso, yo quiero entender qué es lo que está diciendo. Yo quiero absorber qué es lo que está diciendo el predicador. Y cuando dice algo que va conmigo, que me pega al corazón, que me encanta, que me gusta, voy y lo escribo. Eso es hambre mis hermanos. Hay algunas personas que cuando tienen hambre se ponen un poquito molestos, se ponen irritados, ¿no es cierto? Hay gente que comienza a temblar, yo no sé qué es lo que le agarra a usted; pero cuando se trata del hambre de la palabra del Señor, hermanos, ¿a quién no le gusta la palabra de Dios? 

Salmos 119:103 (RVR1960): ¡Cuán dulces son a mi paladar tus palabras! Más que la miel a mi boca. Esa es la palabra de Dios. Es dulce al paladar, es rica.

La palabra produce fe. 

Romanos 10:17(RVR1960): Así que la fe es por el oír, y el oír, por la palabra de Dios. El creyente saludable es diligente, es constante en asistir a escuchar la enseñanza de la palabra de Dios.

Déjenme contarles algo: -yo soy el pastor de esta iglesia y cuando otros pastores vienen y se paran aquí a predicar, yo soy bendecido con esa palabra, hermanos. ¿Sabe por qué? Porque yo vengo con una actitud de aprender, no vengo con la actitud de “yo lo sé todo, soy doctor en teología, ¿qué me van a enseñar a mí?” No, de ninguna manera, yo vengo con el deseo de aprender y sé que son hermanitos que se preparan bien para venir a predicar detrás de este púlpito, y a mí me bendicen. El creyente saludable es diligente, es constante en asistir, escuchar la enseñanza de la palabra del Señor. La palabra de Dios es la que nos alimenta, la que nos fortalece.

Los cristianos saludables tienen hambre de enseñanzas inspiradas por el Espíritu Santo y hacen tiempo para exponerse a esa palabra. Todos nos esforzamos y preparamos para venir a la casa del Señor a alimentarnos, hay que ser diligentes, esforzados, lleva sacrificio escuchar la palabra, para alimentarnos.

El cristiano saludable entra a la casa del Señor con anticipación, con expectativa de que Dios le va a hablar a su vida. Con esa expectativa: -¿Qué vas a hablar conmigo, Señor? ¿Qué me vas a decir este día? ¿Tengo hambre verdaderamente por la palabra o usted no tiene apetito por la palabra? ¿Le da igual? 

Fíjese en algo, nosotros comemos dos o tres veces al día, y algunos más; pero si hablamos de salud espiritual, hay personas que escuchan el culto del domingo a las 2 de la tarde, y no tocan la Biblia para más nada hasta el próximo domingo. Trate de comer nada más una vez a la semana a ver cómo le va. De eso estoy hablando, eso es salud espiritual. El cristiano saludable asiste a la casa del Señor, a los estudios bíblicos. 

Alguien decía: -Si usted quiere saber qué tan popular es la iglesia, venga al culto del domingo en la mañana. Usted quiere saber qué tan popular es el pastor, venga al culto del domingo en la noche. Usted quiere saber qué tan popular es Jesucristo, venga al servicio de media semana-. ¿Usted piensa que al venir a la iglesia le hace un favor a Dios? Es alimento espiritual, iglesia. El cristiano saludable no solamente asiste a la casa de Dios, también asiste a los estudios, lee su Biblia, tiene tiempo de oración, escucha programas cristianos, escucha música cristiana, llena su mente, llena su corazón con las cosas del Señor, es un balance. 

Mi familia sabe que yo amanezco el domingo con música cristiana, durante la semana igual, pero cuando ya escuché dos o tres alabanzas, ya el estómago espiritual me pide Palabra. Ya me voy a mis predicadores favoritos y pongo a escuchar la palabra del Señor, y me llena el alma, me llena el corazón. Cristianos enfermos salen de la iglesia sin ser movidos, salen así como mismo entraron. 

Los cristianos sanos son como los cristianos de Berea. 

Hechos 17:11 (RVR1960): Y estos eran más nobles que los que estaban en Tesalónica, pues recibieron la palabra con toda solicitud, escudriñando cada día las Escrituras para ver si estas cosas eran así. Los creyentes de Berea escuchaban la palabra atentamente y con respeto. Tenían corazones hambrientos por conocer la voluntad de Dios para sus vidas.

Tenemos un mar, un océano, de predicadores en las redes sociales y hay que tener cuidado, hay que saber qué es lo que uno consume; porque la chatarra no nutre, te engorda nada más. Y hay todo tipo de predicadores hoy en día. 

Si usted no tiene hambre por la palabra, está enfermo, y debe hacer algo al respecto. 

        2. Falta de oración.

Se dice que la oración es el oxígeno del cristiano, y la falta de oración es una de las enfermedades espirituales más comunes en la iglesia. Es de esas cosas, hermano, que a uno le cuesta entender.

Fíjate que nosotros crecimos, allá en mi país, con los viernes de milagros. Era viernes de oración, pero se le cambió de viernes de oración a viernes de milagros para los tiempos del pastor general. Había cantidad de milagros, hermanos. La gente no cabía. Había testimonios, y testimonios de cosas increíbles que solo Dios puede hacer. Pero cuando se cambió la modalidad, que ya no es el viernes de milagros sino viernes de oración, la asistencia bajó a la mitad. Entonces, yo le hago una pregunta: ¿qué andaba buscando la gente? ¿Al que hace los milagros o al milagro? Ese es el problema de nosotros. 

A muchas personas el orar les da sueño, otros después de 2 minutos ya no saben qué decir. Dios conoce nuestras necesidades aún antes de que se las pidamos. Y usted dirá: -Bueno, entonces, ¿por qué Dios pide que oremos? Para tener comunión con nosotros. Las relaciones personales crecen cuando compartimos tiempo juntos. Y esa es la oración. Yo comparto tiempo con mi Señor, mi relación con mi Señor crece. Y mira, cuando hablo de compartir tiempo con el Señor, me refiero a tener ese lugarcito para estar a solas con el Señor. 

Recuerdo cuando vivíamos en Surrey que el cuarto de David Junior, la ventana era una cosa maravillosa. Había árboles en la parte de atrás, y para mi, ir a sentarme a ese lugar con la palabra abierta, era un tiempo muy especial. Pero a medida que va pasando el tiempo, usted crea una relación con Dios, usted habla con Dios de todo, de todo. Cualquiera que lo escuchara pensaría que está loco, ¿verdad? Pero así crece la relación a través de la comunión. Oración, oración, oración.

Por medio de la oración vamos a conocer más a Dios. A través de la oración expresamos a Dios nuestro amor, nuestra gratitud, nuestra alabanza. Qué lindo eso. Yo no canto nada bien, hermano. Yo hago llorar a los ángeles cuando canto, pero yo le canto al Señor. Yo pongo alabanza y le canto a Dios. ¿Me entiende? Y yo siento que Dios acepta mi alabanza, porque Él no anda buscando tener una linda voz como las personas que pasan aquí al frente; antes de ver la voz, Dios te mira el corazón.

Es a través de la oración que yo expreso gratitud. Es a través de la oración que yo alabo a mi Señor. Es a través de la oración que yo muestro mi amor por Él. A través de la oración también intercedemos por hermanos que están pasando pruebas. Usted está hablando con Dios y de repente se acuerda de un hermano, de una hermana y usted dice: -Señor, ten misericordia de este hermano, ayúdale con esta situación. Padre, no te pido nada por mí en esta oportunidad, pero te ruego por él, por ella. Es la intercesión. Por medio de la oración pedimos fuerzas también a Dios. Si tenemos atracción por el mundo, aquellas cosas que nos cuesta dejar, aquellas cosas que nos mantienen cautivos, lo que sea. No hay una adicción que usted no pueda dejar con la ayuda de Dios. No existe. Sea lo que sea y de lo que se trate, no existe nada, porque todo lo podemos en Cristo que nos da la fuerza. Todo lo podemos en Cristo que nos fortalece. Eso dice la palabra. Y cuando usted se aferra al Señor y usted dice: Señor, yo de que salgo, salgo. Yo de que termino, termino. Yo de que lo voy a lograr en el nombre tuyo, lo voy a lograr. Sea lo que sea, en el nombre del Señor todo es posible, pero tiene que aferrarse a esta situación.

Y si usted no ora, si usted no hace tiempo para orar –antes de comenzar el servicio tuvimos una larga conversación con la hermana Daisy allá afuera y le digo: -Hermana Daisy, me molesta el hecho de que las casas de oración hayan bajado tanto la asistencia. ¿Qué pasa entonces? ¿Será que cuando andábamos a pata, andábamos caminando, entonces sí podíamos asistir a una casa de oración para que Dios nos diera un carro? Pero ahora que ya tenemos el carro, ¿no es necesario orar? ¿Será que antes cuando vivíamos del cheque, del welfare, asistíamos a la casa de oración para que Dios nos concediera un trabajo, y ahora que tenemos un buen trabajo ya no es necesario ir a orar? ¿Por qué voy a ver la oración de lejos? ¿Por qué voy a minimizar la oración?

Y quiero decirle algo. Si su vida se ha desgraciado por la razón que sea, (si usted ya perdió su matrimonio, si usted ha perdido el trabajo, sus finanzas se encuentran por el piso) yo le puedo casi garantizar que en el nombre del Señor a la vuelta de unos meses usted tiene la victoria si usted busca del Señor, se pone a cuentas con Dios, se lo garantizo, hermano. ¿Sabe por qué? Porque Dios honra a los que le honran. Dios honra a los que le honran, y se va a dar cuenta que la razón por la que usted llegó ahí es porque descuidó precisamente las cosas que le estoy diciendo. 

Usted está enfermo, tal vez no tiene apetito, o no puede respirar; es que la oración es ese oxígeno que nos ayuda. Dedique tiempo para orar, hágalo usted solo, hágalo en comunidad, hágalo con los hermanos en Cristo, busque la casa de oración, amado mío. Cualquier situación que tengamos, vamos a la casa de oración, pero no la busque solamente cuando tiene un problema serio. ¿Sabe por qué? Porque la vida cristiana es una guerra espiritual y la oración es un arma poderosa. ¿Cuántos están de acuerdo con eso? Amén. 

2 Corintios 10:4(RVR1960): Porque las armas de nuestra milicia no son carnales, sino poderosas en Dios para la destrucción de fortalezas. La oración es una de las armas más potentes que el cristiano tiene a su disposición. Por eso debemos orar. Una bomba química no le hace nada al diablo, hermanos, pero una oración lo pone a temblar. Yo he visto cantidad de cosas que Dios ha hecho a través de la oración. 

La vida de oración enseña muchas cosas que usted a lo mejor las habrá escuchado a lo largo de todo este tiempo. Yo les he dicho: No ore para que la vida sea más fácil, ore para que usted sea más fuerte. No le pida a Dios menos problemas, pídale más carácter para enfrentarlos. La oración no siempre cambia las circunstancias, pero siempre cambia al que ora. 

No oremos solo para que Dios nos escuche; oremos para aprender a escucharlo. A veces Dios calma la tormenta; otras veces nos calma a nosotros en medio de la tormenta. No medimos la eficacia de la oración por respuestas rápidas, sino por corazones transformados. Esto usted lo ha escuchado mil veces: no le diga a Dios cuán grande es su problema, dígale a su problema cuán grande es su Dios. No le pida a Dios que le quite las cargas, pídale que le dé más fuerzas. El silencio de Dios en la oración no es ausencia, es un proceso.

Corrie ten Boom, esta mujer de los Países Bajos que ayudó a casi 80,000 judíos econdiendolos en su casa, ella escribió un libro llamado: El Refugio Secreto. Y hablando de la oración, esta mujer hizo en ese libro una pregunta que a mí me quedó grabado: En tu vida, ¿la oración es el volante o es la llanta de repuesto? Se me hace profundo. En tu vida de oración, la oración es el volante o es la llanta de repuesto. No me diga usted que tiene una relación con Dios si solamente lo busca cuando tiene problemas. Hermano, no me diga que tiene un gran deseo de servir a Dios cuando anda buscando una respuesta de parte de Dios, y cuando recibe la respuesta, su actitud cambia para con el Señor. 

Un cristiano enfermo que no toma acción, lo más seguro es que su fe se muera. Hermano, es como cuando usted llega a ver a una persona enferma, bien enferma, entra al hospital y usted lo mira y dice: ¡Ay, ay, ay, este brother no va a durar mucho! En la vida espiritual es igual. Es por eso que conocemos a tantos y tantos cristianos que están enfermos, que cualquier cosita los mueve. Cuando una persona está enferma, una gripe te llega y te tira a la cama. Y si una pequeña cosa te afecta tanto, es que estás enfermo. Ese es el peligro. Si no hacemos nada, nos vamos a morir.

Yo conozco personas de primera mano que no tienen hambre, no quieren comer. Usted le dice: Vamos a la iglesia. Y te responden: Un día de estos, ahí te aviso. Perdieron el hambre, problema en sus pulmones, no pueden respirar, les falta oxígeno. No hay oración. Es a través de la oración que conocemos al Padre, que conocemos a Dios, que tenemos vida espiritual. 

Juan 15: 5 (RVR1960): Yo soy la vid, vosotros los pámpanos; el que permanece en mí, y yo en él, este lleva mucho fruto; porque separados de mí nada podéis hacer. Si usted ha perdido el apetito por la palabra, si usted ha perdido el oxígeno que es la oración, mucho cuidado. Usted está en peligro y es necesario tomar acción.

Vamos a orar. Padre querido, pensamos en nosotros mismos. Muchas personas, Señor, no lucen enfermas por fuera, pero esa enfermedad está en el alma, está en el corazón. Y poco a poco comienza el desánimo, poco a poco comienza la desidia, poco a poco comienza la negligencia, y faltamos un domingo y luego faltamos dos, y dejamos el ministerio, y ya no queremos seguir sirviendo, y perdemos el apetito por tu palabra. Lo que antes disfrutábamos porque era miel a nuestro paladar, ahora lo criticamos. Ahora no hace nada en nuestras vidas porque estamos enfermos, no hemos dedicado tiempo para estar a solas contigo. ¿Cómo te vamos a decir cuánto te amamos? ¿Cómo confesamos nuestros pecados delante de ti? ¿Cómo vamos a demostrar nuestra gratitud por tanta bondad si no es a través de la oración? ¿Cómo poner nuestras vidas rendidas a tus pies si no es a través de la oración? Señor, hay mucha gente que está en peligro de que esa fe muera. Yo te pido en el nombre de Jesús, nuestro Señor, que podamos reaccionar y podamos volver a nuestro primer amor.

Mientras todos oramos, si usted nunca ha recibido a Cristo en su corazón y usted me dice: Pastor, me gustaría entregar mi vida a Dios en esta tarde. ¿Cómo puedo tener la fe que tienen ustedes? ¿Cómo puedo tener esa fe en Dios? Ahí donde está, yo le invito para que haga esta oración conmigo: Señor Jesús, te pido perdón por mis pecados. Te doy gracias por lo que hiciste en la cruz, porque pusiste tu cuerpo en ese madero cuando era yo el que debería estar ahí. Porque derramaste tu sangre preciosa para el perdón de mis faltas, de mis pecados. En este día, Señor, te entrego mi corazón, te entrego mi vida, te entrego mi alma. Si usted hizo esta oración, yo quiero animarle a crecer en el conocimiento de nuestro bendito Señor Jesucristo.

Padre, permite que podamos reflexionar acerca de estas verdades que hemos escuchado. Te lo pedimos en el nombre de Jesús. Amén. Y amén.

Bendiciones para todos.

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