Flechas con veneno
Noviembre 30, 2025 – 2:00PM | Efesios 6:12-17 | Dr. David Rodríguez
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TRANSCRIPCIÓN
El mensaje de esta hora se llama: “Flechas con veneno”. Busquemos en nuestras Biblias en el libro de Efesios el capítulo 6.
Efesios 6:14-17 (RV-1960): 14 Estad, pues, firmes, ceñidos vuestros lomos con la verdad, y vestidos con la coraza de justicia, 15 y calzados los pies con el apresto del evangelio de la paz. 16 Sobre todo, tomad el escudo de la fe, con que podáis apagar todos los dardos de fuego del maligno. 17 Y tomad el yelmo de la salvación, y la espada del Espíritu, que es la palabra de Dios.
Efesios 6:16 (TLA): 16 Que su confianza en Dios los proteja como un escudo, y apague las flechas encendidas que arroja el diablo.
Vamos a pedir que Dios nos bendiga: Padre, al venir a tu casa a rendirte adoración personal y adoración como un solo cuerpo, lo hacemos con fe, con el más alto grado de responsabilidad, de adoración, reconociendo que tú eres el único digno de alabanza. Bendice a cada uno de mis hermanos, los que nos ven también por las redes sociales, de una manera muy especial. Te ruego, Señor, que el mensaje de tu palabra bendiga nuestras almas, nuestros corazones; en el nombre de Jesús te lo pedimos, Amén.
La Biblia nos habla claramente que vivimos en un mundo espiritual. Y en el mundo espiritual hay dos reinos: el reino de Dios y el reino de las tinieblas. ¿Usted lo cree? Es así hermanos. Todos nacemos en el reino de las tinieblas, nosotros nacimos bajo el príncipe de este mundo, por el pecado del huerto del Edén, nacimos bajo el reino de las tinieblas; pero cuando conocemos a Cristo, dice la bendita palabra del Señor que hemos sido trasladados de las tinieblas a la luz admirable de Cristo; gracias a que Dios, en su inmensa misericordia, pone los ojos sobre nosotros. Es decir, antes de entregarle nuestra vida a Jesús, pertenecíamos al reino de las tinieblas. Es por eso por lo que ahora tenemos un gran enemigo, Dios le llama a Satanás: el príncipe de las tinieblas con su ejército de demonios. Lo dice la Biblia en el libro de Efesios, el mismo capítulo, unos versículos antes.
Efesios 6:12 (RV 1960): 12 Porque no tenemos lucha contra sangre y carne, sino contra principados, contra potestades, contra los gobernadores de las tinieblas de este siglo, contra huestes espirituales de maldad en las regiones celestes.
Efesios 6:12 (NTV): 12 Pues no luchamos contra enemigos de carne y hueso, sino contra gobernadores malignos y autoridades del mundo invisible, contra fuerzas poderosas de este mundo tenebroso y contra espíritus malignos de los lugares celestiales. No luchamos contra la hermana Juana, ni contra el hermano Pedro, sino contra gobernadores malignos y autoridades del mundo invisible; tenemos que ser conscientes de esto.
Como hijos de Dios que somos, nos movemos en el mundo espiritual y tenemos un enemigo; es por eso por lo que los hijos de Dios nos encontramos en una constante batalla espiritual. En los tiempos antiguos se usaban flechas con fuego. Pablo dice que nuestro enemigo, el maligno, nos lanza flechas encendidas. Y la Biblia nos enseña que para poder defendernos de estos ataques debemos usar la armadura de Dios. Y la armadura de Dios es el cinturón de la verdad, la coraza de justicia, las botas del evangelio, el escudo de la fe, que es de lo que estamos hablando en esta hora, el casco de la salvación y la espada del espíritu.
Efesios 6:16 (RV-1960): 16 Sobre todo, tomad el escudo de la fe, con que podáis apagar todos los dardos de fuego del maligno. La escritura dice: Sobre todo, porque si no lo agarramos quedamos vulnerables, y no será suficiente el resto de la armadura de Dios.
Se cree que un escudo romano medía más o menos 1.60 metros de alto y 80 cm de ancho. Ese escudo tenía tres capas de madera y una capa de cuero, con una tira de bronce alrededor. Dice la historia que los romanos mojaban el escudo antes de salir a la batalla por el fuego que traían las flechas. De hecho, los romanos utilizaban plomo en la punta de la flecha. Se cree que la flecha estaba hueca y dentro metían una especie de combustible. La idea era que a la hora de dañar al enemigo, al herirlo, no solo moriría por la flecha, sino por el veneno que tenía adentro. Por eso el mensaje de esta tarde: Flechas con veneno. Con mucha razón la Biblia dice 1 Pedro 5: 8 (RV-1960): 8 Sed sobrios, y velad; porque vuestro adversario el diablo, como león rugiente, anda alrededor buscando a quien devorar.
Debemos estar conscientes que vivimos en un mundo espiritual. Yo he venido diciendo en los últimos meses: ¿Qué tanto valor tiene nuestra fe? ¿Qué tanto tiempo dedica usted para alimentar su fe? La fe tiene que ser nutrida. La fe tiene que ser alimentada. No podemos vivir una vida superficial de la fe, porque el maligno va a utilizar lo que sea, con tal de dañar nuestra fe, con tal de desanimarnos, con tal de crear dudas en nosotros, con tal de ponernos malos pensamientos, con tal de darnos un espíritu crítico, va a hacer que veamos cosas que no queremos ver; todas esas cosas son flechas del enemigo y tienen un propósito. Pero Dios quiere que permanezcamos firmes, que permanezcamos fieles.
Hace poco predicaba acerca de la permanencia en la fe. La doctrina de permanecer en la fe delante del Señor. Y permanecer no importa qué pase, no importa qué venga; ya sean pruebas, tormentas, dificultades.
Dice Dios: Permanezcamos firmes en la fe. El diablo dice: Bueno, este me pertenecía a mí antes y ahora se ha ido al reino de la luz. Yo quiero que vuelva al reino de las tinieblas. Y hace cualquier cosa para dañar nuestra fe.
La pregunta que nos hacemos es: ¿Cuáles son las flechas envenenadas que lanza el maligno? ¿Cuáles son esas flechas?
– Todo aquello que te hace dudar. Cuando usted tiene una petición, un familiar en el hospital que está muriendo y usted con fe le pide a Dios: Señor, yo te pido que lo levantes. Y usted cree que a usted Dios no lo escucha; y dice: Pastor, siento que Dios está lejos de mí. O su matrimonio se está yendo por el suelo y usted dice: por más que oro, por más que pido al Señor, yo no siento que el Señor me esté escuchando. Todas esas dudas, son flechas del enemigo y traen veneno; puede estar seguro de eso.
– El desánimo. Por la razón que sea, es una flecha envenenada. Nos desanimamos cuando personas alrededor nuestro no aprecian lo que hacemos, no son sensibles a nuestras necesidades, cuando solo exigen y piden. Está ese desánimo cuando no encontramos trabajo, o un hermano en la iglesia nos engañó.
– Heridas emocionales o maltrato espiritual. Una persona que viene a la iglesia buscando ayuda y en lugar de encontrar ayuda se siente juzgada, se le humilla públicamente por un pecado cometido. En lugar de restaurar, te señalan, te abren la herida. La hipocresía a veces es evidente en algunas personas en la iglesia, hay chismes, maltratos, injusticia, murmuraciones, falta de perdón. Todo eso son flechas, el diablo te quiere desanimar. Lo que quiere es lograr una sola cosa de ti, que digas: Ya no vengo más a la iglesia. Y si dejas de venir un domingo, es fácil dejar de venir dos. Y si dejas de venir dos, es más fácil dejar de venir tres.
– Legalismo o cargas pesadas. Se juzga a una persona por su manera de vestir. Hablamos mucho en el púlpito que Dios lo que mira es el corazón, que lo que Dios quiere es el corazón; sí, pero a la congregación le encanta fijarse cómo vienen vestidos los hermanos.
– Falta de amor genuino. Hermanos fríos, indiferentes, o encerrados en grupos a los que no se puede ingresar. Nadie nota cuando alguien falta por semana, y esta es responsabilidad de toda la iglesia. Si hay personas que asisten a una casa de oración y no viene alguien, es su responsabilidad fijarse qué pasa con ese hermano, animarlo. Parece que el diablo les está tirando flechas envenenadas y se las están creyendo.
– Enfoque excesivo en el dinero. Y esta es una de las situaciones que yo batallo muchísimo. Por eso usted me escucha a mí decir: Hermano, si no puede, no dé nada. Nosotros no podemos llegar pidiendo constantemente de manera indebida, aunque hay necesidades reales, por ejemplo: un lugar donde congregarnos. El dinero es un problema espiritual, ¡entiéndalo! Ser tacaño es un problema espiritual.
– Crisis personales sin acompañamiento. Yo pasé por una situación de depresión y nadie me llamó. Bueno, en primer lugar, avísenos. Ahora, es responsabilidad de todos cuidarnos, acercarnos, ayudar.
– Pensamientos negativos. Nos volvemos críticos, todo nos molesta, nadie nos cae bien. Llegamos a la hora que el culto comienza y nos vamos cuando termina, porque no queremos tener relación con la gente.
– Las tentaciones. Si en su trabajo hay alguna mujer que le esté coqueteando a usted, esa es una flecha con veneno. Créame, es un veneno y te va a doler.
– La culpa. Es otro dardo de fuego del enemigo.
¿Qué quiere el enemigo con esas flechas? Que nuestra fe sea de corto plazo, que sea superficial, que se enfríe. Leyó usted aquella porción de la escritura (Marcos 4: 14-17 RV 1960) que dice: Entonces viene Satanás y arrebata lo poco que ha sido sembrado en el corazón, porque esa semilla fue de corta duración porque no tenía raíz. Por eso manda estas flechas envenenadas.
Conozco a muchos que se extraviaron, que se perdieron y siguen hablando de sus excusas. ¿Sabe qué es lo curioso? Que cuando hablan de las excusas están en la casa de una persona que está igual que ellos, no logran percibir que están engañados, que están heridos y que ese veneno se está diseminando por todo tu cuerpo porque ya atacó tu mente.
Es por eso por lo que todos los creyentes sabemos que es más fácil que se convierta una persona que nunca ha conocido al evangelio, que hacer que regrese una persona que ya estuvo en los caminos de Dios, porque no quiere reconocer cómo son las cosas. Dios lo sacó del reino de las tinieblas, Dios los llamó, pero el diablo les mandó flechas con veneno y comenzaron a morir espiritualmente.
Toda la armadura es importante, el cinturón, la coraza, las botas, el casco de la salvación, la espada del Espíritu; pero tiene mucha importancia el escudo, como dije anteriormente, porque protege. La fe es ese escudo, cuando usted vive la vida cristiana con esa protección, no importa que vengan flechas envenenadas, usted está seguro en Cristo. Podrá venir lo que sea, que usted tiene tanta experiencia, que llega al punto que dice: Yo ya vi de todo en el evangelio. A mí no me mueven ni las críticas, ni esto, ni lo otro, porque el Señor me sostiene. Ese es el escudo del evangelio, ese es el escudo de la fe. La fe es un escudo porque me defiende, me protege, me mantiene firme.
El escudo de la fe nos capacita para vencer las dificultades del mundo, nos da la fuerza para soportar los ataques, venga lo que venga, pase lo que pase. Pueden estar hablando mal de usted, que no le va a afectar lo que diga otra persona porque tiene el escudo de la fe. Hemos sido llamados a permanecer siempre. El diablo va a mandarle a usted flechas con veneno, pero el escudo de la fe sirve para eso, para protegerse. No deje que el enemigo lo desanime.
A veces estamos vulnerables, por muchas cosas al mismo tiempo, y llegamos a un momento que no queremos escuchar a nadie por la propia situación que estamos viviendo. El diablo te está atacando, pero Dios está ahí. ¿Por qué? Porque Dios ha prometido estar ahí, mi hermano.
El escudo de la fe te da fuerza para soportar los ataques. Nos enseña a confiar en la palabra, confiar en las promesas. El escudo de fe nos asegura que vamos a tener la victoria.
1 Juan 5:4 (RV-1960): 4 Porque todo lo que es nacido de Dios vence al mundo; y esta es la victoria que ha vencido al mundo, nuestra fe. Venga lo que venga, llegue lo que llegue, pase lo que pase, permanezca firme en la fe.
Yo estaba en Marruecos, hace varios años, cuando vi la fotografía del hermano Toby, que lo habían apresado. Recibí mensajes de personas diciendo: ¿Ya viste lo que pasó? Nosotros no volvemos más a la iglesia. Y ¿la fe de ustedes en quién está puesta? ¡Por amor de Dios! Nuestra fe en Dios es el escudo, por eso la fe tiene que estar puesta en Dios, no en ninguna persona. El pastor está aquí para guiarnos, y pastores vendrán y pasarán. Son dardos de fuego, son flechas con veneno que te manda el diablo.
Vivimos en el mundo físico, pero ¿qué es más importante el mundo físico o el espiritual? El mundo físico se acaba aquí, y aún los problemas más difíciles que yo tenga en el mundo físico sirven para matar tu fe del mundo espiritual. Yo te pongo un ejemplo sencillo: Digamos que tengo problemas serios con mi esposa, esa situación es física y se va a terminar un día. Y ¿por qué tiene que verse afectada mi fe, que pertenece al mundo espiritual, por una situación física? Cuando Dios mismo me presenta en la Biblia la teología del desapego, yo no me debo apegar ni a mi mujer, ni a mis hijos, ni a mi dinero, porque el día que Dios me llame, mi mujer se queda aquí. Cualquiera que sea ese problema que lo está estresando, recuerde que dijo Jesús (Mateo 6: 34 RV 1960): Así que, no os afanéis por el día de mañana, porque el día de mañana traerá su afán. Basta a cada día su propio mal. Pero las cosas espirituales no desaparecen, las promesas divinas están ahí. Entonces, ¿por qué vamos a permitir que cosas de este mundo nos afecten? Nos afanamos por cosas de la vida diaria, pero podemos pasar a la presencia del Señor cualquiera de estos días. Entonces, ¿por qué voy a permitir que este tipo de situaciones me afecten en mi vida espiritual y mi fe, que es lo más importante? Usted crea lo que usted quiera. Simple y sencillamente, ¿qué es más importante: mi matrimonio o mi fe? ¿Qué es más importante: mis hijos o mi fe? Los hijos se van a ir, se van, es ley de la vida. Entonces, ¿qué es más importante tu trabajo o tu fe? ¿Qué es más importante en esta vida tu dinero o tu fe? Vivimos en un mundo al revés, donde le damos mucha más importancia a todas aquellas cosas que se van a quedar aquí y que se mueren acá, porque nadie se ha llevado nada, hermano. Desnudos llegamos a este mundo y así nos vamos a ir.
¿Cómo se fortalece la fe?
La fe viene por creer, crea que Dios le va a ayudar.
Romanos 10:17 (RV-1960): 17 Así que la fe es por el oír, y el oír, por la palabra de Dios. Por eso yo le digo, qué bueno aquellas personas que su domingo es en la casa del Señor. Que su domingo no se puede cambiar, no es negociable.
La fe viene por permanecer.
Hechos 14:22 (RV-1960): 22 confirmando los ánimos de los discípulos, exhortándoles a que permaneciesen en la fe, y diciéndoles: Es necesario que a través de muchas tribulaciones entremos en el reino de Dios. Es que ese tipo de cosas pasan, amado mío, la gente se enferma, la gente se muere, trabajos se pierden, negocios se terminan, pero Dios permanece para siempre. Te podrá abandonar todo el mundo, pero Dios es fiel a su palabra.
Por medio de la fe es que Dios nos dice: “No temas porque yo estoy contigo.” Por medio de la fe es que Dios te dice: “Confía en mis promesas.” Por medio de la fe es que Dios te dice: “Todo lo que yo te prometo te lo cumplo.” Por medio de la fe es que Dios te dice: “Nunca te dejaré, nunca te abandonaré.” Es por medio de la fe que Dios te dice: “Siempre te ayudaré con la diestra de mi justicia.” Es por medio de la fe que Dios te dice que en Cristo somos más que vencedores, que mayor es el que está en mí que el que está en el mundo. Por la fe es que Dios te dice: “No temas porque yo estoy contigo. No desmayes porque yo soy tu Dios.” Es por medio de la fe que Dios te dice: “Jehová tu Dios estará contigo a donde quiera que tú vayas.” Es por medio de la fe que Dios te dice: “Mira las aves del cielo que no siembran ni siegan, ni recogen en graneros, y vuestro Padre celestial las alimenta. Si Dios alimenta las aves, ¿cómo no nos va a alimentar a nosotros, amado? Él te dice por el vestido: ¿Por qué te afanas? Considerad los lirios del campo, cómo crecen; no trabajan ni hilan; pero os digo que ni aún Salomón con toda su gloria se vistió como uno de ellos.” Es por medio de la fe que Dios nos dice: “Vuestro Padre celestial sabe que tenéis necesidad de todas estas cosas.”
Iglesia, Satanás, el diablo, nos va a lanzar flechas con veneno. Tengamos el escudo de la fe para que esas flechas no nos dañen, y podamos permanecer firmes y fieles el día que nuestro Salvador aparezca en las nubes por su iglesia o nos llame a su divina presencia.
Oremos: Padre, agradecidos por tu palabra que nos fortalece, que nos anima, que nos exhorta, que nos enseña la importancia que tiene nuestra fe, que ha vencido al mundo. Te adoramos, Padre Santo. Te bendecimos, te damos honra y gloria y pedimos que nos ayudes a reconocer la diferencia entre este mundo físico y la importancia de nuestra fe en el mundo espiritual. A reconocer esos ataques del enemigo que nos llegan con flechas envenenadas. Señor, puedo recordar tantas y tantas personas hoy en día que viven como si nunca te hubieran conocido, Padre, que fueron dañados por estas flechas porque su fe no era firme, su fe no estaba fundamentada en tu palabra, mi Señor. Padre, ayúdanos a hacer tu voluntad.
Mientras todos oramos, si usted nunca ha recibido a Cristo en el corazón y reconoce que necesita a Dios en su vida, yo le invito para que le abra su corazón a Jesús y lo reciba como el Señor de su vida y como el Salvador de su alma. Haga esta oración conmigo: Señor Jesús, te pido perdón por mis pecados. Me arrepiento, Señor. Te doy gracias por lo que hiciste en la cruz al poner tu cuerpo y derramar tu sangre. En este día te entrego mi corazón, te entrego mi vida y te recibo como el Salvador de mi alma. Si usted hizo esta oración, yo quiero animarle a crecer en el conocimiento de Dios y su bendita palabra.
Señor, Espíritu Santo de Dios, gracias por tocar corazones. Gracias, Señor, por poner tus lindos ojos en nosotros para salvarnos. En el nombre de Jesús. Amén y amén.
Amados míos, que la paz de Cristo los acompañe. Que Dios me los bendiga.
Flechas con veneno
Noviembre 30, 2025 – 2:00PM | Efesios 6:12-17 | Dr. David Rodríguez
Etiquetas: efesios, noviembre 2025, pastor david rodriguez, transcripcion
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TRANSCRIPCIÓN
El mensaje de esta hora se llama: “Flechas con veneno”. Busquemos en nuestras Biblias en el libro de Efesios el capítulo 6.
Efesios 6:14-17 (RV-1960): 14 Estad, pues, firmes, ceñidos vuestros lomos con la verdad, y vestidos con la coraza de justicia, 15 y calzados los pies con el apresto del evangelio de la paz. 16 Sobre todo, tomad el escudo de la fe, con que podáis apagar todos los dardos de fuego del maligno. 17 Y tomad el yelmo de la salvación, y la espada del Espíritu, que es la palabra de Dios.
Efesios 6:16 (TLA): 16 Que su confianza en Dios los proteja como un escudo, y apague las flechas encendidas que arroja el diablo.
Vamos a pedir que Dios nos bendiga: Padre, al venir a tu casa a rendirte adoración personal y adoración como un solo cuerpo, lo hacemos con fe, con el más alto grado de responsabilidad, de adoración, reconociendo que tú eres el único digno de alabanza. Bendice a cada uno de mis hermanos, los que nos ven también por las redes sociales, de una manera muy especial. Te ruego, Señor, que el mensaje de tu palabra bendiga nuestras almas, nuestros corazones; en el nombre de Jesús te lo pedimos, Amén.
La Biblia nos habla claramente que vivimos en un mundo espiritual. Y en el mundo espiritual hay dos reinos: el reino de Dios y el reino de las tinieblas. ¿Usted lo cree? Es así hermanos. Todos nacemos en el reino de las tinieblas, nosotros nacimos bajo el príncipe de este mundo, por el pecado del huerto del Edén, nacimos bajo el reino de las tinieblas; pero cuando conocemos a Cristo, dice la bendita palabra del Señor que hemos sido trasladados de las tinieblas a la luz admirable de Cristo; gracias a que Dios, en su inmensa misericordia, pone los ojos sobre nosotros. Es decir, antes de entregarle nuestra vida a Jesús, pertenecíamos al reino de las tinieblas. Es por eso por lo que ahora tenemos un gran enemigo, Dios le llama a Satanás: el príncipe de las tinieblas con su ejército de demonios. Lo dice la Biblia en el libro de Efesios, el mismo capítulo, unos versículos antes.
Efesios 6:12 (RV 1960): 12 Porque no tenemos lucha contra sangre y carne, sino contra principados, contra potestades, contra los gobernadores de las tinieblas de este siglo, contra huestes espirituales de maldad en las regiones celestes.
Efesios 6:12 (NTV): 12 Pues no luchamos contra enemigos de carne y hueso, sino contra gobernadores malignos y autoridades del mundo invisible, contra fuerzas poderosas de este mundo tenebroso y contra espíritus malignos de los lugares celestiales. No luchamos contra la hermana Juana, ni contra el hermano Pedro, sino contra gobernadores malignos y autoridades del mundo invisible; tenemos que ser conscientes de esto.
Como hijos de Dios que somos, nos movemos en el mundo espiritual y tenemos un enemigo; es por eso por lo que los hijos de Dios nos encontramos en una constante batalla espiritual. En los tiempos antiguos se usaban flechas con fuego. Pablo dice que nuestro enemigo, el maligno, nos lanza flechas encendidas. Y la Biblia nos enseña que para poder defendernos de estos ataques debemos usar la armadura de Dios. Y la armadura de Dios es el cinturón de la verdad, la coraza de justicia, las botas del evangelio, el escudo de la fe, que es de lo que estamos hablando en esta hora, el casco de la salvación y la espada del espíritu.
Efesios 6:16 (RV-1960): 16 Sobre todo, tomad el escudo de la fe, con que podáis apagar todos los dardos de fuego del maligno. La escritura dice: Sobre todo, porque si no lo agarramos quedamos vulnerables, y no será suficiente el resto de la armadura de Dios.
Se cree que un escudo romano medía más o menos 1.60 metros de alto y 80 cm de ancho. Ese escudo tenía tres capas de madera y una capa de cuero, con una tira de bronce alrededor. Dice la historia que los romanos mojaban el escudo antes de salir a la batalla por el fuego que traían las flechas. De hecho, los romanos utilizaban plomo en la punta de la flecha. Se cree que la flecha estaba hueca y dentro metían una especie de combustible. La idea era que a la hora de dañar al enemigo, al herirlo, no solo moriría por la flecha, sino por el veneno que tenía adentro. Por eso el mensaje de esta tarde: Flechas con veneno. Con mucha razón la Biblia dice 1 Pedro 5: 8 (RV-1960): 8 Sed sobrios, y velad; porque vuestro adversario el diablo, como león rugiente, anda alrededor buscando a quien devorar.
Debemos estar conscientes que vivimos en un mundo espiritual. Yo he venido diciendo en los últimos meses: ¿Qué tanto valor tiene nuestra fe? ¿Qué tanto tiempo dedica usted para alimentar su fe? La fe tiene que ser nutrida. La fe tiene que ser alimentada. No podemos vivir una vida superficial de la fe, porque el maligno va a utilizar lo que sea, con tal de dañar nuestra fe, con tal de desanimarnos, con tal de crear dudas en nosotros, con tal de ponernos malos pensamientos, con tal de darnos un espíritu crítico, va a hacer que veamos cosas que no queremos ver; todas esas cosas son flechas del enemigo y tienen un propósito. Pero Dios quiere que permanezcamos firmes, que permanezcamos fieles.
Hace poco predicaba acerca de la permanencia en la fe. La doctrina de permanecer en la fe delante del Señor. Y permanecer no importa qué pase, no importa qué venga; ya sean pruebas, tormentas, dificultades.
Dice Dios: Permanezcamos firmes en la fe. El diablo dice: Bueno, este me pertenecía a mí antes y ahora se ha ido al reino de la luz. Yo quiero que vuelva al reino de las tinieblas. Y hace cualquier cosa para dañar nuestra fe.
La pregunta que nos hacemos es: ¿Cuáles son las flechas envenenadas que lanza el maligno? ¿Cuáles son esas flechas?
– Todo aquello que te hace dudar. Cuando usted tiene una petición, un familiar en el hospital que está muriendo y usted con fe le pide a Dios: Señor, yo te pido que lo levantes. Y usted cree que a usted Dios no lo escucha; y dice: Pastor, siento que Dios está lejos de mí. O su matrimonio se está yendo por el suelo y usted dice: por más que oro, por más que pido al Señor, yo no siento que el Señor me esté escuchando. Todas esas dudas, son flechas del enemigo y traen veneno; puede estar seguro de eso.
– El desánimo. Por la razón que sea, es una flecha envenenada. Nos desanimamos cuando personas alrededor nuestro no aprecian lo que hacemos, no son sensibles a nuestras necesidades, cuando solo exigen y piden. Está ese desánimo cuando no encontramos trabajo, o un hermano en la iglesia nos engañó.
– Heridas emocionales o maltrato espiritual. Una persona que viene a la iglesia buscando ayuda y en lugar de encontrar ayuda se siente juzgada, se le humilla públicamente por un pecado cometido. En lugar de restaurar, te señalan, te abren la herida. La hipocresía a veces es evidente en algunas personas en la iglesia, hay chismes, maltratos, injusticia, murmuraciones, falta de perdón. Todo eso son flechas, el diablo te quiere desanimar. Lo que quiere es lograr una sola cosa de ti, que digas: Ya no vengo más a la iglesia. Y si dejas de venir un domingo, es fácil dejar de venir dos. Y si dejas de venir dos, es más fácil dejar de venir tres.
– Legalismo o cargas pesadas. Se juzga a una persona por su manera de vestir. Hablamos mucho en el púlpito que Dios lo que mira es el corazón, que lo que Dios quiere es el corazón; sí, pero a la congregación le encanta fijarse cómo vienen vestidos los hermanos.
– Falta de amor genuino. Hermanos fríos, indiferentes, o encerrados en grupos a los que no se puede ingresar. Nadie nota cuando alguien falta por semana, y esta es responsabilidad de toda la iglesia. Si hay personas que asisten a una casa de oración y no viene alguien, es su responsabilidad fijarse qué pasa con ese hermano, animarlo. Parece que el diablo les está tirando flechas envenenadas y se las están creyendo.
– Enfoque excesivo en el dinero. Y esta es una de las situaciones que yo batallo muchísimo. Por eso usted me escucha a mí decir: Hermano, si no puede, no dé nada. Nosotros no podemos llegar pidiendo constantemente de manera indebida, aunque hay necesidades reales, por ejemplo: un lugar donde congregarnos. El dinero es un problema espiritual, ¡entiéndalo! Ser tacaño es un problema espiritual.
– Crisis personales sin acompañamiento. Yo pasé por una situación de depresión y nadie me llamó. Bueno, en primer lugar, avísenos. Ahora, es responsabilidad de todos cuidarnos, acercarnos, ayudar.
– Pensamientos negativos. Nos volvemos críticos, todo nos molesta, nadie nos cae bien. Llegamos a la hora que el culto comienza y nos vamos cuando termina, porque no queremos tener relación con la gente.
– Las tentaciones. Si en su trabajo hay alguna mujer que le esté coqueteando a usted, esa es una flecha con veneno. Créame, es un veneno y te va a doler.
– La culpa. Es otro dardo de fuego del enemigo.
¿Qué quiere el enemigo con esas flechas? Que nuestra fe sea de corto plazo, que sea superficial, que se enfríe. Leyó usted aquella porción de la escritura (Marcos 4: 14-17 RV 1960) que dice: Entonces viene Satanás y arrebata lo poco que ha sido sembrado en el corazón, porque esa semilla fue de corta duración porque no tenía raíz. Por eso manda estas flechas envenenadas.
Conozco a muchos que se extraviaron, que se perdieron y siguen hablando de sus excusas. ¿Sabe qué es lo curioso? Que cuando hablan de las excusas están en la casa de una persona que está igual que ellos, no logran percibir que están engañados, que están heridos y que ese veneno se está diseminando por todo tu cuerpo porque ya atacó tu mente.
Es por eso por lo que todos los creyentes sabemos que es más fácil que se convierta una persona que nunca ha conocido al evangelio, que hacer que regrese una persona que ya estuvo en los caminos de Dios, porque no quiere reconocer cómo son las cosas. Dios lo sacó del reino de las tinieblas, Dios los llamó, pero el diablo les mandó flechas con veneno y comenzaron a morir espiritualmente.
Toda la armadura es importante, el cinturón, la coraza, las botas, el casco de la salvación, la espada del Espíritu; pero tiene mucha importancia el escudo, como dije anteriormente, porque protege. La fe es ese escudo, cuando usted vive la vida cristiana con esa protección, no importa que vengan flechas envenenadas, usted está seguro en Cristo. Podrá venir lo que sea, que usted tiene tanta experiencia, que llega al punto que dice: Yo ya vi de todo en el evangelio. A mí no me mueven ni las críticas, ni esto, ni lo otro, porque el Señor me sostiene. Ese es el escudo del evangelio, ese es el escudo de la fe. La fe es un escudo porque me defiende, me protege, me mantiene firme.
El escudo de la fe nos capacita para vencer las dificultades del mundo, nos da la fuerza para soportar los ataques, venga lo que venga, pase lo que pase. Pueden estar hablando mal de usted, que no le va a afectar lo que diga otra persona porque tiene el escudo de la fe. Hemos sido llamados a permanecer siempre. El diablo va a mandarle a usted flechas con veneno, pero el escudo de la fe sirve para eso, para protegerse. No deje que el enemigo lo desanime.
A veces estamos vulnerables, por muchas cosas al mismo tiempo, y llegamos a un momento que no queremos escuchar a nadie por la propia situación que estamos viviendo. El diablo te está atacando, pero Dios está ahí. ¿Por qué? Porque Dios ha prometido estar ahí, mi hermano.
El escudo de la fe te da fuerza para soportar los ataques. Nos enseña a confiar en la palabra, confiar en las promesas. El escudo de fe nos asegura que vamos a tener la victoria.
1 Juan 5:4 (RV-1960): 4 Porque todo lo que es nacido de Dios vence al mundo; y esta es la victoria que ha vencido al mundo, nuestra fe. Venga lo que venga, llegue lo que llegue, pase lo que pase, permanezca firme en la fe.
Yo estaba en Marruecos, hace varios años, cuando vi la fotografía del hermano Toby, que lo habían apresado. Recibí mensajes de personas diciendo: ¿Ya viste lo que pasó? Nosotros no volvemos más a la iglesia. Y ¿la fe de ustedes en quién está puesta? ¡Por amor de Dios! Nuestra fe en Dios es el escudo, por eso la fe tiene que estar puesta en Dios, no en ninguna persona. El pastor está aquí para guiarnos, y pastores vendrán y pasarán. Son dardos de fuego, son flechas con veneno que te manda el diablo.
Vivimos en el mundo físico, pero ¿qué es más importante el mundo físico o el espiritual? El mundo físico se acaba aquí, y aún los problemas más difíciles que yo tenga en el mundo físico sirven para matar tu fe del mundo espiritual. Yo te pongo un ejemplo sencillo: Digamos que tengo problemas serios con mi esposa, esa situación es física y se va a terminar un día. Y ¿por qué tiene que verse afectada mi fe, que pertenece al mundo espiritual, por una situación física? Cuando Dios mismo me presenta en la Biblia la teología del desapego, yo no me debo apegar ni a mi mujer, ni a mis hijos, ni a mi dinero, porque el día que Dios me llame, mi mujer se queda aquí. Cualquiera que sea ese problema que lo está estresando, recuerde que dijo Jesús (Mateo 6: 34 RV 1960): Así que, no os afanéis por el día de mañana, porque el día de mañana traerá su afán. Basta a cada día su propio mal. Pero las cosas espirituales no desaparecen, las promesas divinas están ahí. Entonces, ¿por qué vamos a permitir que cosas de este mundo nos afecten? Nos afanamos por cosas de la vida diaria, pero podemos pasar a la presencia del Señor cualquiera de estos días. Entonces, ¿por qué voy a permitir que este tipo de situaciones me afecten en mi vida espiritual y mi fe, que es lo más importante? Usted crea lo que usted quiera. Simple y sencillamente, ¿qué es más importante: mi matrimonio o mi fe? ¿Qué es más importante: mis hijos o mi fe? Los hijos se van a ir, se van, es ley de la vida. Entonces, ¿qué es más importante tu trabajo o tu fe? ¿Qué es más importante en esta vida tu dinero o tu fe? Vivimos en un mundo al revés, donde le damos mucha más importancia a todas aquellas cosas que se van a quedar aquí y que se mueren acá, porque nadie se ha llevado nada, hermano. Desnudos llegamos a este mundo y así nos vamos a ir.
¿Cómo se fortalece la fe?
La fe viene por creer, crea que Dios le va a ayudar.
Romanos 10:17 (RV-1960): 17 Así que la fe es por el oír, y el oír, por la palabra de Dios. Por eso yo le digo, qué bueno aquellas personas que su domingo es en la casa del Señor. Que su domingo no se puede cambiar, no es negociable.
La fe viene por permanecer.
Hechos 14:22 (RV-1960): 22 confirmando los ánimos de los discípulos, exhortándoles a que permaneciesen en la fe, y diciéndoles: Es necesario que a través de muchas tribulaciones entremos en el reino de Dios. Es que ese tipo de cosas pasan, amado mío, la gente se enferma, la gente se muere, trabajos se pierden, negocios se terminan, pero Dios permanece para siempre. Te podrá abandonar todo el mundo, pero Dios es fiel a su palabra.
Por medio de la fe es que Dios nos dice: “No temas porque yo estoy contigo.” Por medio de la fe es que Dios te dice: “Confía en mis promesas.” Por medio de la fe es que Dios te dice: “Todo lo que yo te prometo te lo cumplo.” Por medio de la fe es que Dios te dice: “Nunca te dejaré, nunca te abandonaré.” Es por medio de la fe que Dios te dice: “Siempre te ayudaré con la diestra de mi justicia.” Es por medio de la fe que Dios te dice que en Cristo somos más que vencedores, que mayor es el que está en mí que el que está en el mundo. Por la fe es que Dios te dice: “No temas porque yo estoy contigo. No desmayes porque yo soy tu Dios.” Es por medio de la fe que Dios te dice: “Jehová tu Dios estará contigo a donde quiera que tú vayas.” Es por medio de la fe que Dios te dice: “Mira las aves del cielo que no siembran ni siegan, ni recogen en graneros, y vuestro Padre celestial las alimenta. Si Dios alimenta las aves, ¿cómo no nos va a alimentar a nosotros, amado? Él te dice por el vestido: ¿Por qué te afanas? Considerad los lirios del campo, cómo crecen; no trabajan ni hilan; pero os digo que ni aún Salomón con toda su gloria se vistió como uno de ellos.” Es por medio de la fe que Dios nos dice: “Vuestro Padre celestial sabe que tenéis necesidad de todas estas cosas.”
Iglesia, Satanás, el diablo, nos va a lanzar flechas con veneno. Tengamos el escudo de la fe para que esas flechas no nos dañen, y podamos permanecer firmes y fieles el día que nuestro Salvador aparezca en las nubes por su iglesia o nos llame a su divina presencia.
Oremos: Padre, agradecidos por tu palabra que nos fortalece, que nos anima, que nos exhorta, que nos enseña la importancia que tiene nuestra fe, que ha vencido al mundo. Te adoramos, Padre Santo. Te bendecimos, te damos honra y gloria y pedimos que nos ayudes a reconocer la diferencia entre este mundo físico y la importancia de nuestra fe en el mundo espiritual. A reconocer esos ataques del enemigo que nos llegan con flechas envenenadas. Señor, puedo recordar tantas y tantas personas hoy en día que viven como si nunca te hubieran conocido, Padre, que fueron dañados por estas flechas porque su fe no era firme, su fe no estaba fundamentada en tu palabra, mi Señor. Padre, ayúdanos a hacer tu voluntad.
Mientras todos oramos, si usted nunca ha recibido a Cristo en el corazón y reconoce que necesita a Dios en su vida, yo le invito para que le abra su corazón a Jesús y lo reciba como el Señor de su vida y como el Salvador de su alma. Haga esta oración conmigo: Señor Jesús, te pido perdón por mis pecados. Me arrepiento, Señor. Te doy gracias por lo que hiciste en la cruz al poner tu cuerpo y derramar tu sangre. En este día te entrego mi corazón, te entrego mi vida y te recibo como el Salvador de mi alma. Si usted hizo esta oración, yo quiero animarle a crecer en el conocimiento de Dios y su bendita palabra.
Señor, Espíritu Santo de Dios, gracias por tocar corazones. Gracias, Señor, por poner tus lindos ojos en nosotros para salvarnos. En el nombre de Jesús. Amén y amén.
Amados míos, que la paz de Cristo los acompañe. Que Dios me los bendiga.


