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Castigo eterno y vida eterna

Enero 25, 2026 – 2:00PM | Mateo 25:46 | Dr. David Rodríguez

Descargar Texto: Sermón en PDF

Etiquetas: enero 2026, mateo, pastor david rodriguez, transcripcion

TRANSCRIPCIÓN

Hermanos vamos a abrir la palabra en el evangelio de Mateo, por favor, capítulo 25. Quiero rogarle su paciencia con el mensaje de esta tarde, y que escuche hasta el final.

Mateo 25: 46 (RV-1960): 46 E irán estos al castigo eterno, y los justos a la vida eterna.

El mensaje lo he titulado: Castigo eterno y vida eterna. Quiero que prestemos atención, que estemos muy despiertos y muy conscientes en los próximos minutos, porque esto es uno de los temas más delicados que hay en la Biblia; porque voy a hablar del infierno.

Nadie en la Biblia habla más del infierno que Jesucristo, ¿escuchó? Este pasaje de la Biblia nos habla del juicio de las naciones. Cuando Dios separa las ovejas de los cabritos, este juicio será el final de la tribulación; lo que significa que tenemos el castigo eterno y la vida eterna.

El tema del castigo eterno, iglesia, no es popular. La última vez que yo hablé de este tema, una señora vino a hablar conmigo después del servicio y me dijo: Tantos temas bonitos que hay en la Biblia, y a usted se le ocurre hablar del infierno hoy, que traje yo a una amiga. Yo sé que no es un tema popular, yo sé que no es agradable para muchas personas, que para muchos es ofensivo, pero es necesario porque es bíblico.

El 41% de canadienses creen en el infierno, de acuerdo a encuestas hechas en la última década. Eso nos deja con un 59% de personas que no creen en el infierno. Y cuando hablo acerca de este tema, yo creo que difícilmente se puede predicar el tema del infierno con gozo, con alegría. Hay una mezcla de sentimientos porque debería darnos gozo al darnos cuenta de lo que Dios nos ha librado. ¡Bendito sea su nombre! Pero da tristeza pensar en tantas, y tantas, personas que no quieren reconocer, que tienen una venda en los ojos, que piensan que nosotros los pastores los queremos tener metidos aquí en las iglesias; yo no sé qué Biblia están leyendo, si es que la leen.

El teólogo, británico C. S. Lewis, escuchó a un joven predicador hablar del juicio de Dios. Y al final del sermón, el joven predicador dijo las siguientes palabras: «Si usted no recibe a Cristo, sufrirá graves ramificaciones escatológicas». Después del servicio, el doctor Lewis se le acercó al joven y le preguntó: ¿Usted quiere decir que si una persona no recibe a Cristo, irá al infierno? Y el joven predicador dijo: «Precisamente». A lo que el teólogo respondió: Entonces dígalo.

La realidad del infierno es un asunto de burlas, es un asunto de chistes de mal gusto. Y luego hay una opinión por ahí universalista que dicen que no es posible que un Dios de amor termine mandando al infierno a la gente, porque el infierno es una doctrina de odio y de venganza. Hay 162 referencias del infierno en la Biblia y de esas 62 fueron dichas por nuestro Señor Jesucristo. Hermanos, la muerte no es el fin de la existencia. Mucha gente cree que después de morir se acaba todo. 

Hay una parábola en las Sagradas Escrituras que es muy conocida, que se conoce como la parábola del rico y Lázaro. La encontramos en Lucas capítulo 16. Y para efecto de aquellas personas que han de escuchar este mensaje, me gustaría leerla y usted pueda seguir con la vista esta parábola:

Lucas 16: 19-31 (RVR1960): 19 Había un hombre rico, que se vestía de púrpura y de lino fino, y hacía cada día banquete con esplendidez. 20 Había también un mendigo llamado Lázaro, que estaba echado a la puerta de aquel, lleno de llagas, 21 y ansiaba saciarse de las migajas que caían de la mesa del rico; y aun los perros venían y le lamían las llagas. 22 Aconteció que murió el mendigo, y fue llevado por los ángeles al seno de Abraham; y murió también el rico, y fue sepultado. 23 Y en el Hades alzó sus ojos, estando en tormentos, y vio de lejos a Abraham, y a Lázaro en su seno. 24 Entonces él, dando voces, dijo: Padre Abraham, ten misericordia de mí, y envía a Lázaro para que moje la punta de su dedo en agua, y refresque mi lengua; porque estoy atormentado en esta llama. 25 Pero Abraham le dijo: Hijo, acuérdate que recibiste tus bienes en tu vida, y Lázaro también males; pero ahora este es consolado aquí, y tú atormentado. 26 Además de todo esto, una gran sima está puesta entre nosotros y vosotros, de manera que los que quisieren pasar de aquí a vosotros, no pueden, ni de allá pasar acá. 27 Entonces le dijo: Te ruego, pues, padre, que le envíes a la casa de mi padre, 28 porque tengo cinco hermanos, para que les testifique, a fin de que no vengan ellos también a este lugar de tormento. 29 Y Abraham le dijo: A Moisés y a los profetas tienen; óiganlos. 30 Él entonces dijo: No, padre Abraham; pero si alguno fuere a ellos de entre los muertos, se arrepentirán. 31 Mas Abraham le dijo: Si no oyen a Moisés y a los profetas, tampoco se persuadirán aunque alguno se levantare de los muertos. 

La conclusión de esta historia es que el rico fue al infierno y el mendigo fue al cielo. El rico no fue al infierno por ser rico, sino porque sus riquezas y su vida de lujos lo mantuvieron alejado de Dios. Lázaro no fue al cielo por ser pobre, fue al cielo por tener fe en Dios.

Uno de los ídolos más grandes hoy es el amor al dinero. Yo no sé si usted conoce a alguien que vive para sus negocios, para su familia y para sus propios intereses; como es el caso de este rico. Son personas que el domingo se la pasan en el teléfono, se la pasan en las redes sociales hablando de quién les debe algo, a quién le van a cobrar mañana, de las cosas tienen que hacer, de cómo multiplicar su dinero, cómo hacer esto, cómo hacer aquí, cómo hacer allá, se la pasan la semana levantándose muy temprano, pero lo que los mueve a ellos es su trabajo. ¿Cómo hacer esto? ¿Cómo hacer aquello? ¿Cómo hacer aquí? ¿Cómo multiplicar lo que tienen? Pasa la semana y tienen que dedicarle un poco de tiempo a la familia, porque la familia es lo que sigue. Después trabajan para los hijos: ¿Qué es lo que le van a dejar a los hijos? ¿Qué le van a dejar a las hijas? A la esposa hay que tenerla contenta. Vaya y compre esto, compre lo otro, pero luego viene el fin de semana y volvemos otra vez a lo mismo. La pregunta es: ¿Y Dios? ¿Sabe que esa gente cree que están en lo correcto y nos critican a nosotros porque piensan que venimos a perder el tiempo en la casa de Dios? Y cuando le decimos que también regresamos al servicio de la noche, piensan que estamos locos. Pero cuando le decimos que volvemos el miércoles por la tarde, piensa que estamos más locos todavía. Pero ese fue el problema del rico, que el rico estaba muy ocupado en sus cosas.

La Biblia no nos indica que es malo ocuparse de nuestras cosas, lo que la Biblia nos indica es que hay que darle a Dios lo que es de Dios, a César lo que es de César. Hay que trabajar, sí; pero también hay que dedicarle el tiempo a Dios. Y mientras más nos enamoramos de Dios y mientras más amamos a Dios, más deseos tenemos de estar en su casa, de adorarle y tener una comunión más cercana con el Señor.

En el infierno, hermanos, habrá un estado de conciencia. Lucas 16: 23 (RV1960): 23 Y en el Hades alzó sus ojos, estando en tormentos, y vio de lejos a Abraham, y a Lázaro en su seno. Fíjate, reconoció a Abraham y reconoció a Lázaro. Usted me habrá escuchado decir en más de alguna oportunidad, porque así lo entiendo cuando estudio la palabra, que yo creo que en el cielo no nos vamos a conocer; al menos yo pienso eso. En el infierno la gente sí se va a conocer, porque aquí tenemos al rico que vio a Abraham, reconoció a Abraham, reconoció a Lázaro. El rico puede ver, puede oír, puede hablar en el infierno, es decir, sus sentidos están conscientes; es más, puede expresar sus deseos en el infierno, deseos que no se van a cumplir jamás. 

Pastor Joel Mars, predicando en este púlpito hace años ya, quizás hace unos 20 años atrás, él dijo acá: -Si usted no conoce a Jesucristo y usted es de las personas que se rehúsa a entregarle su vida al Señor, la próxima vez que se tome un vaso de agua, disfrútelo, porque en el infierno no habrá tal cosa. 

Hay un diálogo entre el rico y Abraham que muestra lo que hemos hablado. Por esto digo que la muerte no es el fin de la existencia. La Biblia, clara y categóricamente, enseña que después de la muerte hay dos lugares donde podemos ir: al cielo o al infierno. La muerte es el camino que nos conduce a la eternidad, pero depende de usted a dónde va.

Fíjate que la desesperación del rico era tan grande que le pidió misericordia a Abraham.

Lucas 16: 24 (RV1960): Ten misericordia de mí, le dijo. Pero se acabó el tiempo, esa petición jamás será respondida. Mire, entonces él dando voces, gritando: -¡Ey, Abraham, ten misericordia de mí, por favor! Mira que estoy siendo atormentado en esta llama. Mira que tengo sed. En el infierno no habrá nadie que ayude a nadie. Y ¿sabe qué es lo triste de todo esto, hermanos? Es que hoy es el tiempo, y a la gente no le importa. Hoy es el tiempo, y usted puede ver a los ojos a una persona y decirle: -Mira, entrégale tu vida a Jesús. Mira, te esperamos en la casa del Señor, pero hay indiferencia. ¿Y sabe por qué es triste eso, hermano? Porque tenemos seres queridos que se van a quemar en el infierno. Y lo triste es que, ¿cómo es posible que un ser querido tenga que ir a ese lugar de tormento cuando ha estado tan cerca, pero tan cerca, de personas que hemos sido redimidos con la sangre del cordero? ¿Cómo es posible que un marido que tiene una esposa que ama al Señor, que ama su reino, que todos los días la ve con la Biblia abierta leyendo, que todos los días la ve orando al Señor, y ese marido solamente la ve, no se pone en contra, pero dice: -Ay, qué bueno que leas la palabra. Ay, qué bueno que tú sos una mujer de oración. Ay, qué bueno que tú de voladita le cantas, aunque cantas mal, pero qué bueno. Sí, pero él no. Con él no se metan porque él no quiere nada.

Por eso hace unos días yo dije: la indiferencia es muchísimo peor que el ateísmo. ¿Y sabe por qué digo esto? Porque hay muchas de esas personas, muchas de ellas que dicen: -No, no, si yo creo. No, si yo creo. Usted le dice: Mire, usted se va a ir al infierno. No, porque yo creo. El diablo también cree. Por eso digo, es triste esto. Habrá conciencia, se va a poder reconocer a otras personas, pero la gente va a estar en tormento. 

Lucas 16:26 (RV1960): Además de todo esto, una gran sima está puesta entre nosotros y vosotros, de manera que los que quisieren pasar de aquí a vosotros, no pueden, ni de allá pasar acá. Usted sabe que obviamente nosotros somos seres emocionales, creados con necesidades en todo sentido. Y una de esas grandes necesidades, es la necesidad de amar y ser amado, de sentir cariño de parte de otras personas, y crecemos amando a aquellas personas que están a nuestro alrededor. Pero en el infierno será un terrible tormento.

Uno de los mayores tormentos del infierno será la separación de todas las alegrías y las cosas maravillosas que la vida nos ofrece. En el infierno no habrá la posibilidad de gozar las cosas que nosotros podemos gozar hoy, como es un lindo amanecer, las diferentes estaciones, ¡qué rico! ¡Qué lindo disfrutar de un tiempo de lluvia! Disfrutar de la nieve, del otoño, ver las hojas caer al piso. ¡Qué lindo es ver la belleza de esta ciudad linda en la que Dios nos ha puesto! Poder ver las calles, como el Señor pintó con un pincel las hojas, ¡qué lindo! Cuando usted mira las montañas y dice: ¡Bendito sea Dios! Esto, solo Dios lo pudo haber hecho. El apóstol Pablo en Romanos (1:20) dice que la naturaleza misma nos habla de la existencia de un Dios todopoderoso. Esas cosas en el infierno no se pueden ver, porque ahí todo es oscuridad, todo es tormento. ¿Qué le cuesta a la gente creer esto? Jamás se oirá la risa de un niño. Jamás se verá el sol, ni noche llena de estrellas. No habrá nadie para decirte que te ama. No habrá familia, ni amigos, ni comunión, será un aislamiento eterno. Eso enseña la bendita y eterna palabra de Dios. Ahí no habrá Biblia, no habrá iglesia. El tiempo de la salvación habrá pasado. 

Este clamor del rico fue muy tarde. Esa misericordia él tenía que haberla buscado mientras estaba en vida. Pero, ¿sabes por qué no lo hizo? Porque él estaba muy ocupado en sus grandes banquetes, él estaba muy ocupado con las personas que iba a invitar para que disfrutaran su banquete, estaba muy ocupado yendo al sastre para que midiera sus ropas, estaba muy ocupado en seleccionar qué tipo de comidas iban a comer, estaba muy ocupado en sus cosas, en sus negocios.

¿Te puedes imaginar una persona acostumbrada a decir qué quiere comer cada día, una persona acostumbrada a dar órdenes, a vestirse de lino fino y encontrarse en el infierno, sufriendo un castigo eterno sin ver la luz del día y alejado de todo aquello que es justo, que es noble, que es digno? ¿Te puedes imaginar eso, hermano? La Biblia lo enseña, la Biblia lo habla, debemos de orar por esos familiares nuestros que no conocen a Dios, por nuestros amigos, familiares.

Yo le he dicho 100 veces en este púlpito que me cuesta entender cómo hay personas que se preocupan tanto por el bienestar físico de su mamá, de su papá, de su abuelita; y no le interesa su alma. Yo a mi mamá le he llevado las colchitas calentitas de aquí de Canadá, pero siempre le digo: que eso no es lo más importante para mí. Hay pastores que la visitan, que oran con ella, porque ella no puede ir a una iglesia, pero si escucha todos los sermones que puedan existir en la santa vida. Ella está en un lugar de monjas, pero las monjas saben que ella es evangélica, que tiene un hijo que es pastor en Canadá; para mi eso es lo más importante. Aunque no tuviera una cobija la pobre señora para cubrirse, lo importante es que su vida espiritual está cubierta, porque de nada serviría que yo pague todos sus lujos o deseos si se va a condenar al infierno.

Es tan necesario que conozcan al Padre lo antes posible, que busquen de Dios; porque mis amados hermanos, Cristo puede venir esta misma noche. ¿Y qué va a pasar con ellos? ¿Qué va a pasar con esas ideas que tiene la gente, esa indiferencia de tantas personas hacia el evangelio, hacia Dios, hacia las iglesias? Y no solamente eso, ¿qué va a pasar con la venda que está puesta en los ojos de aquellas personas que un día estuvieron sentados en una iglesia? Yo oro y ruego por las personas que estuvieron antes en una iglesia. Yo no estoy pidiendo que regresen aquí, sino que vayan a un lugar a congregarse, que adoren, que honren, que sirvan al Dios Todopoderoso, porque Cristo está a las puertas. Hay personas que entraron a una iglesia, pero Dios no entró en sus corazones. Porque si verdaderamente conocieran a Dios, estarían sirviendo a Dios, si conocieran a Dios, ya hubieran entendido que el evangelio no es perfección. No vamos a encontrar gente perfecta en ninguna iglesia., perfecto solo Dios, no hay otra cosa perfecta, nada más.

Las personas que todo lo critican tienen vidas desgraciadas, hermano. De verdad le digo: si hay una persona que no sabe perdonar, que tiene resentimiento, que tiene raíces de amargura, esa es una persona que no está bien con Dios, porque el que está bien con Dios es libre de esas cosas, es libre.

En el infierno el sufrimiento será interminable. Por eso dijo el rico (Lucas 16:24): Ten misericordia de mí. Es un fuego que produce un sufrimiento interminable. 

La palabra «tormento» en esta parábola se traduce como tortura, el hombre en ese lugar no se quemará de una vez. La idea es, de aquella persona que sabe resistir un dolor insoportable, que no se sabe cómo pero lo aguanta, de eso se trata, de eso está hablando esta tortura. Hermano, no solamente estamos hablando que son 10 años, ni son 20 años, es toda la eternidad, hermanos. ¿Por qué? Porque rechazaron al que pagó por nuestros pecados en la cruz del calvario. Lo rechazaron, lo vieron con indiferencia. Vieron la iglesia con indiferencia. No le dieron a Dios el lugar que Dios merece: el centro de nuestra vida, lo más importante de nuestro ser, de nuestra alma, de nuestro espíritu. Lo más importante lo rechazaron, y ahora tendrán una tortura por los siglos de los siglos.

En el versículo 25 hay una palabrita que no se cómo funcionará esto en el cielo. 

Lucas 16: 25 (RV1960):  25 Pero Abraham le dijo: Hijo, acuérdate que recibiste tus bienes en tu vida, y Lázaro también males; pero ahora este es consolado aquí, y tú atormentado. Me refiero a la palabra: acuérdate. 

En el cielo no habrá tiempo porque la eternidad es eso, la ausencia de tiempo. Se cree que todas las agonías del infierno, tal vez la peor de todas es la palabra acuérdate. Porque te vas a acordar cuando una persona te invitó a la casa de Dios y usted dijo: -No hombre, mañana vamos para el lago, quizás el próximo domingo. Otro día dijo: -No, fíjate que me voy a reunir con unos amigos. Claro, es el desprecio hacia el evangelio, es el desprecio hacia Dios, es el desprecio hacia la iglesia, es el desprecio hacia el sacrificio de Jesucristo, es el desprecio a todo lo que tiene que ver con el evangelio. Cuando en realidad, insisto, dele a Dios lo que es de Dios, dele a César lo que es de César. La gente, las amistades, esto, lo otro, como usted quiera, pero Dios debe ser primero.

Aquellos que hemos estado en Israel, sabemos muy bien que hay dos tipos de israelitas. Los israelitas que nacieron en Israel pero no practican ningún tipo de religión y los judíos, que ellos respetan el Shabbat (desde la caída del sol del día viernes hasta la caída del sol del día sábado). Y para esa gente el día de reposo es acercarse a la explanada, acercarse al muro de los lamentos, hacer sus oraciones y estar con Dios. Ninguno de los que practican la religión judía, ninguno de ellos verán venir en gloria al Mesías. Ninguno de ellos se escabulle para ir a trabajar sin que nadie se dé cuenta, porque saben que a Dios no le engaña nadie. Son personas que tienen claro en quién creen, y lo que tienen que hacer.

El domingo pasado yo apenas había salido de la operación del corazón y me preguntaron: Pastor, el domingo hacemos lo que usted quiera. Yo le dije: El domingo voy a estar en la iglesia. Si ustedes no me quieren predicando, no se preocupen, pero de que voy a estar sentado ahí, voy a estar sentado ahí. Y me dicen: Pero es que tiene que descansar. Yo descanso en la iglesia porque en el hotel no me voy a quedar. Y si me voy a morir, prefiero morirme en una silla de la iglesia que en una cama del hospital. ¡Créeme! No es que yo sea el superhéroe, es que yo necesito, necesito estar en la casa del Señor. Si usted me invita a ir a la playa un domingo, me ofende.

Cuando estaba preparando este mensaje, pasó por mi mente una película de personas que conozco, y me puse a orar por cada uno de ellos. Me da tristeza cuando alguien no viene porque está más interesado en su dinero, porque lo dañaron, porque no entendió el evangelio, porque la mujer es la que manda en su casa y a la vieja no le gusta el evangelio. Bueno, entonces pues yo le estoy advirtiendo. 

Una cosa más: Si usted llega a terminar en ese lugar, en el infierno, cuando aparezca la palabra «acuérdate» que no le queda duda que es de este instante que usted se va a acordar el resto de sus días en la eternidad. Porque le estoy diciendo hoy: Entréguele su vida a Jesús. Lo mejor que le puede pasar a una persona en la vida es conocer a Cristo. Si a usted le regalan 10 millones de dólares, seguramente no estaría aquí. Estaría rentando un yate para ir a no sé dónde, tomando un helicóptero, comprando un carro nuevo. Pero un día se acabará ese dinero, si no es que se le acaba la vida a usted antes; pero Dios es para siempre. Dios es para siempre. ¿Y sabes qué es una de las maravillas del evangelio? Es que en Cristo estamos completos. Es decir, si yo tengo unos billetitos en la bolsa, yo estoy completo en Cristo. Si yo no tengo nada en la bolsa, yo estoy completo en Cristo. No hay nada que mi alma pueda ansiar, porque en Cristo estoy completo. Y cuando estoy completo en Cristo, las promesas de Dios se hacen realidad. Y la realidad de las promesas de Dios, entre tantas cosas: (Salmos 23: 6): 6 Ciertamente el bien y la misericordia me seguirán todos los días de mi vida. Entonces, ¿qué más puedo pedir yo? ¿Qué más puedo pedir?

Esa casita por la que nosotros nos esforzamos tanto y pagamos toda una vida ¿quiere saber quién es el dueño de su casa? Deje de pagar los impuestos dos o tres añitos y se va a dar cuenta quién es el dueño de su casa. Le ponen la casa a la venta y el gobierno agarra la parte que le corresponde, simple y sencillamente. O usted deja su casa que le ha costado por 30 años pagarla, agarró el mortgage a los 30, 35; ya pasaron 30 de pagarla, tiene 65 años. ¿Qué quiere decir? Que se la va a dejar a sus hijos, y ¿qué va a pasar con eso? Al final los hijos van pensando: Vendamos la casa y cada quien agarra lo suyo. Claro, porque están pensando en la gratificación instantánea. Me quedan tanto, creyendo que ese dinero que les va a quedar les va a durar para toda la vida. En esta ciudad no te dura mucho, mijo. Entonces, a la vuelta de 40 a 50 años, ¿sabe qué es lo que queda? Queda que los nietos o los bisnietos pasen frente a la calle y digan: Ahí vivía mi abuelo. ¿Y qué pasó? No, pues mi papá vendió y se lo gastó todo, dejó a mi mamá, se consiguió una muchacha joven, compraron un apartamento, la muchacha se quedó con el apartamento y mi papá vive solito por la colonia San Jacinto. Y la pregunta es: ¿Y Dios? ¿Dios dónde está en su vida? ¿En qué parte de esa ecuación?

Las advertencias de ese rico siguen vigentes. 

Lucas 16: 28 (RVR1960): 28 porque tengo cinco hermanos, para que les testifique, a fin de que no vengan ellos también a este lugar de tormento. 29 Y Abraham le dijo: A Moisés y a los profetas tienen; óiganlos. Él estaba quemándose ahí, él estaba en tormento. Esto quiere decir que usted va a pensar en aquellos familiares, aquella gente cercana. Una vez la persona llega a ese lugar, no hay manera de cambiar nada. Todas las peticiones del rico quedan sin respuesta. Los muertos no pueden convencer a los vivos.

Dos eternidades, oportunidades rechazadas. ¿Cuántas oportunidades le dio Dios y la gente la rechazó? ¿Cuántas oportunidades?

Hoy no tengo mucho conocimiento acerca de esto, pero en mi país había una curva que se llamaba: la curva de la muerte. Hay personas que se han ido a esa curva para matarse, para quitarse la vida, a propósito. Y hay otros, que han fallecido porque lastimosamente no supieron maniobrar sus vehículos y terminaron matándose en esa curva. Pero de una cosa yo me recuerdo bien en aquella época: que cuando usted iba acercándose a la curva de la muerte, había alrededor de 12 señales que te decían: Disminuya la velocidad, curva peligrosa. Según te ibas acercando seguías leyendo las señales, hermano, y era una señal tras otra. Y aún con 12 señales hubo gente que murió. ¿Por qué razón? ¿Por qué no le prestaron atención a las señales? Es por eso que precisamente este mensaje es una señal. 

Estaba leyendo que en Estados Unidos un puente se había caído, y un hombre antes de entrar al puente, él se salió de su carro, agarró un pañuelo y comenzó a hacerle señas a otros carros que venían para decirles que pararan. Él quería indicarles que había peligro más adelante. Los primeros vehículos no le prestaron atención y se desbarrancaron, por no poner atención a las advertencias.

La Biblia nos advierte (Proverbios 14: 12 RV1960): Hay caminos que al hombre le parece derecho, pero su fin es camino de muerte. La Biblia nos advierte de un juicio venidero (Hechos 24).

Usted ama mucho a sus hijos, pero amar tanto a un hijo no se demuestra comprando tenis de $400, ni comprando el último iPhone de $1800. No, eso es cargo de conciencia por no dedicarle a ellos el tiempo que debería. El verdadero amor para los hijos, créalo o no, es arrastrarlos a la casa de Dios. Y te quiero decir algo más, para aquellas personas bendecidas: si sus hijos aman estar en la iglesia, es una gran bendición. Conozco familias que vienen a la iglesia porque los niños son los que se levantan temprano y dicen: Vamos a ir a la iglesia, vamos a ir a la iglesia, yo quiero ir a la iglesia. ¡Imagínate!

Mis queridos y amados hermanos, no me canso de decir: ¡Bendito sea mi Señor Jesucristo, que tuvo misericordia de nosotros! Bendito mi Señor, su gracia, su amor tan grande y el haber puesto convicciones firmes y férreas en nuestro corazón. Hay iglesias que agradecen que hayan llegado hermanos a sus congregaciones con convicciones firmes, convicciones feroces, diferentes a la flojera que mucha gente tenía allí. Y dicen: Eso lo aprendimos allá en El Redentor. Claro, hemos aprendido a amar a Dios y a darle a Dios lo que es de Él, a darle el todo nuestro, porque Él es digno de nuestra alabanza. Él es digno de nuestra adoración.

Y no debemos buscar a Dios por el miedo o la realidad que es el infierno, sino por lo que debe significar para nosotros amados míos. Por lo que es, lo que hizo por nosotros en esa cruenta cruz,  ninguno de nosotros merecemos el favor de Dios. Ninguno de nosotros merece la gracia del Señor, pero la misericordia de nuestro Dios es tan grande que volvió su mirada hacia nosotros y nos escogió para honra y gloria de su nombre. Bendito sea nuestro Salvador Jesucristo. 

Demos gracias: Padre querido te alabamos en este día, te bendecimos. Señor nos llenamos de alegría, de gozo, al pensar lo que hiciste por nosotros en la cruz. Gracias porque ahora podemos decir que somos salvos por gracia y misericordia de Dios, somos tus hijos. Pero nos llena de tristeza también pensar en hermanos, hermanas, primos, primas, amistades cercanas, vecinos queridos, amigos entrañables que no quieren saber nada de ti, Señor; que cuando surge el tema de Dios, de la iglesia, de Cristo nos pone en una distancia, oramos por ellos. Oramos por cada persona que se ha expuesto al mensaje bendito de tu palabra. Oramos por aquellos que se han enfriado, por aquellos que se han alejado. Señor, tener amistad con un pastor no los hace salvos, tener amistad con familias cristianas no los hace salvos. Padre Santo manifiéstate, Espíritu Santo manifiéstate en corazones, y te damos gracias porque un día nos salvaste y nos trasladaste de las tinieblas en las que vivíamos a la luz admirable de nuestro Señor Jesucristo.

Mientras todos oramos, si usted me dice: Pastor, yo necesito a Dios. Yo nunca he recibido a Cristo en mi corazón, pero en esta tarde yo me arrepiento de mis pecados y le pido perdón a Dios por todas mis ofensas; quiero recibir a Cristo. Ahí donde está, haga conmigo esta oración, y dígale al Señor de esta manera: Señor Jesús, te pido perdón por mis pecados. Te entrego mi corazón. Te entrego mi vida. Me arrepiento de mis faltas. Gracias por lo que hiciste en la cruz al poner tu cuerpo y derramar tu preciosa sangre para la limpieza de mis pecados. En este día te entrego mi vida, te entrego mi corazón. Si usted hizo esta oración conmigo, yo quiero animarle a crecer en el conocimiento de Dios, de su Santa y Bendita palabra. 

Señor, gracias por tu palabra. Permite que podamos en esta semana hacer el intento de hablarle a esas personas, que apreciamos mucho, acerca de ti. Que seamos guiados por el Espíritu Santo para advertirles que el juicio de Dios está cercano. Despídenos con tu paz y tu bendición en el nombre de Jesús, amén y amén.

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Castigo eterno y vida eterna


Enero 25, 2026 – 2:00PM | Mateo 25:46 | Dr. David Rodríguez

Etiquetas: enero 2026, mateo, pastor david rodriguez, transcripcion


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Hermanos vamos a abrir la palabra en el evangelio de Mateo, por favor, capítulo 25. Quiero rogarle su paciencia con el mensaje de esta tarde, y que escuche hasta el final.

Mateo 25: 46 (RV-1960): 46 E irán estos al castigo eterno, y los justos a la vida eterna.

El mensaje lo he titulado: Castigo eterno y vida eterna. Quiero que prestemos atención, que estemos muy despiertos y muy conscientes en los próximos minutos, porque esto es uno de los temas más delicados que hay en la Biblia; porque voy a hablar del infierno.

Nadie en la Biblia habla más del infierno que Jesucristo, ¿escuchó? Este pasaje de la Biblia nos habla del juicio de las naciones. Cuando Dios separa las ovejas de los cabritos, este juicio será el final de la tribulación; lo que significa que tenemos el castigo eterno y la vida eterna.

El tema del castigo eterno, iglesia, no es popular. La última vez que yo hablé de este tema, una señora vino a hablar conmigo después del servicio y me dijo: Tantos temas bonitos que hay en la Biblia, y a usted se le ocurre hablar del infierno hoy, que traje yo a una amiga. Yo sé que no es un tema popular, yo sé que no es agradable para muchas personas, que para muchos es ofensivo, pero es necesario porque es bíblico.

El 41% de canadienses creen en el infierno, de acuerdo a encuestas hechas en la última década. Eso nos deja con un 59% de personas que no creen en el infierno. Y cuando hablo acerca de este tema, yo creo que difícilmente se puede predicar el tema del infierno con gozo, con alegría. Hay una mezcla de sentimientos porque debería darnos gozo al darnos cuenta de lo que Dios nos ha librado. ¡Bendito sea su nombre! Pero da tristeza pensar en tantas, y tantas, personas que no quieren reconocer, que tienen una venda en los ojos, que piensan que nosotros los pastores los queremos tener metidos aquí en las iglesias; yo no sé qué Biblia están leyendo, si es que la leen.

El teólogo, británico C. S. Lewis, escuchó a un joven predicador hablar del juicio de Dios. Y al final del sermón, el joven predicador dijo las siguientes palabras: «Si usted no recibe a Cristo, sufrirá graves ramificaciones escatológicas». Después del servicio, el doctor Lewis se le acercó al joven y le preguntó: ¿Usted quiere decir que si una persona no recibe a Cristo, irá al infierno? Y el joven predicador dijo: «Precisamente». A lo que el teólogo respondió: Entonces dígalo.

La realidad del infierno es un asunto de burlas, es un asunto de chistes de mal gusto. Y luego hay una opinión por ahí universalista que dicen que no es posible que un Dios de amor termine mandando al infierno a la gente, porque el infierno es una doctrina de odio y de venganza. Hay 162 referencias del infierno en la Biblia y de esas 62 fueron dichas por nuestro Señor Jesucristo. Hermanos, la muerte no es el fin de la existencia. Mucha gente cree que después de morir se acaba todo. 

Hay una parábola en las Sagradas Escrituras que es muy conocida, que se conoce como la parábola del rico y Lázaro. La encontramos en Lucas capítulo 16. Y para efecto de aquellas personas que han de escuchar este mensaje, me gustaría leerla y usted pueda seguir con la vista esta parábola:

Lucas 16: 19-31 (RVR1960): 19 Había un hombre rico, que se vestía de púrpura y de lino fino, y hacía cada día banquete con esplendidez. 20 Había también un mendigo llamado Lázaro, que estaba echado a la puerta de aquel, lleno de llagas, 21 y ansiaba saciarse de las migajas que caían de la mesa del rico; y aun los perros venían y le lamían las llagas. 22 Aconteció que murió el mendigo, y fue llevado por los ángeles al seno de Abraham; y murió también el rico, y fue sepultado. 23 Y en el Hades alzó sus ojos, estando en tormentos, y vio de lejos a Abraham, y a Lázaro en su seno. 24 Entonces él, dando voces, dijo: Padre Abraham, ten misericordia de mí, y envía a Lázaro para que moje la punta de su dedo en agua, y refresque mi lengua; porque estoy atormentado en esta llama. 25 Pero Abraham le dijo: Hijo, acuérdate que recibiste tus bienes en tu vida, y Lázaro también males; pero ahora este es consolado aquí, y tú atormentado. 26 Además de todo esto, una gran sima está puesta entre nosotros y vosotros, de manera que los que quisieren pasar de aquí a vosotros, no pueden, ni de allá pasar acá. 27 Entonces le dijo: Te ruego, pues, padre, que le envíes a la casa de mi padre, 28 porque tengo cinco hermanos, para que les testifique, a fin de que no vengan ellos también a este lugar de tormento. 29 Y Abraham le dijo: A Moisés y a los profetas tienen; óiganlos. 30 Él entonces dijo: No, padre Abraham; pero si alguno fuere a ellos de entre los muertos, se arrepentirán. 31 Mas Abraham le dijo: Si no oyen a Moisés y a los profetas, tampoco se persuadirán aunque alguno se levantare de los muertos. 

La conclusión de esta historia es que el rico fue al infierno y el mendigo fue al cielo. El rico no fue al infierno por ser rico, sino porque sus riquezas y su vida de lujos lo mantuvieron alejado de Dios. Lázaro no fue al cielo por ser pobre, fue al cielo por tener fe en Dios.

Uno de los ídolos más grandes hoy es el amor al dinero. Yo no sé si usted conoce a alguien que vive para sus negocios, para su familia y para sus propios intereses; como es el caso de este rico. Son personas que el domingo se la pasan en el teléfono, se la pasan en las redes sociales hablando de quién les debe algo, a quién le van a cobrar mañana, de las cosas tienen que hacer, de cómo multiplicar su dinero, cómo hacer esto, cómo hacer aquí, cómo hacer allá, se la pasan la semana levantándose muy temprano, pero lo que los mueve a ellos es su trabajo. ¿Cómo hacer esto? ¿Cómo hacer aquello? ¿Cómo hacer aquí? ¿Cómo multiplicar lo que tienen? Pasa la semana y tienen que dedicarle un poco de tiempo a la familia, porque la familia es lo que sigue. Después trabajan para los hijos: ¿Qué es lo que le van a dejar a los hijos? ¿Qué le van a dejar a las hijas? A la esposa hay que tenerla contenta. Vaya y compre esto, compre lo otro, pero luego viene el fin de semana y volvemos otra vez a lo mismo. La pregunta es: ¿Y Dios? ¿Sabe que esa gente cree que están en lo correcto y nos critican a nosotros porque piensan que venimos a perder el tiempo en la casa de Dios? Y cuando le decimos que también regresamos al servicio de la noche, piensan que estamos locos. Pero cuando le decimos que volvemos el miércoles por la tarde, piensa que estamos más locos todavía. Pero ese fue el problema del rico, que el rico estaba muy ocupado en sus cosas.

La Biblia no nos indica que es malo ocuparse de nuestras cosas, lo que la Biblia nos indica es que hay que darle a Dios lo que es de Dios, a César lo que es de César. Hay que trabajar, sí; pero también hay que dedicarle el tiempo a Dios. Y mientras más nos enamoramos de Dios y mientras más amamos a Dios, más deseos tenemos de estar en su casa, de adorarle y tener una comunión más cercana con el Señor.

En el infierno, hermanos, habrá un estado de conciencia. Lucas 16: 23 (RV1960): 23 Y en el Hades alzó sus ojos, estando en tormentos, y vio de lejos a Abraham, y a Lázaro en su seno. Fíjate, reconoció a Abraham y reconoció a Lázaro. Usted me habrá escuchado decir en más de alguna oportunidad, porque así lo entiendo cuando estudio la palabra, que yo creo que en el cielo no nos vamos a conocer; al menos yo pienso eso. En el infierno la gente sí se va a conocer, porque aquí tenemos al rico que vio a Abraham, reconoció a Abraham, reconoció a Lázaro. El rico puede ver, puede oír, puede hablar en el infierno, es decir, sus sentidos están conscientes; es más, puede expresar sus deseos en el infierno, deseos que no se van a cumplir jamás. 

Pastor Joel Mars, predicando en este púlpito hace años ya, quizás hace unos 20 años atrás, él dijo acá: -Si usted no conoce a Jesucristo y usted es de las personas que se rehúsa a entregarle su vida al Señor, la próxima vez que se tome un vaso de agua, disfrútelo, porque en el infierno no habrá tal cosa. 

Hay un diálogo entre el rico y Abraham que muestra lo que hemos hablado. Por esto digo que la muerte no es el fin de la existencia. La Biblia, clara y categóricamente, enseña que después de la muerte hay dos lugares donde podemos ir: al cielo o al infierno. La muerte es el camino que nos conduce a la eternidad, pero depende de usted a dónde va.

Fíjate que la desesperación del rico era tan grande que le pidió misericordia a Abraham.

Lucas 16: 24 (RV1960): Ten misericordia de mí, le dijo. Pero se acabó el tiempo, esa petición jamás será respondida. Mire, entonces él dando voces, gritando: -¡Ey, Abraham, ten misericordia de mí, por favor! Mira que estoy siendo atormentado en esta llama. Mira que tengo sed. En el infierno no habrá nadie que ayude a nadie. Y ¿sabe qué es lo triste de todo esto, hermanos? Es que hoy es el tiempo, y a la gente no le importa. Hoy es el tiempo, y usted puede ver a los ojos a una persona y decirle: -Mira, entrégale tu vida a Jesús. Mira, te esperamos en la casa del Señor, pero hay indiferencia. ¿Y sabe por qué es triste eso, hermano? Porque tenemos seres queridos que se van a quemar en el infierno. Y lo triste es que, ¿cómo es posible que un ser querido tenga que ir a ese lugar de tormento cuando ha estado tan cerca, pero tan cerca, de personas que hemos sido redimidos con la sangre del cordero? ¿Cómo es posible que un marido que tiene una esposa que ama al Señor, que ama su reino, que todos los días la ve con la Biblia abierta leyendo, que todos los días la ve orando al Señor, y ese marido solamente la ve, no se pone en contra, pero dice: -Ay, qué bueno que leas la palabra. Ay, qué bueno que tú sos una mujer de oración. Ay, qué bueno que tú de voladita le cantas, aunque cantas mal, pero qué bueno. Sí, pero él no. Con él no se metan porque él no quiere nada.

Por eso hace unos días yo dije: la indiferencia es muchísimo peor que el ateísmo. ¿Y sabe por qué digo esto? Porque hay muchas de esas personas, muchas de ellas que dicen: -No, no, si yo creo. No, si yo creo. Usted le dice: Mire, usted se va a ir al infierno. No, porque yo creo. El diablo también cree. Por eso digo, es triste esto. Habrá conciencia, se va a poder reconocer a otras personas, pero la gente va a estar en tormento. 

Lucas 16:26 (RV1960): Además de todo esto, una gran sima está puesta entre nosotros y vosotros, de manera que los que quisieren pasar de aquí a vosotros, no pueden, ni de allá pasar acá. Usted sabe que obviamente nosotros somos seres emocionales, creados con necesidades en todo sentido. Y una de esas grandes necesidades, es la necesidad de amar y ser amado, de sentir cariño de parte de otras personas, y crecemos amando a aquellas personas que están a nuestro alrededor. Pero en el infierno será un terrible tormento.

Uno de los mayores tormentos del infierno será la separación de todas las alegrías y las cosas maravillosas que la vida nos ofrece. En el infierno no habrá la posibilidad de gozar las cosas que nosotros podemos gozar hoy, como es un lindo amanecer, las diferentes estaciones, ¡qué rico! ¡Qué lindo disfrutar de un tiempo de lluvia! Disfrutar de la nieve, del otoño, ver las hojas caer al piso. ¡Qué lindo es ver la belleza de esta ciudad linda en la que Dios nos ha puesto! Poder ver las calles, como el Señor pintó con un pincel las hojas, ¡qué lindo! Cuando usted mira las montañas y dice: ¡Bendito sea Dios! Esto, solo Dios lo pudo haber hecho. El apóstol Pablo en Romanos (1:20) dice que la naturaleza misma nos habla de la existencia de un Dios todopoderoso. Esas cosas en el infierno no se pueden ver, porque ahí todo es oscuridad, todo es tormento. ¿Qué le cuesta a la gente creer esto? Jamás se oirá la risa de un niño. Jamás se verá el sol, ni noche llena de estrellas. No habrá nadie para decirte que te ama. No habrá familia, ni amigos, ni comunión, será un aislamiento eterno. Eso enseña la bendita y eterna palabra de Dios. Ahí no habrá Biblia, no habrá iglesia. El tiempo de la salvación habrá pasado. 

Este clamor del rico fue muy tarde. Esa misericordia él tenía que haberla buscado mientras estaba en vida. Pero, ¿sabes por qué no lo hizo? Porque él estaba muy ocupado en sus grandes banquetes, él estaba muy ocupado con las personas que iba a invitar para que disfrutaran su banquete, estaba muy ocupado yendo al sastre para que midiera sus ropas, estaba muy ocupado en seleccionar qué tipo de comidas iban a comer, estaba muy ocupado en sus cosas, en sus negocios.

¿Te puedes imaginar una persona acostumbrada a decir qué quiere comer cada día, una persona acostumbrada a dar órdenes, a vestirse de lino fino y encontrarse en el infierno, sufriendo un castigo eterno sin ver la luz del día y alejado de todo aquello que es justo, que es noble, que es digno? ¿Te puedes imaginar eso, hermano? La Biblia lo enseña, la Biblia lo habla, debemos de orar por esos familiares nuestros que no conocen a Dios, por nuestros amigos, familiares.

Yo le he dicho 100 veces en este púlpito que me cuesta entender cómo hay personas que se preocupan tanto por el bienestar físico de su mamá, de su papá, de su abuelita; y no le interesa su alma. Yo a mi mamá le he llevado las colchitas calentitas de aquí de Canadá, pero siempre le digo: que eso no es lo más importante para mí. Hay pastores que la visitan, que oran con ella, porque ella no puede ir a una iglesia, pero si escucha todos los sermones que puedan existir en la santa vida. Ella está en un lugar de monjas, pero las monjas saben que ella es evangélica, que tiene un hijo que es pastor en Canadá; para mi eso es lo más importante. Aunque no tuviera una cobija la pobre señora para cubrirse, lo importante es que su vida espiritual está cubierta, porque de nada serviría que yo pague todos sus lujos o deseos si se va a condenar al infierno.

Es tan necesario que conozcan al Padre lo antes posible, que busquen de Dios; porque mis amados hermanos, Cristo puede venir esta misma noche. ¿Y qué va a pasar con ellos? ¿Qué va a pasar con esas ideas que tiene la gente, esa indiferencia de tantas personas hacia el evangelio, hacia Dios, hacia las iglesias? Y no solamente eso, ¿qué va a pasar con la venda que está puesta en los ojos de aquellas personas que un día estuvieron sentados en una iglesia? Yo oro y ruego por las personas que estuvieron antes en una iglesia. Yo no estoy pidiendo que regresen aquí, sino que vayan a un lugar a congregarse, que adoren, que honren, que sirvan al Dios Todopoderoso, porque Cristo está a las puertas. Hay personas que entraron a una iglesia, pero Dios no entró en sus corazones. Porque si verdaderamente conocieran a Dios, estarían sirviendo a Dios, si conocieran a Dios, ya hubieran entendido que el evangelio no es perfección. No vamos a encontrar gente perfecta en ninguna iglesia., perfecto solo Dios, no hay otra cosa perfecta, nada más.

Las personas que todo lo critican tienen vidas desgraciadas, hermano. De verdad le digo: si hay una persona que no sabe perdonar, que tiene resentimiento, que tiene raíces de amargura, esa es una persona que no está bien con Dios, porque el que está bien con Dios es libre de esas cosas, es libre.

En el infierno el sufrimiento será interminable. Por eso dijo el rico (Lucas 16:24): Ten misericordia de mí. Es un fuego que produce un sufrimiento interminable. 

La palabra «tormento» en esta parábola se traduce como tortura, el hombre en ese lugar no se quemará de una vez. La idea es, de aquella persona que sabe resistir un dolor insoportable, que no se sabe cómo pero lo aguanta, de eso se trata, de eso está hablando esta tortura. Hermano, no solamente estamos hablando que son 10 años, ni son 20 años, es toda la eternidad, hermanos. ¿Por qué? Porque rechazaron al que pagó por nuestros pecados en la cruz del calvario. Lo rechazaron, lo vieron con indiferencia. Vieron la iglesia con indiferencia. No le dieron a Dios el lugar que Dios merece: el centro de nuestra vida, lo más importante de nuestro ser, de nuestra alma, de nuestro espíritu. Lo más importante lo rechazaron, y ahora tendrán una tortura por los siglos de los siglos.

En el versículo 25 hay una palabrita que no se cómo funcionará esto en el cielo. 

Lucas 16: 25 (RV1960):  25 Pero Abraham le dijo: Hijo, acuérdate que recibiste tus bienes en tu vida, y Lázaro también males; pero ahora este es consolado aquí, y tú atormentado. Me refiero a la palabra: acuérdate. 

En el cielo no habrá tiempo porque la eternidad es eso, la ausencia de tiempo. Se cree que todas las agonías del infierno, tal vez la peor de todas es la palabra acuérdate. Porque te vas a acordar cuando una persona te invitó a la casa de Dios y usted dijo: -No hombre, mañana vamos para el lago, quizás el próximo domingo. Otro día dijo: -No, fíjate que me voy a reunir con unos amigos. Claro, es el desprecio hacia el evangelio, es el desprecio hacia Dios, es el desprecio hacia la iglesia, es el desprecio hacia el sacrificio de Jesucristo, es el desprecio a todo lo que tiene que ver con el evangelio. Cuando en realidad, insisto, dele a Dios lo que es de Dios, dele a César lo que es de César. La gente, las amistades, esto, lo otro, como usted quiera, pero Dios debe ser primero.

Aquellos que hemos estado en Israel, sabemos muy bien que hay dos tipos de israelitas. Los israelitas que nacieron en Israel pero no practican ningún tipo de religión y los judíos, que ellos respetan el Shabbat (desde la caída del sol del día viernes hasta la caída del sol del día sábado). Y para esa gente el día de reposo es acercarse a la explanada, acercarse al muro de los lamentos, hacer sus oraciones y estar con Dios. Ninguno de los que practican la religión judía, ninguno de ellos verán venir en gloria al Mesías. Ninguno de ellos se escabulle para ir a trabajar sin que nadie se dé cuenta, porque saben que a Dios no le engaña nadie. Son personas que tienen claro en quién creen, y lo que tienen que hacer.

El domingo pasado yo apenas había salido de la operación del corazón y me preguntaron: Pastor, el domingo hacemos lo que usted quiera. Yo le dije: El domingo voy a estar en la iglesia. Si ustedes no me quieren predicando, no se preocupen, pero de que voy a estar sentado ahí, voy a estar sentado ahí. Y me dicen: Pero es que tiene que descansar. Yo descanso en la iglesia porque en el hotel no me voy a quedar. Y si me voy a morir, prefiero morirme en una silla de la iglesia que en una cama del hospital. ¡Créeme! No es que yo sea el superhéroe, es que yo necesito, necesito estar en la casa del Señor. Si usted me invita a ir a la playa un domingo, me ofende.

Cuando estaba preparando este mensaje, pasó por mi mente una película de personas que conozco, y me puse a orar por cada uno de ellos. Me da tristeza cuando alguien no viene porque está más interesado en su dinero, porque lo dañaron, porque no entendió el evangelio, porque la mujer es la que manda en su casa y a la vieja no le gusta el evangelio. Bueno, entonces pues yo le estoy advirtiendo. 

Una cosa más: Si usted llega a terminar en ese lugar, en el infierno, cuando aparezca la palabra «acuérdate» que no le queda duda que es de este instante que usted se va a acordar el resto de sus días en la eternidad. Porque le estoy diciendo hoy: Entréguele su vida a Jesús. Lo mejor que le puede pasar a una persona en la vida es conocer a Cristo. Si a usted le regalan 10 millones de dólares, seguramente no estaría aquí. Estaría rentando un yate para ir a no sé dónde, tomando un helicóptero, comprando un carro nuevo. Pero un día se acabará ese dinero, si no es que se le acaba la vida a usted antes; pero Dios es para siempre. Dios es para siempre. ¿Y sabes qué es una de las maravillas del evangelio? Es que en Cristo estamos completos. Es decir, si yo tengo unos billetitos en la bolsa, yo estoy completo en Cristo. Si yo no tengo nada en la bolsa, yo estoy completo en Cristo. No hay nada que mi alma pueda ansiar, porque en Cristo estoy completo. Y cuando estoy completo en Cristo, las promesas de Dios se hacen realidad. Y la realidad de las promesas de Dios, entre tantas cosas: (Salmos 23: 6): 6 Ciertamente el bien y la misericordia me seguirán todos los días de mi vida. Entonces, ¿qué más puedo pedir yo? ¿Qué más puedo pedir?

Esa casita por la que nosotros nos esforzamos tanto y pagamos toda una vida ¿quiere saber quién es el dueño de su casa? Deje de pagar los impuestos dos o tres añitos y se va a dar cuenta quién es el dueño de su casa. Le ponen la casa a la venta y el gobierno agarra la parte que le corresponde, simple y sencillamente. O usted deja su casa que le ha costado por 30 años pagarla, agarró el mortgage a los 30, 35; ya pasaron 30 de pagarla, tiene 65 años. ¿Qué quiere decir? Que se la va a dejar a sus hijos, y ¿qué va a pasar con eso? Al final los hijos van pensando: Vendamos la casa y cada quien agarra lo suyo. Claro, porque están pensando en la gratificación instantánea. Me quedan tanto, creyendo que ese dinero que les va a quedar les va a durar para toda la vida. En esta ciudad no te dura mucho, mijo. Entonces, a la vuelta de 40 a 50 años, ¿sabe qué es lo que queda? Queda que los nietos o los bisnietos pasen frente a la calle y digan: Ahí vivía mi abuelo. ¿Y qué pasó? No, pues mi papá vendió y se lo gastó todo, dejó a mi mamá, se consiguió una muchacha joven, compraron un apartamento, la muchacha se quedó con el apartamento y mi papá vive solito por la colonia San Jacinto. Y la pregunta es: ¿Y Dios? ¿Dios dónde está en su vida? ¿En qué parte de esa ecuación?

Las advertencias de ese rico siguen vigentes. 

Lucas 16: 28 (RVR1960): 28 porque tengo cinco hermanos, para que les testifique, a fin de que no vengan ellos también a este lugar de tormento. 29 Y Abraham le dijo: A Moisés y a los profetas tienen; óiganlos. Él estaba quemándose ahí, él estaba en tormento. Esto quiere decir que usted va a pensar en aquellos familiares, aquella gente cercana. Una vez la persona llega a ese lugar, no hay manera de cambiar nada. Todas las peticiones del rico quedan sin respuesta. Los muertos no pueden convencer a los vivos.

Dos eternidades, oportunidades rechazadas. ¿Cuántas oportunidades le dio Dios y la gente la rechazó? ¿Cuántas oportunidades?

Hoy no tengo mucho conocimiento acerca de esto, pero en mi país había una curva que se llamaba: la curva de la muerte. Hay personas que se han ido a esa curva para matarse, para quitarse la vida, a propósito. Y hay otros, que han fallecido porque lastimosamente no supieron maniobrar sus vehículos y terminaron matándose en esa curva. Pero de una cosa yo me recuerdo bien en aquella época: que cuando usted iba acercándose a la curva de la muerte, había alrededor de 12 señales que te decían: Disminuya la velocidad, curva peligrosa. Según te ibas acercando seguías leyendo las señales, hermano, y era una señal tras otra. Y aún con 12 señales hubo gente que murió. ¿Por qué razón? ¿Por qué no le prestaron atención a las señales? Es por eso que precisamente este mensaje es una señal. 

Estaba leyendo que en Estados Unidos un puente se había caído, y un hombre antes de entrar al puente, él se salió de su carro, agarró un pañuelo y comenzó a hacerle señas a otros carros que venían para decirles que pararan. Él quería indicarles que había peligro más adelante. Los primeros vehículos no le prestaron atención y se desbarrancaron, por no poner atención a las advertencias.

La Biblia nos advierte (Proverbios 14: 12 RV1960): Hay caminos que al hombre le parece derecho, pero su fin es camino de muerte. La Biblia nos advierte de un juicio venidero (Hechos 24).

Usted ama mucho a sus hijos, pero amar tanto a un hijo no se demuestra comprando tenis de $400, ni comprando el último iPhone de $1800. No, eso es cargo de conciencia por no dedicarle a ellos el tiempo que debería. El verdadero amor para los hijos, créalo o no, es arrastrarlos a la casa de Dios. Y te quiero decir algo más, para aquellas personas bendecidas: si sus hijos aman estar en la iglesia, es una gran bendición. Conozco familias que vienen a la iglesia porque los niños son los que se levantan temprano y dicen: Vamos a ir a la iglesia, vamos a ir a la iglesia, yo quiero ir a la iglesia. ¡Imagínate!

Mis queridos y amados hermanos, no me canso de decir: ¡Bendito sea mi Señor Jesucristo, que tuvo misericordia de nosotros! Bendito mi Señor, su gracia, su amor tan grande y el haber puesto convicciones firmes y férreas en nuestro corazón. Hay iglesias que agradecen que hayan llegado hermanos a sus congregaciones con convicciones firmes, convicciones feroces, diferentes a la flojera que mucha gente tenía allí. Y dicen: Eso lo aprendimos allá en El Redentor. Claro, hemos aprendido a amar a Dios y a darle a Dios lo que es de Él, a darle el todo nuestro, porque Él es digno de nuestra alabanza. Él es digno de nuestra adoración.

Y no debemos buscar a Dios por el miedo o la realidad que es el infierno, sino por lo que debe significar para nosotros amados míos. Por lo que es, lo que hizo por nosotros en esa cruenta cruz,  ninguno de nosotros merecemos el favor de Dios. Ninguno de nosotros merece la gracia del Señor, pero la misericordia de nuestro Dios es tan grande que volvió su mirada hacia nosotros y nos escogió para honra y gloria de su nombre. Bendito sea nuestro Salvador Jesucristo. 

Demos gracias: Padre querido te alabamos en este día, te bendecimos. Señor nos llenamos de alegría, de gozo, al pensar lo que hiciste por nosotros en la cruz. Gracias porque ahora podemos decir que somos salvos por gracia y misericordia de Dios, somos tus hijos. Pero nos llena de tristeza también pensar en hermanos, hermanas, primos, primas, amistades cercanas, vecinos queridos, amigos entrañables que no quieren saber nada de ti, Señor; que cuando surge el tema de Dios, de la iglesia, de Cristo nos pone en una distancia, oramos por ellos. Oramos por cada persona que se ha expuesto al mensaje bendito de tu palabra. Oramos por aquellos que se han enfriado, por aquellos que se han alejado. Señor, tener amistad con un pastor no los hace salvos, tener amistad con familias cristianas no los hace salvos. Padre Santo manifiéstate, Espíritu Santo manifiéstate en corazones, y te damos gracias porque un día nos salvaste y nos trasladaste de las tinieblas en las que vivíamos a la luz admirable de nuestro Señor Jesucristo.

Mientras todos oramos, si usted me dice: Pastor, yo necesito a Dios. Yo nunca he recibido a Cristo en mi corazón, pero en esta tarde yo me arrepiento de mis pecados y le pido perdón a Dios por todas mis ofensas; quiero recibir a Cristo. Ahí donde está, haga conmigo esta oración, y dígale al Señor de esta manera: Señor Jesús, te pido perdón por mis pecados. Te entrego mi corazón. Te entrego mi vida. Me arrepiento de mis faltas. Gracias por lo que hiciste en la cruz al poner tu cuerpo y derramar tu preciosa sangre para la limpieza de mis pecados. En este día te entrego mi vida, te entrego mi corazón. Si usted hizo esta oración conmigo, yo quiero animarle a crecer en el conocimiento de Dios, de su Santa y Bendita palabra. 

Señor, gracias por tu palabra. Permite que podamos en esta semana hacer el intento de hablarle a esas personas, que apreciamos mucho, acerca de ti. Que seamos guiados por el Espíritu Santo para advertirles que el juicio de Dios está cercano. Despídenos con tu paz y tu bendición en el nombre de Jesús, amén y amén.

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