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El hospital de Dios

Julio 5, 2026 – 2:00PM | Lucas 5:27-32 | Dr. David Rodriguez

Descargar Texto: Sermón en PDF

Etiquetas: julio 2026, lucas, pastor david rodriguez, transcripcion

TRANSCRIPCIÓN

Vamos al evangelio según Lucas, capítulo 5 y estaremos leyendo los versículos del 27 al 32. El pasaje anterior nos habla de un paralítico que habían llevado a Jesús y el Señor pues no solamente lo sanó, sino que le perdonó también sus pecados. Y los escribas y los fariseos estaban acusando a Jesús por atreverse a perdonar pecados, cuando solamente Dios es el que perdona pecados. Y no entendieron el mensaje que estaba dando el Señor: Si Dios es el que perdona los pecados y yo los estoy perdonando, eso quiere decir que yo soy Dios; pero ellos no entendieron ese mensaje. Dice la palabra del Señor:

Lucas 5: 7-32 (RVR1960): 27 Después de estas cosas salió, y vio a un publicano llamado Leví, sentado al banco de los tributos públicos, y le dijo: Sígueme. 28 Y dejándolo todo, se levantó y le siguió. 29 Y Leví le hizo gran banquete en su casa; y había mucha compañía de publicanos y de otros que estaban a la mesa con ellos. 30 Y los escribas y los fariseos murmuraban contra los discípulos, diciendo: ¿Por qué coméis y bebéis con publicanos y pecadores? 31 Respondiendo Jesús, les dijo: Los que están sanos no tienen necesidad de médico, sino los enfermos. 32 No he venido a llamar a justos, sino a pecadores al arrepentimiento.

Que el Señor bendiga la lectura de esta porción.

Este pasaje nos habla de un personaje, nos habla de Mateo, el publicano, que es el mismo Leví. Y de esa manera comienza esta historia.

  • ¿Quién era este Leví? 

Por lo que leemos, tenía como profesión cobrar los impuestos. Un cobrador de impuestos era una persona detestable por los judíos. Hay un documento que se llama el Mishná. A ese documento le llaman ellos la Torá oral, que prácticamente utilizan ellos para la interpretación de la Torá escrita. En ese documento habla acerca de los publicanos y dice que son ladrones, que son traidores y que son impuros. Dice también que no se debe de hacer ningún negocio con ningún publicano porque son mañosos (ladrones). Dice también que no se acepta caridad de un publicano para fondos comunitarios. El Mishná dice que si un publicano entra en una casa, todo lo que hay en la casa se convierte en impuro, todo lo que toca un publicano se convierte en impuro. Y eso es precisamente porque ellos se relacionan con los romanos, que son gentiles, y para los judíos toda aquella persona que tiene relación con los gentiles es una persona impura. Por eso es que a los publicanos no les permitían entrar a una sinagoga. El Mishná decía que era permisible que usted le mintiera a un publicano con el objetivo de que no le robe, estaba aprobado por la ley rabínica, justificaba el engaño porque los comparaban a ellos como con un asesino o un salteador de caminos.

Eso era el personaje con el que comienza este pasaje de la escritura, un publicano que estaba sentado en el banco cobrando los impuestos, lo que implica que cada judío que pasaba por ahí lo veía con desprecio, lo veía como un traidor. Pero mire cómo son las cosas, Jesús pasó enfrente de Mateo y en lugar de verlo como el resto de los judíos, lo vio de una manera distinta. Esto nos da una gran lección a nosotros. Jesús no hace acepción de personas y debemos de aprender nosotros que, si queremos tener la aprobación de alguien, que sea la aprobación de Dios. 

  • Jesús no solamente se le quedó viendo, sino que le dijo: Sígueme. 

Lucas 5: 27-28 (RVR1960): 27 Después de estas cosas salió, y vio a un publicano llamado Leví, sentado al banco de los tributos públicos, y le dijo: Sígueme. 28 Y dejándolo todo, se levantó y le siguió. Esa palabra sígueme es un verbo presente, activo, imperativo. Esa es una cuestión griega. 

Porque ese sígueme de Jesús no es: sígueme para que compartamos un fin de semana juntos. No, no es ese. El sígueme no es para que estés conmigo por un mes. No, es sígueme todos los días de tu vida; el Señor Jesucristo en esta porción de la escritura hace un llamado a seguirlo siempre.

Y me llama muchísimo la atención el versículo 28: 28 Y dejándolo todo, se levantó y le siguió. Hermano, esto es un milagro, porque Mateo estaba ocupado y claramente podía haber dicho: -Señor, mira, déjame terminar lo que estoy haciendo. Mejor te veo a las 5pm. Déjame hacer lo que estoy haciendo y después de eso yo te voy a seguir; pero no fue así, dice la escritura que dejándolo todo se levantó y le siguió.

Y esto me gusta a mí, porque he conocido cientos de personas en mi vida que tienen miedo de dejarlo todo a cambio de Jesús. ¿Sabe quiénes son un grupo de personas que tienen mucho miedo, pero mucho miedo de dejarlo todo? Aquellas personas que de alguna manera han recibido, o sienten, un llamado al ministerio, pero tienen un trabajo. Bueno, ¿y dónde está la fe? Porque hay personas que tienen miedo, dicen que tienen fe, pero es el miedo por lo que no quieren dejar su trabajo, porque sienten que tienen la sartén por el mango. Pero decir: -Lo voy a dejar todo, -Yo dejo esto, voy a irme y voy a confiar en el Señor y que Dios me bendiga. Eso le cuesta a mucha gente.

Otras personas tienen una mentalidad de hacer dinero. Yo tengo una pregunta acá bien sencilla: ¿Qué impide que usted siga a Jesús constantemente? ¿Qué se lo impide? Te repito una vez más, el Señor no te dice: «Sígueme por un fin de semana», no te dice: «Sígueme por tres meses.» Te está diciendo: «Quiero que me sigas, quiero que estés conmigo siempre», como hizo con sus discípulos.

¿Qué impide el trabajo? Es un problema serio para muchos de nosotros, pero yo insisto, en cuestión del trabajo, yo conozco dos tipos de personas. Conozco a aquel que en su trabajo le dicen: -Tienes que trabajar el día domingo, tienes que trabajar el día miércoles. Y la persona está incómoda con eso. Está incómoda porque él quiere estar en la casa del Señor. Está incómoda porque él quiere estar aquí, hermano Francisco. Y hermana América ayer estuvo en el hospital otra vez, hermano Francisco. Seguimos orando por él, pero él me dice: «Pastor, tengo unos dolores terribles, pero yo quiero estar en la iglesia.» Ese es un tipo de persona. ¿Sabe cuál es el otro? Al que no le importa. Y eso está, eso hablé hace unos domingos. Yo hablé de salud espiritual. Y yo dije: si usted no tiene hambre por la palabra, si a usted le da igual un domingo venir o no venir, si le da igual leer la Biblia o no leerla, si le da igual el evangelio, hermano, usted se está muriendo, si es que a lo mejor no se ha muerto ya y no se ha dado cuenta. Porque el hecho de que usted venga y escuche, eso no lo hace evangélico, no lo hace creyente, no lo hace un seguidor del Señor, créame, durante 20 años puede estar sentado usted ahí y no pasar nada.

La Biblia nos da uno, no uno, varios casos. ¿Se acuerda usted aquel joven rico que buscó al Señor y le dijo (Marcos 10: 17-31 RVR1960): -Señor, ¿qué debo hacer para heredar la vida eterna? El Señor le dijo: -Bueno, no cometas adulterio, no hagas esto, no hagas aquí. Y el joven le respondió: -Todo eso lo he guardado desde que era niño. (Seguro pensó, ya tengo mi pasaporte) Y el Señor le dijo: Solo te falta una cosita, vende lo que tienes y dalo a los pobres. Y dice que se puso muy triste el hombre y se fue. ¿Te das cuenta? No estaba dispuesto a dejarlo todo. ¿Por qué? Porque de alguna manera nosotros luchamos más por lo terrenal que por lo eterno. Porque al final del día, ¿qué nos vamos a llevar? Nada. Pero vivimos como si vamos a ser eternos aquí en esta tierra y descuidamos a Dios, descuidamos el evangelio, descuidamos el reino, y vamos a ver cómo te paga el mundo. Vamos a ver si es cierto.

Ya hablamos de Leví, ya hablamos de la palabra sígueme. 

  • El banquete. 

Lucas 5: 29 (RVR1960): 29 Y Leví le hizo gran banquete en su casa; y había mucha compañía de publicanos y de otros que estaban a la mesa con ellos.

Yo no sé cómo hicieron para ponerse de acuerdo, no lo sé; pero yo me imagino (como siempre me ando imaginando cosas) esta conversación de Jesús con Mateo: -Señor, yo quiero hacerte una comida, quiero hacerte un banquete en mi casa. Y el Señor le dice: -Claro, no hay problema. -¿Y sabes qué Señor? Quiero invitar a mis amigos. Pero dígame, con todo lo que yo le dije que eran los publicanos, ¿quiénes eran los amigos de Leví? Mañosos (ladrones) igual que él. Los amigos de Mateo no eran religiosos, sino que también eran cobradores de impuestos, y la casa se llenó de ellos. 

  • Los escribas y fariseos.

Lucas 5: 30 (RVR1960): 30 Y los escribas y los fariseos murmuraban contra los discípulos, diciendo: ¿Por qué coméis y bebéis con publicanos y pecadores?

Esos dos grupos, mis queridos y amados hermanos, no faltan en ningún lugar. Los escribas y los fariseos. ¿Y qué es lo que hacen los escribas y los fariseos? ¿Qué hacen? Murmuran a espaldas de la gente. Yo le he escrito varias cositas aquí. Los escribas y los fariseos seguían a Jesús, pero créame una cosa, no lo seguían por los milagros, no lo seguían por las enseñanzas, ¿sabe por qué lo seguían? Para ver sus errores y acusarlos después con las autoridades y acusarlos también con la gente. Fíjate que los fariseos acusaron a Jesús de quebrantar la ley de Moisés, de sanar en día sábado, el día de reposo, de perdonar pecados, de sacar demonios en el nombre de Dios y de juntarse con pecadores. Los escribas y fariseos murmuraban contra los discípulos, diciendo: ¿Por qué coméis y bebéis con publicanos y pecadores? Nunca faltan. ¿Por qué? Porque los fariseos se creen más santos que los demás. Se creen más buenos que los demás, más religiosos que los demás, porque son los que le ponen un rótulo a la gente y la discriminan porque se sienten superiores a ellos. ¿Sabe cómo los llamó Jesús? Hipócritas. ¿Por qué? Porque aparentaban ser justos, pero el corazón de ellos estaba lleno de maldad.

El título de este sermón es: El hospital de Dios. ¿Qué es la iglesia? Es la casa del Señor. ¿Un club exclusivo? Los fariseos veían la religión como un club. El club de los puros, el club de los que cumplen la ley.

Yo quiero decir una cosa, soy alérgico a las personas legalistas. A nosotros nos han acusado cantidad de veces de ser una iglesia de libertinaje. Las palabras de esta gente a mí me salen sobrando. ¿Sabes por qué razón? Porque ellos son legalistas. Y un legalista siempre te va a ver para abajo porque él cree que él es puro, porque él cree que él es santo. Es que no han leído que el quebrantar la ley en uno de los mandamientos es como que la haya quebrantado en todos. ¿No han leído eso? Claro que sí. Y hay personas que toda la vida andan señalando a otros. Ay, Dios mío! ¿Por qué no le enseñamos a la gente a amar a Dios, a tener temor de Dios y dejar que sea el Espíritu Santo el que nos convenza de nuestras malas acciones, hermano? Eso es mejor que andar nosotros como que somos policías con un garrote en la mano, a ver a quién vamos a pegarle un garrotazo ahora.

El Señor Jesús dijo a los escribas y fariseos (Lucas 11: 46 RVR1960): porque cargáis a los hombres con cargas que no pueden llevar, pero vosotros ni aun con un dedo las tocáis. Y eso es complicado, hermanos, sentirse orgullosos de creer que se goza de perfecta salud espiritual. El club de los que miran los errores de los demás, pero no tienen el valor de ver sus propios errores, pues ellos miran la paja que está en el ojo de la otra persona, pero no miran la gran viga que tienen ellos dentro.

¿Qué es lo que el Señor nos enseña con todas estas cosas? 

Que al final del día, mis queridos y amados hermanos, todos somos pecadores. Fíjate que yo estuve en una clase aquí en la universidad hace muchos años y en esa clase se nos vino a hablar acerca de demonología y aquellas las luchas espirituales que tenemos todos los cristianos y bueno, pues verá un montón de cuestiones. Y en esa clase me acuerdo que comenzamos a platicar. Llegamos a un punto que yo le dije al profesor: -Pero mire profe, le digo algo, la verdad es que si seguimos con esa mentalidad, no hay ni que respirar, porque hasta el aire está endemoniado, porque para esas personas todo está mal. 

Y cuando usted tiene hijos pequeños, espérese que crezcan a ver si es cierto que los puede dominar, y peor es cuando tienen su carácter y su temperamento. Es lo que le estoy diciendo, así funcionan las cosas. Si usted no es amigo de sus hijos, lo único que va a lograr es que comiencen a hacer cosas a escondidas. Y yo siempre he dicho, no hay cosa peor que le pueda pasar a un padre o a una madre que creer que su hijo(a) no es capaz de hacer semejante cosa. Y digo: -No, usted no lo conoce porque le está mintiendo y está haciendo las cosas escondidas. La vida funciona de esa manera. 

¿Sabe qué es otra de las cosas tremendas que los hijos no soportan? La hipocresía. Esa mamá que le dice a la hija: -No, no puede salir. Y la hija dice: -Pero si vos ayer llegaste a las 3 de la mañana y yo no puedo salir. Esas hipocresías los hijos no las aguantan y no dicen nada. 

Nadie en la iglesia tiene derecho a mirar a otra persona por encima del hombro, porque todos compartimos el mismo diagnóstico: la necesidad de la gracia y la misericordia de Dios.

  • ¿Para quién es la iglesia? 

Jesús dijo: «Los que están sanos no tienen necesidad de médico, sino los enfermos.» Por eso es que esto es el hospital de Dios. Simple y sencillamente, la iglesia no es un hotel para santos, hermano. La verdad es un hospital para pecadores. Eso es. Estamos aquí porque reconocemos que algo nos duele, que algo se rompió, que algo está mal en nuestra vida. No es un museo para exhibir santos perfectos. Es un taller de reparación donde Dios nos habla al corazón y decimos: «Sí, hombre, qué regada. Sí, eso no está bien. Sí, esto tengo que resolver.» El único requisito es admitir que estamos enfermos, cosa que los fariseos no quisieron hacer.

  • ¿A qué vino Jesús? 

Lucas 5: 31 (RVR1960): 31 Respondiendo Jesús, les dijo: Los que están sanos no tienen necesidad de médico, sino los enfermos. 32 No he venido a llamar a justos, sino a pecadores al arrepentimiento.

Esto significa que podemos venir a Jesús como somos, podemos venir a Jesús como estamos, pero quiero que entiendas esto: Jesús nunca te va a dejar igual, te va a transformar. Amén. Porque el versículo dice: he venido a llamar a pecadores al arrepentimiento. No dice el versículo: Yo he venido a buscar pecadores para que sigan pecando. ¿Se dio cuenta de eso? El Señor nos pone el Espíritu Santo dentro de nosotros, nos da un nuevo corazón, nos da un nuevo espíritu para que ya no seamos las mismas personas. Esa es la obra regeneradora del Espíritu de Dios, que Dios nos comienza a transformar, nos comienza a cambiar, Dios comienza a hacer la obra en nuestros corazones. Es el Espíritu de Dios. Jesús trabaja en nuestra vida, nos transforma.

Los fariseos decían: -Yo soy bueno. Yo no le hago mal a nadie. Yo no robo, soy justo con la gente, no adultero, hago cosas buenas. Yo no necesito a Dios. ¿Te das cuenta? El Señor no vino por ellos.

A las personas que están acá, y que a lo mejor nunca le han entregado su vida a Jesucristo. La iglesia es el hospital, pero el que sana es Jesús. Jesús es la medicina, Jesús es el tratamiento. Yo por eso le he dicho: dedique un tiempo a Dios cada semana, y se dará cuenta lo que Dios es capaz de hacer en su vida. Él es la medicina.

Se dice, amados, que no hay peor enfermedad en el mundo hoy en día que el cáncer. Pero hay una enfermedad peor que el cáncer, es el pecado. Porque el cáncer al final del día va a destruir tu cuerpo físico, pero el pecado va a destruir tu alma en el infierno. Jesucristo es la sanidad para esa enfermedad, porque Jesucristo perdona los pecados. Esa es la iglesia. Es por eso que no deberíamos de sorprendernos cuando aparece una persona por ahí. 

Yo conozco gente que me dice: -Pastor, yo no pongo un pie en la iglesia porque el día que yo ponga un pie en la iglesia, ese día se cae la iglesia. Y le digo yo: -No, papá, no lo haga, véngase a la casa del Señor y no se extrañe usted. A veces entran personas con piercing, entran personas con algunos tatuajes y los vemos como cosa rara, hermano, como diciendo: -Disculpe, se equivocó. No, no se ha equivocado. Sí. Y este es el lugar de reparación, pues. Y este es el hospital, pues. Si el Señor lo dice claramente, yo no he venido para los que están sanos, he venido sí para esas personas desplazadas que ustedes ven mal, por ellos he venido.

El doctor Tony Campolo, es predicador, pastor y escritor de libros cristianos; cuenta en uno de sus libros (El reino de Dios es una fiesta), que estaba en un país para unas conferencias, pero que el vuelo llegó tarde y.a él de noche le dio hambre y salió a buscar comida. Se metió a un lugar que parecía restaurante, pero era un bar y lo que habían eran prostitutas. Y él se sentó y pidió de comer. Ahí escuchó a unas prostitutas que estaban diciendo a otra: -Oye, mañana es tu cumpleaños. Y la prostituta dijo: -¿Y a mí quién me va a celebrar el cumpleaños si yo no tengo familia, no tengo nada? Y dice que esas muchachas le daban lástima. Él se puso de pie y se fue donde las otras prostitutas y le dijo: -¿Qué les parece si le hacemos una fiesta a su amiga mañana? Y le preguntaron: ¿Y usted quién es? Les respondió él: ¿Qué importa quién soy yo? Cuenta en el libro que le prepararon una fiesta, se fueron a comprar una torta, él compró la comida y luego se fueron a la casa de una de ellas; y él obviamente con toda la seriedad del mundo. Y luego les dijo: Yo soy pastor evangélico. Y le dijo: -Jamás en la vida se nos hubiera ocurrido que un pastor quisiera celebrar un cumpleaños a una de nosotras. Y dice que todas las mujeres le entregaron su vida a Cristo en ese lugar. Esa ilustración del Dr. Campolo le trajo críticas, pero críticas y críticas y críticas ¿de quién? De los escribas y los fariseos. Porque ellos no le pusieron atención al hecho de que estas mujeres que vivían de ese tipo de vida decidieron abrirle su corazón a Cristo Jesús.

Hermanos, a veces pienso que la iglesia está mal. A veces pienso que hemos caído en una situación donde nos hemos apartado del plan original del Señor. Eso éramos nosotros el día que le entregamos nuestra vida al Señor, amado, eso éramos nosotros. Pero Dios abrió sus brazos. La iglesia abrió sus brazos y ahora por la gracia y misericordia del Señor aquí estamos adorando al Dios todopoderoso.

Oramos: Padre, te damos gracias Señor, en esta hora por tu palabra, Señor. Hemos reconocido en este día, hemos estudiado que tú viste en Leví (Mateo) lo que no vieron otros. Otros veían a un pecador, otros veían a un traidor, otros veían a un hombre impuro; tú viste a un hombre con el deseo de transformar su vida. Y no solamente eso, lo terminas usando para escribir tu biografía y dejarla plasmada en la Biblia, lo llamaste al ministerio y lo hiciste uno de los 12; todo eso por haber mostrado tu gracia y tu misericordia a este hombre que estaba sentado detrás de los tributos públicos. Señor, gracias por lo que has hecho con cada uno de nosotros, por personas que nadie daba nada, por personas que nos veían con desprecio. Pero un día tú pasaste enfrente de nosotros y en lugar de juzgarnos o culparnos, transformaste nuestra vida y nos has dado salvación. ¿Cómo no amarte? ¿Cómo no servirte? ¿Cómo no proclamar tu grandeza, Padre Santo? 

En esta hora yo te pido por aquellas personas que todavía no te conocen como Señor y Salvador de sus almas. Espíritu Santo de Dios, toca esos corazones. Si usted quiere entregarle su corazón al Señor en esta tarde haga esta oración conmigo. Es una oración de fe, es el primer paso en nuestro caminar con Dios, diga de esta manera: Señor Jesús, te pido perdón por mis pecados. Te doy gracias por lo que hiciste en la cruz al poner tu cuerpo y derramar tu sangre para la limpieza de mis faltas. En este día te recibo como el Señor y Salvador de mi vida. Si usted hizo esta oración, yo quiero animarle a crecer en el conocimiento de Dios y su bendita palabra. 

Señor, gracias por tu palabra, gracias por hacernos crecer en el conocimiento tuyo. Bendice a las personas que han hecho esta oración para conocerte como su Dios y su Señor. En el nombre de Jesús oramos, amén y  amén.

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El hospital de Dios


Julio 5, 2026 – 2:00PM | Lucas 5:27-32 | Dr. David Rodriguez

Etiquetas: julio 2026, lucas, pastor david rodriguez, transcripcion


Descargar Texto: Sermón en PDF

TRANSCRIPCIÓN

Vamos al evangelio según Lucas, capítulo 5 y estaremos leyendo los versículos del 27 al 32. El pasaje anterior nos habla de un paralítico que habían llevado a Jesús y el Señor pues no solamente lo sanó, sino que le perdonó también sus pecados. Y los escribas y los fariseos estaban acusando a Jesús por atreverse a perdonar pecados, cuando solamente Dios es el que perdona pecados. Y no entendieron el mensaje que estaba dando el Señor: Si Dios es el que perdona los pecados y yo los estoy perdonando, eso quiere decir que yo soy Dios; pero ellos no entendieron ese mensaje. Dice la palabra del Señor:

Lucas 5: 7-32 (RVR1960): 27 Después de estas cosas salió, y vio a un publicano llamado Leví, sentado al banco de los tributos públicos, y le dijo: Sígueme. 28 Y dejándolo todo, se levantó y le siguió. 29 Y Leví le hizo gran banquete en su casa; y había mucha compañía de publicanos y de otros que estaban a la mesa con ellos. 30 Y los escribas y los fariseos murmuraban contra los discípulos, diciendo: ¿Por qué coméis y bebéis con publicanos y pecadores? 31 Respondiendo Jesús, les dijo: Los que están sanos no tienen necesidad de médico, sino los enfermos. 32 No he venido a llamar a justos, sino a pecadores al arrepentimiento.

Que el Señor bendiga la lectura de esta porción.

Este pasaje nos habla de un personaje, nos habla de Mateo, el publicano, que es el mismo Leví. Y de esa manera comienza esta historia.

  • ¿Quién era este Leví? 

Por lo que leemos, tenía como profesión cobrar los impuestos. Un cobrador de impuestos era una persona detestable por los judíos. Hay un documento que se llama el Mishná. A ese documento le llaman ellos la Torá oral, que prácticamente utilizan ellos para la interpretación de la Torá escrita. En ese documento habla acerca de los publicanos y dice que son ladrones, que son traidores y que son impuros. Dice también que no se debe de hacer ningún negocio con ningún publicano porque son mañosos (ladrones). Dice también que no se acepta caridad de un publicano para fondos comunitarios. El Mishná dice que si un publicano entra en una casa, todo lo que hay en la casa se convierte en impuro, todo lo que toca un publicano se convierte en impuro. Y eso es precisamente porque ellos se relacionan con los romanos, que son gentiles, y para los judíos toda aquella persona que tiene relación con los gentiles es una persona impura. Por eso es que a los publicanos no les permitían entrar a una sinagoga. El Mishná decía que era permisible que usted le mintiera a un publicano con el objetivo de que no le robe, estaba aprobado por la ley rabínica, justificaba el engaño porque los comparaban a ellos como con un asesino o un salteador de caminos.

Eso era el personaje con el que comienza este pasaje de la escritura, un publicano que estaba sentado en el banco cobrando los impuestos, lo que implica que cada judío que pasaba por ahí lo veía con desprecio, lo veía como un traidor. Pero mire cómo son las cosas, Jesús pasó enfrente de Mateo y en lugar de verlo como el resto de los judíos, lo vio de una manera distinta. Esto nos da una gran lección a nosotros. Jesús no hace acepción de personas y debemos de aprender nosotros que, si queremos tener la aprobación de alguien, que sea la aprobación de Dios. 

  • Jesús no solamente se le quedó viendo, sino que le dijo: Sígueme. 

Lucas 5: 27-28 (RVR1960): 27 Después de estas cosas salió, y vio a un publicano llamado Leví, sentado al banco de los tributos públicos, y le dijo: Sígueme. 28 Y dejándolo todo, se levantó y le siguió. Esa palabra sígueme es un verbo presente, activo, imperativo. Esa es una cuestión griega. 

Porque ese sígueme de Jesús no es: sígueme para que compartamos un fin de semana juntos. No, no es ese. El sígueme no es para que estés conmigo por un mes. No, es sígueme todos los días de tu vida; el Señor Jesucristo en esta porción de la escritura hace un llamado a seguirlo siempre.

Y me llama muchísimo la atención el versículo 28: 28 Y dejándolo todo, se levantó y le siguió. Hermano, esto es un milagro, porque Mateo estaba ocupado y claramente podía haber dicho: -Señor, mira, déjame terminar lo que estoy haciendo. Mejor te veo a las 5pm. Déjame hacer lo que estoy haciendo y después de eso yo te voy a seguir; pero no fue así, dice la escritura que dejándolo todo se levantó y le siguió.

Y esto me gusta a mí, porque he conocido cientos de personas en mi vida que tienen miedo de dejarlo todo a cambio de Jesús. ¿Sabe quiénes son un grupo de personas que tienen mucho miedo, pero mucho miedo de dejarlo todo? Aquellas personas que de alguna manera han recibido, o sienten, un llamado al ministerio, pero tienen un trabajo. Bueno, ¿y dónde está la fe? Porque hay personas que tienen miedo, dicen que tienen fe, pero es el miedo por lo que no quieren dejar su trabajo, porque sienten que tienen la sartén por el mango. Pero decir: -Lo voy a dejar todo, -Yo dejo esto, voy a irme y voy a confiar en el Señor y que Dios me bendiga. Eso le cuesta a mucha gente.

Otras personas tienen una mentalidad de hacer dinero. Yo tengo una pregunta acá bien sencilla: ¿Qué impide que usted siga a Jesús constantemente? ¿Qué se lo impide? Te repito una vez más, el Señor no te dice: «Sígueme por un fin de semana», no te dice: «Sígueme por tres meses.» Te está diciendo: «Quiero que me sigas, quiero que estés conmigo siempre», como hizo con sus discípulos.

¿Qué impide el trabajo? Es un problema serio para muchos de nosotros, pero yo insisto, en cuestión del trabajo, yo conozco dos tipos de personas. Conozco a aquel que en su trabajo le dicen: -Tienes que trabajar el día domingo, tienes que trabajar el día miércoles. Y la persona está incómoda con eso. Está incómoda porque él quiere estar en la casa del Señor. Está incómoda porque él quiere estar aquí, hermano Francisco. Y hermana América ayer estuvo en el hospital otra vez, hermano Francisco. Seguimos orando por él, pero él me dice: «Pastor, tengo unos dolores terribles, pero yo quiero estar en la iglesia.» Ese es un tipo de persona. ¿Sabe cuál es el otro? Al que no le importa. Y eso está, eso hablé hace unos domingos. Yo hablé de salud espiritual. Y yo dije: si usted no tiene hambre por la palabra, si a usted le da igual un domingo venir o no venir, si le da igual leer la Biblia o no leerla, si le da igual el evangelio, hermano, usted se está muriendo, si es que a lo mejor no se ha muerto ya y no se ha dado cuenta. Porque el hecho de que usted venga y escuche, eso no lo hace evangélico, no lo hace creyente, no lo hace un seguidor del Señor, créame, durante 20 años puede estar sentado usted ahí y no pasar nada.

La Biblia nos da uno, no uno, varios casos. ¿Se acuerda usted aquel joven rico que buscó al Señor y le dijo (Marcos 10: 17-31 RVR1960): -Señor, ¿qué debo hacer para heredar la vida eterna? El Señor le dijo: -Bueno, no cometas adulterio, no hagas esto, no hagas aquí. Y el joven le respondió: -Todo eso lo he guardado desde que era niño. (Seguro pensó, ya tengo mi pasaporte) Y el Señor le dijo: Solo te falta una cosita, vende lo que tienes y dalo a los pobres. Y dice que se puso muy triste el hombre y se fue. ¿Te das cuenta? No estaba dispuesto a dejarlo todo. ¿Por qué? Porque de alguna manera nosotros luchamos más por lo terrenal que por lo eterno. Porque al final del día, ¿qué nos vamos a llevar? Nada. Pero vivimos como si vamos a ser eternos aquí en esta tierra y descuidamos a Dios, descuidamos el evangelio, descuidamos el reino, y vamos a ver cómo te paga el mundo. Vamos a ver si es cierto.

Ya hablamos de Leví, ya hablamos de la palabra sígueme. 

  • El banquete. 

Lucas 5: 29 (RVR1960): 29 Y Leví le hizo gran banquete en su casa; y había mucha compañía de publicanos y de otros que estaban a la mesa con ellos.

Yo no sé cómo hicieron para ponerse de acuerdo, no lo sé; pero yo me imagino (como siempre me ando imaginando cosas) esta conversación de Jesús con Mateo: -Señor, yo quiero hacerte una comida, quiero hacerte un banquete en mi casa. Y el Señor le dice: -Claro, no hay problema. -¿Y sabes qué Señor? Quiero invitar a mis amigos. Pero dígame, con todo lo que yo le dije que eran los publicanos, ¿quiénes eran los amigos de Leví? Mañosos (ladrones) igual que él. Los amigos de Mateo no eran religiosos, sino que también eran cobradores de impuestos, y la casa se llenó de ellos. 

  • Los escribas y fariseos.

Lucas 5: 30 (RVR1960): 30 Y los escribas y los fariseos murmuraban contra los discípulos, diciendo: ¿Por qué coméis y bebéis con publicanos y pecadores?

Esos dos grupos, mis queridos y amados hermanos, no faltan en ningún lugar. Los escribas y los fariseos. ¿Y qué es lo que hacen los escribas y los fariseos? ¿Qué hacen? Murmuran a espaldas de la gente. Yo le he escrito varias cositas aquí. Los escribas y los fariseos seguían a Jesús, pero créame una cosa, no lo seguían por los milagros, no lo seguían por las enseñanzas, ¿sabe por qué lo seguían? Para ver sus errores y acusarlos después con las autoridades y acusarlos también con la gente. Fíjate que los fariseos acusaron a Jesús de quebrantar la ley de Moisés, de sanar en día sábado, el día de reposo, de perdonar pecados, de sacar demonios en el nombre de Dios y de juntarse con pecadores. Los escribas y fariseos murmuraban contra los discípulos, diciendo: ¿Por qué coméis y bebéis con publicanos y pecadores? Nunca faltan. ¿Por qué? Porque los fariseos se creen más santos que los demás. Se creen más buenos que los demás, más religiosos que los demás, porque son los que le ponen un rótulo a la gente y la discriminan porque se sienten superiores a ellos. ¿Sabe cómo los llamó Jesús? Hipócritas. ¿Por qué? Porque aparentaban ser justos, pero el corazón de ellos estaba lleno de maldad.

El título de este sermón es: El hospital de Dios. ¿Qué es la iglesia? Es la casa del Señor. ¿Un club exclusivo? Los fariseos veían la religión como un club. El club de los puros, el club de los que cumplen la ley.

Yo quiero decir una cosa, soy alérgico a las personas legalistas. A nosotros nos han acusado cantidad de veces de ser una iglesia de libertinaje. Las palabras de esta gente a mí me salen sobrando. ¿Sabes por qué razón? Porque ellos son legalistas. Y un legalista siempre te va a ver para abajo porque él cree que él es puro, porque él cree que él es santo. Es que no han leído que el quebrantar la ley en uno de los mandamientos es como que la haya quebrantado en todos. ¿No han leído eso? Claro que sí. Y hay personas que toda la vida andan señalando a otros. Ay, Dios mío! ¿Por qué no le enseñamos a la gente a amar a Dios, a tener temor de Dios y dejar que sea el Espíritu Santo el que nos convenza de nuestras malas acciones, hermano? Eso es mejor que andar nosotros como que somos policías con un garrote en la mano, a ver a quién vamos a pegarle un garrotazo ahora.

El Señor Jesús dijo a los escribas y fariseos (Lucas 11: 46 RVR1960): porque cargáis a los hombres con cargas que no pueden llevar, pero vosotros ni aun con un dedo las tocáis. Y eso es complicado, hermanos, sentirse orgullosos de creer que se goza de perfecta salud espiritual. El club de los que miran los errores de los demás, pero no tienen el valor de ver sus propios errores, pues ellos miran la paja que está en el ojo de la otra persona, pero no miran la gran viga que tienen ellos dentro.

¿Qué es lo que el Señor nos enseña con todas estas cosas? 

Que al final del día, mis queridos y amados hermanos, todos somos pecadores. Fíjate que yo estuve en una clase aquí en la universidad hace muchos años y en esa clase se nos vino a hablar acerca de demonología y aquellas las luchas espirituales que tenemos todos los cristianos y bueno, pues verá un montón de cuestiones. Y en esa clase me acuerdo que comenzamos a platicar. Llegamos a un punto que yo le dije al profesor: -Pero mire profe, le digo algo, la verdad es que si seguimos con esa mentalidad, no hay ni que respirar, porque hasta el aire está endemoniado, porque para esas personas todo está mal. 

Y cuando usted tiene hijos pequeños, espérese que crezcan a ver si es cierto que los puede dominar, y peor es cuando tienen su carácter y su temperamento. Es lo que le estoy diciendo, así funcionan las cosas. Si usted no es amigo de sus hijos, lo único que va a lograr es que comiencen a hacer cosas a escondidas. Y yo siempre he dicho, no hay cosa peor que le pueda pasar a un padre o a una madre que creer que su hijo(a) no es capaz de hacer semejante cosa. Y digo: -No, usted no lo conoce porque le está mintiendo y está haciendo las cosas escondidas. La vida funciona de esa manera. 

¿Sabe qué es otra de las cosas tremendas que los hijos no soportan? La hipocresía. Esa mamá que le dice a la hija: -No, no puede salir. Y la hija dice: -Pero si vos ayer llegaste a las 3 de la mañana y yo no puedo salir. Esas hipocresías los hijos no las aguantan y no dicen nada. 

Nadie en la iglesia tiene derecho a mirar a otra persona por encima del hombro, porque todos compartimos el mismo diagnóstico: la necesidad de la gracia y la misericordia de Dios.

  • ¿Para quién es la iglesia? 

Jesús dijo: «Los que están sanos no tienen necesidad de médico, sino los enfermos.» Por eso es que esto es el hospital de Dios. Simple y sencillamente, la iglesia no es un hotel para santos, hermano. La verdad es un hospital para pecadores. Eso es. Estamos aquí porque reconocemos que algo nos duele, que algo se rompió, que algo está mal en nuestra vida. No es un museo para exhibir santos perfectos. Es un taller de reparación donde Dios nos habla al corazón y decimos: «Sí, hombre, qué regada. Sí, eso no está bien. Sí, esto tengo que resolver.» El único requisito es admitir que estamos enfermos, cosa que los fariseos no quisieron hacer.

  • ¿A qué vino Jesús? 

Lucas 5: 31 (RVR1960): 31 Respondiendo Jesús, les dijo: Los que están sanos no tienen necesidad de médico, sino los enfermos. 32 No he venido a llamar a justos, sino a pecadores al arrepentimiento.

Esto significa que podemos venir a Jesús como somos, podemos venir a Jesús como estamos, pero quiero que entiendas esto: Jesús nunca te va a dejar igual, te va a transformar. Amén. Porque el versículo dice: he venido a llamar a pecadores al arrepentimiento. No dice el versículo: Yo he venido a buscar pecadores para que sigan pecando. ¿Se dio cuenta de eso? El Señor nos pone el Espíritu Santo dentro de nosotros, nos da un nuevo corazón, nos da un nuevo espíritu para que ya no seamos las mismas personas. Esa es la obra regeneradora del Espíritu de Dios, que Dios nos comienza a transformar, nos comienza a cambiar, Dios comienza a hacer la obra en nuestros corazones. Es el Espíritu de Dios. Jesús trabaja en nuestra vida, nos transforma.

Los fariseos decían: -Yo soy bueno. Yo no le hago mal a nadie. Yo no robo, soy justo con la gente, no adultero, hago cosas buenas. Yo no necesito a Dios. ¿Te das cuenta? El Señor no vino por ellos.

A las personas que están acá, y que a lo mejor nunca le han entregado su vida a Jesucristo. La iglesia es el hospital, pero el que sana es Jesús. Jesús es la medicina, Jesús es el tratamiento. Yo por eso le he dicho: dedique un tiempo a Dios cada semana, y se dará cuenta lo que Dios es capaz de hacer en su vida. Él es la medicina.

Se dice, amados, que no hay peor enfermedad en el mundo hoy en día que el cáncer. Pero hay una enfermedad peor que el cáncer, es el pecado. Porque el cáncer al final del día va a destruir tu cuerpo físico, pero el pecado va a destruir tu alma en el infierno. Jesucristo es la sanidad para esa enfermedad, porque Jesucristo perdona los pecados. Esa es la iglesia. Es por eso que no deberíamos de sorprendernos cuando aparece una persona por ahí. 

Yo conozco gente que me dice: -Pastor, yo no pongo un pie en la iglesia porque el día que yo ponga un pie en la iglesia, ese día se cae la iglesia. Y le digo yo: -No, papá, no lo haga, véngase a la casa del Señor y no se extrañe usted. A veces entran personas con piercing, entran personas con algunos tatuajes y los vemos como cosa rara, hermano, como diciendo: -Disculpe, se equivocó. No, no se ha equivocado. Sí. Y este es el lugar de reparación, pues. Y este es el hospital, pues. Si el Señor lo dice claramente, yo no he venido para los que están sanos, he venido sí para esas personas desplazadas que ustedes ven mal, por ellos he venido.

El doctor Tony Campolo, es predicador, pastor y escritor de libros cristianos; cuenta en uno de sus libros (El reino de Dios es una fiesta), que estaba en un país para unas conferencias, pero que el vuelo llegó tarde y.a él de noche le dio hambre y salió a buscar comida. Se metió a un lugar que parecía restaurante, pero era un bar y lo que habían eran prostitutas. Y él se sentó y pidió de comer. Ahí escuchó a unas prostitutas que estaban diciendo a otra: -Oye, mañana es tu cumpleaños. Y la prostituta dijo: -¿Y a mí quién me va a celebrar el cumpleaños si yo no tengo familia, no tengo nada? Y dice que esas muchachas le daban lástima. Él se puso de pie y se fue donde las otras prostitutas y le dijo: -¿Qué les parece si le hacemos una fiesta a su amiga mañana? Y le preguntaron: ¿Y usted quién es? Les respondió él: ¿Qué importa quién soy yo? Cuenta en el libro que le prepararon una fiesta, se fueron a comprar una torta, él compró la comida y luego se fueron a la casa de una de ellas; y él obviamente con toda la seriedad del mundo. Y luego les dijo: Yo soy pastor evangélico. Y le dijo: -Jamás en la vida se nos hubiera ocurrido que un pastor quisiera celebrar un cumpleaños a una de nosotras. Y dice que todas las mujeres le entregaron su vida a Cristo en ese lugar. Esa ilustración del Dr. Campolo le trajo críticas, pero críticas y críticas y críticas ¿de quién? De los escribas y los fariseos. Porque ellos no le pusieron atención al hecho de que estas mujeres que vivían de ese tipo de vida decidieron abrirle su corazón a Cristo Jesús.

Hermanos, a veces pienso que la iglesia está mal. A veces pienso que hemos caído en una situación donde nos hemos apartado del plan original del Señor. Eso éramos nosotros el día que le entregamos nuestra vida al Señor, amado, eso éramos nosotros. Pero Dios abrió sus brazos. La iglesia abrió sus brazos y ahora por la gracia y misericordia del Señor aquí estamos adorando al Dios todopoderoso.

Oramos: Padre, te damos gracias Señor, en esta hora por tu palabra, Señor. Hemos reconocido en este día, hemos estudiado que tú viste en Leví (Mateo) lo que no vieron otros. Otros veían a un pecador, otros veían a un traidor, otros veían a un hombre impuro; tú viste a un hombre con el deseo de transformar su vida. Y no solamente eso, lo terminas usando para escribir tu biografía y dejarla plasmada en la Biblia, lo llamaste al ministerio y lo hiciste uno de los 12; todo eso por haber mostrado tu gracia y tu misericordia a este hombre que estaba sentado detrás de los tributos públicos. Señor, gracias por lo que has hecho con cada uno de nosotros, por personas que nadie daba nada, por personas que nos veían con desprecio. Pero un día tú pasaste enfrente de nosotros y en lugar de juzgarnos o culparnos, transformaste nuestra vida y nos has dado salvación. ¿Cómo no amarte? ¿Cómo no servirte? ¿Cómo no proclamar tu grandeza, Padre Santo? 

En esta hora yo te pido por aquellas personas que todavía no te conocen como Señor y Salvador de sus almas. Espíritu Santo de Dios, toca esos corazones. Si usted quiere entregarle su corazón al Señor en esta tarde haga esta oración conmigo. Es una oración de fe, es el primer paso en nuestro caminar con Dios, diga de esta manera: Señor Jesús, te pido perdón por mis pecados. Te doy gracias por lo que hiciste en la cruz al poner tu cuerpo y derramar tu sangre para la limpieza de mis faltas. En este día te recibo como el Señor y Salvador de mi vida. Si usted hizo esta oración, yo quiero animarle a crecer en el conocimiento de Dios y su bendita palabra. 

Señor, gracias por tu palabra, gracias por hacernos crecer en el conocimiento tuyo. Bendice a las personas que han hecho esta oración para conocerte como su Dios y su Señor. En el nombre de Jesús oramos, amén y  amén.

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