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Lejos de Dios o cerca de Dios

Febrero 22, 2026 – 2:00PM | Mateo 26:57-58 | Dr. David Rodríguez

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Etiquetas: febrero 2026, mateo, pastor david rodriguez, transcripcion

TRANSCRIPCIÓN

Vamos a abrir nuestras Biblias en el Evangelio según San Mateo, capítulo 26. He titulado el mensaje de ahora: Lejos de Dios o cerca de Dios. Y en esta oportunidad vamos a enfocarnos en la distancia que hay entre usted y Dios. 

Mateo 26: 57-58 (RVR1960): 57 Los que prendieron a Jesús le llevaron al sumo sacerdote Caifás, adonde estaban reunidos los escribas y los ancianos. 58 Mas Pedro le seguía de lejos hasta el patio del sumo sacerdote; y entrando, se sentó con los alguaciles, para ver el fin. 

Oremos: Padre, bendice esta palabra en nuestros corazones. Permite que podamos estar atentos, que las personas que tienen la Biblia en su teléfono no sean distraídos por textos que reciban o cualquier otra información, sino que podamos concentrarnos, enfocarnos en tu Palabra, en lo que tú quieres hablar a nuestras vidas en este día. Bendice a cada uno de mis hermanos, bendice a las personas que están conectadas, Señor, a través de redes sociales. En el nombre de Jesús te lo pedimos. Amén.

La distancia entre usted y Dios habla mucho de lo que somos y de las cosas que hacemos. El hombre fue creado para caminar con Dios. El miércoles pasado estudiamos cómo el primer hombre (Adán) caminó con Dios y tenía una fuerte relación con el Padre celestial. ¿Te puedes imaginar? Adán y Dios nada más. ¡Qué privilegio! Por eso el estudio del miércoles pasado se llamaba: Dichoso Adán, y vimos todas las cosas que le daban dicha. El hombre no fue creado para vivir a distancia de Dios, fue creado para estar cerca del Señor, para tener una relación con su creador. Cuando entró el pecado en el mundo hubo una ruptura, una separación entre Dios y el hombre. 

Quiero que reflexionemos en la distancia entre usted y Dios. Usted va a determinar si está cerca, más o menos cerca o está lejos; porque es importante entender que usted puede estar cerca de la iglesia, puede estar cerca de los hermanos, pero lejos de Dios. Hay personas que están más cerca de la pupusa de chicharrón que del evangelio. ¿Sabe usted que hay gente que a eso viene? ¿Sabe usted que hay personas que llaman durante la semana para preguntar: ¿qué habrá de comida el domingo? Pero yo quiero que seamos honestos en estos momentos. Yo le voy a decir qué dice la Palabra.

Vamos a ver varios versículos de la Biblia. Si usted quiere, póngale atención a la pantalla. Pensemos en esa distancia, en la distancia que tenemos con nuestro bendito Señor y Salvador.

El hombre natural.

¿Quién es el hombre natural? 

1 Corintios 2:14 (RVR1960): Pero el hombre natural no percibe las cosas que son del Espíritu de Dios, porque para él son locura, y no las puede entender, porque se han de discernir espiritualmente. El hombre natural es una persona inconversa. 

El hombre natural puede ser una persona que asista a la iglesia, que esté sentado hoy en este momento acá en algún lugar, pero la manera como él concibe las cosas de Dios, es como en una religión tradicional. ¿En qué sentido? Que tenemos el concepto metido en la cabeza que a usted le es suficiente con ir a misa, un ratito y ya se acabó el asunto. Y eso no es nada. Hace muchas generaciones lo que se decía en la iglesia tradicional se decía en latín, y uno sin entender nada sabía que tenía que contestar: Amén. ¿Se da cuenta? Son cosas de paganos. Entonces, ¿qué aprendió? No aprendimos nada, porque era en otro idioma. Pero nos hicieron creer que eso era suficiente: ir un rato, estar ahí y se acabó. Cuando nos convertimos al evangelio, conocemos la Palabra, conocemos a Dios, conocemos la Biblia, para algunas personas pensar que hay que regresar a las 6:30 dicen: -Ah, eso ya es fanatismo. ¿Y venir el miércoles? No, no, no. Está bien que seamos evangélicos, pero ya eso es enfermedad. Ahora imagínate, y a eso usted le agrega el viernes que tenemos casa de oración. Entonces no percibe las cosas que son del Espíritu de Dios, es decir, no las puede entender. ¿Por qué? Porque todas estas cosas se deben discernir espiritualmente.

El hombre natural es la persona que no conoce a Dios, que no ha hecho las paces con Dios. Nosotros antes de conocer a Cristo fuimos ese hombre natural. Vivíamos como queríamos, no teníamos códigos de nada, no teníamos valores de nada, no teníamos principios, no teníamos nada. ¿Por qué? Porque éramos personas naturales, no conocíamos al Señor. Es más, aún aquellos que nacieron en el evangelio necesitan tener un encuentro con Jesús, aunque hayan nacido en el evangelio. 

Yo sé que muchos de ustedes deben recordar a mi querido amigo y hermano Joel Marz, misionero. Ahora ya está retirado. Joel, está en Tampa, Florida, con su hijo en la iglesia de Redención. Pero fíjate que Joel Marz, hijo de misioneros, nació en Estados Unidos, pero era un chamaquito cuando llegó a Guatemala con su papá el Dr. Paul Marz, este hombre que abrió una gran cantidad de iglesias. Joel nació en el seno del evangelio, sin embargo, a los 15-16 años se rebeló contra Dios, contra sus padres, contra el evangelio. Primera cosa que hizo: se dejó crecer su pelo rubio hasta la cintura, imagínese usted. Y le dijo al papá: -Yo no quiero vivir aquí en Guatemala, yo me voy. Y se regresó a los Estados Unidos a vivir como cualquier persona que no conoce a Dios. Entonces usted puede decir: -Ah, no, si él es un hijo de misionero, es creyente. No, señor. Toda persona necesita tener un encuentro con Dios. Nosotros éramos ese hombre natural.

1 Corintios 6:9-11 (RVR1960): 9 ¿No sabéis que los injustos no heredarán el reino de Dios? No erréis; ni los fornicarios, ni los idólatras, ni los adúlteros, ni los afeminados, ni los que se echan con varones, 10 ni los ladrones, ni los avaros, ni los borrachos, ni los maldicientes, ni los estafadores, heredarán el reino de Dios. 11 Y esto erais algunos; mas ya habéis sido lavados, ya habéis sido santificados, ya habéis sido justificados en el nombre del Señor Jesús, y por el Espíritu de nuestro Dios.

Nosotros entendemos que nos hemos convertido al evangelio, entendemos que cometemos una gran cantidad de errores, pero también entendemos que una persona que conoce a Dios debe luchar y esforzarse hasta donde pueda, para vivir una vida agradable a Dios. Entonces, si nosotros sabemos que algo está equivocado, hay que enmendar. Si sabemos que algo no está bien con el Señor, hay que enmendar. ¿Por qué? Porque el que es creyente, el que conoce a Dios, el que tiene a Cristo en el corazón no puede ni debe vivir de esa manera. ¿Por qué? Porque entonces quiere decir que no conoce a Dios verdaderamente.

¿Qué pasa con los que fornican? Usted puede decir: Ay pastor, fíjese que yo la regué. Me fui a tomar un café con una amiga y terminamos mal, pasó lo que no debería pasar. Usted le pide perdón al Señor, usted vuelve en amistad con Dios, y luego usted ya tiene conocimiento de que a Dios no le gustan esas cosas, que esos errores tarde o temprano se pagan terriblemente. Pero si usted me dice: -No, pues yo conocí a la muchacha, ya llevamos ocho años juntos, ella en su casa y yo en la mía. Los fines de semana nos “juntamos”. La Biblia lo dice claramente, no es lo mismo cometer un error, que vivir en ese error. No es lo mismo cometer un pecado, que vivir en ese pecado; son dos cosas bien distintas. Y la Biblia lo dice con toda claridad en ese versículo. No se equivoquen, el hombre natural todavía no ha nacido de nuevo, no hay una nueva vida, no hay un nuevo corazón, no hay una nueva manera de pensar, no hay un nuevo propósito. Porque usted no puede adorar a Dios y adorar los ídolos, no se puede, de acuerdo a lo que enseña la Escritura.

El pasaje (1 Corintios 6:9-11) aclara quien no entrará en reino de los cielos: dice que ni los idólatras, ni los adúlteros, ni los afeminados, ni los que se echan con varones, ni los ladrones, ni los avaros (egoístas, tacaños), ni los borrachos. Si usted es el tipo de persona que todavía le gusta ir a meterse a un antro, regresar embriagado a su casa, entonces no conoce a Dios. Usted podrá ir a misa si usted quiere, pero la Biblia es clara, los hombres naturales son aquellos que están haciendo las cosas que a Dios le desagrada. Los maldicientes son aquellas personas mal habladas, aquellas personas que solo es maldición por aquí, maldición por allá, malas palabras por aquí, malas palabras por allá. ¿Cómo es posible que usted no pueda tener control sobre su lengua, sobre su boca, cuando la Biblia dice que es parte del fruto del Espíritu Santo? Los estafadores no heredarán el reino de Dios. Y eso éramos nosotros. ¿Qué quiere decir esto? Que una persona natural está muy lejos de Dios. Y otra cosa que es bien importante entender.

Isaías 59:2 (RVR1960): pero vuestras iniquidades han hecho división entre vosotros y vuestro Dios, y vuestros pecados han hecho ocultar de vosotros su rostro para no oír. Quiero hablar de la distancia entre nosotros y Dios, pero usted debe conocer a alguien que está lejos de Dios. ¿Por qué? Porque es un hombre natural. 

¿Qué pasa cuando una persona está lejos de Dios? No quieren saber del evangelio. Y algunos son buena gente y lo van a escuchar. 

Ayer platiqué con una persona, y cuando le invité a la iglesia me dijo: -Ahí le aviso-. ¿Por qué? Porque cuando una persona está lejos de Dios, no quiere saber del evangelio, busca excusas para no acercarse, le molesta que le hablen de Dios, le molesta que le hablen de iglesia, le molesta que hablen de los cristianos, y comienza a sacar una cantidad de cosas que ha escuchado por otros lados o por las redes sociales. Cuando una persona está lejos de Dios, vive sin rienda, hace lo que quiere, simple y sencillamente no reconoce que está mal, no reconoce que está equivocado, no reconoce que necesita a Dios.

Proverbios 14:12 (RVR1960): Hay camino que al hombre le parece derecho; Pero su fin es camino de muerte. Cuando una persona está lejos de Dios, se convierte en un necio de primera marca. 

Proverbios 12:15 (RVR1960): El camino del necio es derecho en su opinión; Mas el que obedece al consejo es sabio. Cuando una persona está lejos de Dios, dice la Biblia que está ciego. 

2 Corintios 4:4 (RVR1960): en los cuales el dios de este siglo cegó el entendimiento de los incrédulos, para que no les resplandezca la luz del evangelio de la gloria de Cristo, el cual es la imagen de Dios. El dios (con minúscula) de este siglo es el diablo. Y dice que cegó el entendimiento de los incrédulos. Esto quiere decir que Satanás le pone una venda. Dígame una cosa, por amor de Dios: ¿No está usted contento que Dios nos quitó esa venda de los ojos? ¡Bendito sea su nombre! Porque, cuando veo personas que conozco que tienen esa venda todavía, que están ciegos, que son necios, yo digo: ¡Alabado sea el nombre de Dios! ¡Bendito sea el Señor que Dios nos quitó con su gracia y misericordia esa venda que teníamos en los ojos! Porque muchos de los que estamos acá éramos necios también, locos también, vivíamos como locos, pero ahora, gracias a Dios ya vemos. ¡Bendito sea el Señor!

Pero aquellas personas que todavía no conocen al Señor, dice la Biblia que Satanás les ha cegado el entendimiento. ¿Para qué? Para que no les resplandezca la luz del evangelio. 

Yo tenía un tío, ya murió, que no quería nada con el evangelio. Él llevaba a mi tía a la iglesia y la iba a recoger, pero nunca quiso entrar. Un día yo tuve carga y dije: -Yo voy a ir, yo quiero hablar con él-. Era el tío que trabajaba en un banco, y por él fue que yo llegué a trabajar a un banco. Resulta que llegué a la casa, me senté con él a la mesa y le dije: -Tío, yo necesito hablar con usted, y le presenté el evangelio, pero de una manera apasionada, queriendo que se rindiera a los pies de nuestro Señor Jesucristo. Antes de entrar a la casa, dije: -Señor, yo sé a lo que me voy a enfrentar, porque el que ha puesto la venda no es el vecino, no es la mujer, es el dios de este siglo-. Y entré, y él muy tranquilo escuchó todo lo que yo le dije. Y por último le digo: -Tío, ¿le entrega su vida a Jesucristo y oramos?-. Me dijo: -No, yo te agradezco por el esfuerzo, gracias por venir, gracias por todo lo que tú me has explicado, pero yo no necesito esas cosas-. Y le dije: -Bueno, yo quería que usted tuviera la seguridad de que al morir se iba a ir al cielo, pero ya que no quiere, entonces quiero que tenga la seguridad de que al morir se va al infierno-. El me dijo: -Yo creo que sí, porque la verdad es que yo no siento nada, no siento deseos por las cosas de Dios. Imagínate, qué triste realidad. Y yo me acuerdo cuando salí de ahí, me dio tristeza, pero son esos sentimientos mezclados. Tristeza por un corazón tan endurecido, por una persona que por más que se le diga lo que Cristo hizo en la cruz, cómo derramó su sangre por nosotros, lo que hizo por nosotros, y no se mueve. Y luego le di gracias y le dije: -Señor, gracias porque me salvaste. Gracias porque nosotros podíamos ponernos tan necios como él también-. ¡Alabado sea el nombre de Dios! ¡Bendito sea tu nombre!

El dios de este siglo cegó el entendimiento de los incrédulos. Cuando una persona está lejos de Dios, no quiere que sus obras sean reprendidas. Ellos no quieren que usted hable mal de su licor, no quieren que usted hable mal de sus relaciones ilícitas, no quieren que usted hable mal del que roba, no quieren que usted hable mal de las malas actitudes, no quieren que le diga nada de sus malas palabras.

Juan 3:20 (RVR1960):  Porque todo aquel que hace lo malo, aborrece la luz y no viene a la luz, para que sus obras no sean reprendidas. ¿Te das cuenta? Por eso no viene a la iglesia, porque no quiere que le digan que lo que está haciendo no está bien.

El creyente se aleja de Dios.

¿Es posible que un cristiano esté lejos de Dios? La respuesta es sí. Un cristiano puede estar cerca de la iglesia y lejos de Dios. 

  • Cuando un cristiano está lejos de Dios, se comporta como alguien que no conoce a Dios. ¿Sí o no? ¿No ha conocido a alguien así? 

Recuerdo que venía hace tiempo a la iglesia una persona que me decía: -Pastor, yo ayer estuve en un antro, ¿sabe quién estaba ahí? Fulano (mencionaba el nombre de otras personas que venían a la iglesia) Y él me decía: -Por lo menos yo soy pagano, pero él aquí se pasa dando golpes de santidad en la iglesia. Dios sabe quién soy yo-. Cuando un cristiano está lejos de Dios, se comporta como una persona que no conoce a Dios. Cuando un cristiano está lejos de Dios, solo lee la Biblia cuando viene a la iglesia. No tiene comunión con Dios, no quiere servir, no ora, no busca comunión con otros creyentes, y le da igual venir o no venir (si hay tiempo, vamos, pero si la nena tiene una presentación de ballet, nos vamos con la nena). Y hay gente que se relaciona con el evangelio cuando les sobra tiempo. 

  • Cuando un cristiano está lejos de Dios, oye la Palabra, pero le entra por un oído pero no le hace nada.

Santiago 1:22 (RVR1960): Pero sed hacedores de la palabra, y no tan solamente oidores, engañándoos a vosotros mismos. A Dios no se le engaña, tenemos que ser hacedores de la Palabra.

  • Cuando un creyente está lejos de Dios, se convierte en un mal testimonio para otras personas. 

¿Por qué? Porque se va a encontrar con otra gente en lugares que un creyente no visita. No podemos dar mal testimonio, los creyentes somos luz en medio de las tinieblas. Un creyente no se confunde con las tinieblas amados, amén. 

Con esto comencé: -La distancia entre Dios y usted determina lo que somos y lo que hacemos. Porque hay cosas que no convienen. Ustedes me conocen, me gusta bromear con un montón de cuestiones, y bromeo con Shakira, con esto y con lo otro, pero les voy a decir algo: esta vez que estuvimos en Chihuahua estaba Shakira, ¿no es cierto? Me hacían bromas hermanos, pero yo les decía: -le pongo mi corazón aquí en la mano que no me dan ganas de ir a ver un show de esos, no me llama la atención. 

Ayer estábamos tomándonos un cafecito con Jorge Francis y nos encontramos un par de señores en el café. Cuando le dijimos que nosotros éramos cristianos y que soy pastor, uno de ellos me dijo: -Si usted es pastor, tiene que predicar que las mujeres no se pongan pantalones, tiene que predicar que la mujer que se corta el cabello deshonra a su marido-. Y nos dijo: -Nosotros no tenemos televisión, no tenemos internet, no tenemos teléfono. Nosotros no vemos las olimpiadas, nosotros no vemos el fútbol-. Yo les digo algo: Yo no soy espíritu fláutico en ese sentido, pero no considero que eso sea pecado. Pero, ¿qué pasa con estas cosas cuando estoy lejos de Dios? Nada me importa, me voy donde quiero, me encuentro con quien quiera, hago lo que quiero y damos mal testimonio. ¿Por qué? Porque es una doble vida en realidad: venir a la iglesia y mostrar que somos de una manera, pero cuando estamos fuera de la iglesia (en el mundo) y nos juntamos con otra gente, vivimos como si no conociéramos al Señor.

  • Cuando un creyente está lejos de Dios, pierde la sabiduría y pierde toda sensibilidad espiritual. 
  • Cuando un creyente está lejos de Dios, critica todo, le molesta todo. 
  • Cuando un creyente está lejos de Dios, no hay dirección.

Y quiero mostrarle un pasaje de la Escritura, y se lo voy a mostrar en la Traducción del Lenguaje Actual. ¿Se acuerda cómo comenzamos el mensaje? Mateo 26. Usted se dio cuenta que Pedro fue y se sentó entre los demás, ¿verdad? Mire lo que pasó en el versículo 69.

Mateo 26: 69- (TLA): 69 Mientras sucedía todo esto, Pedro estaba sentado en el patio del palacio. De pronto, una sirvienta se le acercó y le dijo: —Tú siempre estabas con Jesús, el de Galilea. 70 Y delante de todos, Pedro le contestó: —Eso no es cierto; ¡no sé de qué me hablas! 71 Pedro salió por la puerta del patio, pero otra sirvienta lo vio y dijo a los que estaban allí: —Éste también estaba con Jesús, el que vino de Nazaret. 72 Pedro lo negó de nuevo y dijo: —¡Les juro que no conozco a ese hombre! 73 Un poco más tarde, algunos de los que estaban por allí se acercaron a Pedro y le dijeron: —Estamos seguros de que tú eres uno de los seguidores de Jesús; hablas como los de Galilea. 74 Pedro les contestó con más fuerza: —¡Ya les dije que no conozco a ese hombre! ¡Que Dios me castigue si no estoy diciendo la verdad! 

¿Qué quiere decir? Cuando una persona, cuando un creyente vive lejos de Dios, llega a mentir. Pedro se vio acorralado, tuvo miedo y dijo: -Aquí me van a linchar igual que al Señor. 

¿Cómo acercarse a Dios?

Job 22: 21 (RVR1960): Vuelve ahora en amistad con él, y tendrás paz; Y por ello te vendrá bien.

Esta semana una persona me decía: -Pastor, yo he pecado, he intentado cien veces volver a Dios-. Yo podía percibir la sinceridad con la que este hombre me hablaba, mientras él me decía: -El mundo me gana la batalla. Me he arrastrado con todos los deleites que puede dar. Y cuando creo que voy saliendo, me planifico para ir el domingo a la iglesia; pero el sábado Satanás me vence. Lo he intentado tantas veces, pastor, no sé qué hacer. Hermano, hay cosas que las tenemos que dejar a Dios, pero hay otras que las tiene que hacer usted. En la casa del Señor todo el mundo es bienvenido. No importa en qué lugar se arrastró anoche, ha venido al mejor lugar, porque aquí va a recibir restauración. No importa cuántas veces hayamos caído, usted levántese y que Dios le hable al corazón. Logre entender que Dios quiere estar cerca de usted, que nosotros fuimos creados para caminar de la mano con Dios. No hemos sido creados para vivir vidas separadas del Señor. El hombre no se va a encontrar a sí mismo jamás. Ya hemos escuchado cantidad de veces que el hombre tiene en su interior un vacío con la forma de Dios. Y mientras Dios no sea parte de nosotros, no vamos a encontrar esa paz, ni mucho menos la salvación. La distancia con Dios es evidencia más bien de una relación dañada, no de un Dios ausente. Y ¿qué hace cuando tiene una relación dañada? Vuelva al Señor. Busque a Dios, venga a la casa del Señor. 

Y otra cosa que le quiero decir es porque hay un montón de hermanitos imprudentes en las iglesias: usted va a volver y va a haber más de alguno que le va a decir: -Vaya, ya era ahora, te cansaste de andar en el mundo-. Porque hay cada gente, que por favor, Dios mío. Por eso yo le digo a usted: -Cuando usted vea a alguien que hace rato no veía, dele un abrazo, y dígale: ¡Que bueno que estás en la casa del Señor!-. No se ponga a estarle hablando y diciendo cosas fuera de lugar, porque el hombre se va a llenar de vergüenza. Pero acuérdese, el pródigo volvió, reflexionó y dijo: -He pecado contra el cielo. Yo voy a volver a la casa de mi Padre-. Este es el lugar donde el hijo de Dios debe de estar.

Acercarse a Dios no empieza con esfuerzo humano, sino con respuesta al llamado divino. Si Dios te dice: -Venga, hermano, venga-. Reconozca la distancia, arrepiéntase. Pero de verdad, no solamente sentir culpa, es cambiar de dirección. Si usted dice: -Yo estuve haciendo cosas fuera de lugar-. Por eso digo, arrepiéntase de verdad, dale media vuelta a ese montón de situaciones. Ya deje de hacer las tonterías que andaba haciendo.

Santiago 4:8 (RVR1960): Acercaos a Dios, y él se acercará a vosotros. Pecadores, limpiad las manos; y vosotros los de doble ánimo, purificad vuestros corazones. Dios busca al hombre más de lo que el hombre busca a Dios. Dios te recibe, hermano. 

Salmos 145: 18 (NTV): El Señor está cerca de todos los que lo invocan, sí, de todos los que lo invocan de verdad. Eso es con sinceridad.

Yo no sé cómo está la distancia entre usted y Dios, pero es un buen momento para reflexionar acerca de eso y acercarnos al Señor. La distancia entre usted y Dios demuestra lo que somos y lo que hacemos. Que Dios tenga misericordia de nosotros, amados míos. Tome usted ese primer paso, tome la decisión de decir: -Padre Santo, a partir de ahora yo quiero estar más cerca de ti.

Oremos. Padre, te damos gracias por tu palabra en esta hora. Señor sin lugar a dudas que muchos nos hemos descuidado, al igual que Pedro, y hemos caminado de lejos; pero lo maravilloso del evangelio glorioso de Jesucristo es que tú eres el Dios de las oportunidades. Lo maravilloso del evangelio Señor, es que tú representas a ese padre del pródigo que sale todos los días a ver el horizonte esperando que aparezca el hijo que se fue; para abrazarlo, para poner un anillo en su dedo, para hacer fiesta. Padre celestial, ayúdanos. Queremos buscarte de todo corazón. Queremos tener una relación muy cercana contigo, muy personal. Bendice a cada uno de mis hermanos, y aquellos que por algún motivo, alguna razón, cuestiones de trabajo, cuestiones de compromisos, situaciones, afanes de cada día, se les dificulta tomar la Biblia, hacer una oración de unos minutos. Señor, permite que podamos tener esa disciplina de buscar tu rostro, de buscarte con el alma, de buscarte con el corazón, porque entendemos que nuestra distancia contigo es la que determina lo que somos y lo que hacemos.

Mientras todos oramos, si usted nunca ha recibido a Cristo en el corazón, y usted me dice en esta tarde: -Pastor, yo necesito a Dios en mi vida. Yo quiero tener la fe que tienen ustedes. ¿Cómo puedo hacer? Yo lo invito para que haga esta oración conmigo: Señor Jesús, te pido perdón por mis pecados. Te doy gracias por lo que hiciste en la cruz. En esta tarde te entrego mi corazón, te entrego mi vida, te recibo como el Señor y Salvador de mi alma. Si usted hizo esta oración, yo quiero animarle a crecer en el conocimiento de Dios y su santa y bendita palabra. 

Señor, gracias, gracias por traernos a tu casa. Gracias por este especial domingo, el día más bonito de la semana. Cuando juntos, como un solo cuerpo, podemos adorar y bendecir tu nombre. Ahora nos vamos con la bendición tuya, Padre. Bendícenos en esta semana que comenzamos hoy, en el nombre de Jesús. Amén y amén.

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Lejos de Dios o cerca de Dios


Febrero 22, 2026 – 2:00PM | Mateo 26:57-58 | Dr. David Rodríguez

Etiquetas: febrero 2026, mateo, pastor david rodriguez, transcripcion


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TRANSCRIPCIÓN

Vamos a abrir nuestras Biblias en el Evangelio según San Mateo, capítulo 26. He titulado el mensaje de ahora: Lejos de Dios o cerca de Dios. Y en esta oportunidad vamos a enfocarnos en la distancia que hay entre usted y Dios. 

Mateo 26: 57-58 (RVR1960): 57 Los que prendieron a Jesús le llevaron al sumo sacerdote Caifás, adonde estaban reunidos los escribas y los ancianos. 58 Mas Pedro le seguía de lejos hasta el patio del sumo sacerdote; y entrando, se sentó con los alguaciles, para ver el fin. 

Oremos: Padre, bendice esta palabra en nuestros corazones. Permite que podamos estar atentos, que las personas que tienen la Biblia en su teléfono no sean distraídos por textos que reciban o cualquier otra información, sino que podamos concentrarnos, enfocarnos en tu Palabra, en lo que tú quieres hablar a nuestras vidas en este día. Bendice a cada uno de mis hermanos, bendice a las personas que están conectadas, Señor, a través de redes sociales. En el nombre de Jesús te lo pedimos. Amén.

La distancia entre usted y Dios habla mucho de lo que somos y de las cosas que hacemos. El hombre fue creado para caminar con Dios. El miércoles pasado estudiamos cómo el primer hombre (Adán) caminó con Dios y tenía una fuerte relación con el Padre celestial. ¿Te puedes imaginar? Adán y Dios nada más. ¡Qué privilegio! Por eso el estudio del miércoles pasado se llamaba: Dichoso Adán, y vimos todas las cosas que le daban dicha. El hombre no fue creado para vivir a distancia de Dios, fue creado para estar cerca del Señor, para tener una relación con su creador. Cuando entró el pecado en el mundo hubo una ruptura, una separación entre Dios y el hombre. 

Quiero que reflexionemos en la distancia entre usted y Dios. Usted va a determinar si está cerca, más o menos cerca o está lejos; porque es importante entender que usted puede estar cerca de la iglesia, puede estar cerca de los hermanos, pero lejos de Dios. Hay personas que están más cerca de la pupusa de chicharrón que del evangelio. ¿Sabe usted que hay gente que a eso viene? ¿Sabe usted que hay personas que llaman durante la semana para preguntar: ¿qué habrá de comida el domingo? Pero yo quiero que seamos honestos en estos momentos. Yo le voy a decir qué dice la Palabra.

Vamos a ver varios versículos de la Biblia. Si usted quiere, póngale atención a la pantalla. Pensemos en esa distancia, en la distancia que tenemos con nuestro bendito Señor y Salvador.

El hombre natural.

¿Quién es el hombre natural? 

1 Corintios 2:14 (RVR1960): Pero el hombre natural no percibe las cosas que son del Espíritu de Dios, porque para él son locura, y no las puede entender, porque se han de discernir espiritualmente. El hombre natural es una persona inconversa. 

El hombre natural puede ser una persona que asista a la iglesia, que esté sentado hoy en este momento acá en algún lugar, pero la manera como él concibe las cosas de Dios, es como en una religión tradicional. ¿En qué sentido? Que tenemos el concepto metido en la cabeza que a usted le es suficiente con ir a misa, un ratito y ya se acabó el asunto. Y eso no es nada. Hace muchas generaciones lo que se decía en la iglesia tradicional se decía en latín, y uno sin entender nada sabía que tenía que contestar: Amén. ¿Se da cuenta? Son cosas de paganos. Entonces, ¿qué aprendió? No aprendimos nada, porque era en otro idioma. Pero nos hicieron creer que eso era suficiente: ir un rato, estar ahí y se acabó. Cuando nos convertimos al evangelio, conocemos la Palabra, conocemos a Dios, conocemos la Biblia, para algunas personas pensar que hay que regresar a las 6:30 dicen: -Ah, eso ya es fanatismo. ¿Y venir el miércoles? No, no, no. Está bien que seamos evangélicos, pero ya eso es enfermedad. Ahora imagínate, y a eso usted le agrega el viernes que tenemos casa de oración. Entonces no percibe las cosas que son del Espíritu de Dios, es decir, no las puede entender. ¿Por qué? Porque todas estas cosas se deben discernir espiritualmente.

El hombre natural es la persona que no conoce a Dios, que no ha hecho las paces con Dios. Nosotros antes de conocer a Cristo fuimos ese hombre natural. Vivíamos como queríamos, no teníamos códigos de nada, no teníamos valores de nada, no teníamos principios, no teníamos nada. ¿Por qué? Porque éramos personas naturales, no conocíamos al Señor. Es más, aún aquellos que nacieron en el evangelio necesitan tener un encuentro con Jesús, aunque hayan nacido en el evangelio. 

Yo sé que muchos de ustedes deben recordar a mi querido amigo y hermano Joel Marz, misionero. Ahora ya está retirado. Joel, está en Tampa, Florida, con su hijo en la iglesia de Redención. Pero fíjate que Joel Marz, hijo de misioneros, nació en Estados Unidos, pero era un chamaquito cuando llegó a Guatemala con su papá el Dr. Paul Marz, este hombre que abrió una gran cantidad de iglesias. Joel nació en el seno del evangelio, sin embargo, a los 15-16 años se rebeló contra Dios, contra sus padres, contra el evangelio. Primera cosa que hizo: se dejó crecer su pelo rubio hasta la cintura, imagínese usted. Y le dijo al papá: -Yo no quiero vivir aquí en Guatemala, yo me voy. Y se regresó a los Estados Unidos a vivir como cualquier persona que no conoce a Dios. Entonces usted puede decir: -Ah, no, si él es un hijo de misionero, es creyente. No, señor. Toda persona necesita tener un encuentro con Dios. Nosotros éramos ese hombre natural.

1 Corintios 6:9-11 (RVR1960): 9 ¿No sabéis que los injustos no heredarán el reino de Dios? No erréis; ni los fornicarios, ni los idólatras, ni los adúlteros, ni los afeminados, ni los que se echan con varones, 10 ni los ladrones, ni los avaros, ni los borrachos, ni los maldicientes, ni los estafadores, heredarán el reino de Dios. 11 Y esto erais algunos; mas ya habéis sido lavados, ya habéis sido santificados, ya habéis sido justificados en el nombre del Señor Jesús, y por el Espíritu de nuestro Dios.

Nosotros entendemos que nos hemos convertido al evangelio, entendemos que cometemos una gran cantidad de errores, pero también entendemos que una persona que conoce a Dios debe luchar y esforzarse hasta donde pueda, para vivir una vida agradable a Dios. Entonces, si nosotros sabemos que algo está equivocado, hay que enmendar. Si sabemos que algo no está bien con el Señor, hay que enmendar. ¿Por qué? Porque el que es creyente, el que conoce a Dios, el que tiene a Cristo en el corazón no puede ni debe vivir de esa manera. ¿Por qué? Porque entonces quiere decir que no conoce a Dios verdaderamente.

¿Qué pasa con los que fornican? Usted puede decir: Ay pastor, fíjese que yo la regué. Me fui a tomar un café con una amiga y terminamos mal, pasó lo que no debería pasar. Usted le pide perdón al Señor, usted vuelve en amistad con Dios, y luego usted ya tiene conocimiento de que a Dios no le gustan esas cosas, que esos errores tarde o temprano se pagan terriblemente. Pero si usted me dice: -No, pues yo conocí a la muchacha, ya llevamos ocho años juntos, ella en su casa y yo en la mía. Los fines de semana nos “juntamos”. La Biblia lo dice claramente, no es lo mismo cometer un error, que vivir en ese error. No es lo mismo cometer un pecado, que vivir en ese pecado; son dos cosas bien distintas. Y la Biblia lo dice con toda claridad en ese versículo. No se equivoquen, el hombre natural todavía no ha nacido de nuevo, no hay una nueva vida, no hay un nuevo corazón, no hay una nueva manera de pensar, no hay un nuevo propósito. Porque usted no puede adorar a Dios y adorar los ídolos, no se puede, de acuerdo a lo que enseña la Escritura.

El pasaje (1 Corintios 6:9-11) aclara quien no entrará en reino de los cielos: dice que ni los idólatras, ni los adúlteros, ni los afeminados, ni los que se echan con varones, ni los ladrones, ni los avaros (egoístas, tacaños), ni los borrachos. Si usted es el tipo de persona que todavía le gusta ir a meterse a un antro, regresar embriagado a su casa, entonces no conoce a Dios. Usted podrá ir a misa si usted quiere, pero la Biblia es clara, los hombres naturales son aquellos que están haciendo las cosas que a Dios le desagrada. Los maldicientes son aquellas personas mal habladas, aquellas personas que solo es maldición por aquí, maldición por allá, malas palabras por aquí, malas palabras por allá. ¿Cómo es posible que usted no pueda tener control sobre su lengua, sobre su boca, cuando la Biblia dice que es parte del fruto del Espíritu Santo? Los estafadores no heredarán el reino de Dios. Y eso éramos nosotros. ¿Qué quiere decir esto? Que una persona natural está muy lejos de Dios. Y otra cosa que es bien importante entender.

Isaías 59:2 (RVR1960): pero vuestras iniquidades han hecho división entre vosotros y vuestro Dios, y vuestros pecados han hecho ocultar de vosotros su rostro para no oír. Quiero hablar de la distancia entre nosotros y Dios, pero usted debe conocer a alguien que está lejos de Dios. ¿Por qué? Porque es un hombre natural. 

¿Qué pasa cuando una persona está lejos de Dios? No quieren saber del evangelio. Y algunos son buena gente y lo van a escuchar. 

Ayer platiqué con una persona, y cuando le invité a la iglesia me dijo: -Ahí le aviso-. ¿Por qué? Porque cuando una persona está lejos de Dios, no quiere saber del evangelio, busca excusas para no acercarse, le molesta que le hablen de Dios, le molesta que le hablen de iglesia, le molesta que hablen de los cristianos, y comienza a sacar una cantidad de cosas que ha escuchado por otros lados o por las redes sociales. Cuando una persona está lejos de Dios, vive sin rienda, hace lo que quiere, simple y sencillamente no reconoce que está mal, no reconoce que está equivocado, no reconoce que necesita a Dios.

Proverbios 14:12 (RVR1960): Hay camino que al hombre le parece derecho; Pero su fin es camino de muerte. Cuando una persona está lejos de Dios, se convierte en un necio de primera marca. 

Proverbios 12:15 (RVR1960): El camino del necio es derecho en su opinión; Mas el que obedece al consejo es sabio. Cuando una persona está lejos de Dios, dice la Biblia que está ciego. 

2 Corintios 4:4 (RVR1960): en los cuales el dios de este siglo cegó el entendimiento de los incrédulos, para que no les resplandezca la luz del evangelio de la gloria de Cristo, el cual es la imagen de Dios. El dios (con minúscula) de este siglo es el diablo. Y dice que cegó el entendimiento de los incrédulos. Esto quiere decir que Satanás le pone una venda. Dígame una cosa, por amor de Dios: ¿No está usted contento que Dios nos quitó esa venda de los ojos? ¡Bendito sea su nombre! Porque, cuando veo personas que conozco que tienen esa venda todavía, que están ciegos, que son necios, yo digo: ¡Alabado sea el nombre de Dios! ¡Bendito sea el Señor que Dios nos quitó con su gracia y misericordia esa venda que teníamos en los ojos! Porque muchos de los que estamos acá éramos necios también, locos también, vivíamos como locos, pero ahora, gracias a Dios ya vemos. ¡Bendito sea el Señor!

Pero aquellas personas que todavía no conocen al Señor, dice la Biblia que Satanás les ha cegado el entendimiento. ¿Para qué? Para que no les resplandezca la luz del evangelio. 

Yo tenía un tío, ya murió, que no quería nada con el evangelio. Él llevaba a mi tía a la iglesia y la iba a recoger, pero nunca quiso entrar. Un día yo tuve carga y dije: -Yo voy a ir, yo quiero hablar con él-. Era el tío que trabajaba en un banco, y por él fue que yo llegué a trabajar a un banco. Resulta que llegué a la casa, me senté con él a la mesa y le dije: -Tío, yo necesito hablar con usted, y le presenté el evangelio, pero de una manera apasionada, queriendo que se rindiera a los pies de nuestro Señor Jesucristo. Antes de entrar a la casa, dije: -Señor, yo sé a lo que me voy a enfrentar, porque el que ha puesto la venda no es el vecino, no es la mujer, es el dios de este siglo-. Y entré, y él muy tranquilo escuchó todo lo que yo le dije. Y por último le digo: -Tío, ¿le entrega su vida a Jesucristo y oramos?-. Me dijo: -No, yo te agradezco por el esfuerzo, gracias por venir, gracias por todo lo que tú me has explicado, pero yo no necesito esas cosas-. Y le dije: -Bueno, yo quería que usted tuviera la seguridad de que al morir se iba a ir al cielo, pero ya que no quiere, entonces quiero que tenga la seguridad de que al morir se va al infierno-. El me dijo: -Yo creo que sí, porque la verdad es que yo no siento nada, no siento deseos por las cosas de Dios. Imagínate, qué triste realidad. Y yo me acuerdo cuando salí de ahí, me dio tristeza, pero son esos sentimientos mezclados. Tristeza por un corazón tan endurecido, por una persona que por más que se le diga lo que Cristo hizo en la cruz, cómo derramó su sangre por nosotros, lo que hizo por nosotros, y no se mueve. Y luego le di gracias y le dije: -Señor, gracias porque me salvaste. Gracias porque nosotros podíamos ponernos tan necios como él también-. ¡Alabado sea el nombre de Dios! ¡Bendito sea tu nombre!

El dios de este siglo cegó el entendimiento de los incrédulos. Cuando una persona está lejos de Dios, no quiere que sus obras sean reprendidas. Ellos no quieren que usted hable mal de su licor, no quieren que usted hable mal de sus relaciones ilícitas, no quieren que usted hable mal del que roba, no quieren que usted hable mal de las malas actitudes, no quieren que le diga nada de sus malas palabras.

Juan 3:20 (RVR1960):  Porque todo aquel que hace lo malo, aborrece la luz y no viene a la luz, para que sus obras no sean reprendidas. ¿Te das cuenta? Por eso no viene a la iglesia, porque no quiere que le digan que lo que está haciendo no está bien.

El creyente se aleja de Dios.

¿Es posible que un cristiano esté lejos de Dios? La respuesta es sí. Un cristiano puede estar cerca de la iglesia y lejos de Dios. 

  • Cuando un cristiano está lejos de Dios, se comporta como alguien que no conoce a Dios. ¿Sí o no? ¿No ha conocido a alguien así? 

Recuerdo que venía hace tiempo a la iglesia una persona que me decía: -Pastor, yo ayer estuve en un antro, ¿sabe quién estaba ahí? Fulano (mencionaba el nombre de otras personas que venían a la iglesia) Y él me decía: -Por lo menos yo soy pagano, pero él aquí se pasa dando golpes de santidad en la iglesia. Dios sabe quién soy yo-. Cuando un cristiano está lejos de Dios, se comporta como una persona que no conoce a Dios. Cuando un cristiano está lejos de Dios, solo lee la Biblia cuando viene a la iglesia. No tiene comunión con Dios, no quiere servir, no ora, no busca comunión con otros creyentes, y le da igual venir o no venir (si hay tiempo, vamos, pero si la nena tiene una presentación de ballet, nos vamos con la nena). Y hay gente que se relaciona con el evangelio cuando les sobra tiempo. 

  • Cuando un cristiano está lejos de Dios, oye la Palabra, pero le entra por un oído pero no le hace nada.

Santiago 1:22 (RVR1960): Pero sed hacedores de la palabra, y no tan solamente oidores, engañándoos a vosotros mismos. A Dios no se le engaña, tenemos que ser hacedores de la Palabra.

  • Cuando un creyente está lejos de Dios, se convierte en un mal testimonio para otras personas. 

¿Por qué? Porque se va a encontrar con otra gente en lugares que un creyente no visita. No podemos dar mal testimonio, los creyentes somos luz en medio de las tinieblas. Un creyente no se confunde con las tinieblas amados, amén. 

Con esto comencé: -La distancia entre Dios y usted determina lo que somos y lo que hacemos. Porque hay cosas que no convienen. Ustedes me conocen, me gusta bromear con un montón de cuestiones, y bromeo con Shakira, con esto y con lo otro, pero les voy a decir algo: esta vez que estuvimos en Chihuahua estaba Shakira, ¿no es cierto? Me hacían bromas hermanos, pero yo les decía: -le pongo mi corazón aquí en la mano que no me dan ganas de ir a ver un show de esos, no me llama la atención. 

Ayer estábamos tomándonos un cafecito con Jorge Francis y nos encontramos un par de señores en el café. Cuando le dijimos que nosotros éramos cristianos y que soy pastor, uno de ellos me dijo: -Si usted es pastor, tiene que predicar que las mujeres no se pongan pantalones, tiene que predicar que la mujer que se corta el cabello deshonra a su marido-. Y nos dijo: -Nosotros no tenemos televisión, no tenemos internet, no tenemos teléfono. Nosotros no vemos las olimpiadas, nosotros no vemos el fútbol-. Yo les digo algo: Yo no soy espíritu fláutico en ese sentido, pero no considero que eso sea pecado. Pero, ¿qué pasa con estas cosas cuando estoy lejos de Dios? Nada me importa, me voy donde quiero, me encuentro con quien quiera, hago lo que quiero y damos mal testimonio. ¿Por qué? Porque es una doble vida en realidad: venir a la iglesia y mostrar que somos de una manera, pero cuando estamos fuera de la iglesia (en el mundo) y nos juntamos con otra gente, vivimos como si no conociéramos al Señor.

  • Cuando un creyente está lejos de Dios, pierde la sabiduría y pierde toda sensibilidad espiritual. 
  • Cuando un creyente está lejos de Dios, critica todo, le molesta todo. 
  • Cuando un creyente está lejos de Dios, no hay dirección.

Y quiero mostrarle un pasaje de la Escritura, y se lo voy a mostrar en la Traducción del Lenguaje Actual. ¿Se acuerda cómo comenzamos el mensaje? Mateo 26. Usted se dio cuenta que Pedro fue y se sentó entre los demás, ¿verdad? Mire lo que pasó en el versículo 69.

Mateo 26: 69- (TLA): 69 Mientras sucedía todo esto, Pedro estaba sentado en el patio del palacio. De pronto, una sirvienta se le acercó y le dijo: —Tú siempre estabas con Jesús, el de Galilea. 70 Y delante de todos, Pedro le contestó: —Eso no es cierto; ¡no sé de qué me hablas! 71 Pedro salió por la puerta del patio, pero otra sirvienta lo vio y dijo a los que estaban allí: —Éste también estaba con Jesús, el que vino de Nazaret. 72 Pedro lo negó de nuevo y dijo: —¡Les juro que no conozco a ese hombre! 73 Un poco más tarde, algunos de los que estaban por allí se acercaron a Pedro y le dijeron: —Estamos seguros de que tú eres uno de los seguidores de Jesús; hablas como los de Galilea. 74 Pedro les contestó con más fuerza: —¡Ya les dije que no conozco a ese hombre! ¡Que Dios me castigue si no estoy diciendo la verdad! 

¿Qué quiere decir? Cuando una persona, cuando un creyente vive lejos de Dios, llega a mentir. Pedro se vio acorralado, tuvo miedo y dijo: -Aquí me van a linchar igual que al Señor. 

¿Cómo acercarse a Dios?

Job 22: 21 (RVR1960): Vuelve ahora en amistad con él, y tendrás paz; Y por ello te vendrá bien.

Esta semana una persona me decía: -Pastor, yo he pecado, he intentado cien veces volver a Dios-. Yo podía percibir la sinceridad con la que este hombre me hablaba, mientras él me decía: -El mundo me gana la batalla. Me he arrastrado con todos los deleites que puede dar. Y cuando creo que voy saliendo, me planifico para ir el domingo a la iglesia; pero el sábado Satanás me vence. Lo he intentado tantas veces, pastor, no sé qué hacer. Hermano, hay cosas que las tenemos que dejar a Dios, pero hay otras que las tiene que hacer usted. En la casa del Señor todo el mundo es bienvenido. No importa en qué lugar se arrastró anoche, ha venido al mejor lugar, porque aquí va a recibir restauración. No importa cuántas veces hayamos caído, usted levántese y que Dios le hable al corazón. Logre entender que Dios quiere estar cerca de usted, que nosotros fuimos creados para caminar de la mano con Dios. No hemos sido creados para vivir vidas separadas del Señor. El hombre no se va a encontrar a sí mismo jamás. Ya hemos escuchado cantidad de veces que el hombre tiene en su interior un vacío con la forma de Dios. Y mientras Dios no sea parte de nosotros, no vamos a encontrar esa paz, ni mucho menos la salvación. La distancia con Dios es evidencia más bien de una relación dañada, no de un Dios ausente. Y ¿qué hace cuando tiene una relación dañada? Vuelva al Señor. Busque a Dios, venga a la casa del Señor. 

Y otra cosa que le quiero decir es porque hay un montón de hermanitos imprudentes en las iglesias: usted va a volver y va a haber más de alguno que le va a decir: -Vaya, ya era ahora, te cansaste de andar en el mundo-. Porque hay cada gente, que por favor, Dios mío. Por eso yo le digo a usted: -Cuando usted vea a alguien que hace rato no veía, dele un abrazo, y dígale: ¡Que bueno que estás en la casa del Señor!-. No se ponga a estarle hablando y diciendo cosas fuera de lugar, porque el hombre se va a llenar de vergüenza. Pero acuérdese, el pródigo volvió, reflexionó y dijo: -He pecado contra el cielo. Yo voy a volver a la casa de mi Padre-. Este es el lugar donde el hijo de Dios debe de estar.

Acercarse a Dios no empieza con esfuerzo humano, sino con respuesta al llamado divino. Si Dios te dice: -Venga, hermano, venga-. Reconozca la distancia, arrepiéntase. Pero de verdad, no solamente sentir culpa, es cambiar de dirección. Si usted dice: -Yo estuve haciendo cosas fuera de lugar-. Por eso digo, arrepiéntase de verdad, dale media vuelta a ese montón de situaciones. Ya deje de hacer las tonterías que andaba haciendo.

Santiago 4:8 (RVR1960): Acercaos a Dios, y él se acercará a vosotros. Pecadores, limpiad las manos; y vosotros los de doble ánimo, purificad vuestros corazones. Dios busca al hombre más de lo que el hombre busca a Dios. Dios te recibe, hermano. 

Salmos 145: 18 (NTV): El Señor está cerca de todos los que lo invocan, sí, de todos los que lo invocan de verdad. Eso es con sinceridad.

Yo no sé cómo está la distancia entre usted y Dios, pero es un buen momento para reflexionar acerca de eso y acercarnos al Señor. La distancia entre usted y Dios demuestra lo que somos y lo que hacemos. Que Dios tenga misericordia de nosotros, amados míos. Tome usted ese primer paso, tome la decisión de decir: -Padre Santo, a partir de ahora yo quiero estar más cerca de ti.

Oremos. Padre, te damos gracias por tu palabra en esta hora. Señor sin lugar a dudas que muchos nos hemos descuidado, al igual que Pedro, y hemos caminado de lejos; pero lo maravilloso del evangelio glorioso de Jesucristo es que tú eres el Dios de las oportunidades. Lo maravilloso del evangelio Señor, es que tú representas a ese padre del pródigo que sale todos los días a ver el horizonte esperando que aparezca el hijo que se fue; para abrazarlo, para poner un anillo en su dedo, para hacer fiesta. Padre celestial, ayúdanos. Queremos buscarte de todo corazón. Queremos tener una relación muy cercana contigo, muy personal. Bendice a cada uno de mis hermanos, y aquellos que por algún motivo, alguna razón, cuestiones de trabajo, cuestiones de compromisos, situaciones, afanes de cada día, se les dificulta tomar la Biblia, hacer una oración de unos minutos. Señor, permite que podamos tener esa disciplina de buscar tu rostro, de buscarte con el alma, de buscarte con el corazón, porque entendemos que nuestra distancia contigo es la que determina lo que somos y lo que hacemos.

Mientras todos oramos, si usted nunca ha recibido a Cristo en el corazón, y usted me dice en esta tarde: -Pastor, yo necesito a Dios en mi vida. Yo quiero tener la fe que tienen ustedes. ¿Cómo puedo hacer? Yo lo invito para que haga esta oración conmigo: Señor Jesús, te pido perdón por mis pecados. Te doy gracias por lo que hiciste en la cruz. En esta tarde te entrego mi corazón, te entrego mi vida, te recibo como el Señor y Salvador de mi alma. Si usted hizo esta oración, yo quiero animarle a crecer en el conocimiento de Dios y su santa y bendita palabra. 

Señor, gracias, gracias por traernos a tu casa. Gracias por este especial domingo, el día más bonito de la semana. Cuando juntos, como un solo cuerpo, podemos adorar y bendecir tu nombre. Ahora nos vamos con la bendición tuya, Padre. Bendícenos en esta semana que comenzamos hoy, en el nombre de Jesús. Amén y amén.

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